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Notas de Opinión

La Cumbre de las Américas y el fantasma de los 60

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

Si John Kennedy y el Che Guevara, que dejaron este mundo hace casi seis décadas, cuando tenían 46 y 39 años, se levantaran hoy de sus tumbas y vieran que América latina y Estados Unidos siguen discutiendo “el problema cubano”, seguramente celebrarían una coincidencia. Lo menos que pensarían es que al morir ellos el reloj de la historia se detuvo.

“Con OEA o sin OEA, ya ganamos la pelea”, cantaba Carlos Puebla cuando Buenos Aires todavía tenía tranvías y Alberto Fernández estaba empezando a manejar el triciclo. El Muro de Berlín carecía de graffitis: recién se estrenaba. Era la época en la que Frondizi negociaba “el problema cubano” con Kennedy por un lado y con el Che por otro. Recibir secretamente en Olivos al líder guerrillero, como se sabe, les agrandó a los militares la sospecha de que Frondizi (quien había tenido de ministro de Economía a Alvaro Alsogaray) era medio comunista y eso aceleró su caída.

La expulsión de Cuba fue aprobada por 14 países americanos en el casino del hotel San Rafael de Punta del Este (hubo que retirar los dados y las ruletas), con la sola oposición de México, el 31 de enero de 1962. Junto con Chile, Bolivia, Brasil, Ecuador y Uruguay, la Argentina se abstuvo. El argumento fue que la adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano, celo democrático que sin embargo no tuvo correlato con las dictaduras militares clásicas por entonces rutinarias. Cuarenta y siete años después, en 2009, la expulsión fue derogada, pero Cuba no se reincorporó. Y al vaivén se sumaron Venezuela y Nicaragua, dictaduras del siglo XXI que adaptaron la coreografía castrista.

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Ese interminable minué de resonancia adolescente acerca de estar invitado o no estar invitado a la fiesta se renueva ahora en la Cumbre de las Américas, formato nacido en 1994 en Miami, donde se reunieron 34 jefes de Estado (al agregarse Canadá y las islas Estado del Caribe) con la novedad de que todos ellos habían sido elegidos en forma democrática. Ahí se concibió el ALCA, que Estados Unidos copió del NAFTA (tratado de libre comercio de Norteamérica) y que no consiguió alcanzar la mayoría de edad: se pinchó.

Llamar Américas al continente ayuda a recordar, por si hiciera falta, la influencia de Estados Unidos en la región. Viene del inglés, “the Americas”. Los estadounidenses dicen así porque para ellos América no es el continente, es Estados Unidos. En cambio, nadie habla de las Europas, las Áfricas ni las Asias, porque ninguna potencia se arroga allí la identidad continental.

El asunto es que el lunes próximo comienza en Los Ángeles una nueva Cumbre de las Américas, que como casi todo lo que se hace este año debió haberse hecho el año pasado pero se postergó por la pandemia. Lleva un nombre que a quien pase distraído por la puerta le puede sonar a grupo de autoayuda: “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”. Es la novena cumbre. Después de Miami vinieron Santiago (1998), Quebec (2001), Mar del Plata (2005), Puerto España (2009), Cartagena de Indias (2012), Panamá (2015) y Lima (2018). Además en Santa Cruz de la Sierra (1996) se ratificaron los acuerdos de la ONU de la Cumbre de la Tierra de 1992 y en Monterrey (2004) por iniciativa de Canadá se insertó otra cumbre extraordinaria debida a los cambios de gobiernos.

La Argentina consiguió que una de las más memorables de la serie (por lo menos para la memoria del Tío Sam) fuera la de Mar del Plata, cuando el centro de esa ciudad quedó destruido. El gobierno anfitrión organizó una contracumbre, animada por Maradona y aderezada con violentos disturbios para repudiar a George Bush (h), huésped oficial. Hospitalidad antiimperialista.

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Para la semana próxima se vuelve a hablar de cumbre paralela, pero como la cumbre oficial es en Los Ángeles no se buscará repudiar la presencia allí del presidente de Estados Unidos sino subrayar las ausencias de Miguel Díaz- Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, los tres estadistas que lideran Cuba, Venezuela y Nicaragua. Como Joe Biden no los invitó, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) dijo que cancelaría su presencia en Los Ángeles. El presidente mexicano quería que el encuentro fuera una cima del diálogo y la fraternidad.

México tiene tradiciones firmes en política exterior. Entre otras cosas, siempre abogó por la participación universal en los organismos regionales. Otros presidentes latinoamericanos (el boliviano Luis Arce, el chileno Gabriel Boric, la hondureña Xiomara Castro) también se quejaron, pero Estados Unidos no sólo no retrocedió sino que mandó de gira a un exsenador, Chris Dodd, para persuadir uno por uno a los invitados ofendidos. Maduro, se recordó, tiene una orden judicial de captura en Estados Unidos. Y el nicaragüense Ortega dijo que no le interesaba ir.

