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Notas de Opinión

Cristina y Macri, dos jarrones chinos en el living de Larreta, Bullrich y Massa

La centralidad de los dos ex presidentes complica al peronismo y a Juntos por el Cambio. El que resuelva mejor este dilema llegará con chances para permanecer o regresar a la Casa Rosada

Columna publicada originalmente en Infobae

Felipe González es, sin dudas, el más exquisito encantador de serpientes de la política hablada en español. Quien lo haya escuchado alguna vez, en sus muy bien cotizadas disertaciones en su país o en la Argentina, ha quedado seguramente prendado de sus definiciones y de sus metáforas para transformar en apasionante lo que suele ser aburrido: las batallas por el poder.

Una de sus poesías preferidas es aquella en la que habla de los ex presidentes, esos dirigentes a los que ya les pasó la hora del primerísimo plano pero que son demasiado importantes para quedar al costado del camino. Felipe González es uno de esos especímenes. Y la tribuna aplaude a rabiar cuando, con la gracia española del auto retrato, los define como “jarrones chinos”.

“No quiero intervenir en la política. Los ex presidentes somos como jarrones chinos, grandes, pero en departamentos pequeños. Se supone que tenemos valor, eso está por demostrar, pero donde nos ponen estorbamos. Un jarrón chino estorba, tampoco nos tiran a la basura. Siempre, no obstante, piensan que hay un niño que de un codazo pueda tirarlo al piso”.

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“Donde nos ponen, estorbamos”, repite el socialista sevillano que gobernó el regreso de España a la democracia y al capitalismo durante 13 años. Y vaya si estorbó a los que lo siguieron en el poder. El periodista y dirigente político vasco, Iñaki Anasagasti, asegura que la metáfora de los jarrones chinos fue una ocurrencia del chileno Eduardo Frei, de la que Felipe Gonzalez se habría apropiado sin pagar derechos de autor. Ya es tarde para lágrimas. Cada vez que se hable de los ex presidentes como jarrones chinos, Felipe será la referencia de la historia.

A punto de cumplir cuarenta años, la democracia restaurada de la Argentina sabe bastante de jarrones chinos. El primero de ellos fue Raúl Alfonsín, que perturbó durante años la renovación de la UCR luego de ser presidente. Y el siguiente fue Carlos Menem, quien bloqueó a Eduardo Duhalde como heredero y terminó facilitando la llegada al poder de su antítesis, Néstor Kirchner.

No hay que pagarle una charla a Felipe González para adivinar quienes son los jarrones chinos de este tiempo. Cristina Kirchner es la gran obturadora del peronismo con Sindrome de Estocolmo. Falló cuando quiso encorsetar a Daniel Scioli en las presidenciales de 2015, hasta el punto de hacerle perder las elecciones. Y eligió la peor de las opciones cuatro años después.

Ni siquiera la holgada victoria del Frente de Todos en 2019 logró eclipsar el inmenso fracaso que Alberto Fernández terminaría protagonizando como presidente. Cristina ha perdido el aura de aquellos días cuasi monárquicos de 2011 no solo por la condena a seis años de prisión que acaba de recibir por fraude al Estado en la causa Vialidad. La peor de sus desgracias es que su sola cercanía a cualquier candidato peronista es un certificado de tránsito a la derrota. Ya no podrá repetir el error de Alberto.

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Por eso, el jarrón chino frágil en el que se ha convertido Cristina es la mayor amenaza para el proyecto presidencial que Sergio Massa nunca quiere abandonar. Mucho más que la inflación de casi tres dígitos. Mucho más que la pobreza del 50% (sino se cuentan los planes) y mucho más que la presión combinada de la escasez de reservas monetarias y la suba inquietante del dólar.

Hay que reconocerle a Massa su habilidad de conductor suicida. Anuncia la recompra de más de 1.000 millones de dólares de la deuda externa, hablando de “una ventana de oportunidad” que deberían aprovechar las empresas argentinas, y logra que bajen suban los bonos en el exterior y baje el riesgo país. El problema es que, al mismo tiempo, tiene que mostrarle a Cristina que él también puede ser nacional y popular metiendo a Pablo Moyano y a un par de emprendedores piqueteros a meterle presión a los supermercados. Que el jarrón chino no se rompa, ni se enoje.

