Seguinos en nuestras redes

Notas de Opinión

Es el narcotráfico, Aníbal

Tras ningunear el drama de Rosario, el ministro de Seguridad prometió “ir hasta el hueso”. Pero, ¿cómo le fue en los grandes casos narcos anteriores?

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

El primer dato es que este jueves se cumple una semana de otra de las frases de Aníbal Fernández destinadas a perdurar: “En Rosario ganaron los narcos”, dijo el ministro de Seguridad de la Argentina.

El segundo dato es que, tras semejante admisión pública de derrota, el ministro sigue en su cargo, presuntamente para enfrentar a quienes ya vencieron.

El tercer dato es que, obligado por el anuncio de su jefe, el Presidente, Aníbal tuvo que ir este miércoles a Rosario para hacer como que ponía en funciones a gendarmes que, como los anteriores, nadie sabe por cuánto tiempo se van a quedar ni para hacer exactamente qué.

Emocionados por la novedad, los vecinos de Rosario aplaudieron cuando los vieron llegar a sus barrios. Significa que hasta ahora, si estaban, no estaban visibles.

Subido a una tarima junto a otros 16 funcionarios para la foto, el ministro Fernández retrocedió sobre sus pasos y “comprendió” la situación del gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, y del intendente de Rosario, Pablo Javkin -ambos al lado suyo-, por haber “heredado” el problema narco.

“Vamos a ir hasta el hueso”, dijo esta vez.

Lo de la herencia fue un sinceramiento: Aníbal ya debía ocuparse de los narcos en 2007, cuando fue ministro de Seguridad, doce años antes de que Perotti fuera gobernador y Javkin, intendente.

Aníbal venía distanciado del gobernador de Santa Fe tanto como del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni.

Es decir, el área de Seguridad del gobierno nacional viene ignorando en la práctica a las dos provincias más golpeadas por la inseguridad y el narcotráfico.

Así es difícil coordinar hasta un operativo contra la quiniela clandestina.

La inacción alcanza al ministro de Justicia Martín Soria, jefe de María Garrigós de Rébori, quien a su vez maneja las cárceles federales.

Desde esos penales se ordenan los ataques narcos en Rosario y el flujo de cocaína en el conurbano bonaerense.

Un trabajo de la Procuraduría de Narcocriminalidad denunció que al menos 19 jefes narcos mueven sus hilos desde la cárcel.

En agosto de 2021, policías entraron al penal de Marcos Paz por orden de la justicia rosarina y hallaron un teléfono fijo en la celda de Guille Cantero, el líder de Los Monos.

Un mes después, hubo una nueva requisa. El teléfono estaba allí otra vez.

El Departamento de Inteligencia del Servicio Penitenciario, que debía detectar ese tipo de situaciones, fue disuelto por Garrigós -fundadora de Justicia Legítima- cuando asumió, en 2020.

La Asociación de Magistrados acaba de pedir que esa área clave para controlar a los presos vuelva a funcionar.

Hace 10 meses, la jueza María Servini de Cubría acusó al ministro Soria y a la funcionaria Garrigós de ser cómplices del narcotráfico.

Los denunció por obstruir una causa que tenía sospechosos dentro del penal de Devoto.

La causa aún no avanza.

En febrero de 2022, un centenar de personas en San Martín fueron envenenadas con una mezcla de cocaína y carfentanilo, una sustancia que se usa como narcótico para elefantes y es 10.000 veces más potente que la morfina.

Hubo 24 muertos.

Lo primero que hizo el ministro Aníbal Fernández ante esa tragedia fue un chiste para burlarse de Berni.

Tuiteó: “El que compró droga las últimas 24 horas descártela porque es de la mala”.

La droga había sido distribuida por la banda de Mameluco Villalba, quien seguía manejando el flujo de la cocaína en San Martín desde la cárcel de Rawson, donde está preso.

Se ve que aquella investigación no fue hasta el hueso porque todavía no se sabe de dónde vino esa mezcla letal ni cómo llegó al búnker de Puerta Ocho, una de las villas más pobres del conurbano.

Quien lo tratará de determinar no es el Estado argentino sino los Estados Unidos, que analizan las muestras en los laboratorios que la DEA tiene en el estado de Virginia.

No hay detenidos ni sospechosos por la importación de la droga envenenada.

Tampoco hubo alertas entre 2004 y 2007 sobre la importación de efedrina, que en ese período creció 11 veces.

Se descubrió tras un triple crimen en General Rodríguez que dejó al descubierto un negocio multimillonario de fabricación de drogas sintéticas con triangulación a México.

Aníbal Fernández fue ministro del Interior entre 2003 y 2007. Cuando ocurrió el triple crimen, en 2008, era el ministro de Seguridad.

Nadie supo nada del negocio narco del momento hasta el hallazgo de los tres cadáveres acribillados en un zanjón.

Ahora Fernández venía siguiendo el tema Rosario asesorado por Marcelo Sain, a quien contrató apenas éste dejó su puesto como ministro de Seguridad en Santa Fe, echado por Perotti.

Sain estuvo con Aníbal un año, hasta que en noviembre pasado se fue por pedido del Presidente, luego de que fuera acusado en una causa de espionaje ilegal.

Cerca de Sain -que ahora da clases en la Universidad de Quilmes, terruño de Aníbal- juran que propuso medidas profundas que nunca entraron en vigencia.

Como fuere, el ministro echado de Santa Fe asesoraba al ministro que ahora dice que va a ir al hueso.

Este lunes, mientras vecinos iban por su cuenta a destruir tres búnkeres de un barrio rosarino, Fernández estaba junto al gobernador Insfrán, en Formosa, inaugurando las jornadas “ForCIC BootCamp 2023”.

Es un seminario para prevenir ciberdelitos, en una provincia donde 7 de cada 10 personas no tienen computadora.

Aníbal dijo allí que el Gobierno se propone como “cabeza de proa” para luchar contra el ciberdelito como parte “del protocolo de Budapest”.

Cuarenta y ocho horas después, se daba un baño de realidad inevitable en Rosario.

Es el narcotráfico, Aníbal.

TE PUEDE INTERESAR