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Política

Alberto Fernández avaló a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua: “Han sido elegidos por sus pueblos”

El Presidente inauguró la cumbre de la CELAC apoyando las dictaduras de Maduro, Díaz Canel y Ortega.

El presidente Alberto Fernández fue el anfitrión de la VII cumbre de la CELAC que se celebró en Buenos Aires. En su discurso inaugural, el jefe de Estado manifestó su respaldo a los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Luego mandatarios como Luis Lacalle Pou (Uruguay) y Gabriel Boric (Chile) se mostraron en desacuerdo.

Alberto Fernández pidió luchar contra “los bloqueos” que sufren algunos países de la región: “Son un método muy perverso de sanción, no a los gobiernos sino a los pueblos. Por lo tanto, no podemos seguir permitiéndolo”.

El Presidente continuó: “Cuba lleva un bloqueo de más de seis décadas y eso es imperdonable. Venezuela padece otro tanto y nosotros tenemos que levantar nuestra voz… Creemos en la democracia, que está definitivamente en riesgo”.

Lacalle Pou manifestó su disidencia a la CELAC: “Acá hay países que no respetan la democracia”

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“Después de la pandemia, la ultraderecha se ha puesto de pie y amenaza a cada uno de nuestros pueblos. Nosotros no debemos permitir que esa derecha recalcitrante y fascista ponga en riesgo la institucionalidad de nuestros pueblos”, agregó Alberto Fernández.

El mandatario argentino concluyó: “Todos los que están aquí han sido elegidos por sus pueblos y sus pueblos los legitiman como gobernantes. Y por lo tanto, más allá de cómo cada pueblo decida, en la diversidad debemos respetarnos y en la diversidad debemos crecer juntos”.

Notas de Opinión

El Presidente aceptó la presión K por la mesa política pero no baja su candidatura

Es la garantía para que en el FdT no haya tentación de eludir las PASO. También, una posibilidad de regeneración del PJ para recuperar autonomía respecto de la vicepresidenta.

Columna publicada originalmente en Clarín

Es probable que para quitarse de encima la presión kirchnerista, Alberto Fernández haya recordado una enseñanza que se le atribuye a Juan Perón. El ex presidente solía comentar con sarcasmo que para querer solucionar un problema hay que nombrar un responsable; para que perdure, en cambio, siempre es conveniente armar una comisión.

La referencia alude a la conformación de la “mesa política” demandada por el kirchnerismo que finalmente, después de resistirse, el Presidente convalidó. No estaría claro todavía el objetivo final. ¿Será para definir candidaturas? ¿Será para diagramar los pasos en el año electoral? ¿O también para tratar de conciliar posturas de la gestión de gobierno que Cristina Fernández y los suyos no observan con agrado? Cualquiera de esas interpelaciones encierra un conflicto potencial.

El primero de ellos es la obstinación de Alberto por presentarse a la reelección. La vicepresidenta está indignada. Mira en las encuestas la pobre valoración que la sociedad tiene del Gobierno. Considera absurda la jugada, salvo que esconda una segunda intención. No está clara. Tampoco resulta consistente que el Presidente siga creyendo sin perturbarse en las parrafadas elogiosas a su gestión que distribuye en cada acto público que le toca encabezar. Parece que lo hiciera adrede.

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La semana pasada, en Chaco, se explayó de nuevo sobre las bondades de su política en pandemia. El éxito presunto de la campaña de vacunación por el Covid. “No hemos privilegiado a los poderosos”, alardeó. “Hemos vacunado a todas las personas por igual, al mismo tiempo”. A su lado estaba el anfitrión, Jorge Capitanich. Rígido y aplaudiendo de compromiso. El gobernador, al margen por su edad del segmento de riesgo, fue uno de los primeros inoculados de aquel momento.

Esa “segunda intención” que desvela a Cristina sería la idea de Alberto de que el oficialismo se someta a las PASO para definir los principales candidatos. Algo que nunca hizo desde el 2009, cuando el matrimonio Kirchner, después de una derrota en las legislativas, decidió sancionar la reglamentación. El Presidente acostumbra a subrayar la buena utilización que Juntos por el Cambio supo hacer de dicho mecanismo.

La persistencia de Alberto con su reelección apuntaría a mantener con vida una competencia interna que al kirchnerismo no le agrada. En ese mundo prevalece siempre el gusto por la “fórmula de unidad”. Con la bendición de la vicepresidenta. Tutora eterna. La consagración de un candidato con votos propios podría debilitar a futuro esa condición.