En los últimos días de diciembre, Cristina extrajo de su caja de sorpresas la bandera de la proscripción. No la creyeron ni sus fanáticos religiosos. Y mucho menos la mayor parte de la sociedad. Todos saben que la Vicepresidenta no irá presa nunca porque en febrero cumplirá 70 años, y que podría ser candidata sin problemas porque la condena no estará firme para la fecha de las elecciones. Su problema sigue siendo la imagen negativa tan alta y la certeza de que no podría ganar las elecciones.

Por eso, se mete en el living de Sergio Massa. Hace tiempo que abandonó la idea de convertir a Alberto Fernández en un instrumento eficaz de sus pretensiones. Ahora quiere influir en el GPS del ministro de Economía. Sin darse cuenta que, cuanto más cerca aparezca y cuánto más lo apoyen La Cámpora y los Moyano de turno, menos chances tendrá Massa de volverse competitivo. El jarrón chino de Cristina es un enigma para todo el peronismo.

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El misterio del bosque de Cumelén

Un fenómeno sísmico parecido amenaza a Juntos por el Cambio. Con circunstancias diferentes a las de Cristina, también Mauricio Macri representa para la oposición un dilema muy complejo de resolver. El ex presidente ha montado su estructura de jarrón chino en el bosque de Cumelén, un refugio de coníferas que se ha convertido en el misterio político de la Patagonia. Allí está pasando el verano Macri, en una especie de Puerta de Hierro por la que pueden desfilar sus posibles herederos o el Emir de Qatar.

El problema no es que Macri les diga a Horacio Rodríguez Larreta o a Patricia Bullrich que no tiene interés en volver a ser candidato a presidente. El problema es que no le creen. Porque las señales que emite Macri cuando los dos presidenciables se descuidan un minuto son las de un dirigente que se prepara para competir. Su segundo libro, sus actos políticos como el del Mar del Plata la semana pasada o sus charlas privadas con muchos empresarios y economistas son las de alguien que mantiene una obsesión: la del regreso. El peligro máximo de un jarrón chino.

Macri y Rodríguez Larreta han tenido la prudencia de no hacer público el contenido de las charlas que mantuvieron en Cumelén durante la primera semana de enero. Pero las certezas, o la falta de ellas, han convencido al Jefe de Gobierno que debe acelerar su campaña para pasar de administrador eficaz de la Ciudad a dirigente en condiciones de gobernar un país. Su foto Beatle en Mar del Plata o su chambergo onda Chaqueño Palavecino son aprontes marketineros que necesitan convertirse con urgencia en una propuesta mucho más sólida para un país en crisis.

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Algo parecido le sucede a Patricia Bullrich. La mujer que fue ministra de Seguridad de Macri no confía en la bendición de quien fue su jefe. Ni cree que esa condición sea necesaria para obtener la postulación presidencial de la oposición. Ella también pasará este lunes por el bosque de Cumelén, pero su mirada está enfocada en una interna contra Larreta con acompañantes de la UCR. “Los dirigentes macristas están casi todos con nosotros”, se confían en el equipo de Patricia. Pero, por las dudas, Bullrich ha visitado a empresarios grandes y pymes para recaudar sus propios fondos de campaña. Dicen que ya tienen el dinero necesario para las PASO. Después, si ganan, el resto vendrá solo.

Macri, hay que reconocerlo, tiene en Larreta y en Bullrich dos herederos competitivos. Cristina hoy no puede decir lo mismo. Ni su hijo Máximo Kirchner ni Wado de Pedro lo son, y Axel Kicillof es la única apuesta para tratar de retener como sea la caja bonaerense. El ex presidente transformó un partido vecinal (el PRO) en una opción de gobierno nacional cuando construyó la coalición Juntos por el Cambio junto a los radicales y Elisa Carrió.

En estos largos días de verano en Cumelén, Macri consulta las encuestas y evalúa los consejos de sus mejores amigos. Muchos le juran que tiene chances de ganar. Los sondeos no son tan convincentes. Mientras juega con los nervios de Larreta, de Bullrrich e incluso con los de María Eugenia Vidal y de otros dirigentes expectantes, hace pedidos que causan el asombro de sus visitantes. Como el de que Germán Garavano vuelva a ser ministro de Justicia, si alguno de los presidenciables triunfa. No fue el área judicial, precisamente, un territorio de victorias.

Hay una frase que Macri repite y que sus aspirantes a herederos toman como un síntoma de madurez. “Horacio o Patricia necesitan ganar una interna”, ha dicho el ex presidente, quien siempre recuerda el efecto positivo que tuvo en 2015 la elección entre Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti para alinear los planetas en el PRO y seguir gobernando la Ciudad. Todos creen en la coalición opositora, los radicales también, que el mayor error sería imitar el traspié de Cristina creando otro Alberto. Un presidente débil, dependiente y sin poder de decisión propio.

