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Notas de Opinión

Bullrich vs Larreta: vayamos a un punto concreto

Columna de opinión publicada originalmente en The Post

Ya son suficientemente conocidas las diferencias entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta respecto de la cuestión de la “fuerza”, la “decisión” o la “velocidad” que deben tener los cambios. Incluso son conocidas también las diferencias entre ellos respecto del mismísimo concepto de “cambio”.

Pero a la hora de arremangarse y trabajar esas pueden ser consideraciones más o menos abstractas y, por lo tanto, algo inasibles para bajarlas a tierra y ponerlas en blanco sobre negro.

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Por eso se me ocurrió buscar un tema respecto del cual ambos candidatos han presentado puntos vista distintos pero con el que, a diferencia de los otros, sí se pueden hacer comentarios concretos porque, en el fondo, lo que hay detrás de una y otra postura es una cuestión técnica.

Me refiero, concretamente, a la para nada trivial cuestión del levantamiento del cepo.

Patricia Bullrich anticipó que lo levantará el primer día de gestión; Rodríguez Larreta dijo que no solo no lo hará sino que no se puede hacer.

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Bora lá!, como dicen los brasileños…

El argumento del jefe de gobierno para no levantar el cepo el primer día de gestión es que no se puede hacer porque en el Banco Central no hay dólares, entonces, según él, primero hay que lograr que haya dólares en el BCRA para luego levantar el cepo. A su vez, dice que para que haya dólares en el BCRA él tiene un programa para duplicar las exportaciones argentinas, básicamente de energía y litio.

A ver, a ver, a ver… Si bien es cierto que en el BCRA no hay dólares (y luego vamos a echar un párrafo “filosófico” también sobre eso) la pregunta que debería hacerse Horacio es por qué sucede eso.

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La respuesta es muy sencilla y es la respuesta la que lo pone a él y a su argumento en un círculo vicioso sin salida: en el BCRA no hay dólares porque hay cepo. O sea, no es que hay cepo porque no hay dólares; no hay dólares porque hay cepo.

El BCRA como toda agencia estatal es un parásito que no produce nada. Por lo tanto, para hacerse de dólares, tiene que ir a sacárselos a los que producen bienes transables en dólares (básicamente los exportadores de bienes y servicios). Como, por el afán intervencionista de una filosofía completamente equivocada de entender la vida, el fascismo dirigista ha dispuesto pagarle a esos exportadores que producen bienes transables en dólares, 288 pesos (a hoy) por dólar (mientras el valor real del billete norteamericano en el mercado libre es de casi $600) el resultado de ese entuerto es que los exportadores no le liquidan divisas al BCRA, por lo tanto el BCRA no tiene dólares.

Este simple ejercicio permite entender que mientras el gobierno siga insistiendo en pagarle al exportador la mitad de lo que vale el billete en la calle, no habrá divisas y, según el mismo argumento de Larreta, no se podrá levantar el cepo ni tampoco duplicar las exportaciones de nada. Ese mismo ejercicio nos deposita en un círculo vicioso: “no levantaré el cepo hasta que haya dólares, pero como hay cepo, no hay dólares, entonces no puedo levantar el cepo; y mientras haya cepo no habrá dólares, y mientras no haya dólares habrá cepo, lo cual nos vuelve al punto de partida”.

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O sea, el argumento es tan sencillo que no se comprende cómo, quien se define a sí mismo como “el primer presidente -si es elegido- economista de la Argentina”, no lo entiende.

Por lo demás, también es muy fácil comprender una reacción humana natural que ni siquiera se limita al tema de los dólares o a una cuestión económica: nadie pondría nada en un lugar del cual luego no lo puede sacar, sean dólares, remeras, espejitos de colores o caramelos Media Hora.
Por lo tanto aquí sí hay un elemento concreto para comparar las posturas de Bullrich y Larreta: las del jefe de gobierno se parecen mucho (o parecen querer volver a apostar) a un “Gradualismo 2.0” o un “Gradualismo Reloaded”.

