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Notas de Opinión

Alberto se desquita de Cristina y calienta más la interna del Frente de Todos

El Presidente invitó al acto al que no irá y le bajó el precio a la vice, que será la única oradora. Además, la vinculó a la corrupción de Lázaro Báez. Nafta para el fuego interno donde varios se animan a candidatearse.

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

El kirchnerismo está aguardando el acto del jueves en la Plaza de Mayo como si esa concentración pudiera prometer alguna revelación política providencial. Enterrada su postulación, tampoco está previsto que Cristina Fernández pueda alumbrar el nombre de algún candidato.

Primero, porque más allá de las conjeturas no lo tiene definido. Segundo, porque la situación en la coalición oficialista exige previamente un ordenamiento que todavía no se advierte.

El proyecto de un candidato único debe despejar del camino varios obstáculos. Sobresale la permanencia de dirigentes con ánimo de competir. Algunos respaldados desde la Casa Rosada. Otros como consecuencia de la fragmentación que en estos años de poder sufrió el Frente de Todos.

Es el caso de Juan Grabois que, con una concurrencia llamativa trasladada desde diferentes puntos del país, lanzó días pasados su campaña para las PASO en el estadio cerrado de Ferro. Su histórica cercanía con Cristina, sin embargo, lo llevaría a deponer el desafío si existiera una solicitud expresa desde el Instituto Patria.

Distintos son los casos de Daniel Scioli y Agustín Rossi. El embajador en Brasil difundió su primer spot televisivo y en redes con el cual reivindica las elecciones internas como único mecanismo para ungir un candidato. Soberanía popular, señala.

​​El jefe de Gabinete hizo gestos parecidos con un adicional provocador. Recordó que en 2021 renunció al ministerio de Defensa para participar en las PASO en Santa Fe. ¿Lo habrá dicho por Eduardo De Pedro que después de una aparición de Cristina en televisión se zambulló de cabeza en la campaña? El ministro del Interior se sintió aludido como pocos cuando la vicepresidenta expresó que esperaba que los próximos candidatos pertenezcan a la que denomina “generación diezmada”. De Pedro es hijo de desaparecidos.

La realización o no de las PASO en el oficialismo es una de las tantas cuestiones que atraviesan las diferencias entre Alberto Fernández y el kirchnerismo. Aníbal, el ministro de Seguridad, ilustró el grado de deterioro que tiene aquel vínculo. “La Cámpora le ha hecho la vida imposible al Presidente”, declaró. También apuntaló la realización de las elecciones internas.

Con lo poco que le va quedando (dos monedas, dos piedritas, dos palitos) Alberto pretende defender su idea de intentar democratizar al peronismo. Poner fin a la historia de personalismos. Teorías que desarrollaba profusamente en su tiempo de opositor. Las supo enrollar cuando resultó ungido candidato. Detrás de ese objetivo lanzó un fraserío hiriente en los últimos días. “Cada década no nace un Perón (Juan Domingo)”, afirmó. Palazo, tal vez, contra la voluntad de Cristina de convertirse en única y gran electora.

Al Presidente tampoco parece interesarle demasiado que su obstinación por las PASO desagrade a Sergio Massa. El ministro de Economía puso como condición a su hipotética postulación que no se realicen internas. “No nos entra un quilombo más”, se exaltó. Esa exigencia pierde fuerza cuando se desmenuza el contexto.

La realidad económico-social no para de agravarse. La falta de reservas en el Banco Central indujo al líder renovador a viajar a China para solicitar una ampliación del swap. No solucionaría el faltante de dólares. Evitaría, al menos, que se acentúe la contracción de algunos sectores productivos que dependen mucho de las importaciones.

Tampoco el perfil de De Pedro como candidato posible resultó buena noticia para Massa. Menos cuando entre sus puestas en escena figuró una fotografía con un puñado de intendentes del conurbano. Allí se coló Julio Zamora, el intendente de Tigre. Enemistado con la familia del líder renovador. En especial su esposa, Malena Galmarini, titular de Aysa.

De Pedro no representa pese a todo la mayor dificultad para Massa. Se trata por ahora sólo de una pieza en un abanico donde todavía figura Axel Kicillof. El gobernador de Buenos Aires, después de la última aparición de la vicepresidenta, aceleró su proselitismo en la provincia. De poco servirá si, con motivo de otros planes, fuera llamado desde el Instituto Patria.

El ministro de Economía enfrenta sus propias encrucijadas. Había prometido una inflación que empezaría con 3 en abril. Apareció un 8 largo. La tendencia, de acuerdo con las consultoras privadas, mantiene una progresión ascendente en mayo. El número estadístico, casi con certeza, arrancará con 9. Ese índice se conocerá el 14 de junio, el mismo día del cierre de las alianzas partidarias. Diez días más tarde deberán inscribirse las candidaturas. El margen de maniobra es casi inexistente.

¿Haber agarrado esta “papa caliente” para llevarla solo hasta algún puerto?, se interrogan en el massismo. Sea a no candidato, el ministro se enfrente a muchos dilemas. ¿Cómo abandonar el cargo sin provocar un temblor? ¿Qué consecuencias terminaría teniendo para sus aspiraciones? La encerrona de Massa quedó reflejada en el plenario del Frente Renovador. Arriesgó que evaluarían si la agrupación seguirá perteneciendo al Frente de Todos.

Su viaje a China la ha posibilitado eludir la presencia en la celebración del jueves, con Cristina como oradora exclusiva. No será la única ausencia. Tampoco, quizás, la más resonante. El Presidente se sumó a la convocatoria ni bien supo que la vicepresidenta había resuelto trasladar el acto a la Plaza de Mayo. Conciente de que por allí no podrá ni asomar la nariz, deslizó tramos de maldad en la adhesión. Llamó a celebrar los 20 años de la asunción de Néstor Kirchner. Hacerlo respaldando masivamente a quien definió la “compañera de toda su vida”. Así refirió a Cristina, la vicepresidenta. Mandataria, además, durante dos periodos consecutivos (2007-2015).

Ajeno a la gestión cotidiana y gozando de las pequeñas cosas del poder en sus últimos meses de mandato, Alberto pareció darse otros gustos. Merodeó el problema de la corrupción que tiene en jaque a Cristina. Esta vez, sin confrontar con la Justicia y la Corte Suprema. “Alguna gente puede decir que fue una imprudencia ética muy grave haber firmado acuerdos con alguien a quien conocían de antes, devenido en empresario vinculado a la obra pública”.

​Aludió, sin dudas, a Lázaro Báez. Tangencialmente a la causa Vialidad en la cual la vicepresidenta tiene una condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos. Aquella falta, aclaró sin embargo, de ningún modo constituiría un delito.

Tal defensa fue insuficiente para apagar el enojo kirchnerista. El Presidente desearía continuar con ese derrotero en los días de campaña. Incluye también críticas despiadadas contra la oposición. Una la focalizó en Horacio Rodríguez Larreta. Alberto dice sentirse muy libre para hablar. También feliz si consuma el segundo objetivo que persigue: que se hagan las PASO en el peronismo. ¿Cuál ha sido el primero? Que ni Cristina ni Mauricio Macri figuren en la competencia. Así sucederá

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