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Notas de Opinión

Temblores en la Casa Rosada, Cristina Kirchner en el teléfono y amenazas de renuncias

La intimidad del poder. Funcionarios nerviosos por la pelea con la Corte. La vice ataca a Alberto Fernández y Massa procura no salir dañado. Se viene una cumbre en Cumelén.

Cuando sonó el celular de Sergio Massa, el miércoles a la noche, en la pantalla de C5N todavía hablaba Alberto Fernández. Llevaba más de una hora respondiendo preguntas, una situación que volvió a sumir en el desasosiego a quienes lo quieren más allá de la política y se preguntan si hay maldad en los consejos que le brinda su equipo de comunicación. Cristina seguía en vivo al Presidente por televisión y en un momento lo notó tan errático al hablar del comportamiento de la Corte Suprema y del año electoral que comienza que llegó a preguntarse si estaba en sus cabales. No siente más que desprecio por él.

La vicepresidenta llamó al ministro de Economía para compartir su fastidio. Massa estaba reunido con veinte funcionarios en el quincho del piso 13 del Palacio de Hacienda. El ministro se fue a hablar a la terraza para que no lo escucharan, como hacía Alberto cuando aún tenía diálogo con ella. Massa regresó al rato a la mesa y solo hizo una referencia banal a la charla. “Todo mal, todo roto -deslizó uno de sus colaboradores antes de que se sirviera el asado- No nos ayudan ni él ni ella”.

En el quincho pasaron de largo el llamado y volvieron a concentrarse en los números, que se obstinan en analizar con lupa para ver de qué parte de la enciclopedia pueden tironear para trazar un panorama menos cruel. El último asistente se fue el jueves a las 3 de la mañana. Siempre es un acto de fe la prepotencia del trabajo, pero no hay milagros a la vista. En Twitter, la feligresía antikirchnerista se hace un picnic cuando recuerda las burlas destinadas a Mauricio Macri durante sus últimos meses por parte de quienes hoy conducen el país. La inflación estaba en alza y terminaría en 53,8%. Aquellos, es cierto, eran números catastróficos; ahora es bastante peor: la inflación de 2023 estará cerca del 95%.

Cada mes que pasa, los precios se transforman en un búmeran para el Frente Renovador, que trabaja con obsesión para que su líder pueda enderezar el barco y desembarcar en la carrera presidencial del año próximo. Ya hay, sin embargo, quienes se formulan una pregunta: ¿Hasta cuándo podrán sostener que las cosas van mejor desde su llegada? Massa prometió una inflación del 3% para marzo. Sería una baja importante y un envión para él. Si sucede.

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En el Ministerio de Economía terminan 2022 a los saltos. El último cimbronazo lo aportó la inicial decisión oficial de no respetar el fallo de la Corte Suprema que la semana pasada determinó que la Nación debe restituir 2,95% de los fondos de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires -un monto menor al que reclamó, que era del 3,5%- que en plena pandemia le quitó a los porteños para favorecer a la provincia de Buenos Aires. “¿Es verdad lo que dicen Clarín y La Nación de que no vamos a respetar el fallo?”, se preguntaron ese mismo viernes, la semana pasada, los funcionarios que participaban de un brindis de fin de año en el Club Ciudad. Lo habían organizado Juan Manuel Olmos y Kelly Olmos. “¿Estamos enfermos? ¿Ustedes son conscientes de lo que viene?”, inquirió uno de los asistentes.

Fernández se había hecho eco de un pedido de los gobernadores, que responden a Cristina, y amenazó con no pagar. A las 24 horas cambió de opinión. El daño estaba hecho y aún persiste, si no es que no se ha vuelto más profundo, porque el primer retroceso fue anunciar que pagarían con bonos y Horacio Rodríguez Larreta lo rechazó y ahora Massa piensa en un nuevo impuesto para compensar el desembolso.

Amague y recule, castigó Cristina a Alberto, el martes, en su reaparición en Avellaneda. Pudo haber sido más hostil, pero ella cree que Fernández no merece más que una alusión efímera. El cristinismo sostiene que el jefe de Estado no tiene agallas para “dar las peleas que hay que dar”, al decir de La Cámpora. Entre esas batallas debería entablarse un enfrentamiento a todo o nada con los cuatro miembros de la Corte. Leopoldo Moreau lo pidió por radio: el Presidente debe liderar el pedido de juicio político contra Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti.

