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Notas de Opinión

El cuestionado jefe de la PSA llegó al cargo de la mano de Cristóbal López

El desempeño de la institución durante el escándalo del avión iraní la dejó muy mal parada y especialmente a su jefe, el ultra kirchnerista Juan Glansky, quien siendo un desconocido logró desembarcar en ese cargo gracias a sus vínculos con el empresario

Columna publicada originalmente en MDZ

En el mundo de las fuerzas de seguridad se suele mirar con cierto prejuicio a la PSA luego de la reestructuración que impulsaron en la década anterior Daniel Sain y German Montenegro. Muchos consideran que se trata de una fuerza cooptada por el kirchnerismo. Y encima la Policía de Seguridad Aeroportuaria quedó muy mal parada este fin de semana por su desidia frente al arribo del misterioso avión iraní.

Claro que en esta oportunidad la fuerza ni siquiera está conducida por expertos, discutibles o no por su ideología, sino por un funcionario con una trayectoria de cabotaje y que logró llegar a ese cargo por Sain, pero fundamentalmente por el influyente Cristóbal López.

Jose Glinsky es oriundo de Comodoro, ultrakirchnerista y militante de una agrupación local muy cercana a La Cámpora. Es politólogo de la UBA y su único acercamiento a la seguridad fue cuando el gobernador de Chubut, Martín Buzzi, lo nombró al frente de esa área en medio de un largo conflicto salarial con las fuerzas policiales.

Cuentan voceros políticos chubutenses que su gestión fue mediocre, terminó peleado con el gobernador y dejó el cargo. Luego Sain lo convocó a la primera etapa de la PSA sin sobresalir, ni adquirir gran experiencia. Luego estuvo varios años en el sector privado donde fue construyendo un vínculo cercano a su comprovinciano Cristóbal, según fuentes de la provincia.

Su padrino político e impulsor en los negocios del dueño de C5N y Radio 10 fue el entonces senador Héctor Luenzo, alineado con el fallecido Mario Das Neves, exgobernador chubutense. Si bien Luenzo es de Azul, realizó en Comodoro una extensa trayectoria periodística donde además trabajó como gerente de Contenidos del canal C5N local de López. Paulatinamente lo fue incorporando a esa profesión al actual jefe de la PSA. Incluso Cristóbal le compro la FM 100,1 que dirigió hasta que se la transfirió a Glonsky, transformándose en director de esa emisora. Algunas versiones indican que la radio terminó siendo propiedad del funcionario. Dato que nunca se pudo comprobar fehacientemente.

Cuando el Frente de Todos llegó al Gobierno a fines de 2019 la conducción de la PSA aparecía vacante y entonces Glinsky recurrió a sus contactos con Cristóbal y Sain. Pero el magnate K tuvo más capacidad dé lobby. En primer lugar logró colocar a un joven también de Comodoro como vicejefe de asesores del presidente Alberto Fernández. Julián Leunda, quien trabajaba en el Grupo Indalo, ya conocía al jefe de Estado por la relación profesional que mantenía con su jefe. Así que entre Cristóbal y Leuda lograron que el desconocido Glansky fuera nombrado como jefe de la PSA, hoy cuestionada por la falta de controles de la tripulación del avión iraní.

Notas de Opinión

Fuerte malestar contra Manes por negociar con el candidato kirchnerista de Chubut

La dirigencia de Juntos por el Cambio va a elevar su repudio a la Mesa Nacional contra el político por estar haciendo un acuerdo electoral con Juan Carlos Luque, intendente de Comodoro Rivadavia

Columna publicada originalmente en MDZ

Los principales referentes de Juntos por el Cambio de Chubut preparan un comunicado para repudiar las negociaciones de Facundo Manes con el precandidato a gobernador del kirchnerismo, Juan Pablo Luque, intendente de Comodoro Rivadavia. El malestar en la coalición opositora es de tal magnitud que también van a firmar intendentes del radicalismo y piensan elevar el repudio a la Mesa Nacional de JxC.

