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Notas de Opinión

El Gobierno todavía cree en los Reyes Magos

La primera encuesta del año da cuenta de una mínima mejora en la imagen del Presidente y en la evaluación de la gestión gubernamental, al igual que de una leve caída entre los presidenciables de la oposición

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

Es difícil que algún argentino asocie la euforia que desató el triunfo de nuestra selección de fútbol en el Mundial de Qatar con la suerte de la administración de Alberto Fernández. Sin embargo, dentro de la propia Casa Rosada, hay quienes creen –o al menos se esfuerzan en creer– que la oleada de alegría que provocaron los genialidades de Messi, las atajadas de “Dibu” Martínez o el olfato de gol de Julián Alvarez se traducirá en una mayor confianza en el gobierno nacional.

Los festejos por la obtención de la tercera Copa del Mundo eclipsaron cualquier atisbo de protesta social, como las que habitualmente tienen lugar en diciembre, y la llegada del verano le otorga al Gobierno un tiempo adicional para calmar las aguas dentro de la coalición gobernante, no sin buscar complacer al kirchnerismo con los fuegos artificiales del pedido de juicio político a los miembros de la Corte Suprema de Justicia. Algo de por sí gravísimo desde el punto de vista institucional, pero menos peligroso de lo que podría ser por carecer el oficialismo del número de diputados necesarios para aprobar la acusación de los cuatro jueces del máximo tribunal.

Entretanto, algunos funcionarios tratan de transmitir buenas noticias. Y si estas no existen, es válido inventarlas. Desde el Ministerio de Economía, que conduce Sergio Massa, casi no hay día en que sus voceros encuentren algún dato del mercado para salir a festejarlo como si fuera un gol de la Scaloneta.

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Celebran desde el Palacio de Hacienda que el año haya concluido con un importante aumento de las reservas netas del Banco Central, sin aclarar que eso obedeció al adelantamiento de liquidaciones de agroexportadores por unos 3000 millones de dólares y al diferimiento de pagos a importadores por alrededor de 10.000 millones de dólares. También festejan que se haya podido canjear deuda interna y renovar vencimientos, aunque a un costo cada vez mayor, con crecientes stocks de Leliq y saltos en la tasa de interés que han llevado los pasivos remunerados del Banco Central a la friolera de 10,2 billones de pesos. Una cifra que, en dólares, representa alrededor de 58.000 millones; esto es, unos 14.000 millones de dólares más que la tan denostada deuda contraída por el gobierno de Mauricio Macri con el FMI.

La portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, se jactó ayer, durante una conferencia de prensa, de que la Argentina concluía el año con el nivel de desempleo más bajo en muchísimos años y que un buen número de provincias tienen tasas de desocupación tan ínfimas que son difíciles de medir. Asimismo, subrayó que, en el último año, se crearon 500 mil puestos de trabajo registrados y más de un millón de trabajos no registrados.

Lo primero que llama la atención es un gobierno que se jacta por la creación de trabajos en negro. Lo cierto es que hacia junio de 2022, de acuerdo con estadísticas oficiales, habían 8,1 millones de trabajadores informales en la Argentina, una cifra que supera a la de trabajadores registrados en el sector privado.

Aun así, el universo de personas con problemas de empleo continúa siendo muy elevado. Hacia fines del tercer trimestre de 2022, la desocupación abierta ascendía al 7,1% (1,1 punto menos que exactamente un año atrás). Pero a ese porcentaje, hay que sumar un 16% de ocupados o subocupados demandantes de empleo y un 6,2% de ocupados no demandantes disponibles, que no demandan activamente otro empleo pero estarían dispuestos a extender su jornada laboral.

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De este modo, la proporción de personas con problemas laborales asciende al 29,3%.

El optimismo que intenta transmitir el Gobierno choca con la visión de algunos economistas. Por caso, Fausto Spotorno, del estudio de Orlando Ferreres y Asociados, no solo destaca que el sector de los trabajadores no registrados sigue siendo el más grande del mercado laboral argentino, sino que, aun en el sector formal privado, muchos jefes de familia cobran haberes que no alcanzan a cubrir la canasta familiar.

