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Notas de Opinión

Por unos pocos pesos

Columna de opinión publicada originalmente en The Post

Es inútil: no conocen otra manera. Siempre que hay una elección la primera estrategia kirchnerista es la compra, la prostitución del voto.

Quizás hasta debería decir la prostitución de la gente. Porque eso es lo que hacen: intentan comprar la voluntad electoral con dinero. Con dinero que, además, no es de ellos, sino de los contribuyentes (incluidos en algunos casos los propios destinatarios de la prostitución, porque lo que éstos reciben en parte sale también de sus propios bolsillos a través de las múltiples cargas, impuestos y contribuciones que el Estado coactivamente les impone).

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Ayer el ministro-candidato Massa salió a protagonizar, junto a la camporista Fernanda Raverta, otro capítulo de esa mercantilización peronista de la política ofreciendo créditos de hasta $400000 a los jubilados a una tasa del 29% anual, un obvio regalo proselitista.

Ya son varios los que están haciendo cálculos del rulo de bicicleta financiera que puede hacerse sacando dinero al 29% y colocándolo al 80%. Delicias del populismo anticapitalista.

Lo peor es que esto ellos lo consideran “gestión” y que como tal debe convertirse en el ariete de campaña del ministro, a quien le propusieron hacer poco menos que un anuncio de estos por día de aquí a las PASO. Cuando digo “anuncio” debe leerse “regalo”: plan platita enésimo.

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Durante la semana Massa regalara plata pública, prostituyendo electores; durante los fines de semana visitará el “territorio” que, para ellos, esta vez, solo se limita al “congourbano”, al NEA y al NOA, las tres zonas más pobres del país, donde el diente peronista se hinca para hacer demagogia con la pobreza que ellos crearon y donde ellos gobiernan.

Parece mentira que un discurso montado sobre una ideología que habla de la maldad del dinero, no se le ocurra otra idea más que echar mano al dinero (repito, encima dinero público) para comprar la voluntad de la gente.

Allí anda Kicillof regalando computadoras a los chicos de 16 años en lugar de entregarlas a los que están en la escuela primaria (pregunto: ¿no será porque los de 16 votan y los de primaria no, no? No sé, digo, solo por curiosidad. También Capitanich anda regalando tablets en visitas personales a domicilios particulares o heladeras en actos que arma su gobierno. Nada ha cambiado desde las bicicletas de Perón y las muñecas de Evita: siempre el peronismo prostituyendo a la gente.

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El anuncio para los jubilados no puede menos que causar asco. Y las palabras de Raverta y Massa no son más que espasmos vomitivos. Especular con gente que gana 130 veces menos que el ingreso de la vicepresidente que se llena la boca hablando del “pueblo” y de los “pobres” pero que no dona ni un solo céntimo de su obscena e ilegal jubilación para aliviar el dolor o el pesar de alguien, resulta francamente repugnante.

La vicepresidente no solo embolsa ingresos ilegales (solo sostenidos porque quien preside la caja que se los paga (Raverta) es su fiel soldado y no acciona judicialmente como debería) sino que no se conforma y reclama más en concepto de retroactivos e intereses que ella considera que le deben. Debe ser que los mil millones de dólares que robó (solo por uno de los casos hasta ahora investigados y probados legalmente) le parecen poco y necesita seguir saqueando los bolsillos de gente que ya no tiene nada.

O quizás necesite el ingreso de algún dinero finalmente blanco para compensar tanto dinero negro y no pueda darse el lujo de rechazar ni un centavo de ingreso formal. En fin: el sutil misterio del peronismo y el dinero: por un lado, la condena asquerosa a quien lo persigue legalmente, con esfuerzo, dedicación y estudio; y, por el otro, el usufructo de la riqueza ajena para sí mismo o para comprar voluntades a la hora de votar. Una de las tantas incoherencias de un engendro en el que nunca una pieza coincidió con la otra.

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Seguramente la vigencia durante tantas décadas de ésta anomalía debe también querer decir algo acerca del pueblo sobre el que impera. No es posible que tanta inmoralidad hubiera subsistido en un contexto que tuviera con ella una incompatibilidad casi estomacal. Si los valores promedio del pueblo fueran repugnantes a tanta repugnancia, el peronismo no habría durado.

Pero hoy hasta algunos consideran que Massa es un candidato “potable”. Sí, sí, el superministro del gobierno que registra un índice de actividad económica que está 5.7% por debajo del nivel que tenía cuando asumió Fernández, que tiene un salario real promedio 19 veces más bajo que el de Macri en términos constantes, que tiene el empleo estancado y que registra un índice de pobreza del 43% de la ciudadanía.

Aun así, según sondeos, un cuarto de aquellos que están en condiciones de votar, votarían por Massa. Es más, para el frente Unión por la Patria, habría que sumar un 5% de intención de voto a Grabois, alguien que básicamente dice que las barbaridades que se hicieron hasta ahora no son suficientes y hay que hacer más barbaridades o profundizar las que se hicieron.

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Entonces, ¿frente a qué sociedad estamos? A ver: un tercio de los argentinos dice que habría que seguir haciendo lo que se está haciendo e incluso hacer peores (que para ellos será seguramente “mejores”) cosas de las que ya se hicieron ¿Cómo puede ser esto posible? ¿No alcanza eso, entonces, para explicar por qué la Argentina está cómo está?

Es cierto que si se suman los votos de JxC y de Milei hay un 52% de argentinos que quiere que las cosas se hagan de modo muy distinto. Pero, repito, asombra que frente a este desastre un tercio de la sociedad siga respaldando a quienes lo causaron.

¿Habrá que concluir que la prostitución peronista fue exitosa y convirtió, por lo menos, en prostituta a una tercera parte del país?

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Ojalá que la moral argentina esté por encima de eso y, más allá de que la gente agarre todos los regalos que le hagan, luego vote por lo que es su realidad y expulse definitivamente del poder a quienes creyeron que podían comprar para siempre su dignidad por unos pocos pesos.

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