Massa había despotricado frente a su equipo por la reunión de Fernández y los catorce gobernadores, que, a instancias de Jorge Capitanich y de Gerardo Zamora, lo intimaron a no respetar el fallo. Alberto los conformó y les dijo que sí y hasta sobreactuó tanta indignación como ellos. “Estoy preocupado, ni siquiera me invitaron a la reunión”, dijo Massa ese día. En Hipólito Yrigoyen 250 temblaron las paredes. Raúl Rigo, el secretario de Hacienda, se contactó el sábado con Fernández por mensaje para decirle que dejaría su cargo si no daba marcha atrás con la postura de no cumplir el fallo del máximo tribunal de Justicia. Rigo es un funcionario histórico. Conoce, acaso mejor que el resto del Gobierno, cómo funcionan los resortes de la economía.

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No fue el único que amenazó con irse. El primer mandatario estaba en la Residencia de Olivos y los mensajes de distintos funcionarios se acumulaban en su celular. “Nos van a denunciar a todos. Paremos esta locura o nos quedamos sin funcionarios”, le decían. Una vez más, Alberto quedaba atrapado entre dos fuegos: los cristinistas lo apretaban para que subiera la apuesta frente a la Corte y el ala moderada del Frente de Todos le rogaba que recapacitara. Alberto hizo de nuevo la hazaña de quedar mal con unos y otros. Sus amigos de la vida repiten: “Este no es el Alberto que tratamos durante tantos años”.

La intranquilidad de los mercados se hizo sentir y el dólar blue subió con fuerza. Tal es así que ayer en los WhatsApp que propagaban las usinas massistas presentaban como una buena noticia que hubiera cerrado la semana a 346 pesos. Si los fines de año son épocas de balance quizá sea atinado recordar que en diciembre de 2019, cuando asumió la actual gestión, costaba 63 pesos. El dato sacude con frecuencia a Cristina: dólar alto y sueldos bajos llevan a la derrota electoral, piensa.

En su reaparición, la ex presidenta barrió con sus propias palabras, las del 6 de diciembre, el día que la condenaron por corrupción a seis años de prisión y adelantó que no sería candidata a nada el año próximo. Se sabe ahora que no se trató de un renunciamiento. El martes habló de proscripción, una palabra que según sus exégetas le aporta cierta mística y cohesiona a los propios porque se explica en el marco de una tradición política. Carece de sentido real porque ella está en condiciones legales de presentarse para el cargo que quiera. Su reacción del martes, tal vez, no tuvo que ver con un supuesto renunciamiento sino con un arrepentimiento.

Quienes acceden a su intimidad reconocen que aquel día actuó con iracundia, que fue un error no forzado y que su presentación se volvió en contra de la estrategia electoral porque le dio certezas a la oposición y generó un vacío en el oficialismo. “Te necesitamos”, le dijo Axel Kicillof. “La vamos a hacer cambiar de opinión”, sostuvo Jorge Ferraresi, el intendente de Avellaneda y anfitrión del acto. El escenario estaba montado allí para volver a encender la llama de una eventual postulación.

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Cristina insistió esta semana en privado con que la elección que viene hoy se está perdiendo. Quizá por eso se burló de las declaraciones de Alberto, cuando dijo: “El Frente de Todos va a ganar el año próximo, no tengo ninguna duda. La gente poco a poco se está dando cuenta de cómo es la cosa”.

La vice dice que el mejor posicionado para suceder al kirchnerismo es Rodríguez Larreta. Corrió a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich del escenario. Debería tomar nota el alcalde. Irán por él y por su entorno. Las balas del cristinismo nunca son de juguete. Aquella estocada verbal de mediados de 2019 (“en la Ciudad hasta loe helechos tiene luz y agua”) fue tan solo el inicio. Si no, que lo diga Marcelo D’Alessando, el ministro de Seguridad porteño. Su celular, hackeado por espías ilegales, derivó en un escándalo y podría arrojar nuevas y peores noticias.

El jefe de Gobierno ya descansa en Cumelén Country Club, a tres kilómetros de Villa La Angostura. Es la primera vez que será vecino de Macri. Se quedará hasta el martes con su novia y otros familiares y tiene previsto pasar en algún momento a brindar con el ex presidente, con quien tiene algunas diferencias sobre la estrategia proselitista y sobre cómo encarar una supuesta futura administración. Larreta llegaría con algunas prendas de cambio para contentar a su socio, que le toma la temperatura muy seguido y coquetea con apoyar a Patricia Bullrich.