De acuerdo a la información que maneja la dirigencia local, Manes está negociando un acuerdo con miras al año próximo entre peronistas y radicales para impulsar la postulación a gobernador del jefe comunal de Comodoro. “Quiere implementar una experiencia política en la provincia creando un frente entre peronistas y radicales sobre la base de su vínculo con Luque”, comentan a MDZ voceros de JxC de Chubut.

Agregan que en los últimos días el médico estuvo reunido con el intendente K para analizar la puesta en marcha de esta audaz movida que puede sacudir el tablero provincial y generar una crisis nacional en la coalición opositora.

El otro dato que destacan es el convenio que existe entre la Fundación Ineco y la Agencia de Desarrollo Económico del municipio de Comodoro Rivadavia que significa una gasto de 5 millones de pesos por mes de los contribuyentes.

El repudio contra Manes va a ser avalado por los presidentes de la UCR, Damian Biss, además intendente de Rawson, y el del PRO, el senador nacional Ignacio Torres. También otros intendentes y legisladores. Torres viene de ganarle al kirchnerismo en las elecciones legislativas del año pasado y aparece como el candidato natural a la Gobernación. El joven legislador amarillo ya había polemizado con Manes en marzo.

En su entorno dicen que “la pelea tiene que ver con que la fundación de Manes tiene un convenio con el municipio de Comodoro Rivadavia que es el candidato del Frente de Todos y en plena campaña le levantó la mano al candidato local del oficialismo. Nos molesta que en Chubut juega con el FdT”. “Ahora es mucho más grave porque es diputado nacional y su hermano presidente de la Convención Nacional de la UCR”, agregan.

En el PRO están convencidos que el médico radical tiene fobia contra ese espacio político y “está dispuesto a romper JxC porque lo convencieron de una inminente fractura en el Frente de Todos”. Además, se opone a la conformación de fórmulas mixtas entre ambos partidos, por eso plantea qué hay que acordar con sectores del peronismo. La cuestión es cómo va a reaccionar la conducción de la UCR que lidera Gerardo Morales cuando llegue el repudio chubutense a la Mesa Nacional de la coalición opositora. Una interna que pondrá a prueba una vez más a Juntos por el Cambio en momentos de tensión política.

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Notas de Opinión

Los gobernadores le pegan a Alberto Fernández para negociar con Cristina Kirchner

El declive de la autoridad presidencial, la cercanía de las elecciones y sobre todo el hecho de que nadie más puede hacerlo, obligan a la Vicepresidenta a tratar de ordenar el despiole en que está sumido el peronismo. Cómo lo hará, es un misterio

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Cristina Kirchner habló de más en las últimas semanas. Y al hacerlo se involucró en demasiados problemas: la inflación, las importaciones, los planes sociales, el gas, etc.

El resto del peronismo calla demasiado. No se sabe qué opina sobre casi nada, solo saca la cabeza de la arena para quejarse de Alberto Fernández, y advertir que a él tampoco le alcanza la plata, como dejaron en claro en la reunión de la Liga de Gobernadores en el Chaco estos últimos días.

Estas dos conductas tan distintas convergen de todos modos detrás de una misma idea: el partido oficial está buscando cómo evitar una crisis más aguda antes de los comicios, o que si las cosas empeoran, no se le carguen en sus espaldas y se evite una ruptura del Frente de Todos, las dos condiciones para que pueda salvar la ropa en 2023. Y lo hace a costa de Alberto, claro, porque el Presidente se compró todos los números en la lotería de las responsabilidades por la decepción ciudadana.