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No queda mucho tiempo por delante. Pronto se sabrá quienes son los candidatos a presidente y si los jarrones chinos como Cristina y Macri deciden contribuir desde la periferia influyente, o ser protagonistas directos exponiéndose a estallar en mil pedazos.

El sector político que resuelva mejor este dilema, será el que va estar gobernando en la Casa Rosada el próximo 10 de diciembre.

Además de su fantástica teoría (sea propia o compartida) sobre los ex presidentes como jarrones chinos, Felipe González suele describir con precisión lacerante los vaivenes que sufre la Argentina. Así lo hizo en la entrevista que le dio en Madrid a la corresponsal de Clarín, Marina Artusa, en mayo del año pasado, para hablar sobre todo de la cruenta invasión rusa a Ucrania.

“Me da pena decirlo, pero hay un componente irracional porque yo quiero mucho a Argentina: sigo pensando que es un país que con diez años de buen gobierno cambia su destino histórico. Esa es la gran ventaja de Argentina. Y esa también es su fragilidad”.

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Notas de Opinión

Los K quieren dar pelea, pero la única apuesta es por Sergio Massa: “Es esto o nada”

Cristina no se resigna ni a ser oposición ni a refugiarse en la Provincia. Las debilidades que ven en la oposición, los números que encienden alarmas y el apodo para el ministro de Economía.

Columna publicada originalmente en Clarín

-Ella está trabajando para ganar, no piensa en ser oposición ni en solo quedarse con la Provincia. Hay una expectativa de dar pelea -le dijo a Clarín uno de los dirigentes de mayor diálogo con Cristina.

-La oposición no despega y eso nos ayuda -agregó la misma fuente-. Horacio esta en caída, hay que ver qué hace Macri, pero lo más probable es que aproveche la debilidad de Larreta y le saque de todo a cambio de apoyo para que levante.

El interlocutor de Cristina dice que ella le dijo: “Aca hay que hacer lo que sea para ganar, poner todo. Si baja un poco la inflación el candidato debería ser Sergio“.

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Massa repite que no va a ser candidato. ”Mi juego es en el 27”, le asegura en su entorno. Si resultara cierto, sería de su parte una jugada inteligente. Tiene 50 años, lo que equivale a decir que tiene tiempo suficiente.

Sin embargo, su equipo como diversos consultores ya le acercan mediciones. En privado se jacta haber mejorado su imagen entre cinco y diez puntos. Tal vez eso explique que sus últimas entrevistas fueron más que nada políticas: en Infobae, Perfil y en el ultrakirchnerista “El cohete a la luna”. Los mismos informes que marcan su repunte de imagen muestran que ni el Gobierno ni Alberto Fernández pudieron capitalizar la mejora del contexto.

Alberto o Wado salen terceros, atrás de Juntos por el Cambio y de Milei -dicen sacando pecho en el Palacio de Hacienda.

-Sergio es un tiburón blanco, dice que no va a ser candidato pero si se dan las cosas tiene todas las ganas -le dijo a este diario un funcionario K.

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Y agrega: “Los empresarios hacen fila para verlo. Se los fue ganando de a uno. Ya se pasó nuestro tiempo de cuestionarlo, de hacerle reproches ideológicos, de meter el dedo”.

“Es esto o nada”, enfatiza.

-Que no sea candidata a presidente no quiere decir que se vaya a cuidar a los nietos. Cristina no se retira -dice un funcionario del equipo de Massa que es consultado por la vice salteando al ministro.

Las obsesiones de Cristina

La pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la inflación son las dos obsesiones de Cristina. Los salarios, según un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) formado por economistas de Flacso cercanos al kirchnerismo, muestran una caída del poder adquisitivo del 3,7% en comparación con 2019. Nada mas duro para el kirchnerismo en un año electoral que reconocer que los trabajadores ganan hoy menos que con Macri, a pesar de los dos años de crecimiento de la economía.

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-Un mes de 7% de inflación sería letal para Sergio y nadie lo puede descartar. Permitiría que lo comparen con Guzmán o con Batakis y ahí se termina el Massa candidato.

El otro riesgo sería un salto del dólar en pleno proceso electoral. Massa desactivó el riesgo de devaluación en diciembre y enero pero la tensión sobre el dólar está lejos de desaparecer y la cantidad de pesos en la plaza financiera amenaza todos los meses con salir de los bonos, Letes y Leliqs para correr al dólar.

