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Notas de Opinión

En qué se convertirá el kirchnerismo

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

¿La única verdad es la realidad? Perón en esta época seguramente no habría podido repetir su apotegma de cabecera sin ser amonestado por la juventud maravillosa de hoy. Le habrían salido al cruce cultores irreductibles del realismo representacional, adictos a la semiología de café, denunciantes metódicos de la invisibilidad de los poderes fácticos, miembros de la asociación amigos de Saint Exupéry, terraplanistas agazapados.

Sin embargo, hay realidades crudas que tenemos delante de las narices, bien lo sugería el General, y nos esmeramos por no ver. Hasta por razones neurológicas. Es bastante conocido el experimento que hicieron estudiosos del cerebro humano, aquel de dos equipos de seis personas, uno de camiseta blanca, el otro de camiseta negra, a quienes un grupo de voluntarios debe contabilizarles la cantidad de veces que se pasan la pelota. En determinado momento un gorila atraviesa la pista, pero los observadores ni lo advierten: están concentrados en contar pases de pelota.

En la Argentina 2022 no se trata de un gorila sino todo lo contrario. Tal vez suene a verdad de Perogrullo, otros dirán “para qué menear este dato”. No faltará un socarrón, chocolate por la noticia. La única verdad, en fin, aquí va (de nuevo): uno de cada cuatro argentinos es kirchnerista. Y muy probablemente lo siga siendo.

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El kirchnerismo probó ser la corriente política de núcleo duro más robusto de plaza, lo que significa que su piso, comparativamente alto, no se conmueve demasiado con los oleajes del humor social. Ni con la inflación ni con lo que le suceda al blue, a las jubilaciones o a la educación. Mucho menos con nuevas condenas judiciales por corrupción, si vinieren, que hasta reforzarían el fervor.

Claro que puede expandirse: de hecho, en algunos momentos engordó -fue uno de cada tres- y también algo puede mermar. ¿Qué los kirchneristas serían el 20 por ciento y no el 25? Tal vez. Seguiría siendo una fuerza inusualmente perdurable y musculosa. En 2003 a Néstor Kirchner le alcanzó estar a mitad de camino entre 20 y 25 para llegar al poder. Ramón Castillo salió primero el año pasado en Perú con el 18 por ciento y en segunda vuelta le ganó a Keiko Fujimori (una especie de kirchnerismo de derecha) por 44 mil votos.

Expertos en opinión pública como Jorge Giacobbe hablan del kirchnerista avergonzado. La teoría del kirchnerista avergonzado dice que debido al ostensible fracaso del gobierno Fernández-Fernández (si se quiere ser más amable, a las dificultades que atraviesa el país) muchos kirchneristas no saben bien adónde pararse. Entonces las encuestas dan resultados distorsionados. Efecto Bolsonaro. Inexactitudes. Los instrumentos de medición no permiten medir procesos mentales confusos. Para ahondar en el pensamiento del encuestado se recurre por eso a preguntas indirectas, por ejemplo, acerca del odio y de sus responsables. ¿De qué lado piensa usted que están los odiadores? Pistas para construir radiografías.

Sucede así que a un 20 por ciento de kirchnerismo explícito habría que agregarle un 10 por ciento, estimado, de kirchnerismo escondido. Como se trata de presunciones, tal vez convenga calcular 25. Uno de cada cuatro argentinos. Pero otra cosa es la intención de voto. ¿Por quién votará esa porción del electorado en 2023? Hipótesis: una buena cantidad, por quien Cristina Kirchner diga. La campaña será, probalemente, en base a un leit motiv que ya se escucha: la derecha es peor.

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Contar kirchneristas no es tarea fácil también por otras razones. El kirchnerismo repele cualquier organicidad. Está mimetizado, fusionado o quién sabe qué con el peronismo, movimiento septuagenario que carece de perímetro. La oscilante relación del kirchnerismo con el peronismo probablemente sea la clave más importante de la política argentina. ¿Hay pertenencia? ¿Acaso inclusión? ¿Son dos cosas o una sola? ¿El kirchnerismo es “entrismo” versión siglo XXI? ¿O los K finalmente son una corriente interna? Esta discusión nunca va a saldarse. La ambigüedad viene ensamblada de fábrica en ambos artefactos, el peronismo y el kirchnerismo.