El histrionismo con que disimula los miedos que la persiguen llevó a Cristina, el Día de la Bandera, a quemar etapas y exponer su juego: su objetivo número uno, ahora quedó bien a la luz, es aislar a lo que queda del “albertismo”, que en el provincia de Buenos Aires es básicamente el Movimiento Evita; lo que, enfocado en el manejo de los planes sociales, le sirve también para su objetivo número dos, acercarse a los intendentes y gobernadores para acordar la continuidad del FdeT, cuya unidad, dijo, nunca quiso poner en riesgo. Serían ellos, los jefes territoriales pejotistas, los beneficiarios directos de este curioso “regreso a Perón y Evita” que Cristina propone, y que en esencia consiste en eliminar intermediarios molestos en la repartija del dinero con que se compran millones y millones de votos de los ciudadanos más postergados.

Como hay pocos recursos y habrá menos cargos que los que se renuevan, los lugares en las listas y la distribución del dinero van a ser dos temas álgidos para el oficialismo. Cristina se adelantó y fijó su posición de máxima a este respecto, con miras a ordenar el tablero de la disputa.

Ahora bien: puede que, como le sucedió con su ofensiva contra Martín Guzmán, quede un poco pedaleando en el aire, si Alberto logra insistir en su inmovilismo. En el caso de los planes, además, no es claro que el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, quiera o pueda hacer otra cosa que mantener el equilibrio entre tirios y troyanos. Así que tal vez lo único que vaya a resultar de este juego de presiones sea más discriminación contra la izquierda: el Polo Obrero probablemente pierda hasta el último de sus planes, que serán utilizados para calmar la voracidad de las facciones internas del oficialismo, y las calles de Buenos Aires se volverán entonces un infierno. Problema de Larreta.

Pero puede que nada de esto sea tan importante para la señora. Lo fundamental es despertar expectativas en una dirigencia pejotista que tiene cada vez más claro que Alberto no puede atender sus intereses, y va a poder hacerlo cada vez menos. Así que Cristina les abre sus brazos, los invita a preservar la unidad, pero en sus términos. Tiene su lógica.

Y es muy oportuno, además, porque esa dirigencia peronista viene acelerando el cronograma electoral, y acercando momentos de definición en los que va a necesitar la buena voluntad de Cristina.

Al desdoblar las elecciones distritales, los gobernadores apuntan a despegarse de la suerte del gobierno de los Fernández. Pero saben que adelantar sus reelecciones, o la elección de sus delfines, aunque les permite desligarse de Fernández Alberto, no alcanza para hacer lo mismo con Fernández Cristina. Porque ella tiene, a diferencia del Presidente, gente en todos lados, que no pesa lo suficiente para ganar ningún distrito, o casi ninguno, pero le sobra para amenazar o impedir que ganen ellos. Si la vice decidiera presentar candidatos propios, pondría en riesgo la reelección de muchos gobernadores e intendentes. Ni Alberto ni Sergio Massa pueden hacer algo parecido. Por eso ella tiene una oferta tentadora que hacerles a esos caudillos peronistas, mientras que los otros dos protagonistas nacionales del FdeT no tienen al respecto ni voz ni voto.

Sumarle la plata de los pobres a esta oferta electoral es simplemente agregarle un estímulo monetario a la fórmula cooperativa que todos saben es la que más les conviene. Aún en un escenario en que siga en la incertidumbre por bastante tiempo más cómo encarará el peronismo las elecciones nacionales.

Esta oferta electoral va de la mano de un planteo económico que es bastante menos sensato, pero que a falta de otro mejor tal vez también la dirigencia peronista reciba con beneplácito, o al menos silenciosa tolerancia: la idea de cerrar los vasos comunicantes de la economía nacional con el mundo, para postergar lo más posible la crisis devaluatoria que se ha venido gestando. Guzmán, Miguel Pesce y Alberto creen poder hacerlo con la ayuda del Fondo, y Cristina, con algo de razón, piensa que no, y que con ese plan los costos inmediatos para el nivel de actividad y el consumo son demasiado altos para permitir la supervivencia electoral del modelo. Así que propone una receta que en pocas palabras consiste en radicalizar la autarquía: endurecer el cepo, reducir al mínimo las importaciones, etc.