Así las cosas, nuestro Fernández anticipó enfáticamente que en protesta por las discriminaciones él tampoco iría. Eso por la mañana. Por la tarde anunció que sí va a asistir. Y por la noche, que todavía no lo tiene decidido. La última noticia dice que sí va a ir, pero que aún no lo tiene decidido.

Como Fernández preside desde hace poco la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), organización de 33 países inspirada en 2011 por Hugo Chávez que, huelga decirlo, no incluye a Estados Unidos pero sí a las dictaduras de izquierda, la idea sería simular otra cumbre en el mismo escenario, bajo el sello de la Celac, haciendo alarde de las presencias de cubanos, venezolanos y nicaragüenses, ya se verá con qué jerarquías.

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Biden, no se sabe si para neutralizar la contracumbre de la Celac o porque algo tenía que entregar, estaría planeando invitar a funcionarios cubanos no demasiado importantes para hablar de temas específicos como la pandemia. Pero hay que ver si Cuba acepta. Y hay que ver si la contracumbre arma bullicio. No deben perderse las esperanzas: en estos foros la efectividad así como la creatividad en el rubro protestas suele ser superior a la que se verifica en políticas para el desarrollo.

Un chiste conocido de la diplomacia dice que las cumbres sirven para definir dónde se hará la próxima cumbre, pero tal vez habría que actualizarlo. La discusión sobre quién ha sido invitado y quién no parece llevarse una buena cantidad de energía en los más altos niveles. Claro que eso tiene cierta lógica: en un hemisferio con el diálogo deteriorado, cómo posicionarse frente a regímenes autocráticos es un problema que, por diferentes motivos, ni Estados Unidos ni la Argentina lograron resolver con eficacia ni en forma sostenida. A diferencia de las políticas erráticas de Estados Unidos, las políticas erráticas de la Argentina no tuvieron necesidad de esperar los recambios presidenciales. Un mismo presidente consiguió desarrollar políticas contrapuestas, no ya sobre la oxidada Revolución Cubana sino respecto de Venezuela y Nicaragua, dictaduras condenadas o respaldadas (más lo segundo que lo primero) por las violaciones a los derechos humanos durante la era de los Fernández de una forma u otra dentro de la misma semana.

No es mala en sí misma la postura de reclamar la inclusión en la cumbre de los países que no son democráticos, algo que AMLO puede exigir con más coherencia y credenciales que Alberto Fernández. “No me callo más –se envalentonó el presidente hace poco-, lo que digo acá lo digo en el Norte”. No se refería a Tilcara sino a Estados Unidos, aunque lo más sorprendente fue su percepción de que hasta ahora estuvo callado.

El problema pasa, quizás, por el énfasis, por las prioridades y por los modos de presionar. La medida extrema de dejar solo a Biden en Los Ángeles, ¿se justificaría para la Argentina? ¿Está en el interés nacional pelearse con Estados Unidos, que viene de apoyar al país en el FMI, para defender el derecho de tres dictadores a asistir a la Cumbre de las Américas?

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En cuanto a los modos de presionar lo que llama la atención es que se haya elegido el camino público, que achica los márgenes de negociación, y no uno más discreto, más propio de la diplomacia. Porque en definitiva de eso se trata, de diplomacia. No de recrear los años sesenta.

Economía

La renuncia de CFK a las candidaturas impulsó la suba de los bonos y las acciones

A contramano de los mercados globales, los activos argentinos tuvieron una recuperación como respuesta al impacto del nuevo escenario electoral para 2023.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que no será candidata y los mercados respondieron con una fuerte suba de los bonos de la deuda en dólares. Títulos como el Global 2035 subieron 2% y fueron responsables de que el riesgo país caiga 60 unidades (-2,5%) a 2.326 puntos básicos. La Argentina estuvo a contramano de la región donde el EEM, el índice de mercados Emergentes, cayó 0,6%. Perú, a pesar de la crisis política, no afectó a la región y su riesgo país quedó sin cambios en 165 puntos básicos.

También al mercado bursátil llegó el optimismo por la noticia. De hecho, las Bolsas del mundo bajaron. En Nueva York el S&P 500 perdió 0,20% y el Nasdaq, 0,51%. El Ibovespa de San Pablo bajó 1,02% y las Bolsas europeas cerraron en rojo.

La Argentina se desacopló del mundo. La Bolsa negoció un volumen elevado de $3.057 millones y el S&P Merval, el índice de las acciones líderes, subió 1,83% en pesos y 2,5% en dólares. Lo más destacado pasó por CableVisión que subió 6,06%, seguida de Banco Supervielle (4,49%) y Transportadora Gas del Norte (+4,32%).