Sea lo que fuere, ese vínculo regula el cuadro electoral de la Argentina. Cuando en términos corrientes hoy se habla de “la unidad del peronismo”, en esencia se está hablando de la calidad del pegamento peronismo-kirchnerismo. Pero hay una dificultad taxonómica adicional: en la cultura peronista las migraciones de cabotaje están más naturalizadas que entre las aves. Emilio Pérsico, albertista insigne, refrescó la semana pasada la explicación de por qué volver es el verbo que organiza la dinámica del peronismo. En su caso le tocó volver a ser cristinista.

Casualmente ahora la lideresa del kirchnerismo está volviendo a citar a Perón (cuyo monumento inauguraron en 2015 Macri, Tula, el hijo de Hugo del Carril, Hugo Moyano y, recuérdese una vez más, ningún kirchnerista), cosa que muchos atribuyen a que se acaba de largar la temporada electoral. Cambió el menú. Alberto Fernández y los funcionarios que no funcionan desaparecieron por completo del discurso. Junto con Perón entró la inseguridad, asunto “de la derecha”.

El porcentaje preciso de kirchnerismo estable, es cierto, puede ser discutible, pero si convenimos que anda en torno del 25 por ciento, ¿qué significa eso, no en términos electorales sino de funcionamiento del sistema político? Simple: que un cuarto del electorado prefiere una opción contestataria. Todavía hay que agregar a la izquierda de raíz marxista, que en las últimas elecciones resultó la tercera fuerza más votada, con una marca del orden del 5 por ciento. El Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) pasó de tener dos diputados a cuatro, lo que sólo significa el uno y medio por ciento de la cámara, pero su influencia sindical, en las organizaciones sociales y sobre todo en la calle es infinitamente superior.

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Autopercibido progresista y revolucionario, el kirchnerismo funciona articulado con los más rancios conservadurismos provinciales. Su vanguardia juvenil lleva el nombre de un dirigente conservador, el odontólogo Héctor Cámpora, al parecer debido al malentendido que lo hizo aparecer 49 días como presidente izquierdista. Prevalece en el kirchnerismo el aire antisistema musicalizado por los pibes para la liberación. La líder deplora la alternancia y dice añorar un nuevo orden, otra Constitución, estatizar todo lo que se pueda, imponer una soberanía alimentaria, que los jueces sean elegidos por voto popular en campañas politizadas, una Corte Suprema multitudinaria auditada por los feudalismos provinciales, controlar el Consejo de la Magistratura, borrar el periodismo profesional, alinear los medios de comunicación y consagrar una política exterior proclive a Rusia y China. Ahora mismo desató un conflicto de poderes entre el Senado y el Poder Judicial porque pretende con una artimaña llevarse más sillas del Consejo de la Magistratura de las que le corresponden. Como sea.

El kirchnerismo, por otra parte, ya mostró durante el gobierno anterior qué entiende por ser opositor. No vale la pena repetir todo, bastan tres estampas: el boicot a la asunción de Macri, las manifestaciones golpistas con el infaltable ícono del helicóptero y las 14 toneladas de piedras arrojadas contra el Congreso cuando se trataba la reforma previsional.

El sindicalismo peronista avisó –nunca lo había hecho tan temprano- que no le permitirá a un futuro gobierno de Juntos por el Cambio avanzar con reformas. Todo esto promete para 2023 una intensa campaña electoral, ojalá que sincera. Hoy el debate público parece acaparado por nombres propios, lo cual pone en evidencia la incertidumbre del oficialismo, por una parte, y la desmedida, por momentos desmadrada pelea por el poder en Juntos por el cambio, por la otra.