Bullrich se vio hace unos días con Macri, antes de irse a pasar el fin de año a Brasil. La ex ministra le pidió garantías de que habrá una interna transparente. Teme que le quieran embarrar la cancha y que su rival interno aproveche los recursos de la Ciudad para perjudicarla. Los aliados de Bullrich a veces sugieren un acercamiento con Javier Milei, un enemigo acérrimo de Larreta, como si quisieran dejar entrever que, si la convivencia se torna oscura, podría explorar una salida de emergencia junto al economista. Larreta nunca le contesta. Se siente más cómodo con los radicales. Los ve más permeables a una negociación.

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Los colaboradores de Macri no descartan una cumbre en el sur Macri-Larreta-Bullrich para fijar reglas de juego claras. El alcalde y la ex ministra, por ahora, no tienen demasiado interés. Juntos por el Cambio tiene notorias divisiones. Se vio el lunes, en el cumpleaños 66 de Elisa Carrió, donde ella advirtió que aún no tiene candidato a presidente. En la celebración estaban Larreta y Gerardo Morales, que disputarán el mismo sillón. Carrió, que hizo las invitaciones en persona, no convocó a Macri ni a Bullrich ni a Facundo Manes. Una pena. Se perdieron el karaoke y la celebración mundialista.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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Notas de Opinión

Los K quieren dar pelea, pero la única apuesta es por Sergio Massa: “Es esto o nada”

Cristina no se resigna ni a ser oposición ni a refugiarse en la Provincia. Las debilidades que ven en la oposición, los números que encienden alarmas y el apodo para el ministro de Economía.

Columna publicada originalmente en Clarín

-Ella está trabajando para ganar, no piensa en ser oposición ni en solo quedarse con la Provincia. Hay una expectativa de dar pelea -le dijo a Clarín uno de los dirigentes de mayor diálogo con Cristina.

-La oposición no despega y eso nos ayuda -agregó la misma fuente-. Horacio esta en caída, hay que ver qué hace Macri, pero lo más probable es que aproveche la debilidad de Larreta y le saque de todo a cambio de apoyo para que levante.

El interlocutor de Cristina dice que ella le dijo: “Aca hay que hacer lo que sea para ganar, poner todo. Si baja un poco la inflación el candidato debería ser Sergio“.

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Massa repite que no va a ser candidato. ”Mi juego es en el 27”, le asegura en su entorno. Si resultara cierto, sería de su parte una jugada inteligente. Tiene 50 años, lo que equivale a decir que tiene tiempo suficiente.

Sin embargo, su equipo como diversos consultores ya le acercan mediciones. En privado se jacta haber mejorado su imagen entre cinco y diez puntos. Tal vez eso explique que sus últimas entrevistas fueron más que nada políticas: en Infobae, Perfil y en el ultrakirchnerista “El cohete a la luna”. Los mismos informes que marcan su repunte de imagen muestran que ni el Gobierno ni Alberto Fernández pudieron capitalizar la mejora del contexto.

Alberto o Wado salen terceros, atrás de Juntos por el Cambio y de Milei -dicen sacando pecho en el Palacio de Hacienda.

-Sergio es un tiburón blanco, dice que no va a ser candidato pero si se dan las cosas tiene todas las ganas -le dijo a este diario un funcionario K.

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Y agrega: “Los empresarios hacen fila para verlo. Se los fue ganando de a uno. Ya se pasó nuestro tiempo de cuestionarlo, de hacerle reproches ideológicos, de meter el dedo”.

“Es esto o nada”, enfatiza.

-Que no sea candidata a presidente no quiere decir que se vaya a cuidar a los nietos. Cristina no se retira -dice un funcionario del equipo de Massa que es consultado por la vice salteando al ministro.

Las obsesiones de Cristina

La pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la inflación son las dos obsesiones de Cristina. Los salarios, según un informe reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) formado por economistas de Flacso cercanos al kirchnerismo, muestran una caída del poder adquisitivo del 3,7% en comparación con 2019. Nada mas duro para el kirchnerismo en un año electoral que reconocer que los trabajadores ganan hoy menos que con Macri, a pesar de los dos años de crecimiento de la economía.

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-Un mes de 7% de inflación sería letal para Sergio y nadie lo puede descartar. Permitiría que lo comparen con Guzmán o con Batakis y ahí se termina el Massa candidato.

El otro riesgo sería un salto del dólar en pleno proceso electoral. Massa desactivó el riesgo de devaluación en diciembre y enero pero la tensión sobre el dólar está lejos de desaparecer y la cantidad de pesos en la plaza financiera amenaza todos los meses con salir de los bonos, Letes y Leliqs para correr al dólar.