El dólar padeció una jornada en la que muchos jugadores se fueron temprano del mercado por el fin de semana largo y quedó casi sin cambios. El contado con liquidación tuvo un ligero retroceso de 0,7% y cerró a $338,09. El dólar libre, que llegó a cotizar a $318, cerró a $316 (+$1).

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En la plaza mayorista, el dólar subió 40 centavos a $169,90. Los exportadores liquidaron USD 151 millones de los que el Central se quedó con USD 71 millones, el 47% de lo operado. La cuenta da que la soja le costó $297,60 porque le vendió dólares a $170 a los exportadores. Esos dólares le costaron $230 al Central.

Las reservas subieron USD 312 millones a 39.005 millones por la compra de dólares a exportadores, pero también porque habría ingresado una parte del crédito del BID.

Pero surgió un problema que el lunes puede perturbar estas operaciones. “El lunes se publicó la modificación del decreto del dólar soja y en el artículo 5 hubo una reforma que afecta a los productores porque ahora todos los que accedan al dólar soja tienen que estar respaldados por una liquidación primaria que es la que hace el productor. La secundaria es la que interviene cualquier operador de la cadena. Pero sucede que cooperativa y corredores, que con el correr del tiempo compraron soja, ahora no la pueden vender porque tienen que presentar una comprobante de que la compraron este mismo mes. Ese comprobante no lo tienen porque la liquidación la hicieron antes. En la cadena hay una figura que es la del corre-acopio, que es un símil del acopio creada por los corredores que mueve mucho volumen y les da fuerza para obtener mejores precios”, explicó el analista financiero y experto en agronegocios, Salvador Vitelli.

“El problema es que son liquidaciones secundarias y por eso el productor ahora no les puede vender lo que afectará sus precios. En el ambiente creen que es un arreglo entre los exportadores y el Gobierno que está causando muchos problemas en la cadena porque genera un obstáculo más para la comercialización”, señaló.

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El fin de semana largo llegó en el momento justo con un mercado que cerró con euforia y no hay forma de que tome ganancias hasta el lunes. Tiene el hándicap que tendrá 48 horas para observar al mundo. Pero el miércoles de la semana próxima se avecina el examen clave de la licitación de Bonos del Tesoro. Este mes, debe recaudar $1 billón para cubrir vencimientos y déficit. Una misión imposible de acuerdo a los últimos eventos, que obligaría al Banco Central a emitir para cubrir el bache.

 

Nota publicada originalmente en Infobae.

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Notas de Opinión

En la política, nadie se quiere hacer cargo de la casta judicial y de inteligencia

El presidente Alberto Fernández decidió subirse institucionalmente a una operación contra la cofradía de la que forman parte algunos de sus amigos. Una movida para quedar bien con Cristina Fernández de Kirchner. La transversalidad judicial y de inteligencia

Columna publicada originalmente en MDZ

“Nunca más a una Justicia contaminada por servicios de inteligencia, operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos”, lanzó en su discurso ante un aplauso generalizado el presidente Alberto Fernández el día de su asunción en el Congreso.

La descripción es realmente precisa y real. Pero ese 10 de diciembre de 2019 algunos legisladores presentes sonrían con desconfianza sobre esa promesa conociendo muy bien al jefe de Estados y sus relaciones en el mundo judicial. Arrancaba con Marcela Losardo en el Ministerio Justicia y Juan Manuel Olmos como jefe de asesores.

Claro, en octubre de ese año Juan Bautista Mahiques, un integrante destacado de esa cofradía, asumió como Fiscal General de la Ciudad de Buenos Aires en el Salón Dorado del Teatro Colón, con más de doscientos invitados.

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Además de sus familiares, el funcionario se sacó muchas fotos y exhibió su vínculo con el resto de la mesa judicial. En primera fila aparecían Losardo y Olmos.

También el ex secretario Legal y Técnico de Mauricio Macri, Pablo Clusellas; y Cristian Gribaudo en representación de su jefe Daniel Angelici. Una clara demostración de que la grieta no penetra en la rosca judicial.

Mahiques fue el representante del Gobierno de Macri en el Consejo de la Magistratura. Su padre, Carlos, fue el primer ministro de Justicia de María Eugenia Vidal, y uno de sus mejores amigos, Ignacio Jakim, también fue funcionario bonaerense en esa gestión. Gracias a Angelici logró un cargo ad honorem en la FIFA, el Tribunal Arbitral, donde se definen los laudos internacionales.

“El Tano se movió para conseguirle el cargo en la FIFA, pero fue clave la gestión del Chiqui Tapia, amigo personal del Mahiques padre”, comenta a MDZ un conocedor de estos entresijos. También operaron para que tenga un cargo en Conmebol Diego Pirota, socio de Darío Richarte, ex N°2 de la Side con la Alianza y entonces vicepresidente de Boca. Rosca judicial, futbol y servicios de inteligencia.