Suele escucharse que el tema de las candidaturas relega lo importante, que es la discusión sobre el futuro, la pobreza, la indigencia, el control de la inflación, el crecimiento sostenido de la economía, la educación, las metas, los programas, el modelo de país, la inserción en el mundo. Aunque tal vez hay algo previo: las reglas.

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¿Es viable la democracia del 70 por ciento? En el supuesto de que se lograra avanzar en acuerdos dentro del 70 por ciento, ¿qué pasaría con el otro 30 (o 25)? Está volviendo a circular en los mentideros políticos la idea de que el próximo gobierno necesitará sí o sí obtener un fuerte respaldo en las urnas para poder llevar adelante consensos que permitan reformas y medidas poco simpáticas. Pero la historia desmiente que haya un link entre potencia electoral y éxito. Kirchner, con la peor génesis electoral de la historia en una consagración presidencial, inauguró un gobierno fuerte de doce años y medio. De la Rúa, votado nada menos que por la mitad de los argentinos, cayó a los dos años y le siguió el desastre.

Suele atribuírsele a Javier Milei, a quien con estándares europeos se califica de ultraderecha, la encarnación del extremismo antisistema. Muchos analistas dicen que, ideas aparte, es Milei quien mejor canaliza el enojo. Ahora están atentos a descubrir su aptitud acuerdista, si es que la tiene, porque de eso depende, en parte, la fortaleza del frente opositor. El kirchnerismo es una fuerza contestataria de mucha más envergadura y experiencia cuya líder repite que no hay estado de derecho porque los jueces que la juzgan por corrupción son pelotones de fusilamiento y se esfuerza por demostrar que detrás del intento de asesinarla estuvo la oposición.

Sin duda hace falta discutir cómo ejercerá cada uno el lugar que le toque según la voluntad popular, no sólo candidaturas.

CFK se modera en temporada preelectoral. Ya empezó. No ataca más a Alberto Fernández.

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Entrevistas Nexofin

Entrevista a Mayra García: sus inicios, periodismo político y el vínculo con el poder

En diálogo con Nexofin, la periodista de IP Noticias, El Nueve y Jefa de Política en Noticias Argentinas (NA) comparte su entrada al medio, detalla su rutina de trabajo y opina sobre el panorama electoral 2023

“Una información real y con valor periodístico tiene que publicarse, más allá de la incomodidad que pueda generar. El periodismo no nace para ser amigo del poder”, comparte Mayra García sobre su sello de trabajo.

Se preocupa en ejercer un periodismo coherente y transparente, cubriendo el segmento política para diversos medios de comunicación.

Mayra se inició en la gráfica como pasante en la agencia Noticias Argentinas (NA) en diciembre del 2005. Luego, entre 2007 y 2013, estuvo acreditada en el Congreso Nacional, lo que comenzó a acercarla al mundo de la cobertura política.

“Al igual que en el resto de las secciones, es clave entablar vínculos con las fuentes y estar en el lugar de los hechos”, explica la protagonista a NEXOFIN, en el ciclo “Charlas de WhatsApp”.

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Hoy se encuentra como Jefa de Política de la mencionada agencia de noticias, y además está presente en radio con los programas Segunda Vuelta, por FM Milenium 106.7 (Martes de 23 a 24), y Sábado a la tarde, en la AM 750 (Sábados de 17 a 19).

Ese crecimiento profesional continúa firme, ya que se la puede observar desde el 2021 en la pantalla de IP Noticias como columnista política.

En diálogo con Nexofin, la periodista de IP Noticias, El Nueve y Jefa de Política en Noticias Argentinas (NA) comparte su entrada al medio, detalla su rutina de trabajo y opina sobre el panorama electoral 2023.

Nexofin (N): ¿Cómo fue tu entrada al periodismo?

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Mayra García (MG): Empecé en gráfica, en la agencia Noticias Argentinas (NA) como pasante en diciembre de 2005.

Al principio escribí en varias secciones y poco a poco me fui inclinando por la política.