Un informe del economista Gabriel Caamaño muestra que los vencimientos de la deuda pública en pesos en los próximos meses equivalen a US$ 3.000 millones en febrero, US$ 5.000 millones en marzo, US$ 10.000 millones en abril, US$ 7.500 millones en mayo,  US$ 10.000 millones en junio y US$ 15.500 millones en julio,el mes previo a las PASO.

En Economía se ufanan del cepo, que es una barrera para que los bancos, las aseguradoras y los fondos de pensión compren dólares: ”No nos va a pasar lo que le pasó a Macri después de las PASO”, dice un funcionario del equipo de Massa.

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La estimación es que, en el peor de los casos, un salto del dólar del 30% podría resolver la presión cambiaria en plena época electoral. Un cálculo optimista que nadie se anima a garantizar. Si eso sucede, el tiburón blanco nadará en busca de aguas cálidas.

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Notas de Opinión

¿Massa se quedó sin conejos en la galera?, la inquietud en el ambiente de negocios

La economía se mueve en un esquema de cornisa. Los empresarios señalan que el principal problema de credibilidad de Massa es la inflación. ¿Qué le preguntan los inversores a Redrado?

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

Marina dal Poggetto acuñó lo que fue entre economistas el hit del verano. Habló de los conejos de la galera a los que podía recurrir Sergio Massa. Pero terminado enero y tras la victoria pírrica con la recompra de deuda, con el objetivo de intervenir en el mercado cambiario para bajar la brecha y que tuvo el efecto contrario, la economista deduce: “Los magos no tienen muchos conejos, a lo sumo dos”.

En su visión, la inflación le está oscureciendo el panorama. “Calculamos el índice de enero en 5,9% y febrero viene en alza con la suba de la carne que cada 10% arrima un punto a ese índice”. A sus clientes les explica que la sábana es demasiado corta con una oferta de dólares que se reduce este año en US$ 20.000 millones, por la sequía y un menor giro de fondos del FMI. “El plan llegar del ministro se va a limitar a la administración del comercio”. Esto es más cepo.

Los banqueros relativizan la falta de dólares y apuestan a que se va a conseguir el préstamo llamado Repo, que tiene alto costo. Deberán ofrecer una garantía de US$ 3.000 millones para obtener US$ 1.000 millones.

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Ese sector está convulsionado por sus propios préstamos al Estado. Esa realidad y la revolución tecnológica impactan. De las 312 entidades que se contabilizaban en los años 80 quedan 77 en plena transformación con masivo cierre de sucursales, retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas.

​Curioso, La Bancaria dirigida por Sergio Palazzo, un sindicalista destinado a puestos menores en la CGT, ex radical y diputado oficialista, no hace olas. “Es pragmático”, lo definió el titular de un banco extranjero.

Los industriales se preparan para lo que ellos llaman el clima de exacerbación de marzo, con la vuelta a clases, problemas de suministro en las cadenas de producción, el arranque de las paritarias y de la campaña política. En ese círculo sueltan que el principal problema de credibilidad para Massa es la inflación.

En la que fueron tratativas que insumieron todo enero, el secretario de Comercio Matías Tombolini no habló de un plan. Fue sincero: “Solo tenemos una hoja de ruta que consiste en bajar el déficit, cuidar los dólares y acumular reservas”.

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Este viernes y ante los número uno habrá show de lanzamiento en el CCK para un acuerdo que incluye 50.000 productos que van desde remedios a celulares, además de los artículos de la canasta básica. Para los controles armaron una mesa de monitoreo en la Secretaría de Comercio que se dará cita diariamente a las 8,30. En las empresas hay cierta resignación que disminuye ante la promesa oficial de acceso a divisas oficiales para importación.

Pero hay precios que se les escapan. Es el caso de la carne, que por la sequía apenas se movió 42% frente a una inflación de 94,8% en 2022 y amenaza en convertirse en un dolor de cabeza durante largo tiempo.

El experto Bernardo Cané advierte que los terneros que nacieron en el invierno y se destetan en marzo sufrieron sequía, golpe de calor y la mala nutrición de sus madres y saldrán con 15 a 20 kilos menos que el peso histórico de 170 kilos.

A su vez, las vacas por casi los mismos motivos, no van a quedar preñadas en los próximos servicios de primavera. Habrá menos terneros en 2024. “Esta es una de las razones pero puede haber otros disparadores en una economía donde la pizza o el helado triplican el valor del lomo”.