La fascinación oficial por sus números tampoco es contagiosa cuando se advierte que los niveles de actividad económica, pese a su crecimiento de los dos últimos años, se ubican prácticamente en los mismos niveles prepandemia y que el país registra un estancamiento que lleva ya diez años.

En la ancestral discusión sobre la existencia de los Reyes Magos, según cuenta Alejandro Dolina en sus Crónicas del Ángel Gris, los hombres sensibles de Flores intentan que los niños crean en los Reyes, en las hadas y en el mundo de los sueños. Por eso les cuentan que hay ratones que dejan dinero bajo la almohada si uno le pone un diente, o que el hombre de la bolsa se lleva a quienes sienten repugnancia por la sopa, o que soplando panaderos se consigue lo que uno quiere.

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Esos hombres sensibles acusan a los refutadores de leyendas, que aseguran que los Reyes no existen, de obrar con el único propósito de ahorrarse el regalo. Los refutadores, por el contrario, esgrimen que muchos pibes de Flores fingen creer, aun siendo escépticos, al único efecto de encontrar un trencito o una pelota junto a sus zapatitos en la mañana del 6 de enero.

Es lógico que, tras los difíciles años transcurridos, la sociedad necesite creer en algo y que el gobierno de Alberto Fernández también aspire a soñar, aun cuando la reelección del actual presidente de la Nación no sea más que una quimera.

Con muy poco, algunos en la Casa Rosada pueden ilusionarse. Cual regalo de Reyes, se conoció en las últimas horas el estudio de humor social y político correspondiente a diciembre, realizado por las consultoras D’Alessio Irol y Berensztein. Efectuado entre 1107 encuestados en forma online, el trabajo dio cuenta de una mejora de dos puntos en la evaluación de la gestión del gobierno nacional: la imagen buena o muy buena pasó del 23% al 25% entre noviembre y diciembre; en igual período, la imagen mala o muy mala cayó del 76% al 74%.

También la imagen de Alberto Fernández exhibe una leve mejoría: su percepción positiva pasó del 17% en noviembre al 18% en diciembre, en tanto que la negativa cayó del 76% al 75%. Por el contrario, la imagen de los principales postulantes presidenciales de la oposición bajó levemente: las opiniones positivas sobre Patricia Bullrich disminuyeron del 53% al 51% y las de Horacio Rodríguez Larreta bajaron del 36% al 35%.

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Aunque el primer mandatario pueda encontrar en estas cifras un motivo para la ilusión, no hay nada que por ahora modifique la desfavorable tendencia de fondo para el oficialismo, ni señales de que, con meros parches y sin reformas estructurales de fondo, podrá reencaminarse la economía del país antes de las próximas elecciones. Por encima del viejo debate sobre la existencia de los Reyes Magos, habrá que recordar que entre los operadores económicos y los mercados financieros no existen los actos de fe.

Notas de Opinión

Los K quieren dar pelea, pero la única apuesta es por Sergio Massa: “Es esto o nada”

Cristina no se resigna ni a ser oposición ni a refugiarse en la Provincia. Las debilidades que ven en la oposición, los números que encienden alarmas y el apodo para el ministro de Economía.

Columna publicada originalmente en Clarín

-Ella está trabajando para ganar, no piensa en ser oposición ni en solo quedarse con la Provincia. Hay una expectativa de dar pelea -le dijo a Clarín uno de los dirigentes de mayor diálogo con Cristina.

-La oposición no despega y eso nos ayuda -agregó la misma fuente-. Horacio esta en caída, hay que ver qué hace Macri, pero lo más probable es que aproveche la debilidad de Larreta y le saque de todo a cambio de apoyo para que levante.

El interlocutor de Cristina dice que ella le dijo: “Aca hay que hacer lo que sea para ganar, poner todo. Si baja un poco la inflación el candidato debería ser Sergio“.

