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Notas de Opinión

Desvaríos de un Gabinete fracturado y el insólito rol de la vocera Gabriela Cerruti

No hay más reuniones de gabinete y algunos ni siquiera contestan el chat para ministros. Ahora coinciden en pedir la renuncia de la portavoz que busca tener protagonismo propio y hasta cada vez más aislada.

Columna publicada originalmente en Clarín

A poco de asumir como jefe de Gabinete, Juan Manzur le confió a un amigo de su Tucumán natal su primera descripción sobre los ministros nacionales: “La mitad son vagos, y la otra mitad son locos”, definió con ironía, y generalizando adrede. No pensaba así de todo de su equipo de trabajo.

Pero, de buena parte, sí. Manzur fue el primer y último jefe de Gabinete que intentó hacer reuniones de ministros. Le costaba. Varios de ellos estaban peleados y se ausentaban con justificaciones variables. Él mismo dejó su puesto de enrome trascendencia nacional para ser precandidato a vicegobernador en su distrito.

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Su sucesor en el cargo fue Agustín Rossi. Las reuniones de Gabinete se terminaron. “Eran un bodrio. Imposibles. Reuniones de consorcio de edificio”, confió uno de sus protagonistas a Clarín. Manzur intentaba imponerles algo de épica y energía. “¡Un aplauso para las nuevas ministras que se suman a este proyecto! ¡Victoria Tolosa Paz, Kelly Olmos y Ayelén Mazzina! (flamantes titulares, a finales de octubre pasado, de Desarrollo Social, Trabajo y Género y Diversidad)!”, gritó el día que las tres llegaron a la primera reunión como integrantes del Gabinete. No solo no estaban presentes todos los ministros, si no que los aplausos no sonaron a júbilo, si no a bienvenida a una fiesta que está culminando, ya pasada el alba, y en la que, por cansancio y tedio, pocos o nadie tienen energía para celebrar más nada.

Rossi llegó a la jefatura de Gabinete de un oficialismo que ya era otro. Las peleas entre el propio Presidente y su vice, y por ende, entre los ministros y sus subordinados, se sucedían de modo brutal y declaraciones públicas. Una escalada inédita si se comparan el resto de las gestiones de la democracia que retornó en 1983. El Gobierno está partido. La dinámica de trabajo de los ministros rumbea errática sobre diversos desvaríos, políticas unilaterales con objetivos difusos, que se elaboran sin cohesión. Y con sus ideólogos sin líderes reconocidos y acostumbrados a los cuchicheos de lamento de pasillos de Palacio. El propio Presidente afirmó en público, en plena pelea con su ministro del Interior, Eduardo De Pedro, referente absoluto de Cristina y Máximo Kirchner en la Casa Rosada, que él sabía con cuáles funcionarios podía trabajar, y con cuáles no.

No hubo pedidos de renuncia, todos siguieron en sus cargos.

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Aunque Fernández pensó en despedir a De Pedro y hasta sondeó a un sucesor. Al final, nada ocurrió.

Los ministros y jefes o interventores de entes públicos esenciales para el funcionamiento del Estado trabajan como siempre lo hicieron, aunque todo haya cambiado. Unos responden a la Vice, a su hijo, el diputado Máximo Kirchner, y cortaron el diálogo con el Presidente, que ya ni siquiera los llama. Es el caso, por ejemplo, de la titular del PAMI, Luana Volnovich. O la jefa de la ANses, Fernanda Raverta. Quiénes sí mantienen las formas y trabajan de acuerdo a las órdenes del Presidente, desconfían de sus compañeros. Y no pueden, no quieren, o no saben cómo administrar el Estado sin cruzarse con expedientes que deban pasar por entes liderados por “enemigos”.

La llegada de Rossi a la Jefatura de Gabinete no pudo, hasta ahora, reencausar esta fractura cada vez más profunda que, por obvias razones, hiere a la eficacia de la gestión de la Casa Rosada.

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“Se ministro, hoy, es como ser una especie Gobernador de tu ministerio. Te las rebuscás solo, pedís presupuesto como puedas. Es triste, pero es así”, describió a Clarín dirigente que conoce muy bien la trama secreta de este Gabinete que no funciona como tal.

“Nos reunimos de a dos, de a tres. La verdad, nadie sabe bien qué es lo que tiene que hacer”, confirmó otro ministro, mareado por la confrontación entre las diferentes facciones de lo que fue el Frente de Todos.

El Presidente, está dicho, es consciente de la incertidumbre que cunde a su alrededor. Pero deja hacer.