El Presidente supuso que su propuesta, a esta altura, tendría mucho más brillo del que tiene. La realidad peronista ayuda nada. La del kirchnerismo, lo mismo. Sobre todo, si la vicepresidenta se mantiene en la banquina. Daniel Scioli, el embajador en Brasil, fue el primer anotado. Incluso antes que Juan Manzur. Al jefe de Gabinete le cuesta levantar vuelo. Todavía no se rinde.

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Manzur tiene pensado el 14 de mayo acompañar en la reelección a Osvaldo Jaldo en Tucumán. En agosto se presentaría en las PASO como precandidato presidencial. La configuración no es sencilla. Había pensado en Verónica Magario como vice para darle potencia bonaerense a la oferta electoral. La vicegobernadora desechó la delicadeza porque tiene claro que la única estrategia definida del kirchnerismo, por ahora, consiste en intentar retener Buenos Aires de la mano de Axel Kicillof. Ella es su vicegobernadora.

Eduardo De Pedro es hoy la única carta que exhibe el kirchnerismo para rivalizar en las PASO. Hombre de Cristina y Máximo Kirchner, venerado por La Cámpora. Muestra por el momento, según las encuestas, una fragilidad central: arrastra muy poco los votos incondicionales de la vicepresidenta. También es cierto que el tramo sustancial de la campaña todavía no arrancó. ¿Y Sergio Massa? . El ministro de Economía dio una fuerte señal de solidaridad con el kirchnerismo cuando concurrió a la cumbre del PJ bonaerense convocada por Máximo, en la cual estuvo además el ministro del Interior. El ex intendente de Tigre sabe, como lo saben todos, que su destino electoral y hasta su permanencia en el Gobierno depende de la economía de los meses venideros. Muy temprano para definirse.

Massa respaldó la presión sobre Alberto para la conformación de la “mesa política”. El ministro advirtió en la cumbre de Merlo que todos los pleitos en el oficialismo perjudican la posibilidad de mejorar la economía. ¿No es un conflicto también su posición en favor de un sector del Frente de Todos? La variable que domina las expectativas de la sociedad –también a los K– es la inflación. Massa va camino de incumplir su primera promesa: afirmó que en marzo habría una inflación por debajo del 4%. Las consultoras vaticinan para enero un 6%. Febrero arrancó con una cadena de aumentos. El ministro decidió negociar con las empresas una baja de los aumentos promedio del 4% al 3.2% pactados en los productos de Precios Justos. Las cuentas no le cierran para llegar con su pronóstico al tercer mes del año.

Massa arrastra otra dificultad. La “mesa política” podría convertirse en una Caja de Pandora. Máximo, De Pedro y Andrés Larroque, ministro bonaerense y secretario de La Cámpora, lo sostienen, aunque plantean objeciones al rumbo económico. El hijo de la vicepresidenta desempolvó el fin de semana anterior la necesidad de renegociar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El silencio fue la gambeta del ministro. En su entorno recordaron a Martín Guzmán, pero no fueron ofensivos. Nadie habló de ignorancia, como el ex ministro. “Quizá no conocen el contexto”, explicaron.

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Massa está dispuesto a correr esos riesgos con tal de no romper su sociedad con el kirchnerismo. Si su candidatura tiene alguna chance, conjetura, es en la vecindad de esa corriente gravitante del Frente de Todos. Pero prefiere no encandilarse con los espejitos. La economía puede en cualquier momento sacarlo de juego. Alberto parece no haberse mosqueado por esa gestualidad de Massa. “Se está apurando”, habría comentado. En verdad, la convergencia de los K con el ministro denota dos cosas. La contradicción entre el relato y la política de ajuste. La orfandad política de ese sector.

El Presidente no desecha la candidatura de Massa. Tampoco la de De Pedro. Simplemente piensa que cualquiera que sea debería revalidarse en las PASO. La única manera que el posible candidato construya cierta autonomía respecto de Cristina. Sobre todo, si ocurre el milagro de otro mandato. Quizá volvió a hacer ruido en su cabeza aquella frase que pronunció una semana antes de ser ungido candidato el 18 de mayo del 2019: “No tengo ganas de que haya un títere en la Casa Rosada y el poder esté en Juncal y Uruguay. O se hace cargo de lo que viene o deja libre a todas las fuerzas”, declaró entonces. Se hizo cargo y todo salió como se ve.

Aquella autonomía a la que refiere el Presidente tiene relación con las exigencias que hallará el próximo gobierno y la herencia que no es la que se cuenta en el poder. Aseguran que Alberto hace hincapié en la autonomía para garantizar la gobernabilidad. Aplica ese principio al Frente de Todos. También a Juntos por el Cambio. “Ni Macri (Mauricio), ni Cristina”, dicen que es su latiguillo dilecto.

