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Sociedad

Anita, la joven montonera que asesinó al jefe de Policía

Hace 46 años, Anita González, de sólo 20 años, cometió uno de los crímenes más escalofriantes de Montoneros. La sangre fría cuando contó los detalles de la voladura del general de Brigada Cesáreo Ángel Cardozo aún causa escozor: “Pongo el caño bajo la cama, me retiro y a los pocos pasos me doy cuenta que lo había puesto demasiado abajo. Vuelvo, lo coloco a la altura de la cabeza”.

Montoneros usó otra de sus bombas vietnamitas para matar al jefe de la Policía Federal, el general de brigada Cesáreo Ángel Cardozo, de cincuenta años, mientras dormía en el departamento familiar de la calle Zabala 1762, en el barrio de Belgrano, la madrugada del viernes 18 de junio de 1976, cuarenta y seis años atrás.

Eso fue dos semanas antes de la masacre en el comedor de la Policía Federal, el atentado más sangriento de los 70 con veintitrés muertos y ciento diez heridos.

La bomba estalló debajo de la cama de Cardozo: setecientos gramos de trotyl reforzados con decenas de postas de acero, que, accionados por un mecanismo de retardo de relojería, destruyeron el dormitorio matrimonial y cubrieron el techo con la sangre y las vísceras de la víctima, como aún recuerdan quienes vieron aquella escena.

A la 1 y 36 de la madrugada, Susana Rivas Espora debía estar durmiendo junto a su esposo, pero, por suerte para ella, se había quedado charlando en el living con su mamá, que había ido a visitarlos al departamento B del segundo piso de un edificio típico de Belgrano, donde vivían otros militares con sus familias.

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El general de Brigada Cesáreo Cardozo, jefe de la Policía Federal en 1976, asesinado por Ana María González, de Montoneros.

La mujer de Cardozo salvó su vida, aunque fue herida porque la onda expansiva y las bolas de acero afectaron a toda la vivienda. Por ejemplo, derrumbaron la pared divisoria del dormitorio principal con la habitación de la hija menor, de doce años, que sufrió lesiones leves.

No hubo que investigar demasiado para saber qué había pasado. La hija mayor del matrimonio Cardozo, María Graciela, de diecinueve años, comprendió de inmediato quién había enganchado la bomba al elástico de la cama de su papá.

—¡Nos traicionó! ¡Nos traicionó! —gritaba en estado de shock, según los primeros vecinos que se acercaron a consolarlos.

Chela Cardozo se refería a Anita, Ana María González, una compañera de estudios del segundo y último año de la Escuela Normal Número 10 “Juan Bautista Alberdi”, de quien se había hecho muy amiga en los últimos dos meses y medio.

Tan amigas eran que la tarde del día anterior, el jueves 17 de junio, habían estudiado juntas en el living del departamento con otras dos futuras maestras del Normal 10, como sigue siendo conocido ese tradicional colegio de Belgrano, ubicado a catorce cuadras de la vivienda del jefe de la Policía Federal.

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Anita González, de veinte años, contó luego cómo fue el atentado que de repente, como en un pase de magia, la convirtió en uno de los rostros más conocidos y buscados del país.

“Voy primero al baño —explicó—, acciono el mecanismo; voy a la pieza de los padres, pongo el caño bajo la cama, me retiro y a los pocos pasos me doy cuenta que lo había puesto demasiado abajo. Vuelvo, lo coloco a la altura de la cabeza y entonces voy y le digo a María Graciela que me sentía muy mal, que me iba a ir a casa. Completo algunos dibujos, les pido que me los lleven al otro día, y me marcho”.

La excusa que había encontrado la joven montonera para levantarse brevemente de la mesa del living fue que tenía que hablar por teléfono en privado. Sus amigas no desconfiaron porque conocían sus frecuentes peleas con el novio y su delicada situación familiar, derivada seguramente de la separación de sus padres, como ella les contaba casi todos los días.

En una conferencia de prensa clandestina con medios internacionales organizada al mes siguiente, González detalló que en el departamento de Cardozo había dos aparatos de teléfono y que uno, el más reservado, estaba en el dormitorio de los padres. Y que ya había hecho la prueba de hablar desde allí.

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El brutal crimen, en los medios de la época. A pesar de la censura de la dictadura, tuvo amplia difusión, lo que buscaba Montoneros con este tipo de acciones

Por eso, estaba segura de que esa excusa funcionaría nuevamente cuando, “a una hora más o menos razonable, en la que ya, probablemente, podrían volver el padre o la madre (eran las siete menos veinte de la tarde), pido permiso para hablar por teléfono”.

El corresponsal de la revista española Cambio 16, Francisco Cerecedo, describió a la joven montonera en su primera salida a la luz pública: “Hermosa, de dulce voz y sonriente, con medias blancas y anorak rojo de colegiala, es, desde hace un mes y medio, el enemigo público número uno de la policía argentina”.