El factótum ideológico de esta fórmula es sin duda Axel Kicillof. Y podría ser también su vocero y su candidato, si no fuera porque está por el piso en las encuestas. El milagro que Kicillof protagonizó en 2015, recorriendo la provincia de Buenos Aires y seduciendo a las madres del distrito con su imagen de yerno ideal es difícil que se repita. Así que hay que esperar: si Kicillof no repunta, y no aparece ningún otro, tal vez Cristina se resigne a ser ella misma.

Lo importante a destacar es que Cristina ya tiene el guión de la campaña: consiste en radicalizar sus ideas de siempre. Y tiene la estructura organizativa y la plata: se las piensa arrebatar a Alberto. Solo le falta el candidato, y alguno va a aparecer.

¿Tiene alguna chance de éxito esa estrategia? Si se sigue polarizando la escena, podría tenerla. La vice imagina una situación como la que benefició a Gabriel Boric en Chile y a Gustavo Petro en Colombia: una polarización extrema, en que la única alternativa a la izquierda sea una derecha desbocada, que reduzca al mínimo el estándar de sensatez requerido para competir. Una derecha como la que aquí promueve Javier Milei, y a veces celebran Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La vice imagina que si esos fueran sus contendientes, y ningún moderado pudiera movilizar el mayoritario voto centrista, la elección se volvería una lotería, que puede terminar ganando cualquiera. Y a Cristina esas escenas dramáticas, agonísticas diría ella, le encantan.

Claro que existen algunas notables diferencias entre la situación argentina y la chilena, o la colombiana. En primer lugar, nuestro centro político no se ha pulverizado, aún. Aunque a veces Macri o Bullrich coqueteen con la derecha más zarpada están en una coalición que es predominantemente centrista, y lo saben.

Lo importante a destacar es que Cristina ya tiene el guión de la campaña: consiste en radicalizar sus ideas de siempre. Y tiene la estructura organizativa y la plata: se las piensa arrebatar a Alberto. Solo le falta el candidato, y alguno va a aparecer.

¿Tiene alguna chance de éxito esa estrategia? Si se sigue polarizando la escena, podría tenerla. La vice imagina una situación como la que benefició a Gabriel Boric en Chile y a Gustavo Petro en Colombia: una polarización extrema, en que la única alternativa a la izquierda sea una derecha desbocada, que reduzca al mínimo el estándar de sensatez requerido para competir. Una derecha como la que aquí promueve Javier Milei, y a veces celebran Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La vice imagina que si esos fueran sus contendientes, y ningún moderado pudiera movilizar el mayoritario voto centrista, la elección se volvería una lotería, que puede terminar ganando cualquiera. Y a Cristina esas escenas dramáticas, agonísticas diría ella, le encantan.

Claro que existen algunas notables diferencias entre la situación argentina y la chilena, o la colombiana. En primer lugar, nuestro centro político no se ha pulverizado, aún. Aunque a veces Macri o Bullrich coqueteen con la derecha más zarpada están en una coalición que es predominantemente centrista, y lo saben.

Lo que deja en claro dónde buscará refugio, si su opción por la polarización extrema no funciona, si no logra promover la candidatura de Kicillof ni la suya, y tiene que resignarse a un oportuno repliegue: ¡resistir es combatir!, ya se pueden escuchar sus llamados a oponerse a cualquier cambio, el que sea, y puede que esta vez tenga bastantes más caciques peronistas territoriales, sindicales y sociales a su lado, si estos no reciben una propuesta mejor.

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Notas de Opinión

Larreta hace casting de vecinos y Cristina dice buscar evasores aunque los tiene cerca

El jefe de gobierno porteño se pone en la línea de llamar la atención. Pero Cristina luce insuperable en eso.

Al alcalde porteño se le ocurren ideas curiosas. O mejor sería decir: hace suyas ideas curiosas. Ahora, para competirle a Javier Milei y sus denuncias contra la casta política, lanzó uncasting de vecinos para que se postulen como candidatos en 2023. Es un concurso al que puede subirse cualquiera. Te anotás, te llaman y si tenés suerte y contestás bien algunas preguntas, por ahí colás entre los finalistas. Buen sueldo, mejor que plan.

