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Notas de Opinión

Mucho para recordar este 25 de Mayo

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

 

Es habitual que el kirchnerismo organice actos partidarios sobre las fiestas patrias o directamente las partidice desde el Estado. Pero hay que reconocer que en el caso del 25 de Mayo el almanaque ayuda, porque ese día asumieron en 2003 Néstor Kirchner y en 1973 justamente quien se convertiría en prócer exclusivo del kirchnerismo, Héctor Cámpora.

¿Por qué Kirchner y Cámpora entraron a la Casa Rosada una misma fecha patria cuando además ningún otro presidente utilizó fechas patrias para asumir? Menem fue el que estuvo más cerca, pero tampoco lo hizo. Cuando su asunción se precipitó por el descontrol de la economía por parte de Alfonsín, acordó jurar el sábado 8 de julio de 1989 y no el domingo 9, Día de la Independencia.

La liturgia kirchnerista pretende que el 25 de mayo Cámpora y Kirchner iniciaron procesos revolucionarios, tal como lo hizo la Primera Junta de Gobierno en 1810. Las lecturas del pasado que toman partido sobre el presente han sido un rasgo identitario de esta corriente pertinaz. Durante los festejos del Bicentenario, el mapping cronológico proyectado sobre la fachada del Cabildo salteó el tramo que va del final de Rosas al Centenario para exaltar en el cierre del show, sin prisa alguna, el período feliz de Néstor y Cristina Kirchner.

La especialidad de la casa son los anacronismos. Si Belgrano era K (“yo hubiera sido amante de Belgrano”, dijo en 2019 su “fan” Cristina Kirchner, quien le encontró toda clase de virtudes salvo haber muerto en la pobreza), no falta mucho para que escuchemos que Rivadavia fue el Rodríguez Larreta del siglo XIX. Cuando el uso de la historia alcanza el grotesco ya mueve a risa. En alguna oportunidad se sugirió que las revoluciones de la Primera Junta, de Cámpora y de Kirchner quedaron inconclusas por culpa de fatídicas interrupciones neoliberales. Pero los hechos hablan otro idioma. Cámpora y Kirchner terminaron enlazados por la sacralidad del 25 de mayo debido a sendas casualidades. Vale la pena recordarlas.

Desde Bartolomé Mitre (1862) y hasta que en 1930 se interrumpió el orden constitucional, los presidentes asumían siempre un 12 de octubre, el llamado Día de la Raza. Perón juró las dos primeras presidencias el 4 de junio en homenaje al golpe de 1943. Frondizi, un 1° de mayo. Illia volvió al 12 de octubre. El último que asumió el día del descubrimiento de América fue Perón en su tercera presidencia (1973). En la nueva democracia se instituyó por pedido de Alfonsín para las asunciones el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos.

Si en el siglo XXI los mandatos constitucionales truncos impidieron mantener la serie en orden, en el siglo XX las seis dictaduras directamente rompieron el reloj institucional. Salvo la Revolución del 43, la única que tuvo cría (empezó y terminó en la misma fecha tres años después), las dictaduras se apagan a la altura del año que sea. Podía ocurrir en febrero (Uriburu), abril (la “Revolución Libertadora”), octubre (el gobierno títere de Guido), mayo (la “Revolución Argentina”) o diciembre (el “Proceso”).

Sobre el final de la anteúltima, en 1972, el general Alejandro Lanusse fijó como fecha de entrega del poder el 25 de mayo de 1973. Ese día Lanusse, contra su deseo, le puso la banda presidencial a Cámpora.

A la fecha de asunción de Kirchner no se la escogió para homenajear a Cámpora en su trigésimo aniversario. Se debió a la dramática inestabilidad de Eduardo Duhalde. En octubre de 2002, cuatro meses después de que en una manifestación piquetera la policía mató a los activistas Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Duhalde presentó al Congreso su renuncia predatada. Por mandato de la asamblea legislativa debía gobernar hasta completar el 10 de diciembre de 2003 el período del malogrado De la Rúa. Pero advirtió que no llegaba y antes de caer prefirió bajarse solo. Salvo como artífice de 12 años de feudalismo provincial el kirchnerismo todavía no existía, mucho menos su fe camporista.

La Revolución de Mayo no cumple ahora un número redondo (son 213 años), pero las cuatro décadas de democracia, cosas de la numerología, coinciden este año con el medio siglo de Cámpora y con el vigésimo aniversario de la llegada de Kirchner al gobierno nacional.