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Massa repite que no va a ser candidato. ”Mi juego es en el 27”, le asegura en su entorno. Si resultara cierto, sería de su parte una jugada inteligente. Tiene 50 años, lo que equivale a decir que tiene tiempo suficiente.

Sin embargo, su equipo como diversos consultores ya le acercan mediciones. En privado se jacta haber mejorado su imagen entre cinco y diez puntos. Tal vez eso explique que sus últimas entrevistas fueron más que nada políticas: en Infobae, Perfil y en el ultrakirchnerista “El cohete a la luna”. Los mismos informes que marcan su repunte de imagen muestran que ni el Gobierno ni Alberto Fernández pudieron capitalizar la mejora del contexto.

Alberto o Wado salen terceros, atrás de Juntos por el Cambio y de Milei -dicen sacando pecho en el Palacio de Hacienda.

-Sergio es un tiburón blanco, dice que no va a ser candidato pero si se dan las cosas tiene todas las ganas -le dijo a este diario un funcionario K.

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Y agrega: “Los empresarios hacen fila para verlo. Se los fue ganando de a uno. Ya se pasó nuestro tiempo de cuestionarlo, de hacerle reproches ideológicos, de meter el dedo”.

“Es esto o nada”, enfatiza.

-Que no sea candidata a presidente no quiere decir que se vaya a cuidar a los nietos. Cristina no se retira -dice un funcionario del equipo de Massa que es consultado por la vice salteando al ministro.

Las obsesiones de Cristina

La pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la inflación son las dos obsesiones de Cristina. Los salarios, según un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) formado por economistas de Flacso cercanos al kirchnerismo, muestran una caída del poder adquisitivo del 3,7% en comparación con 2019. Nada mas duro para el kirchnerismo en un año electoral que reconocer que los trabajadores ganan hoy menos que con Macri, a pesar de los dos años de crecimiento de la economía.

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-Un mes de 7% de inflación sería letal para Sergio y nadie lo puede descartar. Permitiría que lo comparen con Guzmán o con Batakis y ahí se termina el Massa candidato.

El otro riesgo sería un salto del dólar en pleno proceso electoral. Massa desactivó el riesgo de devaluación en diciembre y enero pero la tensión sobre el dólar está lejos de desaparecer y la cantidad de pesos en la plaza financiera amenaza todos los meses con salir de los bonos, Letes y Leliqs para correr al dólar.

Un informe del economista Gabriel Caamaño muestra que los vencimientos de la deuda pública en pesos en los próximos meses equivalen a US$ 3.000 millones en febrero, US$ 5.000 millones en marzo, US$ 10.000 millones en abril, US$ 7.500 millones en mayo,  US$ 10.000 millones en junio y US$ 15.500 millones en julio,el mes previo a las PASO.

En Economía se ufanan del cepo, que es una barrera para que los bancos, las aseguradoras y los fondos de pensión compren dólares: ”No nos va a pasar lo que le pasó a Macri después de las PASO”, dice un funcionario del equipo de Massa.

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La estimación es que, en el peor de los casos, un salto del dólar del 30% podría resolver la presión cambiaria en plena época electoral. Un cálculo optimista que nadie se anima a garantizar. Si eso sucede, el tiburón blanco nadará en busca de aguas cálidas.

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Notas de Opinión

¿Massa se quedó sin conejos en la galera?, la inquietud en el ambiente de negocios

La economía se mueve en un esquema de cornisa. Los empresarios señalan que el principal problema de credibilidad de Massa es la inflación. ¿Qué le preguntan los inversores a Redrado?

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

Marina dal Poggetto acuñó lo que fue entre economistas el hit del verano. Habló de los conejos de la galera a los que podía recurrir Sergio Massa. Pero terminado enero y tras la victoria pírrica con la recompra de deuda, con el objetivo de intervenir en el mercado cambiario para bajar la brecha y que tuvo el efecto contrario, la economista deduce: “Los magos no tienen muchos conejos, a lo sumo dos”.