La condición de sabueso (a) político (a) de la vicepresidenta no resulta una novedad. ¿Será por aquel latiguillo que ella y su logia desean expulsar a Alberto de cualquier contienda electoral? ¿Será, en efecto, porque representa un obstáculo para la prolongación indefinida del liderazgo de Cristina o la voluntad, a lo mejor, de terminar recurriendo a una “fórmula de unidad” para 2023?

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Tanta desconfianza explica los motivos por los cuales el kirchnerismo nunca termina de comprender muchas de las sobreactuaciones de Alberto. Una es el impulso que dio al juicio político a la Corte Suprema en Diputados. El trámite empezó deshilachado y tiene el peligro de no cumplir siquiera con los estándares mínimos previstos por el oficialismo: la atención de la opinión pública, el temor de los cuatro jueces apuntados, la idea de inculcar que Cristina sólo está siendo perseguida por su presunta defensa de los pobres y no por la corrupción que inundó sus dos mandatos. Vaya una primera corroboración: las acusaciones en el Congreso se estrellan contra una realidad que sintoniza de otro modo. La Justicia parece delimitada ahora a los casos del asesinato en La Pampa del pequeño Lucio Dupuy y el ataque mortal que sufrió en 2019 en Villa Gesell Fernando Báez Sosa.

La inquina contra el Presidente escala tanto que la última semana fue posible escuchar una acusación insólita y grave en su contra. Larroque sostuvo que estaría “minimizando” el intento de magnicidio que sufrió Cristina el primer día de septiembre pasado. El kirchnerismo, también en este caso, viene fracasando en su propósito. No está en discusión la gravedad de lo ocurrido. No consigue instalar, sin embargo, la prédica sobre una maquinaria política y de intereses económicos detrás de la bala que no se disparó.

La jueza María Eugenia Capuchetti elevará a juicio oral la causa con tres detenidos-procesados: Fernando Sabag Montiel, Brenda Uliarte y Gabriel Carrizo. La llamada “banda de los copitos”. Seguirá con las investigaciones, pese a las recusaciones que sufre, acorde a los planteos que realiza la defensa de Cristina. La semana pasada tomó la última declaración a Carrizo.

El líder de la banda explicó que Sabag Montiel habría hecho lo que hizo para reivindicarse ante Uliarte. La joven, al parecer, lo humillaba. Incluso sexualmente. Confesión que no cuadra en el kirchnerismo. Tanta decrepitud atenta contra la narrativa de la épica.

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Política

Los gobernadores e intendentes que perduran en el poder hace décadas

Los Rodríguez Saá, Guido Insfrán y los Kirchner son los tres principales mandatos provinciales que llevan décadas en el cargo.

Alrededor de todo el país, hay una práctica que se repite y son aquellos mandatos tanto en provincias como en municipios de Buenos Aires que se mantienen en el poder por décadas. Se trata de gobernadores e intendentes que se caracterizan por depender del empleo público, utilizar prácticas clientelares, comprar voluntades políticas, entre otros métodos, para permanecer de manera indefinida en sus cargos.

Más allá de que en la gran mayoría de estos regímenes políticos existan altos porcentaje de pobreza, la realidad es que para cualquier opositor es prácticamente imposibles ganarles. En el caso de los gobernadores provinciales, los recursos de la coparticipación federal parecen ser la clave dado que aplican muy pocos impuestos y no hay un gran control de los fondos utilizados. De esta manera, el tamaño del Estado en estos lugares es enorme y es la fuente principal de empleo.

Gobernadores provinciales

Los Saá gobiernan hace 34 años en San Luis y son el gobierno provincial con mayor tiempo en el cargo.

Los mandatos provinciales que más perduran en el poder son: los Rodríguez Saá en San Luis, Gildo Insfrán en Formosa, los Kirchner en Santa Cruz, Gerardo Zamora y su mujer, Claudia Abdala, en Santiago del Estero, Juan Schiaretti en Córdoba, y Jorge Capitanich en Chaco.

Haciendo foco en los 3 que encabezan este ranking empezamos con los Rodríguez Saá que manejan la provincia puntana de 1983 sumando así 34 años al mando del poder. Durante estos mandatos hubo denuncias por la ausencia de una prensa independiente y casos de violencia institucional por parte de la policía provincial que quedaron en la nada misma.

Para este año, el gobernador actual no podía presentarse en las elecciones por lo que el senado puntano aprobó la polémica ley de Lemas que elimina las internas partidarias y permite que el gobernador competir en varias agrupaciones del mismo signo político.

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El segundo mandatario provincial con más tiempo en el poder es Guido Insfrán en Formosa hace ya 28 años. Asimismo se podrían sumar 8 años más como vicegobernador lo que da un total de 36 años en la cúpula provincial. Lo ocurrido durante la pandemia expuso en gran manera las políticas de Insfrán que recibió múltiples denuncias de violaciones de derechos humanos por las severas restricciones impuestas contra el Covid-19.