Por eso se acumulan los recuerdos este 25 de mayo especial. Hay muchas cosas para recordar, claro, aunque sólo algunas, previsiblemente, le aportarán fervor a la fiesta (¿patria?) del jueves en Plaza de Mayo.

Difícilmente alguien querrá acordarse, por ejemplo, de que el jueves también se cumplen 50 años de la amnistía que bajo presión de una multitud de militantes (“reviente quien reviente, libertad a los combatientes”, cantaban) liberó de la cárcel de Devoto en forma indiscriminada a guerrilleros y a tan ignotos como renombrados presos comunes, lo que sería un semillero de la violencia política de los años siguientes. Entre otros, salieron en libertad esa noche, en la que hubo dos muertos, Francois Chiappe, un narcotraficante que había sido confidente de la Gestapo, y los integrantes de la ultraderechista Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) procesados por el asesinato de la estudiante Silvia Filler. Los guerrilleros beneficiados se contaban por cientos.

No fue el 25 de mayo de 1973 lo que se dice un día republicano. A metros de la Casa Rosada la izquierda peronista incendiaba autos. Los militares eran hostigados en medio de un descontrol total. El propio Cámpora debió suprimir la caravana programada en coche abierto desde el Congreso hasta la Casa Rosada y abordar con el vicepresidente Solano Lima un helicóptero, anticipo de la impotencia que demostrarían las autoridades en los 49 días que duró el gobierno para frenar las tomas de edificios públicos (por no contar la Masacre de Ezeiza, que ocurriría el 20 de junio). Al Salón Blanco sólo consiguieron acceder, aclamados, el presidente de Chile Salvador Allende, y el de Cuba, Osvaldo Dorticós, no así los demás invitados extranjeros, el más insultado de los cuales, como es fácil imaginar, fue el norteamericano.

Por otra parte, los 50 años del ascenso de Cámpora también significan 50 años del ascenso de José López Rega. Perón hizo poner en aquel gabinete a López Rega y a José Ber Gelbard, cuyo Pacto Social derivó dos años después en el Rodrigazo. Derrocado Cámpora al cabo de 49 días –golpe palaciego encargado justamente a López Rega, lo que le permitió sentar a su yerno, Raúl Lastiri en la presidencia de la Nación-, todos los ministros continuaron menos los dos afines a la Tendencia Revolucionaria: Juan Carlos Puig y Esteban Righi. Perón defenestró luego a Cámpora.

Último mohicano del camporismo épico, Righi, un gran protagonista de la liberación de los presos de Devoto, fue entronizado 31 años después por Néstor Kirchner, pero terminó su carrera en el Estado el día que lo volteó de la Procuradoría General de la Nación (2004-2012) el vicepresidente Amado Boudu para defenderse de las acusaciones de corrupción, con la venia de la presidenta Cristina Kirchner. ¿Se lo recordará mañana a Righi cuando se le rinda homenaje a Cámpora?

Debe ser la primera vez que en un mitin preelectoral monopoliza el micrófono alguien que no es candidato. Este jueves Cristina Kirchner, cabe esperar, evocará ante todo a su marido y celebrará con autocomplacencia el vigésimo aniversario del kirchnerismo, grupo político, está implícito, desarrollado en el Estado.

No hay por qué temer que la vicepresidenta, que aunque reniegue de su oficialismo conserva la responsabilidad institucional, prive al auditorio en el Día de la Patria de sus clásicas ensaladas históricas. En 2013 dijo que veía en los rostros de los jóvenes kirchneristas que poblaban la plaza “las caras de otros jóvenes, de French, de Beruti, de Moreno, de Monteagudo, los verdaderos cerebros de esa Revolución”. Dos párrafos más adelante se entregó a alabar a Rosas. Luego atribuyó las “altas jubilaciones” que decía estar abonando al legado de los patriotas de 1810.

Ahora hay impaciencia por escucharla definir su candidato a presidente y el método de selección, el candidato bonaerense y si le ordenará o no al gobernador Kicillof desdoblar las elecciones en la provincia. O qué papel le tiene reservado al ministro Sergio Massa y para cuándo podrá estar listo el programa de gobierno que viene pidiendo con comprensible ansiedad. Pero también será interesante ver cómo conjuga esta coyuntura, sobre todo la dependencia del FMI que la falta de dólares le agudiza a Massa, con la génesis revolucionaria, inspiradora, motivadora, de 1810 y del “Tío” Cámpora, presidente fugaz.

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