Un informe del economista Gabriel Caamaño muestra que los vencimientos de la deuda pública en pesos en los próximos meses equivalen a US$ 3.000 millones en febrero, US$ 5.000 millones en marzo, US$ 10.000 millones en abril, US$ 7.500 millones en mayo,  US$ 10.000 millones en junio y US$ 15.500 millones en julio,el mes previo a las PASO.

En Economía se ufanan del cepo, que es una barrera para que los bancos, las aseguradoras y los fondos de pensión compren dólares: ”No nos va a pasar lo que le pasó a Macri después de las PASO”, dice un funcionario del equipo de Massa.

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La estimación es que, en el peor de los casos, un salto del dólar del 30% podría resolver la presión cambiaria en plena época electoral. Un cálculo optimista que nadie se anima a garantizar. Si eso sucede, el tiburón blanco nadará en busca de aguas cálidas.

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Notas de Opinión

¿Massa se quedó sin conejos en la galera?, la inquietud en el ambiente de negocios

La economía se mueve en un esquema de cornisa. Los empresarios señalan que el principal problema de credibilidad de Massa es la inflación. ¿Qué le preguntan los inversores a Redrado?

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

Marina dal Poggetto acuñó lo que fue entre economistas el hit del verano. Habló de los conejos de la galera a los que podía recurrir Sergio Massa. Pero terminado enero y tras la victoria pírrica con la recompra de deuda, con el objetivo de intervenir en el mercado cambiario para bajar la brecha y que tuvo el efecto contrario, la economista deduce: “Los magos no tienen muchos conejos, a lo sumo dos”.

En su visión, la inflación le está oscureciendo el panorama. “Calculamos el índice de enero en 5,9% y febrero viene en alza con la suba de la carne que cada 10% arrima un punto a ese índice”. A sus clientes les explica que la sábana es demasiado corta con una oferta de dólares que se reduce este año en US$ 20.000 millones, por la sequía y un menor giro de fondos del FMI. “El plan llegar del ministro se va a limitar a la administración del comercio”. Esto es más cepo.

Los banqueros relativizan la falta de dólares y apuestan a que se va a conseguir el préstamo llamado Repo, que tiene alto costo. Deberán ofrecer una garantía de US$ 3.000 millones para obtener US$ 1.000 millones.

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Ese sector está convulsionado por sus propios préstamos al Estado. Esa realidad y la revolución tecnológica impactan. De las 312 entidades que se contabilizaban en los años 80 quedan 77 en plena transformación con masivo cierre de sucursales, retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas.

​Curioso, La Bancaria dirigida por Sergio Palazzo, un sindicalista destinado a puestos menores en la CGT, ex radical y diputado oficialista, no hace olas. “Es pragmático”, lo definió el titular de un banco extranjero.

Los industriales se preparan para lo que ellos llaman el clima de exacerbación de marzo, con la vuelta a clases, problemas de suministro en las cadenas de producción, el arranque de las paritarias y de la campaña política. En ese círculo sueltan que el principal problema de credibilidad para Massa es la inflación.

En la que fueron tratativas que insumieron todo enero, el secretario de Comercio Matías Tombolini no habló de un plan. Fue sincero: “Solo tenemos una hoja de ruta que consiste en bajar el déficit, cuidar los dólares y acumular reservas”.

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Este viernes y ante los número uno habrá show de lanzamiento en el CCK para un acuerdo que incluye 50.000 productos que van desde remedios a celulares, además de los artículos de la canasta básica. Para los controles armaron una mesa de monitoreo en la Secretaría de Comercio que se dará cita diariamente a las 8,30. En las empresas hay cierta resignación que disminuye ante la promesa oficial de acceso a divisas oficiales para importación.

Pero hay precios que se les escapan. Es el caso de la carne, que por la sequía apenas se movió 42% frente a una inflación de 94,8% en 2022 y amenaza en convertirse en un dolor de cabeza durante largo tiempo.

El experto Bernardo Cané advierte que los terneros que nacieron en el invierno y se destetan en marzo sufrieron sequía, golpe de calor y la mala nutrición de sus madres y saldrán con 15 a 20 kilos menos que el peso histórico de 170 kilos.

A su vez, las vacas por casi los mismos motivos, no van a quedar preñadas en los próximos servicios de primavera. Habrá menos terneros en 2024. “Esta es una de las razones pero puede haber otros disparadores en una economía donde la pizza o el helado triplican el valor del lomo”.