En esa conferencia de prensa, González apareció al lado del comandante Horacio Mendizábal, Hernán, jefe del llamado Ejército Montonero, formado el año anterior, en 1975, en plena democracia peronista, durante el gobierno de Isabel Perón, la viuda del fundador de ese movimiento.

Para unos, Ana María González era el símbolo estridente de la locura terrorista que envenenaba a tantos jóvenes; para otros —los guerrilleros y sus simpatizantes— Anita era una heroína: se había metido en la casa del enemigo y lo había ajusticiado en nombre de las víctimas de Cardozo y de otros tantos como él.

Anita González explicó también cómo hizo para transportar la bomba el día en que, según habían acordado la semana anterior, las cuatro chicas que formaban uno de los grupos de estudios del segundo año del Normal 10 debían reunirse en la casa de la víctima para realizar un trabajo práctico.

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“Ese día —contó— voy al colegio tarde, ya con el explosivo en mi cartera, y, como de costumbre, los guardaespaldas de María Graciela nos llevan a todas juntas a la casa en el Ford Falcon con sirena, sus metralletas y escopetas, custodiándonos el cañito”.

No era una bomba que llamara tanto la atención: un cilindro de unos quince centímetros de diámetro por tres centímetros y medio de altura, camuflada dentro de una caja de colonia marca Crandall para que pareciera un regalo para el Día del Padre —se celebraba el domingo siguiente, a los dos días— por las dudas alguien descubriera el paquete.

Los peritos de Bomberos lograron encontrar el pedazo de hierro que le permitió a Anita enganchar la bomba a la cama del general, así como también restos de una cuerda y de la esfera del reloj pulsera y de la pila de un voltio y medio utilizados en el armado de la bomba.

Anita, la guerrillera que a los 20 años contó con total sangre fría cómo se hizo amiga de la hija de Cardozo y lo asesinó.

El asesinato de Cardozo cuando dormía en su vivienda familiar, la capacidad operativa de Montoneros y la sangre fría de Anita González, que a los 20 años había fingido amistad con la hija del general, su compañera del colegio, solamente para matarlo, provocaron una verdadera conmoción en la opinión pública.

Era una dictadura, había censura de prensa y los periodistas se arriesgaban a la “reclusión de hasta 10 años” para “aquél que difundiera, divulgare o propagara noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad” de los militares o policías, según el comunicado número 19 de la junta militar emitido el mismo día del golpe, el 24 de marzo de 1976.

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Pero, la “Operación Cardozo” —como González denominó al atentado— atravesaba cualquier intento de censura; se contaba sola. Así lo explicó la propia autora al evaluar las razones del atentado: “Vimos como muy importante para el fortalecimiento de la moral de los compañeros una operación de este tipo. En ese momento veníamos sufriendo diversas pérdidas y, si bien nuestras acciones militares existían y eran eficientes, no trascendían mucho por el bloqueo de la prensa por parte del enemigo. Con una operación de este tipo no habría problemas de propaganda porque iba a trascender a la opinión pública irremediablemente. Y, por otro lado, el objetivo era claro: eliminar al jefe de la policía no tenía ningún tipo de vuelta”.

En la conferencia de prensa, Cerecedo, el periodista de Cambio 16, le preguntó sobre una de las aristas que había añadido un fuerte dramatismo a la operación: la amistad “entre la ejecutora del atentado y la hija de la víctima”.

La cúpula de Montoneros. A la izquierda, el comandante Mendizábal, que acompañó a Anita en la conferencia de prensa clandestina donde contó cómo mató a Cardozo

“Ana María González —escribió el corresponsal— se justifica, implacable: “Me tocó uno de los peores sacrificios de un militante: convivir con el odiado enemigo. Durante un mes y medio tuve que frecuentar la casa de Cardozo como compañera de estudios de su hija, mientras él mismo dirigía el secuestro, tortura y asesinatos de decenas de compañeros. Debí compartir su mesa y soportar con una sonrisa sus comentarios cada vez que era asesinado un hombre del pueblo”.

Cerecedo insistió: ¿cómo era el general Cardozo en la intimidad? La respuesta fue que, en realidad, no había tenido muchas posibilidades de hablar con él. “La relación era muy superficial”. Y agregó, por un lado, que “las veces que hablamos en la mesa, todos reunidos, se tocaban los temas de las torturas y los refinados métodos que tenían ahora, y afirmaba que los guerrilleros no tenían ninguna razón por la cual hacer esto y que simplemente lo hacían porque no tenían otra cosa que hacer con sus vidas, lo cual demostraba la solidez de los policías, que luchaban por mantener las instituciones, la familia y demás, con lo cual se justificaban sus métodos de tortura”.