En su visión, la inflación le está oscureciendo el panorama. “Calculamos el índice de enero en 5,9% y febrero viene en alza con la suba de la carne que cada 10% arrima un punto a ese índice”. A sus clientes les explica que la sábana es demasiado corta con una oferta de dólares que se reduce este año en US$ 20.000 millones, por la sequía y un menor giro de fondos del FMI. “El plan llegar del ministro se va a limitar a la administración del comercio”. Esto es más cepo.

Los banqueros relativizan la falta de dólares y apuestan a que se va a conseguir el préstamo llamado Repo, que tiene alto costo. Deberán ofrecer una garantía de US$ 3.000 millones para obtener US$ 1.000 millones.

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Ese sector está convulsionado por sus propios préstamos al Estado. Esa realidad y la revolución tecnológica impactan. De las 312 entidades que se contabilizaban en los años 80 quedan 77 en plena transformación con masivo cierre de sucursales, retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas.

​Curioso, La Bancaria dirigida por Sergio Palazzo, un sindicalista destinado a puestos menores en la CGT, ex radical y diputado oficialista, no hace olas. “Es pragmático”, lo definió el titular de un banco extranjero.

Los industriales se preparan para lo que ellos llaman el clima de exacerbación de marzo, con la vuelta a clases, problemas de suministro en las cadenas de producción, el arranque de las paritarias y de la campaña política. En ese círculo sueltan que el principal problema de credibilidad para Massa es la inflación.

En la que fueron tratativas que insumieron todo enero, el secretario de Comercio Matías Tombolini no habló de un plan. Fue sincero: “Solo tenemos una hoja de ruta que consiste en bajar el déficit, cuidar los dólares y acumular reservas”.

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Este viernes y ante los número uno habrá show de lanzamiento en el CCK para un acuerdo que incluye 50.000 productos que van desde remedios a celulares, además de los artículos de la canasta básica. Para los controles armaron una mesa de monitoreo en la Secretaría de Comercio que se dará cita diariamente a las 8,30. En las empresas hay cierta resignación que disminuye ante la promesa oficial de acceso a divisas oficiales para importación.

Pero hay precios que se les escapan. Es el caso de la carne, que por la sequía apenas se movió 42% frente a una inflación de 94,8% en 2022 y amenaza en convertirse en un dolor de cabeza durante largo tiempo.

El experto Bernardo Cané advierte que los terneros que nacieron en el invierno y se destetan en marzo sufrieron sequía, golpe de calor y la mala nutrición de sus madres y saldrán con 15 a 20 kilos menos que el peso histórico de 170 kilos.

A su vez, las vacas por casi los mismos motivos, no van a quedar preñadas en los próximos servicios de primavera. Habrá menos terneros en 2024. “Esta es una de las razones pero puede haber otros disparadores en una economía donde la pizza o el helado triplican el valor del lomo”.

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En ese escenario, se dio marcha atrás con la modernización del comercio, que seguirá con la media res cargada al hombro. El sistema de cuartos fue propuesto en 1991. No solo apunta a la sanidad, también a que los precios al mostrador se fijen de manera racional y no en función de la pequeña escala de las carnicerías ocupadas en que no se hunda ese comercio familiar.

Los brasileños de Marfrig, reyes mundiales del negocio frigorífico, que han crecido en faena y en marca tras la adquisición entre otros de la local Campos del Tesoro, no alcanzan a comprender.

Lo mismo pasa con Minerva, el otro gigante brasileño, dirigido por el ex Coto Martín di Giacomo y con la gente de Gorina, de capitales nacionales bajo la batuta del contador Carlos Riusech. Trascendió que en las cámaras frigoríficas hay unas 10.000 toneladas guardadas, 2,5% de las exportaciones totales. ¿Vendrá un dólar carne? Otro tanto pasa con las peras y manzanas en el Sur. Se habla de un dólar especial de $ 260.