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Más allá de los resultados de una economía en crisis, el titular del Palacio de Hacienda, Agricultura, Producción y Energía, Sergio Massa, es hoy el más consultado por una mayoría de ministros y encargados de entes públicos relevantes, o empresas estatales. Massa hace equilibrio.

Y controla el presupuesto nacional.

Quien quiera conseguir fondos, debe hablar con él.

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El ministro, aquejado por la crisis, cortó el financiamiento de la mayoría de los organismos estatales durante enero y febrero.

Es un secreto a voces entre los funcionarios de un Gobierno descontrolado que, para colmo, entró en fase electoral y de ajuste real.

Los desvaríos de esta dinámica de Gobierno provocan situaciones singulares.

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Según pudo saber Clarín de acuerdo a una decena de fuentes del oficialismo, muchas de ellas con cargos en Presidencia, hay un consenso, sí, en la mayoría del Gabinete dividido por la infelicidad.

La enorme mayoría del Gabinete coincide en su opinión respecto a la vocera del Presidenta, Gabriela Cerruti. Todos hablan de modo negativo respecto a la eficacia de su estrategia para informar los actos del Gobierno, y de sus modos para vincularse con el funcionariado.

Cerruti se ganó la confianza del Presidente a pesar de todo. Y aunque varios ministros le sugirieron que no es conveniente que ella siga en su cargo. Así lo confirmaron a Clarín fuentes inobjetables de la Casa Rosada.

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Cerruti lidera cada jueves una conferencia de prensa en la que suele pelearse con los periodistas o, según el análisis de funcionarios relevantes, también consigue exagerar debates perjudiciales para el oficialismo.

“Los jueves innecesarios”, bautizaron varios ministros a esas exposiciones en las que Cerruti Sus declaraciones polémicas abundan.

Aun así, tiene la confianza del Presidente.

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Los ministros nacionales, en los buenos viejos tiempos del Frente de Todos en su vuelta al poder, solían comunicarse a diario a través de un chat en el que solo participan cada uno de los titulares de los organismos nacionales. Ese chat, llamado en la Rosada como “chat de los ministros”, es hoy un canal de diálogo casi fantasmal.

El titular de Interior, De Pedro, referente de Cristina Kirchner en Gobierno, hace casi medio año que no escribe ni una sola palabra en ese whatsapp colectivo. Ni siquiera un emoji, un sticker.

Pero quien sí envía mensajes insistentes es Cerruti. La mayoría de ellos son para exaltar políticas propias, como la organización de recitales, los domingos, en la Quinta de Olivos.

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O pide, en ese chat, que el Gabinete informe sobre estadísticas positivas sobre la economía basadas en cálculos del INDEC.

En lo que puede ser un resumen del estado de la gestión, nadie le responde esos mensajes a la portavoz presidencial, ratificaron varias fuentes del Gabinete a Clarín.

“¿Cómo puede ser que siga escribiendo en el chat grupal si nadie, nadie, le responde?”, le preguntó a Clarín uno de los integrantes de ese chat grupal de influyentes.

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Cerruti, además, suele sugerir al Gabinete que la ayuden a replicar… sus tuits.

La cuenta de su red social parece estar más dedicada a su figura que a la comunicación profesional del Poder Ejecutivo. “Hoy acompañé al presidente Alberto Fernández en la reunión con su par, Joe Biden, y los equipos de trabajo. Un encuentro que sin dudas representa un enorme avance para profundizar las relaciones estratégicas con Estados Unidos”, escribió en esa red social con evidente ansia de protagonismo, en encuentros bilaterales que también tuiteó con fotos en las que se veía a ella sola con Biden.

Un ejemplo de cómo trabaja el Gabinete que solo está reunido de modo virtual en el chat grupal de whatsapp en el que también participa el propio Presidente.

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El 21 de marzo pasado, Cerruti escribió esto: “ Buenos días. Les comparto este video hermoso del Presidente el Foro de DDHH para que compartan en sus redes”.

Adjuntó el mensaje con un archivo audiovisual.

Eran las 14:02.

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Nadie le respondió.

Basta repasar las redes para detectar si alguien, también, tomó su sugerencia como seria e importante.

Como si fuera poco, en las últimas horas trascendió que la relación entre Massa y el Presidente se habría resentido durante la gira exitosa por Washington.

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Eso sí es compartido por los ministros como información importante.

El tiempo dirá si el vínculo entre Jefe de Estado y ministro de Economía se resiente hasta un punto de conflicto relevante.

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