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Notas de Opinión

Patricia Bullrich y Rodríguez Larreta: duelo de estrategias en la carrera electoral

Mientras el jefe de gobierno porteño apuesta por conceptos como “consenso” y “experiencia”, su rival interna pone énfasis en la necesidad de “coraje” y de “defender el cambio en la calle”

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

Cuando los encuestadores les preguntan a los ciudadanos argentinos si prefieren un cambio rápido y profundo o un cambio gradual, siete de cada diez se inclinan por un cambio rápido y profundo. Pero cuando se les brinda a los encuestados mayor información y se les aclara que ese cambio generaría quitas en los subsidios a los servicios públicos, ajustes en los planes sociales y despidos en el Estado, no pocos entrevistados asumen que eso podría afectar su bolsillo y le dicen al encuestador: “Sacá lo del cambio rápido y profundo, mejor vamos por un cambio gradual”.

Tal dato fue aportado recientemente por el consultor de opinión pública Federico Aurelio, para quien, en un contexto donde uno de cada tres argentinos admite tener poca o ninguna gana de ir a votar, hay un factor esencial en la definición de las próximas elecciones: “Hoy está primando el voto impulsivo”.

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Ese voto impulsivo, asociado en no pocos casos con el voto bronca, ha sido decisivo para el crecimiento que, al menos en la mayoría de las encuestas de intención de voto, experimentó en los primeros meses de este año el líder libertario, Javier Milei. Se trata de un factor que también ha influido en la construcción del mensaje y el diseño de la campaña que está llevando a cabo Patricia Bullrich, y que contrasta en buena medida con la estrategia de su rival interno, Horacio Rodríguez Larreta, quien nunca dejó de privilegiar en su discurso público la necesidad de consensos.

¿Puede el reciente resultado de las PASO en Santa Fe, con el triunfo de Maximiliano Pullaro, representar una advertencia para Patricia Bullrich? Tal vez no por la intención de la exministra de Seguridad de la Nación de diferenciarse de Rodríguez Larreta, tildándolo de blando. Pero sí por la insistencia de algunos dirigentes de enfatizar su agresividad discursiva ante el adversario interno cuando un buen porcentaje de los votantes opositores reclaman unidad para enfrentar a la coalición kirchnerista que gobierna.

Sin duda, Carolina Losada, la precandidata a gobernadora de Santa Fe apoyada por Patricia Bullrich y Mauricio Macri que perdió por 11 puntos de diferencia ante Pullaro, cometió un error. Durante la campaña previa a las PASO del domingo último, no solo acusó a su rival de connivencia con el narcotráfico, sino que sugirió que si él perdía no lo iba a convocar y que si él ganaba no estaría dispuesta a acompañarlo. Es probable, que entre otras causas del resultado que arrojó la disputa por la candidatura a gobernador por Juntos por el Cambio, la dureza de la senadora Losada, avalada por Bullrich, haya sido castigada en las urnas por parte de una ciudadanía que no coincide con el camino de la confrontación interna exagerada.

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A esa interpretación se subió Rodríguez Larreta tan pronto como se confirmó la victoria de Pullaro. El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires justificó ese resultado por el hecho de que, a su juicio, prevaleció la amplitud del armado político, la experiencia y la gestión, y la campaña “sin gritos ni agresiones” de Pullaro.

Fuera de eso, no es factible deducir que el resultado provincial pueda ser trasladado a la lucha nacional entre Bullrich y Rodríguez Larreta. Entre otras cosas, porque las disputas por las candidaturas a intendente de Rosario, Santa Fe y Rafaela fueron ganadas por dirigentes que contaron con el apoyo de Carolina Losada y Bullrich.

En los últimos días, se vieron los primeros spots audiovisuales de los dos precandidatos presidenciales de Juntos por el Cambio, y las diferencias entre unos y otros fueron ostensibles.

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En su primer spot, en el cual sobresale la frase “Si no es todo, es nada”, Bullrich señala que “no basta con el diálogo y el consenso” para luchar contra la corrupción, las mafias, el narcotráfico, las cajas y los privilegios, en lo que parece un ataque por elevación a Rodríguez Larreta.

Entre el lema “La fuerza del cambio” que postula Bullrich y el eslogan “Hagamos el cambio de nuestras vidas” de Rodríguez Larreta hay diferencias sutiles. Quizá la mayor reside en la palabra “fuerza” que utiliza la primera. La precandidata insiste en su spot, con el fondo de las imágenes de piquetes y de la violencia registrada en la Plaza del Congreso en diciembre de 2017, que el cambio deberá defenderse “en la calle”.

En un más reciente spot, Rodríguez Larreta parece responderle. “Creo en construir y no en dinamitar”, “creo en escuchar antes de hablar”, “creo en hacer después de escuchar”, “creo en el respeto y no en los que necesitan insultar para sacar alguna ventaja”, afirma el jefe de gobierno porteño.

Mientras Rodríguez Larreta pone énfasis en la experiencia y en “sumar a todas las personas de bien”, Bullrich enfatiza en la necesidad de “coraje” y afirma que “no alcanza con un buen administrador ni con un teórico de la economía”, aunque también insiste en que “no podemos darnos el lujo de hacer un cambio a medias otra vez”, en lo que asoma como la única crítica a la gestión de Mauricio Macri.

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La campaña de Bullrich, además de diferenciarse de su adversario interno, también apunta a competir por los votos que vendría cosechando Milei con su discurso agresivo y confrontativo. Tanto la precandidata de Juntos por el Cambio como el postulante de La Libertad Avanza no solo recurren en sus spots a la construcción de enemigos, sino que coinciden a la hora de identificarlos. El “ellos” a los que cuestiona Milei equivale al “son siempre los mismos” que se menciona en los spots de Bullrich. Más aún, una comparación de los mensajes de ambos candidatos muestra que expresiones como “corruptos”, “los mismos de siempre” y “privilegios” se repiten en una y otra campaña audiovisual.

El afán de Bullrich por no perder eventuales apoyos a manos de Milei puede resultar explicable. Sin embargo, nos deja un interrogante tras las primarias abiertas de Santa Fe, donde no Milei no llevó candidatos a gobernador y Carolina Losada no pudo capitalizar esa situación.

Entretanto, la estrategia de Unión por la Patria apunta a un mensaje polarizador con Bullrich y a sembrar la idea de que hay que frenar al macrismo que, con ella, viene por “el ajuste salvaje y la represión brutal”. Al menos de aquí a las PASO, Sergio Massa se mostraría cercano a una posición centroizquierdista para ocupar el espacio que dejarían vacante Bullrich y Milei.

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Paralelamente, Massa procuraría mantener a Milei en el candelero electoral con el propósito de evitar una victoria de Juntos por el Cambio en la PASO de agosto y, eventualmente, en la primera vuelta de octubre. El objetivo inmediato del actual ministro de Economía es convertirse en el candidato individualmente más votado, para lo cual necesita darle visibilidad al postulante de La Libertad Avanza con el fin de que divida efectivamente el voto opositor.

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