En cuanto a la relación particular de Cardozo con ella, la joven guerrillera admitió que “era muy buena; me quería mucho; me regalaba entradas para ir al teatro… Por lo demás, no estaba mucho en casa y, cuando estaba, veía la televisión o dormía”.

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*Periodista y escritor, extraído de su último libro Masacre en el comedor.

Columna publicada originalmente en Infobae 

Salud

Cómo elaborar un spray aromatizante con tres ingredientes

Cómo perfumar y desinfectar tus ambientes con este preparado

Si querés hacer tu propio spray aromatizante para tus mantas, sillones y almohadones, y que queden con un aroma agradable después de que hacés la limpieza de rutina, tomá nota.

Para este procedimiento necesitas tres ingredientes; uno de ellos es el bicarbonato de sodio, uno de los mejores y menos costosos agentes de limpieza y blanqueamiento.

El bicarbonato va a ayudar a que se absorban los olores desagradables y funcionará como una barrera contra bacterias. Debido a la presencia de patógenos es probable que en ocasiones las prendas se impregnen de olores, por eso es importante apostar por limpiadores frescos que ayuden en la conservación de aromas.

Necesitarás:

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– 4 cucharadas de bicarbonato de sodio

– 100 ml de suavizante de ropa

– Agua

Paso a paso:

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– Calentá el agua y agregá el bicarbonato, dejá que se disuelva y apagá

– Agregá el suavizante y mezclá bien

– Permití que la mezcla se enfríe

– Vertí en un atomizador

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– Agitá bien antes de usar y rocía los muebles, ropa de cama y prendas

Fuente: Viviendo en casa

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Salud

Cómo recuperar la forma de tu almohada

Trucos para mantenerla en buen estado por más tiempo

Tener una almohada cómoda es indispensable. Si no le prestamos suficiente atención, pueden perder su forma original, lucir planas y dejar de ser confortables.

Su período de vida útil es más corto que el de los colchones, por ello, se recomienda reemplazarlas cada uno o dos años para garantizar el apoyo adecuado a la cabeza. También debe cambiarse si despertás con dolor de cuello o no encontrás una posición cómoda.

Por otra parte, conviene lavarla por lo menos dos o tres veces al año para mantenerla lo más limpias posibles y porque acumula gran cantidad de alérgenos como los ácaros del polvo, hongos, moho y caspa de mascotas si es que se duermen con nosotros, favoreciendo la presencia de alergias durante la noche.

Otra manera de saber que es momento de cambiarla  es cuando posee un tono amarillento, ya que esas manchas no son de viejas, sino de una acumulación de aceites del rostro y el pelo, sudor, baba y suciedad que se filtra a través de las fundas.

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Si aún se encuentra en buen estado, pero luce más planas que rellenitas, vale la pena que apliques dos trucos sencillos para esponjarla y recuperar su forma.

1. Llevala al sol para de que le pegue de manera directa al menos durante tres horas, esto ayudará a eliminar bacterias, ácaros y evaporar la humedad que guarda e impide mantener su forma esponjosa.

2. Rociá un poco de bicarbonato de sodio sobre ella para que absorba los malos olores y exceso de humedad, dejalo reposar durante cuatro horas y limpiá con un trapo de microfibra.

Por último, tomá el extremo de tu almohada, estirá y contraé para esponjar su relleno, da unas palmadas por ambos lados para acomodarla y listo.

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Fuente: Salud 180

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Salud

Formas de descansar la mente después de un día agitado

Técnicas que ayudan a frenar un poco los pensamientos y el estrés

El estrés del día a día puede afectarnos a nivel cotidiano debido al desgaste. Si no podés dejar de pensar en las cosas que le abruman por más que quieras, algunas técnicas para descansar la mente pueden ayudarte.

Ver un punto fijo

La vista es uno de los sentidos predominantes que tenemos y para poder pensar necesitamos del movimiento ocular. Fijar tu vista en un punto u objeto desactiva el tren del pensamiento que tenemos. Las imágenes con ilusiones ópticas también son buenos distractores para la mente.

Escuchar ruido blanco

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Hacerlo a un volumen alto. Este tipo de sonidos relajan el sistema nervioso y el estado de alarma que experimenta el cuerpo cuando hay estrés o algún tipo de emoción negativa.

Meditar

Junto con el yoga y terapias de relajación, son buenas alternativas para pausar la mente cuando está demasiado descarrilada. Relajar el cuerpo ayuda
a que la mente deje de sentir tanta precisión y viceversa, la aromaterapia es también un relajante que distrae los pensamientos por medio de los sentidos.

Tomar un baño caliente

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El agua tiene propiedades que ningún otro elemento puede darnos y también ayuda a que fluyan mejor las ideas.

Escuchar música

Tiene propiedades relajantes, ayuda a no escuchar tus propios pensamientos y dejar de abrumarte por ellos aunque sea un momento. Las melodías calmadas o las alegres son las mejores opciones para tu bienestar mental.

Fuente: Soy aire

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