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Notas de Opinión

Massa depende de China, del FMI y de cuánto crezca la figura de Wado de Pedro

El ministro de Economía es una especie de premier: usa el nuevo avión presidencial y Alberto Fernández debe ir con uno viejo a Brasil. Pero su impulso como candidato está muy condicionado.

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

Cristina Fernández alegó que no sería candidata a nada luego de su condena de seis años de prisión por la obra pública en favor de Lázaro Báez. Los fundamentos fueron que no se prestaría a ninguna difamación que podría sufrir en campaña de parte de la oposición. Siguiendo la misma línea argumental circula un interrogante intenso en estas horas de definiciones cruciales en el kirchnerismo: ¿Cómo haría Sergio Massa si fuera candidato a la presidencia para no resultar blanco de las críticas por la inflación y la situación económica y social?

Esa forma parte de la enorme contradicción que administra la vicepresidenta y su tropa mientras trata de llenar los casilleros del organigrama kirchnerista para la elección de octubre.

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El ministro de Economía se ha convertido desde hace rato, como otra anomalía del sistema institucional, en una especie de premier dentro un esquema presidencialista. Ocurre desde lo formal, como centro de gravedad de la gestión de un Gobierno descalabrado por la pelea entre Alberto y Cristina. Sucede además desde una observación simbólica. Massa estrenó el nuevo avión presidencial que llegó hace menos de una semana al país (costó al Estado US$25 millones) para una misión de salvataje financiero que está desarrollando en China.

Paradojas. El Presidente debió subirse a otra máquina vieja de la flota oficial para viajar a Brasil. Allí se entrevistó con Lula y participo del encuentro de mandatario de América de Sur, llamada por el titular del Planalto. Entre los asistentes estuvo además Nicolás Maduro, de Venezuela, que gracias a las necesidades que planteó la guerra entre Rusia-Ucrania, al triunfo de Gustavo Petro en Colombia y al regreso del líder brasileño del PT viene oxigenando su régimen en la región. Alberto también lo cortejó. Luis Lacalle Pou, de Uruguay, y Gabriel Boric, de Chile, lo cuestionaron.

Massa gestiona en Beijing una ampliación del swap. También alguna ayuda del Banco del BRICS, que timonea Dilma Rousseff, para compensar la falta de moneda estadounidense. El mecanismo sería más o menos similar. China podría permitirle a la Argentina la utilización de un mayor flujo de yuanes para el pago de las importaciones provenientes de esa nación. Brasil podría recurrir a los reales para el intercambio comercial entre los países. Para eso necesitaría la autorización del Banco Central, dirigido por Roberto Campos Neto, nominado en su momento por el ex presidente Jair Bolsonaro. En suma, en aquellas tratativas el ministro no conseguirá fondos que engorden las arcas del Central. Sólo evitaría el drenaje de los pocos dólares que atesora ahora.

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El auxilio verdadero, en cambio, podría surgir del desembolso anticipado del Fondo Monetario Internacional (FMI). El ministro tiene pensado viajar a Washington si antes de mediados de junio existe alguna certeza sobre una respuesta afirmativa del organismo financiero. En el nuevo periplo no estaría Máximo, por una sencilla razón: igual que su madre, Cristina, piensa que debería ser dejado de lado el acuerdo suscripto por Martín Guzmán, avalado por Alberto y aprobado en el Congreso gracias a los oficios de Massa. Por entonces, titular de la Cámara de Diputados.

Como se observa, su pretendido impulso como candidato presidencial se encuentra muy condicionado. Todo aquello, además, resulta lejano y abstracto para la opinión pública. Mucho más tangible será el índice de la inflación de mayo que no bajará de 9%. Con tendencia creciente para los meses venideros. Difícil, de esa manera, aparecer en cualquier escena de campaña.

Tres nombres puestos

Esa tarea debería quedar para otros protagonistas. En el Instituto Patria hay tres nombres que tendrán un lugar en el organigrama electoral que incluye la fórmula presidencial y el blindaje en la provincia de Buenos Aires. El ministro de Economía tiene sitio asegurado. Habrá que ver si, al final, conforma sus expectativas. Axel Kicillof también. Sea por la reelección en Buenos Aires o una apuesta mayor. La composición definitiva depende de dos cosas: la evolución del cuadro económico-social estructural; el crecimiento y la instalación que logre el tercero en discordia, Eduardo De Pedro.

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El ministro del Interior es, a priori, la figura que prefiere Cristina. También su hijo. No resulta un apunte menor. Massa es ponderado por ambos pero está lejos de representar a la “generación diezmada”, como solicitó la vicepresidenta. La de los hijos de desaparecidos, como el dirigente de Mercedes. Pertenece además al Frente Renovador y acumula un pasado opositor al kirchnerismo que, en ese mundo sectario, remontaría a la fatídica experiencia sucedida con Alberto. Su ventaja radicaría en los vínculos con Washington y el establishment doméstico, imprescindible para el tiempo que vendrá. De Pedro ha trabajado ese universo y, si resulta confirmado, haría una primera salida al exterior con agenda focalizada en el Norte.

Se conjetura otra ventaja. Si la grilla electoral termina dominada por postulantes duros (Javier Milei y Patricia Bullrich, si le gana las PASO a Horacio Rodríguez Larreta), De Pedro podría hacer gala de su estilo moderado. De un centrismo. Siempre y cuando pueda prescindir de la sombra de Cristina que se dibuja siempre detrás de su figura.

El albertismo

Otro cálculo apunta a las PASO que parece difícil que no se hagan en el Frente de Todos. No por la insistencia de Juan Grabois que, ante la hipotética postulación de De Pedro, podría declinar la suya. El albertismo, si es que alguna vez existió, espolea a Daniel Scioli para que no baje su candidatura. La ministra Victoria Tolosa Paz aseguró que ya no hay marcha atrás. Algunos cantos de sirena llegan a los oídos del embajador en Brasil desde el Instituto Patria. Con la hipotética candidatura de De Pedro aguaría su costado exclusivo de componedor. No le ocurriría lo mismo frente al oportunismo de Massa o la saturación ideológica de Kicillof.

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Scioli repite que no se bajará de ninguna manera. Agustín Rossi, el jefe de gabinete, lo secunda con idéntica intención. De hecho, tiene planeada para hoy una incursión con cuatro confederaciones empresarias que representan PYME. Desarrollará sus expectativas a futuro para ese sector. Tema muy familiar también para el embajador en Brasil. Hay quienes sostienen que terminarán integrando juntos el binomio para las PASO. En ese armado andaría Santiago Cafiero, más entusiasmado y embebido que con las exigencias que le plantea la diplomacia.

La intervención del canciller estaría trasuntando una ausencia importante en las vecindades de Alberto. Su jefe de asesores, Juan Manuel Olmos, se montó en la delegación que viajó a China. ¿Gendarme del Presidente? Parece que no. El dirigente del PJ porteño hace tiempo que inclinó sus preferencias hacia el ministro de Economía. También con el propio De Pedro. Vale recordar que fue uno de los funcionarios que más insistió en su momento sobre Alberto para que, como pedía el kirchnerismo, bajara su proyecto de reelección. La política obliga siempre, al margen de pensamientos y creencias –si lo hay-, a una plasticidad extrema.

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