Eso sí, lo que anda como un reloj es el gasoducto que estará listo el 20 de junio o el 9 de julio si todo marcha como hasta ahora. Claro que no es la panacea ya que podrá transportar 11 millones de metros cúbicos por día y se elevará a 19 millones cuando estén listas las plantas compresoras. En el invierno el consumo diario de gas salta a 90 millones de metros cúbicos. Una parte la provee el sistema actual, pero van a faltar unos 30 millones de metros cúbicos.

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En ese rubro los empresarios destacan cómo se alinearon en torno a Massa a diferencia de lo que ocurrió con la gestión Guzmán. En Energía abundan los santacruceños y Agustín Gerez, titular de Enarsa, es la mejor expresión del encuadramiento.

Federico Basualdo, que saltó a la fama por las trabas al ajuste tarifario que pretendía Martín Guzmán, se fue a su casa y se llamó a silencio. Con cierta ironía alguien recordó al personaje de Stendhal en la Cartuja de Parma: “Nunca había tenido el talento de los asuntos públicos, su gestión era lenta y complicada”.

En cambio, al ex ministro Guzmán se lo nota muy decidido a salir del ostracismo. Su think tank ya tiene sede en el Microcentro, aún le falta el nombre.

Volvamos a la energía, el buque insignia de esta administración: ya arrancaron negociaciones con Techint para la reversión del gasoducto de TGN ante la inminencia de la declinación del gas de Bolivia y el peligro que las centrales térmicas del Norte se queden sin combustible.

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En la Transportadora de Gas del Sur también hay proyectos. Esta semana cumplieron 30 años y uno de sus ejecutivos deslizó que solo les respetaron los contratos durante 9 años. A quien no respetaron la palabra fue a Darío Martínez, el ex secretario de Energía que regresó a Neuquén con la promesa de ser candidato a gobernador por el justicialismo. Lo consuelan como candidato a diputado.

¿Correrá la misma suerte el proyecto de ley para el Gas Natural Licuado? El presidente de YPF, Pablo González, cerró un acuerdo con Petronas de Malasia que implica miles de millones de dólares. Esta noche parte a la India al seminario que reúne a los grandes jugadores. A su vez, India está interesada en el petróleo argentino y es lo que explica un encuentro con Shri Hardeep Singh, el poderoso ministro de petróleo y gas natural.

Claro que en cuanto se reanude la actividad agropecuaria va a faltar gasoil, pero no en los volúmenes del año pasado. Algo se aprendió. “Por el lado del bioetanol, se espera una pronta redistribución de cupos por parte de la Secretaría de Energía, entre los correspondientes a la industria azucarera y los de maíz, mientras Agricultura y Energía analizan la posibilidad de aumentar las mezclas del actual 12%, hasta un 15%”, dice el consultor Claudio Molina al observar que “no se trabaja adecuadamente para evitar que este año vuelva a registrarse una crisis. Falta planificación”.

Hay algunos que sí tienen planes. Es el caso de Juan Carlos Bojanich, contador de profesión y cuya familia amasó su fortuna desde la panadería industrial que abastecía a la Armada Argentina, en la Base Naval Puerto Belgrano. Posee bingos en varias de las ciudades más importantes de la provincia y contabiliza diez plantas de biodiesel.

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​Ahora busca desembarcar en el etanol. Como tantos otros en el mundo de los negocios, Bojanich tiene sus fichas puestas a ambos lados de la grieta. Los bingos explican su sólida relación con Daniel Angelici de Cambiemos. También es muy conocida su sintonía con Máximo Kirchner. Tal vez, por su confrontación permanente y la dureza en las formas, según describen sus competidores.

Esta semana y en su aparición ante los equipos de Horacio Rodríguez Larreta, Martin Redrado habló de las oportunidades que ofrece al país el near shoring, es decir de las cadenas cortas de producción, la modalidad que surgió al compás de la pandemia. Redrado, asesor del Banco Central de Malasia, se refirió a esa zona de Asia Pacífico demandante de lo que el país ofrece. Y aseguró que es posible recuperar la credibilidad con leyes que le den respaldo a una política económica de estabilidad y crecimiento.