Pero a no salir corriendo: se trata de sólo unos pocos cargos. De importancia, cuatro para legisladores y un par para comuneros, que son algo así como vigiladores de árboles caídos, veredas rotas y baches en los barrios. Antes, será obligatorio aprobar un curso abreviado de adoctrinamiento.

Este miércoles, Larreta mandó la convocatoria, que mantuvo en secreto. Llenaron la Ciudad de afiches que nos preguntan: ¿te votarías? La ocurrencia fue de Emmanuel Ferrario, vicepresidente de la Legislatura y ya parte del círculo íntimo de Larreta. Raro en Larreta, un tipo que se preparó toda la vida para ser presidente y busca candidatos que no tienen 15 minutos de política.

Ferrario vio o alguien le contó que vio en Francia al partido del presidente Macron hacer una cosa así. A Macron, como sabemos, bien del todo no le fue. Macri salió a apoyar con entusiasmo el plan, al que llaman de listas abiertas. Si esto es renovación, tal vez sea prudente dejar las cosas como están.

En el Pro lo imaginan como una forma de canalizar el enojo de la sociedad con los políticos, que cantan claro las encuestas. Dato: al año del que se vayan todos en 2001, una idea parecida llegó a América TV, que sacó El candidato de la Gente. Un reality que aspiraba a consagrar a su ganador como cabeza de una lista a diputados. Terminó en un fracaso.

Salir a la calle a buscar candidatos suena más a marketing liviano que a cambio en serio. Con su reparto de plata, Milei sigue haciendo un mejor populismo. Larreta se pone en la línea de llamar la atención. Pero la verdad es que Cristina luce insuperable en esa materia. Sólo le falta hablar mal de las jubilaciones sin dejar de cobrar sus tres millones de pesos mensuales. Paciencia. Puede llegar a ese momento.

Para ablandar a Marcó Del Pont, jefa albertista de la AFIP, dijo así: “En el ranking de países evasores, la Argentina ocupa el tercer puesto a nivel global”. La vice culpa a Del Pont de hacer nada con los evasores y lleva, como el gobierno que integra, dos años y medio salvándole las papas al evasor serial Cristóbal López, financista mayor del kirchnerismo.

A fines de 2015 tenía una deuda con la AFIP de US$ 1.000 millones. Desde que había creado Oil, en 2011, se había quedado con el impuesto a los combustibles y con ese dinero que no era suyo se había financiado y comprado más de un centenar de empresas. La derrota de Scioli lo dejó a la intemperie. Sin la protección del poder, se le pinchó la bicicleta y sumó malas noticias: la AFIP le hizo un juicio penal y le rechazaron una jugada para mandar a Oil a convocatoria y conseguir pagar la deuda en comodísimas cuotas .

No bien asumieron Fernández y Cristina, a Cristóbal le volvió el alma al cuerpo. Beraldi, el abogado de Cristina, es el suyo y Fernández fue su lobbista. Cambiaron el proyecto de moratoria para incluir a Oil, que recibió de Del Pont lo que tanto buscaba: un plan a 10 años, con quitas y sin pagar un peso de multas. La moratoria a medida salió gracias a los diputados de Schiaretti y al rol de Guillermo Michel, jefe de asesores de Massa, que había sido algo similar de Etchegaray en la AFIP. Otros dos-regalos-dos de Del Pont a Cristóbal: desistió a ser querellante en la causa penal y también a reclamar a López el resarcimiento por la enorme deuda.

Tanto o más escandalosa fue la sentencia del Tribunal Oral, que dio por probado el delito pero condenó solo a Echegaray, el cómplice en la AFIP y único que pagó la fiesta. López y su socio De Souza se quedaron con el impuesto, pero fueron insólitamente sobreseídos. Con otras palabras, dos de los tres jueces dijeron: el empresario tienen derecho a agarrar la plata. Ni Milei lo hubiera dicho mejor.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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