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En ese escenario, se dio marcha atrás con la modernización del comercio, que seguirá con la media res cargada al hombro. El sistema de cuartos fue propuesto en 1991. No solo apunta a la sanidad, también a que los precios al mostrador se fijen de manera racional y no en función de la pequeña escala de las carnicerías ocupadas en que no se hunda ese comercio familiar.

Los brasileños de Marfrig, reyes mundiales del negocio frigorífico, que han crecido en faena y en marca tras la adquisición entre otros de la local Campos del Tesoro, no alcanzan a comprender.

Lo mismo pasa con Minerva, el otro gigante brasileño, dirigido por el ex Coto Martín di Giacomo y con la gente de Gorina, de capitales nacionales bajo la batuta del contador Carlos Riusech. Trascendió que en las cámaras frigoríficas hay unas 10.000 toneladas guardadas, 2,5% de las exportaciones totales. ¿Vendrá un dólar carne? Otro tanto pasa con las peras y manzanas en el Sur. Se habla de un dólar especial de $ 260.

Eso sí, lo que anda como un reloj es el gasoducto que estará listo el 20 de junio o el 9 de julio si todo marcha como hasta ahora. Claro que no es la panacea ya que podrá transportar 11 millones de metros cúbicos por día y se elevará a 19 millones cuando estén listas las plantas compresoras. En el invierno el consumo diario de gas salta a 90 millones de metros cúbicos. Una parte la provee el sistema actual, pero van a faltar unos 30 millones de metros cúbicos.

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En ese rubro los empresarios destacan cómo se alinearon en torno a Massa a diferencia de lo que ocurrió con la gestión Guzmán. En Energía abundan los santacruceños y Agustín Gerez, titular de Enarsa, es la mejor expresión del encuadramiento.

Federico Basualdo, que saltó a la fama por las trabas al ajuste tarifario que pretendía Martín Guzmán, se fue a su casa y se llamó a silencio. Con cierta ironía alguien recordó al personaje de Stendhal en la Cartuja de Parma: “Nunca había tenido el talento de los asuntos públicos, su gestión era lenta y complicada”.

En cambio, al ex ministro Guzmán se lo nota muy decidido a salir del ostracismo. Su think tank ya tiene sede en el Microcentro, aún le falta el nombre.

Volvamos a la energía, el buque insignia de esta administración: ya arrancaron negociaciones con Techint para la reversión del gasoducto de TGN ante la inminencia de la declinación del gas de Bolivia y el peligro que las centrales térmicas del Norte se queden sin combustible.

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En la Transportadora de Gas del Sur también hay proyectos. Esta semana cumplieron 30 años y uno de sus ejecutivos deslizó que solo les respetaron los contratos durante 9 años. A quien no respetaron la palabra fue a Darío Martínez, el ex secretario de Energía que regresó a Neuquén con la promesa de ser candidato a gobernador por el justicialismo. Lo consuelan como candidato a diputado.

¿Correrá la misma suerte el proyecto de ley para el Gas Natural Licuado? El presidente de YPF, Pablo González, cerró un acuerdo con Petronas de Malasia que implica miles de millones de dólares. Esta noche parte a la India al seminario que reúne a los grandes jugadores. A su vez, India está interesada en el petróleo argentino y es lo que explica un encuentro con Shri Hardeep Singh, el poderoso ministro de petróleo y gas natural.

Claro que en cuanto se reanude la actividad agropecuaria va a faltar gasoil, pero no en los volúmenes del año pasado. Algo se aprendió. “Por el lado del bioetanol, se espera una pronta redistribución de cupos por parte de la Secretaría de Energía, entre los correspondientes a la industria azucarera y los de maíz, mientras Agricultura y Energía analizan la posibilidad de aumentar las mezclas del actual 12%, hasta un 15%”, dice el consultor Claudio Molina al observar que “no se trabaja adecuadamente para evitar que este año vuelva a registrarse una crisis. Falta planificación”.

Hay algunos que sí tienen planes. Es el caso de Juan Carlos Bojanich, contador de profesión y cuya familia amasó su fortuna desde la panadería industrial que abastecía a la Armada Argentina, en la Base Naval Puerto Belgrano. Posee bingos en varias de las ciudades más importantes de la provincia y contabiliza diez plantas de biodiesel.

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​Ahora busca desembarcar en el etanol. Como tantos otros en el mundo de los negocios, Bojanich tiene sus fichas puestas a ambos lados de la grieta. Los bingos explican su sólida relación con Daniel Angelici de Cambiemos. También es muy conocida su sintonía con Máximo Kirchner. Tal vez, por su confrontación permanente y la dureza en las formas, según describen sus competidores.