Entre 2007 y 2013 fui acreditada en el Congreso Nacional y después pasé a la edición de la sección Política.

La experiencia en radio comenzó en 2016 y la televisión en 2021.

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N: Para quienes no te conocen, ¿cuáles serían tus pilares como profesional?

Siempre intento comunicar de manera simple, coherente y dejando de lado mis preferencias personales.

Guadalupe Regalzi y Mayra García en el programa Tarde a tarde (lunes a viernes de 17 a 20) por la pantalla de IP Noticias

N: Si hablamos de la carrera, ¿qué consejo le das a las personas que siguen la parte política?

Al igual que en el resto de las secciones, es clave entablar vínculos con las fuentes y estar en el lugar de los hechos.

En épocas en que todo se maneja por WhatsApp, es clave mantener las viejas costumbres y tratar cara a cara con los protagonistas.

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Noelia Barral Grigera, Sergio Olguín, Mayra García y La Bombonera

N: Hoy estás en la pantalla de IP Noticias, en Radio AM 750 y en Segunda Vuelta por FM Milenium 106.7, ¿cómo te organizas con la rutina?

De lunes a viernes arranco la jornada en la agencia NA y después voy al canal. Los martes, sumo radio en Milenium por la noche y en la 750 estoy los sábados.

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N: ¿Algún desafío pendiente a nivel laboral o personal?

Seguir sumando experiencias y que el periodismo me lleve por lugares inesperados, como hasta ahora.

N: Sos Jefa de Política en Noticias Argentinas, ¿consideras que el periodismo debe incomodar al poder?

Una información real y con valor periodístico tiene que publicarse, más allá de la incomodidad que pueda generar.

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El periodismo no nace para ser amigo del poder.

Mayra García, Mariano Casal y Jazmín Bullorini en Segunda Vuelta (martes de 23 a 24) por FM Milenium 106.7

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N: ¿Qué tema falta hoy en la agenda argentina?

Nos falta mucho en agenda ambiental, cambio climático. Entiendo que hay cuestiones más urgentes, pero se está perdiendo tiempo valioso.

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N: Comienza un año electoral, ¿cuál es tu proyección sobre el 2023?

Un año de campaña muy fuerte y una polarización difícil de superar. Final abierto.

N: Vamos con un pequeño ping-pong, ¿virtudes y defectos?

En cuanto al trabajo, diría resolutiva y ocurrente. El defecto es la procrastinación.

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N: ¿Club de fútbol?

Boca Juniors.

N: ¿El gol que más gritaste?

Por fuera del Mundial, los goles de Martín Palermo al Real Madrid en el 2000.

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N: ¿Una canción favorita?

La que quieras, no tengo una sola. Me gusta ahora la nueva de Miley Cirus – Flowers.

N: Para cerrar en un concepto, ¿Mayra García es…?

Una persona que trabaja para ser cada día mejor.

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Notas de Opinión

El Papa Francisco también se baja del barco K

El Pontífice hizo dos críticas durísimas al Gobierno. Señaló que la pobreza es del 52% y que la inflación es “impresionante”. Está quebrado su vínculo con Alberto y ya no se habla con Cristina

Columna publicada originalmente en Infobae

El link corrió como una centella por los smartphones de la Casa Rosada. Dentro del whatsapp, el título adelantaba la gravedad de la declaración.

No era el mejor momento. La Cumbre de la CELAC había sido un fiasco y el repudio extendido a los dictadores latinoamericanos empañaba la visita de Lula. El dólar pasaba los 384 pesos y ahora esta frase inesperada del Papa Francisco.

“En el año ´55, cuando terminé mi escuela secundaria, el nivel de pobreza era del 5%. Hoy la pobreza está en el 52% ¿Qué pasó? Mala administración, malas políticas. Argentina en este momento, y no hago política, solo leo los datos: tiene una inflación impresionante”.