El argumento detrás de la negativa a levantar el cepo el primer día no es, como se dice, el tema de los dólares sino el miedo a que haya un impacto inflacionario desmadrado.

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Tengo malas noticias para esa corriente de pensamiento: el impacto inflacionario desmadrado ya ocurrió y probablemente se acelere con la inflación viajando ya al 140% anual. Es completamente asombroso cómo, si se insiste en este camino, la actual tasa anual puede llegar a ser una tasa mensual en un abrir y cerrar de ojos, como lo fue en tiempos de Alfonsín.

Cuando uno se encuentra frente a estas disyuntivas es mejor recurrir a los viejos dichos populares que, reuniendo una sabiduría de sentido común que se arrastra por siglos, suelen dar la solución correcta a algo que parece muy complejo. En este caso el dicho popular aplicable es: “es mejor cortarle la cola al gato de un solo golpe que hacerlo por partes”. Esta es, obviamente, la postura de Bullrich, con la que se podrá estar o no de acuerdo pero que pone en blanco sobre negro las opciones disponibles: ¿se quiere seguir intentando esta decadencia lenta o se apuesta a un corte brusco (con un cimbronazo inicial quizás fuerte) pero con un horizonte diferente a partir de allí?

Esta es toda la cuestión.

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Finalmente una observación final de corte más “filosófico” si se quiere, sobre el BCRA, los dólares, las divisas y el arte de comprar y vender.

Cuando se habla de estas cuestiones en la Argentina se parte del postulado dogmático de que quien tiene que tener los dólares que el país produce es el Banco Central. ¿Ah, sí? ¿Y por qué?

En realidad, no hay ninguna razón que justifique que si yo quiero venderle una licuadora a mi amigo de Córdoba, él pueda pagarme por una transferencia directa a mi CBU y yo meter la licuadora en la caja de un courier y mandársela, pero si yo quiero venderle soja a un chino el chino no me pueda hacer una transferencia a mi CBU y yo ponerle la soja arriba de un barco y mandársela.

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Si uno lo piensa bien la operación que -de la nada- hace aparecer al BCRA en el medio de una transacción privada, es completamente insólita. “¿Qué hace usted acá, señor?” Sería la pregunta para quienes defienden ese sistema.

Los famosos “dólares” no son otra cosa que la monetización de una riqueza producida previamente. Esa riqueza le pertenece a quien la produjo. Por lo tanto, la traducción monetaria de esa riqueza (sean bienes o servicios) -los famosos “dólares”- también le pertenecen a quien los hizo posibles, ninguna agencia parasitaria estatal debería quedarse con esos dólares para entregar a cambio papeles devaluados emitidos por ella misma.

Decía que esta cuestión es “filosófica” porque tiene que ver con el derecho de propiedad. En la medida en que no se reconozca la propiedad sobre el fruto del trabajo propio y se inventen agencias estatales (cualesquiera sean los nombres) que se quedan con toda o parte de la propiedad del que hizo el trabajo que generó la riqueza, el país será pobre.

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El mayor estímulo para que la riqueza crezca es que el fruto del trabajo que hubo que hacer para obtenerla no se separe de quien la produjo. Si el fruto del trabajo que hubo que hacer para que haya riqueza va para un lado y el trabajo sigue concentrado en cabeza de quien se quedó sin el fruto, no habrá riqueza por la sencilla razón de que el que trabaja se va a cansar de hacerlo en vano.

Por supuesto que, por “trabajo”, se entiende la combinación de una serie de factores (clásicamente, tierra, capital y trabajo físico) que deben ser remunerados de acuerdo a las ponderaciones que el mercado le asigne a cada factor. Pero el bottom line es que el resultado en riqueza concreta que se obtenga de la combinación de esos factores les corresponde -en la proporción de cada uno- a ellos, no a una agencia parásito que solo aparece en la foto a la hora de sacar pero que está ausente a la hora de poner.

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