En tercer lugar está Santa Cruz con los Kirchner. Néstor fue el primero con un gobierno de 12 años, entre 1991 y 2003. Más adelante en 2015, Alicia asume en 2015 y fue reelecta en 2019. Para este año, ya suman 20 años. El mandato kirchnerista se sostiene a pesar de la provincia hoy alcanza el 30% de pobreza y una indigencia de alrededor del 5%. Más abajo en este ranking están Gerardo Zamora con 18 años de mandato consecutivo en Santiago del Estero, Juan Schiaretti en Córdoba desde hace ya 12 años, y Jorge Capitanich con 11 años al mando en Chaco.

Intendentes

Los Posse gobiernan en San Isidro hace 44 años.

Con respecto a los intendentes de Buenos Aires, podemos mencionar a los Posse en San Isidro, Alberto Descalzo en Ituizangó, los Mussi en Berazategui, Los Granados en Ezeiza, Mario Secco en Ensenada, Mario Alberto Ishii en José C. Paz, Fernando Espinoza en La Matanza, Gustavo Arrieta en Cañuelas, Fernando Gray en Esteban Echeverría y Jorge Ferraresi en Avellaneda.

En el primer caso, la familia Posse gobierna hace 44 años con los mandatos de Melchor Posse y posteriormente de su hijo Gustavo Posse. En el segundo caso, Alberto Descalzo es el segundo intendente con más tiempo en el cargo de manera interrumpida con 28 años en él. Se trata del único intendente que tuvo este partido desde su creación en 1995.

En tercer lugar, encontramos a los Mussi en Berazategui que gobiernan desde 1987. El primero fue Juan José Mussi que en su momento se alejó momentáneamente para ser ministro de Salud Provincial en el gobierno de Duhalde. Si bien volvió en 2003 y fue reelecto en 2007,  en 2010 volvió a dejar la intendencia para ser Secretario de Ambiente de la Nación. Desde aquel momento, su hijo, Juan Patricio Mussi quedó al frente del partido.

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Luego, más abajo en este ranking están los Granados en Ezeiza con 26 años al frente, Mario Secco en Ensenada desde hace 20 años al igual que Mario Alberto Ishii en José C. Paz, Fernando Espinoza en La Matanza hace 18 años, Gustavo Arrieta junto con su esposa en Cañuelas con 16 años al igual que Fernando Gray en Esteban Echeverría y por último está Jorge Ferraresi con 12 años al mando.

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Política

Alberto Fernández convocó a una mesa política para determinar la estrategia electoral del Frente de Todos

El Presidente anunció que llamará a distintos gobernadores e intendentes del Frente de Todos para conformar una mesa electoral.

Alberto Fernández

En plena interna con el kirchnerismo y el massismo, el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, convocó hoy a una mesa para “diseñar las reglas electorales y la estrategia” del Frente de Todos en vistas hacia el año electoral. La cita contará con los distintos gobernadores e intendentes del núcleo de la coalición.

El jefe de Estado, comunicó hoy que se llevara a cabo la conformación de una mesa electoral, pero no dejó en claro cuando será debido a que solo mencionó que será en “los próximos días”. De esta manera Alberto Fernández anunció la convocatoria en un hilo de Twitter:

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“Como presidente del PJ, el partido más importante de nuestra coalición de Gobierno, he decidido convocar en los próximos días a la conformación de una mesa que diseñe las reglas electorales del Frente y la estrategia a seguir con miras a las distintas elecciones de este año.

Confío en que dicho ámbito de debate sirva para abrir la convocatoria a los sectores sociales, de la producción y del trabajo que acompañan a nuestra coalición de Gobierno con los que compartimos un mismo proyecto de país.

Nuestros gobernadores y gobernadoras y nuestros intendentes e intendentas deberán definir el núcleo dirigencial que represente a la fuerza territorial del Frente de Todos.

Es mi intención que los referentes que confluimos con miradas diversas en el peronismo, junto a referentes del Frente Renovador y de otras fuerzas políticas que participan del espacio, establezcamos las reglas de competencia que sostengan la unidad que nos lleve a la victoria.

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Estos desafíos nos obligan a trabajar para que nuestro Frente se consolide alrededor de un proyecto de país inclusivo que se desarrolle respetando el federalismo. Un país que recupere tribunales que impartan justicia y no se sometan a poderes fácticos.

No queremos que la Argentina vuelva a un pasado de persecución de opositores, de endeudamiento, de fuga de sus capitales, de caída de los salarios y de desindustrialización como el que padecimos durante el Gobierno de Juntos por el Cambio”

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