Esta semana y en su aparición ante los equipos de Horacio Rodríguez Larreta, Martin Redrado habló de las oportunidades que ofrece al país el near shoring, es decir de las cadenas cortas de producción, la modalidad que surgió al compás de la pandemia. Redrado, asesor del Banco Central de Malasia, se refirió a esa zona de Asia Pacífico demandante de lo que el país ofrece. Y aseguró que es posible recuperar la credibilidad con leyes que le den respaldo a una política económica de estabilidad y crecimiento.

En eso, alguien lo interpeló: “Martín, qué te preguntan los inversores del exterior?”

-No importa quién esté en el Gobierno. Quieren saber a qué tipo de cambio le toman la inversión y si podrá después disponer de su dinero, fue la contundente respuesta.

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Notas de Opinión

Sin moneda, pero con nuevo billete

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera

Columna publicada originalmente en Infobae

El “peso convertible” nació el primero de enero de 1992. Fue el sucesor del Austral, moneda que tuvo el triste récord de haber sumergido a la Argentina en niveles inflacionarios jamás vistos en el país: el año 1989 se despidió dejando atrás una inflación del 3.079% dándole paso al año 1990 donde la misma se ubicó en el 2.313%.

Aquella moneda nacida el 15 de Junio de 1985 tuvo como billete de máxima denominación al de 500.000 australes, que vio la luz en noviembre de 1990.

Poco tiempo después –un 1 de enero de 1992 y a razón de 10.000 australes por unidad- nacía el “peso convertible”. El billete de mayor denominación entonces equivalía a 50 dólares: 500.000 australes => 50 pesos convertibles => 50 dólares.

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Este “peso convertible” llegó a los bolsillos de los argentinos en billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 unidades. En su paridad con el dólar esto significó que el billete de menor denominación equivalía a 1 dólar y el de mayor denominación, a 100 dólares.

Un 6 de enero de 2002 –luego de atravesar el “corralito” y el “corralón” que impedían retirar libremente los depósitos de los bancos- se derogaba la “Ley de Convertibilidad” certificando la muerte del “peso convertible” -el cual nos había acompañado por un período de 20 años- para darle paso al “peso” tal como lo como lo conocemos hoy.

Desde aquel momento a hoy la inflación acumulada se ubica en torno al 21.588%, lo que implica que para poder comprar hoy lo que en enero de 2002 adquiríamos con un billete de 100 pesos, necesitaríamos disponer ya no de esos 100 pesos sino de 21.688 pesos. La destrucción de la moneda ha sido total.

El Banco Central de la República Argentina ha anunciado que se ha tomado la decisión de emitir un nuevo billete: el de $2.000 (hoy el de mayor denominación corresponde al de $1.000, billete este que nos acompaña desde Noviembre de 2017).

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Al momento de su creación, el billete de $1.000 equivalía a 52 dólares. El nuevo billete de $2.000 va a nacer algo más atrás: si hoy estuviese en nuestros bolsillos, tener uno de la nueva denominación anunciada equivaldría a poseer 5,30 dólares, apenas una décima parte de lo que en su momento representaba el billete de $1.000 cuando nació.

De igual forma, con el nuevo ejemplar seguiríamos siendo (después de Cuba) el país con el billete de mayor denominación que representa menos cantidad de dólares.

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera: impacta en el costo de los seguros bancarios, en la capacidad de cajeros automáticos y entre otras cosas, en el costo de fabricación de la propia moneda (hacer un billete de $10.000 costaría una quinta parte de lo que se gastará en cinco billetes de $2.000, representando la misma cantidad de valor).

En la Argentina, con niveles de inflación cercanos a los tres dígitos, déficit fiscal crónico y un BCRA que cada vez posee más pasivos remunerados –lo que deduce mayores niveles de emisión monetaria en el futuro-, el problema de la denominación de los billetes es un tema absolutamente marginal.

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Si hoy nuestra tuviésemos un billete de $37.700 (equivalente a 100 dólares), con la dinámica inflacionaria actual en 5 años ese billete tendrá el mismo poder adquisitivo que hoy tiene un billete de $1.000.

La política tiene que entender que el valor de la moneda está determinado en el tiempo por el sano comportamiento fiscal y monetario. De no hacerlo, seguiremos emitiendo billetes que siempre estarán condenados a desaparecer.

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