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En ese escenario, se dio marcha atrás con la modernización del comercio, que seguirá con la media res cargada al hombro. El sistema de cuartos fue propuesto en 1991. No solo apunta a la sanidad, también a que los precios al mostrador se fijen de manera racional y no en función de la pequeña escala de las carnicerías ocupadas en que no se hunda ese comercio familiar.

Los brasileños de Marfrig, reyes mundiales del negocio frigorífico, que han crecido en faena y en marca tras la adquisición entre otros de la local Campos del Tesoro, no alcanzan a comprender.

Lo mismo pasa con Minerva, el otro gigante brasileño, dirigido por el ex Coto Martín di Giacomo y con la gente de Gorina, de capitales nacionales bajo la batuta del contador Carlos Riusech. Trascendió que en las cámaras frigoríficas hay unas 10.000 toneladas guardadas, 2,5% de las exportaciones totales. ¿Vendrá un dólar carne? Otro tanto pasa con las peras y manzanas en el Sur. Se habla de un dólar especial de $ 260.

Eso sí, lo que anda como un reloj es el gasoducto que estará listo el 20 de junio o el 9 de julio si todo marcha como hasta ahora. Claro que no es la panacea ya que podrá transportar 11 millones de metros cúbicos por día y se elevará a 19 millones cuando estén listas las plantas compresoras. En el invierno el consumo diario de gas salta a 90 millones de metros cúbicos. Una parte la provee el sistema actual, pero van a faltar unos 30 millones de metros cúbicos.

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En ese rubro los empresarios destacan cómo se alinearon en torno a Massa a diferencia de lo que ocurrió con la gestión Guzmán. En Energía abundan los santacruceños y Agustín Gerez, titular de Enarsa, es la mejor expresión del encuadramiento.

Federico Basualdo, que saltó a la fama por las trabas al ajuste tarifario que pretendía Martín Guzmán, se fue a su casa y se llamó a silencio. Con cierta ironía alguien recordó al personaje de Stendhal en la Cartuja de Parma: “Nunca había tenido el talento de los asuntos públicos, su gestión era lenta y complicada”.

En cambio, al ex ministro Guzmán se lo nota muy decidido a salir del ostracismo. Su think tank ya tiene sede en el Microcentro, aún le falta el nombre.

Volvamos a la energía, el buque insignia de esta administración: ya arrancaron negociaciones con Techint para la reversión del gasoducto de TGN ante la inminencia de la declinación del gas de Bolivia y el peligro que las centrales térmicas del Norte se queden sin combustible.

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En la Transportadora de Gas del Sur también hay proyectos. Esta semana cumplieron 30 años y uno de sus ejecutivos deslizó que solo les respetaron los contratos durante 9 años. A quien no respetaron la palabra fue a Darío Martínez, el ex secretario de Energía que regresó a Neuquén con la promesa de ser candidato a gobernador por el justicialismo. Lo consuelan como candidato a diputado.

¿Correrá la misma suerte el proyecto de ley para el Gas Natural Licuado? El presidente de YPF, Pablo González, cerró un acuerdo con Petronas de Malasia que implica miles de millones de dólares. Esta noche parte a la India al seminario que reúne a los grandes jugadores. A su vez, India está interesada en el petróleo argentino y es lo que explica un encuentro con Shri Hardeep Singh, el poderoso ministro de petróleo y gas natural.

Claro que en cuanto se reanude la actividad agropecuaria va a faltar gasoil, pero no en los volúmenes del año pasado. Algo se aprendió. “Por el lado del bioetanol, se espera una pronta redistribución de cupos por parte de la Secretaría de Energía, entre los correspondientes a la industria azucarera y los de maíz, mientras Agricultura y Energía analizan la posibilidad de aumentar las mezclas del actual 12%, hasta un 15%”, dice el consultor Claudio Molina al observar que “no se trabaja adecuadamente para evitar que este año vuelva a registrarse una crisis. Falta planificación”.

Hay algunos que sí tienen planes. Es el caso de Juan Carlos Bojanich, contador de profesión y cuya familia amasó su fortuna desde la panadería industrial que abastecía a la Armada Argentina, en la Base Naval Puerto Belgrano. Posee bingos en varias de las ciudades más importantes de la provincia y contabiliza diez plantas de biodiesel.

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​Ahora busca desembarcar en el etanol. Como tantos otros en el mundo de los negocios, Bojanich tiene sus fichas puestas a ambos lados de la grieta. Los bingos explican su sólida relación con Daniel Angelici de Cambiemos. También es muy conocida su sintonía con Máximo Kirchner. Tal vez, por su confrontación permanente y la dureza en las formas, según describen sus competidores.