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No era Mauricio Macri. No era Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich. No era Javier Milei. Era el Papa Francisco, el mejor aliado con el que habían contado Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el inicio de la gestión. El Pontífice les avisaba como para que entendieran: él también se bajaba del barco kirchnerista.

Te puede interesar: Dura crítica del papa Francisco a la política económica argentina: “La pobreza está en un 52%, ¿qué pasó?, mala administración, malas políticas”

El Presidente, el ministro de Economía, Sergio Massa, y la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz, recibieron la noticia de la frase papal en silencio, como si se tratara de una muerte. A uno de ellos le terminó brotando una respuesta, desencajada y argentina. “La puta madre que los parió…”.

A medida que llegaban los detalles, la cosa se ponía peor. No se trataba de un equívoco ni de una frase dicha a las apuradas.

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El Papa Francisco le había dado un extenso reportaje, el primero que concedía desde la muerte de su antecesor alemán Benedicto XVI, a la agencia estadounidense Associated Press. No es cualquier medio. Es la cooperativa periodística que financian los diarios, las radios y los canales de TV de EE.UU. En sus oficinas de Nueva York trabajan 3.300 empleados. Uno de ellos, la experimentada periodista Nicole Winfield, fue quien se sentó frente al Pontífice. Se conocían bien. Ella tiene más de veinte años como corresponsal en Roma y en el Vaticano. Y ha sido una investigadora implacable de los abusos sexuales en la Iglesia.

El Papa habló de la homosexualidad. “No es un delito”, dijo, y la frase recorrió el planeta. Habló de la paciencia que hay que tener con China y de cómo extraña las charlas con Benedicto cuando tiene un problema. Sabe que luego de su muerte, los obispos más conservadores ya no tienen obstáculos para atacarlo.

Pero las frases del Papa que preocupan al mundo no son las que preocupan a la Casa Rosada. Francisco agitó un número en la entrevista con AP que congeló a la mayoría de los ministros. Habló de la pobreza y precisó que “está en el 52%, ¿qué paso?”.

Todos los informes estadísticos serios sobre la pobreza en la Argentina señalan que, durante el 2022, ya ha cruzado el 50%. Pero esa cifra baja algunos puntos si se consideran los planes sociales. ¿A qué se refería el Papa entonces con el 52%?

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El Observatorio de la Deuda Social que administra la Universidad Católica Argentina es el que elabora el índice más riguroso junto con la medición oficial que hace el Indec. Ese informe calcula que la pobreza en la niñez ronda el 52%. Ese es el dato estremecedor que el Papa le transmitió al mundo. Dato que tiene un agravante. La pobreza infantil viene siempre de la mano de la desnutrición.

Daniel Arroyo: “El Papa tiene razón en todo”

“El Papa tiene razón en todo lo que dice y está apuntando al núcleo del problema argentino que es la extensión de la pobreza, sobre todo en las infancias. Ojalá que la pobreza ocupe el centro del debate en las próximas elecciones”, explica el diputado Daniel Arroyo ante la consulta de este periodista. Arroyo fue el ministro de Desarrollo Social durante la pandemia y es uno de los dirigentes que más ha investigado el tema de la pobreza. Su coincidencia con el Papa es una crítica al gobierno que integró.

La respuesta oficial a las frases del Papa no sorprendió a nadie. La vocera del Gobierno, Gabriela Cerruti, ensayó el argumento de estos tiempos en la gestión Fernández-Kirchner-Massa.

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“Yo leía recién lo que dijo (el Papa) y cuando dice que la política hizo que la economía estuviera como está, todos sabemos que es producto de los cuatro años del macrismo que estamos remontando. Porque, cuando pasa la derecha, sea Bolsonaro o Macri, lo que hace es tierra arrasada. Y el gobierno que vuelve tiene que reconstruir todo de nuevo. Argentina se despertó, y ya se puso en marcha la maquinaria para que estemos mejor”.