En eso, alguien lo interpeló: “Martín, qué te preguntan los inversores del exterior?”

-No importa quién esté en el Gobierno. Quieren saber a qué tipo de cambio le toman la inversión y si podrá después disponer de su dinero, fue la contundente respuesta.

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Notas de Opinión

Sin moneda, pero con nuevo billete

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera

Columna publicada originalmente en Infobae

El “peso convertible” nació el primero de enero de 1992. Fue el sucesor del Austral, moneda que tuvo el triste récord de haber sumergido a la Argentina en niveles inflacionarios jamás vistos en el país: el año 1989 se despidió dejando atrás una inflación del 3.079% dándole paso al año 1990 donde la misma se ubicó en el 2.313%.

Aquella moneda nacida el 15 de Junio de 1985 tuvo como billete de máxima denominación al de 500.000 australes, que vio la luz en noviembre de 1990.

Poco tiempo después –un 1 de enero de 1992 y a razón de 10.000 australes por unidad- nacía el “peso convertible”. El billete de mayor denominación entonces equivalía a 50 dólares: 500.000 australes => 50 pesos convertibles => 50 dólares.

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Este “peso convertible” llegó a los bolsillos de los argentinos en billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 unidades. En su paridad con el dólar esto significó que el billete de menor denominación equivalía a 1 dólar y el de mayor denominación, a 100 dólares.

Un 6 de enero de 2002 –luego de atravesar el “corralito” y el “corralón” que impedían retirar libremente los depósitos de los bancos- se derogaba la “Ley de Convertibilidad” certificando la muerte del “peso convertible” -el cual nos había acompañado por un período de 20 años- para darle paso al “peso” tal como lo como lo conocemos hoy.

Desde aquel momento a hoy la inflación acumulada se ubica en torno al 21.588%, lo que implica que para poder comprar hoy lo que en enero de 2002 adquiríamos con un billete de 100 pesos, necesitaríamos disponer ya no de esos 100 pesos sino de 21.688 pesos. La destrucción de la moneda ha sido total.

El Banco Central de la República Argentina ha anunciado que se ha tomado la decisión de emitir un nuevo billete: el de $2.000 (hoy el de mayor denominación corresponde al de $1.000, billete este que nos acompaña desde Noviembre de 2017).

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Al momento de su creación, el billete de $1.000 equivalía a 52 dólares. El nuevo billete de $2.000 va a nacer algo más atrás: si hoy estuviese en nuestros bolsillos, tener uno de la nueva denominación anunciada equivaldría a poseer 5,30 dólares, apenas una décima parte de lo que en su momento representaba el billete de $1.000 cuando nació.

De igual forma, con el nuevo ejemplar seguiríamos siendo (después de Cuba) el país con el billete de mayor denominación que representa menos cantidad de dólares.

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera: impacta en el costo de los seguros bancarios, en la capacidad de cajeros automáticos y entre otras cosas, en el costo de fabricación de la propia moneda (hacer un billete de $10.000 costaría una quinta parte de lo que se gastará en cinco billetes de $2.000, representando la misma cantidad de valor).

En la Argentina, con niveles de inflación cercanos a los tres dígitos, déficit fiscal crónico y un BCRA que cada vez posee más pasivos remunerados –lo que deduce mayores niveles de emisión monetaria en el futuro-, el problema de la denominación de los billetes es un tema absolutamente marginal.

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Si hoy nuestra tuviésemos un billete de $37.700 (equivalente a 100 dólares), con la dinámica inflacionaria actual en 5 años ese billete tendrá el mismo poder adquisitivo que hoy tiene un billete de $1.000.

La política tiene que entender que el valor de la moneda está determinado en el tiempo por el sano comportamiento fiscal y monetario. De no hacerlo, seguiremos emitiendo billetes que siempre estarán condenados a desaparecer.

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