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Esta trilogía está relacionada con el polémico viaje de integrantes de la “familia judicial” a Bariloche que fue sugestivamente difundido por Horacio Verbitsky. No cabe ninguna duda que esta movida, que huele a operación de inteligencia, apunta a subir la tensión a horas de conocer el fallo contra Cristina Fernández de Kirchner. Tal es así que el presidente se vio obligado, no solo a usar la cadena nacional para congraciarse con la vicepresidenta, sino además romper la promesa de su discurso de asunción y hacerse eco en términos institucionales de una operación de inteligencia, más allá de la aparente veracidad de lo denunciado. Y encima sigue sin pedirle la renuncia a su asesor Julián Leunda, nexo con su amigo y excliente, Cristobal López.

“Alguien rompió los códigos y armó la operación de inteligencia, los muchachos se cuidan entre sí, esto no es habitual, es producto de la desesperación del kirchnerismo”, reflexiona un integrante de la cofradía. Llamó la atención la presencia en el viaje a Lago Escondido del exjefe de Legales de la SIDE, Tomás Reinke, quien supo tener muy buenos contactos con el kirchnerismo. Alguno de los viajeros sospecha de Esteban Carella, titular de Contrainteligencia de la AFI y cercano a Máximo Kirchner.

La explosión mediática del viaje a Bariloche explotó fuerte en Qatar donde se encuentra Angelici disfrutando del Mundial de fútbol junto a su grupo de amigos. Pudo verse en las tribunas a los nombrados Pirotta y Richarte, al exjefe de la AFI, Gustavo Arribas, su vocero Hernán Nisembaum y a Juan José Galea, exdirector de Finanzas del organismo de inteligencia.

“Están preocupados porque había un pacto de convivencia con los amigos de Alberto y dentro de la AFI, pero algo se rompió”, dicen en el sector judicial del PRO.

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Notas de Opinión

Cristina Kirchner no irá presa por ahora y podrá ser candidata el año próximo

Es porque el fallo solo quedará firme cuando lo ratifique la cámara de Casación y la Corte. En cambio, podría perder su jubilación de privilegio y la administración de sus bienes.

Cristina Kirchner fue condenada 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por el tribunal oral federal 2 y el fallo abre una serie de interrogantes.

¿Puede ir presa y quedar inhabilitada para ser candidata el año próximo?, entre otras dudas.

El constitucionalista Félix Lonigro explicó que “la condenaron sólo por administración fraudulenta en el máximo de la escala, no por asociación ilícita” y por ahora no irá presa porque la condena no está firme.

Además, en febrero cumple 70 años y si la condena queda firme no irá a la cárcel sino tendrá el derecho de la prisión domiciliaria.

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“La condena sólo rige desde que quede firme, para lo cual faltan al menos dos o tres años”, dijo. Es así porque la vicepresidenta apelará a la Cámara Federal de Casación Penal y a la Corte. Incluso, dijo que irá a la Corte Interamericana de Justicia.

Intervendrá a Sala IV de la Cámara de Casación integrada por Mariano Hernán Borinsky –Presidente-, Javier Carbajo y Gustavo Hornos a los que Cristina Kirchner también incluyó en su ataque, al igual que a los cuatro miembros de la Corte.

Entonces, la condena no estará firme hasta que falle la Corte y “podrá ser candidata y seguramente tendrá fueros” que le dan inmunidad de arresto, dijo Lonigro.

Aunque si el año que viene es elegida “legisladora, cuando la sentencia quede firme, esos fueros podrán ser removidos por la Cámara a la que eventualmente acceda en 2023” si tiene los dos tercios de los votos.

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De todos modos, Cristina Kirchner afirmó esta tarde que no “será candidata a nada” el año que viene.

También debería “perder la jubilación de privilegio de unos 10 millones de pesos que cobra todos los meses y la administración de sus bienes” por el decomiso de 84 mil millones de pesos que dispuso el tribunal oral federal 2.

Por otra parte, Lonigro dijo que el presidente Alberto Fernández no puede indultar a Cristina aún si la condena quedara firme durante su mandato porque el artículo 36 de la constitución impide ese beneficio para los delitos de corrupción.

Además, Cristina aún debe afrontar otros juicios orales en las que también puede ser condenada lo que complicaría su situación judicial aún más. Se trata de la causa de los Cuadernos de las Coimas, de la causa Hotesur y Los Sauces y el pacto con Irán, entre otras. Y quedó demostrado que el delito precedente del lavado de dinero de la Ruta del Dinero K fueron los fraudes en la obra pública, como lo dijo el Tribunal Oral Federal 4.

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Columna publicada originalmente en Clarín.

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