Es una asombrosa interpretación para un gobierno que tiene, al día de hoy y además de la pobreza infantil en el 52%, una inflación anual del 94,8% y una acumulada del 300% desde que comenzó la gestión en 2019. A once meses del final del mandato, Alberto y Cristina ya suman más inflación que la inflación total del período Macri (295,7%). “La inflación es auto construida; está en la cabeza de los argentinos”, ensayó esta semana el Presidente con pretensión psicológica, demostrando que su manejo del disparate se mantiene en contante superación.

Y un dato más que contradice la hipótesis Cerruti: las dos etapas con el índice más alto de pobreza fueron en 2002, con Eduardo Duhalde (52%) como presidente, y la actual que se aproxima en magnitud. Ambos son períodos administrados por el peronismo.

Claro que la reacción del Papa Francisco se entiende un poco más cuando se escarba en el desencuentro político entre el Jefe de la Iglesia Católica y el gobierno kirchnerista, al que respaldó en la campaña electoral de 2019 y al que acompañó con gestos inexcusables en los años siguientes. Bergoglio siempre recibió con sonrisas a Cristina, a los integrantes de La Cámpora y a la esposa del Presidente, Fabiola Yáñez. En cambio, siempre exhibió su rictus más amargo para las visitas de Macri y de su familia.

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Evidentemente, las cosas han cambiado para el Papa con la decadencia del Gobierno y el derrumbe de las cifras económicas. Hay que consignar cuatro cuestiones fundamentales.

1.- La relación del Papa Francisco con Alberto Fernández está en su peor momento. No le perdona al Presidente la sanción de la ley del Aborto. Y considera erradas dos de sus decisiones: la de haberle quitados fondos de la Coparticipación Federal a la Ciudad de Buenos Aires para dárselos a la Provincia, y la de atacar e intentar destituir a los miembros de la Corte Suprema. El Papa cree, además, que el Presidente muchas veces sobreactuó el vínculo con el Vaticano para obtener réditos políticos.

2.- También se ha deteriorado la relación del Papa Francisco con Cristina. Ya hace tiempo que no se hablan ni se encuentran.

3.- Tampoco es fraterna la relación del Papa Francisco con Sergio Massa, con quien nunca se reunió. Hay un cortocircuito de vieja data, que es el supuesto impulso político que el hoy ministro le habría dado al obispo de Zárate-Campana, Oscar Sarlinga, para que reemplazara a Bergoglio en el arzobispado de Buenos Aires. El Papa nunca se refirió públicamente a la cuestión.

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4.- Hay dos hombres de estrecha relación con el Papa Francisco que integraron el Gobierno, y que ahora ya no están. Gustavo Beliz, quien fue asesor estratégico del Presidente. Y Martín Guzmán, que fue ministro de Economía, y a quien el Pontífice le facilitó sus vínculos amables con la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, la búlgara Kristalina Georgieva. Con las ausencias de Beliz y de Guzmán, el canal de diálogo entre el Papa Francisco y el gobierno kirchnerista se reduce al formal de la Secretaría de Culto, y a operadores políticos de segunda línea.

En las últimas horas, los dirigentes de Juntos por el Cambio observaron con cautela el estallido entre el Papa Francisco y el gobierno kirchnerista. La evaluación primaria es que Bergoglio intenta ubicar a la Iglesia argentina en el centro de la escena con la crítica socio económica y más despegada de la gestión en decadencia de Alberto y Cristina. “Son los primeros movimientos ante la posibilidad de un cambio en el Gobierno”, asegura uno de los pocos dirigentes opositores que mantiene relación con Roma.

Es interesante la entrevista del Papa Francisco con Associated Press. Esta vez no repitió el error de igualar la situación de Rusia y Ucrania, como lo había hecho en reportajes anteriores. El aire de justificación a la invasión rusa que transmitieron sus palabras provocó críticas durísimas de los gobiernos de la Unión Europea, y también del propio presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski.

Esta vez, el Pontífice respondió en tono amable y a veces hasta relajado sobre las cuestiones más íntimas de su vida actual. Associated Press recuerda que el año pasado el Papa debió enfrentar una operación de la rodilla y la extirpación de 33 centímetros de sus intestinos. Son intervenciones siempre complicadas para un hombre de actividad intensa y 86 años.