Esta semana y en su aparición ante los equipos de Horacio Rodríguez Larreta, Martin Redrado habló de las oportunidades que ofrece al país el near shoring, es decir de las cadenas cortas de producción, la modalidad que surgió al compás de la pandemia. Redrado, asesor del Banco Central de Malasia, se refirió a esa zona de Asia Pacífico demandante de lo que el país ofrece. Y aseguró que es posible recuperar la credibilidad con leyes que le den respaldo a una política económica de estabilidad y crecimiento.

En eso, alguien lo interpeló: “Martín, qué te preguntan los inversores del exterior?”

-No importa quién esté en el Gobierno. Quieren saber a qué tipo de cambio le toman la inversión y si podrá después disponer de su dinero, fue la contundente respuesta.

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Notas de Opinión

Sin moneda, pero con nuevo billete

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera

Columna publicada originalmente en Infobae

El “peso convertible” nació el primero de enero de 1992. Fue el sucesor del Austral, moneda que tuvo el triste récord de haber sumergido a la Argentina en niveles inflacionarios jamás vistos en el país: el año 1989 se despidió dejando atrás una inflación del 3.079% dándole paso al año 1990 donde la misma se ubicó en el 2.313%.

Aquella moneda nacida el 15 de Junio de 1985 tuvo como billete de máxima denominación al de 500.000 australes, que vio la luz en noviembre de 1990.

Poco tiempo después –un 1 de enero de 1992 y a razón de 10.000 australes por unidad- nacía el “peso convertible”. El billete de mayor denominación entonces equivalía a 50 dólares: 500.000 australes => 50 pesos convertibles => 50 dólares.

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Este “peso convertible” llegó a los bolsillos de los argentinos en billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 unidades. En su paridad con el dólar esto significó que el billete de menor denominación equivalía a 1 dólar y el de mayor denominación, a 100 dólares.

Un 6 de enero de 2002 –luego de atravesar el “corralito” y el “corralón” que impedían retirar libremente los depósitos de los bancos- se derogaba la “Ley de Convertibilidad” certificando la muerte del “peso convertible” -el cual nos había acompañado por un período de 20 años- para darle paso al “peso” tal como lo como lo conocemos hoy.

Desde aquel momento a hoy la inflación acumulada se ubica en torno al 21.588%, lo que implica que para poder comprar hoy lo que en enero de 2002 adquiríamos con un billete de 100 pesos, necesitaríamos disponer ya no de esos 100 pesos sino de 21.688 pesos. La destrucción de la moneda ha sido total.

El Banco Central de la República Argentina ha anunciado que se ha tomado la decisión de emitir un nuevo billete: el de $2.000 (hoy el de mayor denominación corresponde al de $1.000, billete este que nos acompaña desde Noviembre de 2017).

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Al momento de su creación, el billete de $1.000 equivalía a 52 dólares. El nuevo billete de $2.000 va a nacer algo más atrás: si hoy estuviese en nuestros bolsillos, tener uno de la nueva denominación anunciada equivaldría a poseer 5,30 dólares, apenas una décima parte de lo que en su momento representaba el billete de $1.000 cuando nació.

De igual forma, con el nuevo ejemplar seguiríamos siendo (después de Cuba) el país con el billete de mayor denominación que representa menos cantidad de dólares.

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera: impacta en el costo de los seguros bancarios, en la capacidad de cajeros automáticos y entre otras cosas, en el costo de fabricación de la propia moneda (hacer un billete de $10.000 costaría una quinta parte de lo que se gastará en cinco billetes de $2.000, representando la misma cantidad de valor).

En la Argentina, con niveles de inflación cercanos a los tres dígitos, déficit fiscal crónico y un BCRA que cada vez posee más pasivos remunerados –lo que deduce mayores niveles de emisión monetaria en el futuro-, el problema de la denominación de los billetes es un tema absolutamente marginal.

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Si hoy nuestra tuviésemos un billete de $37.700 (equivalente a 100 dólares), con la dinámica inflacionaria actual en 5 años ese billete tendrá el mismo poder adquisitivo que hoy tiene un billete de $1.000.

La política tiene que entender que el valor de la moneda está determinado en el tiempo por el sano comportamiento fiscal y monetario. De no hacerlo, seguiremos emitiendo billetes que siempre estarán condenados a desaparecer.

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