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“Estoy bien de salud. Por la edad que tengo, estoy normal. Puedo morir mañana, pero vamos, está controlado”, bromeó, con la dosis de ironía que lo acompañó en toda su trayectoria.

Francisco también dejó en claro que, al menos por ahora, no hay indicio alguno de que vaya a viajar a la Argentina. “Por el momento no. Estuvo programado en 2017, Chile, Argentina y Uruguay. Noviembre, ¿qué pasó?. Bachelet terminaba su mandato y yo quería ir a visitar a Michelle. Lo pasamos a diciembre, pero caer en enero a Argentina, uno no encuentra ni al perro en la calle. Hicimos Chile y Perú, y después ya no se reprogramó más”. El Papa deja toda la sensación de que el no al reencuentro con su país de nacimiento parece definitivo.

La pobreza del 52% y la inflación “impresionante” no son las únicas referencias que el Papa ofrece sobre la Argentina. De repente, matiza la entrevista con una narración novelada. La cuenta casi como una parábola, de las que abundan en los Evangelios. Pero no. Es un relato sobre los argentinos.

“Los ángeles custodios de los países se fueron a quejar a Dios y le dijeron: `Fuiste injusto con nosotros porque a cada uno nos diste una riqueza, minería, agricultura, ganadería, y a los argentinos les diste todo. Tienen todas las riquezas´. Dicen que Dios pensó un poco, y dijo: `Para equilibrar les di a los argentinos…´. Que no se enojen, es un chiste. Yo soy argentino, pero algo de verdad hay. No terminamos de llevar adelante nuestras cosas”.

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Es un chiste, dice el Papa Francisco, a las audiencias de todo el planeta. Pero él sabe perfectamente que lo suyo no es un chiste. Es una descripción descarnada de los argentinos que hace el jefe espiritual de mil quinientos millones de personas. Algo de verdad hay, admite al final, el hombre que también nació en la Argentina y que lleva en su propia piel las marcas de una tierra surcada por las contradicciones.

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Notas de Opinión

¿Y si Steve Jobs hubiese abierto su empresa en Argentina?

Tenemos talentos incluso de la misma talla, pero nos sobra algo que nos tiene anclados: regulaciones, gobierno grande, sindicatos mafiosos y políticos que si ven a un emprendedor teniendo éxito lo castigan con impuestos, burocracias y leyes que frenan el progreso

Columna de opinión publicada originalmente en Infobae

En el libro “¡Crear o morir!” (2014), Andrés Oppenheimer se hizo una pregunta que casi una década más tarde sigue vigente: ¿por qué nos cuesta tanto que aparezcan individuos de la talla de Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Bill Gates en América Latina?

Tenemos talentos incluso de la misma talla, pero nos sobra algo que nos tiene anclados: regulaciones, gobierno grande, sindicatos mafiosos y políticos que si ven a un emprendedor teniendo éxito lo castigan con impuestos, burocracias y leyes que frenan el progreso.

Es la intervención del Estado en la economía la que limita la innovación, la creación de empleo y las mejoras en la calidad de vida de los argentinos. Poco podría haber logrado un Steve Jobs, por ejemplo, en países como Argentina, Venezuela o muchos de los países que se suman a las filas del gobierno grande en América Latina. Porque abrir una empresa en el garaje de tu casa es ilegal y cada día se hace más complicado ahorrar dinero para invertirlo en un país donde abunda la inflación y falta la seguridad jurídica. La pregunta es la siguiente: ¿cuánto talento, empleo y éxito nos estaremos perdiendo?

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Dicho esto, queda claro que la prosperidad de una economía no depende de sus recursos naturales, pero sí de la educación de calidad, de la apertura al mundo y al comercio internacional, de sus científicos, de sus emprendedores (desde las pequeñas y medianas empresas hasta las más grandes) e incluso de sus niveles de transparencia y la necesaria división de poderes para limitar la aparición de caudillos mesiánicos de todo tinte político.

Pero primero nos toca entender la figura del empresario o emprendedor. Una figura extremadamente demonizada a lo largo de mundo y de manera injusta. Para lograr entenderlo vamos a tener que identificar y distinguir a los actores del juego.

Esa demonización suele suceder debido a un personaje específico: el falso empresario, “empresaurio” o amigote del poder que consigue beneficios y privilegios dentro de un mercado regulado gracias a las políticas proteccionistas y que se encuentra en las antípodas del libre mercado. Estos sujetos se benefician de que al consumidor le cueste todo más caro y tenga una calidad cada vez peor de los productos que consume, mientras le venden el cuento del “precio justo”.

Pero ahora hablemos de los empresarios reales, los que hacen las cosas bien. Un empresario o un emprendedor puede ser el ferretero, la panadera, la dueña del mercado de la zona, el quiosquero, etc. Son aquellas personas que gestionan un negocio, una compañía (de cualquier tipo y tamaño) y buscan beneficios económicos por medio del esfuerzo, el trabajo y la dedicación. A su vez, generan empleo para otras personas que también trabajan en su negocio.

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Los empresarios, los emprendedores, son los actores clave de las sociedades productivas, innovadoras y ricas. Por castigarlos como los castigamos en Argentina nos va como nos va, y es una lástima porque los argentinos tenemos todo para ser un país exitoso, próspero y con crecimiento económico.

En un entorno libre y sano, serán cada vez más las personas que abran sus propias empresas y tengan mayores oportunidades para seguir creciendo en su vida profesional, cumpliendo sus propias metas y apostando por la dignidad humana.

Pero ahora te invito un rato a que repasemos las más espectaculares invenciones de la historia (y ya te cuento para qué): en 1450 se inventó la imprenta; en 1590, el microscopio; en 1592, el termómetro; en 1712, el motor a vapor; en 1755, el inodoro; en 1760, las gafas; en 1796, las vacunas; en 1799, la anestesia; en 1800, la pila; en 1826, las cámaras fotográficas; en 1830, la locomotora de vapor; en 1834, la heladera; en 1837, el telégrafo; en 1855, el condón; en 1879, la bombilla eléctrica; en 1886, la Coca-Cola; en 1896, la radio; en 1897, la aspirina; en 1902, una idea de aire acondicionado; en 1912, los semáforos; en 1928, la penicilina; en 1929, la televisión; en 1945, el horno microondas; en 1950, la tarjeta de crédito y el control remoto; en 1960, el láser; en 1967, el disquete; en 1969, internet; en 1971, el e-mail; en 1973, el GPS; en 1975, el sistema Microsoft; en 1976, el VHS; en 1979, el disco compacto; en 1983, el móvil Motorola; en 1990, el servidor web www; en 1995, el MSN Messenger; en 1996, el Motorola StarTac; en 1998, Google; en 1999, el wifi; en 2001, el iPod; en 2003, Skype; en 2004, Facebook; en 2005, YouTube; en 2007, el iPhone; en 2009, WhatsApp y Uber; en 2010, Instagram, y así podemos pasar páginas y páginas.

Todos estos productos fueron inventados en su momento en países abiertos al comercio, al intercambio y la libertad económica, como Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Escocia o Francia, o por ciudadanos del mundo que lo lograron en aquellos países donde tuvieron que migrar debido a las políticas opresivas de sus Gobiernos intervencionistas. Tenemos todo lo que tenemos gracias a los emprendedores, no gracias al socialismo, al peronismo o al sindicalismo mafioso y dinástico.

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Hoy nos toca entender que ser empresario no es malo. Ser empresario está bien. Ser empresario es sano. Lo que no es sano es pretender robar a otros, repartir dinero ajeno, jugar con el bolsillo y el futuro de las personas, destruir sus incentivos a costa de llenar los bolsillos políticos o incluso decir que la inflación está en la cabeza de la gente.

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