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Salud

Cómo usar la plancha según tu cabello

Consejos para cada tipo de melena

Dependiendo de la forma de las placas de hierro (o del aparato en sí) el pelo cogerá una forma u otra al calentarse: totalmente liso, ondulado o rizado. A la hora de elegir una, lo mejor es aconsejarse por un profesional de la peluquería. Puede que no queramos gastar mucho dinero, pero si podemos permitírnoslo, es mejor comprar una buena, puesto que pueden durar muchos años y los resultados serán mucho mejores que las de baja calidad.

Para conseguir un moldeado perfecto, lo ideal es lavar el cabello con un shampoo fortificante y aplicarse una mascarilla protectora o para pelo dañado. Aunque cada día las planchas son menos dañinas, si la usamos a diario debemos cuidar doblemente la melena y protegerla de un posible daño por el sobrecalentamiento.

Cuando apliques la mascarilla, dejala entre dos a tres minutos en el pelo para que haga efecto y después enjuagá con abundante agua. Cuando hayas terminado de lavar no uses el secador de inmediato. Cubrilo con una toalla para que se absorba la humedad del mismo.

Si tenés el pelo considerablemente corto sería mejor que lo dejases secar al natural, sobre todo si es verano, así no aplicarás doble calor con el secador y la plancha. Sin embargo, si es medio o largo deberás secártela con el secador, puesto que la mayoría de planchas se usan con el pelo totalmente seco.

Si tenés una buena plancha no es tan importante cómo te seques el pelo, sino que le quites toda la humedad para que esté totalmente seco. Una vez que no esté mojado, desenredalo bien.

Si nos ponemos mascarilla y secamos bien antes usar la plancha, el pelo se verá más sedoso y menos dañado por el calentamiento. Si tenemos unas de porcelana, de buena calidad, las podemos usar más a menudo que las que son de otros materiales.

La recomendación es plancharse todo el pelo un máximo de dos veces por semana. Si te aguanta limpio más de dos o tres días podrías plancharte después de limpiarlo y secarlo y solamente retocar aquellos mechones que han perdido la forma deseada la mañana siguiente. Hacerlo todos los días puede hacer que pierda brillo y se vuelva más áspero, con riesgo a romperse fácilmente.

Cómo usar la plancha según tu tipo de pelo o peinado

Pelo corto

Si lo tenés corto y liso, podés usar la plancha para darle forma a esos pequeños mechones rebeldes que no se quedan en el sitio deseado, puesto que ayuda a moldear estos cabellos mejor que el secador gracias a su forma de pinza.

Cuando sea corto pero rizado, podés ayudarte de la plancha para alisar los mechones más largos que deseás que pierdan el rizo y con el secador para esos mechones más cortos peinándolos siempre hacia abajo.

Melena media y larga

Si querés ponerte gel o laca para fijar el peinado lo hacelo siempre después de usar la plancha para no quemar el cabello y estropear el aparato. Para las melenas medias y largas que sean naturalmente lisas podés ayudarte con la plancha para crear un liso más intenso o bien rizos y ondas.

Pelo rizado

Para los rizos enrollá un mechón entre las planchas (algunas calientan tanto por dentro, donde las placas, que por la parte superior) creando un tirabuzón aguantalo no más de tres segundos. Despacio desenredá el pelo de la plancha y tendrás un tirabuzón. Es mejor empezar por la nuca e ir haciendo mechones de pelo hacia arriba. Una vez tengas la cabeza llena de tirabuzones podés fijar el peinado con laca o peinar los rizos con un peine grande para que se conviertan en ondas.

En cuanto tengas el peinado deseado aplicá un gel fijador para que dure lo máximo posible. Si la plancha no es buena, probablemente el peinado dure menos.

Finalmente, para aquellas con una melena media o larga naturalmente rizada pueden usar la plancha para distender el rizo, hacerlo menos pesado creando unas ondas naturales, planchando solo parcialmente su rizo natural como harían al alisárselo.

Cuando te alises el pelo rizado realizá el mismo proceso que para ondular el pelo liso: recogete la melena y empezá siempre a alisar por la nuca. No estés en una habitación donde haga mucho calor o humedad, puesto que se te podría deshacer el alisado. Para terminar podés aplicarte un gel o aceite fijador de pelo liso y anti frizz.

Fuente: Bekia belleza

Salud

Tips para comer bien en invierno sin subir de peso

Cinco formas de reemplazar alimentos sin sumar tantas calorías

Cuando la temperatura baja aumenta la necesidad de platos suculentos y calóricos. Sin embargo, los kilos de más pueden evitarse con algunos trucos y priorizando los alimentos que producen más saciedad. Estas son algunas recomendaciones:

– Cazuelas y woks en vez de ensaladas. Como las hortalizas son indispensables en un plan equilibrado, lo mejor es optar por preparaciones calientes que las incluyan en variedad, cuantos más colores mejor, ya que aportan más vitaminas, minerales y antioxidantes.

– Sopa, todos los días. Antes de las comidas principales ayuda a reducir la ingesta de comidas más calóricas. La mejor es la casera, simple de preparar si se compra una bandeja de verduras para sopa ya cortadas. Si aprovechás el caldo de una carne o pollo hervidos, dejalo enfriar en la heladera y retirá la grasa de la superficie antes de usar.

– Pasta al dente. Una pasta “a punto” (incluso algo más rígida) da más saciedad. Para que no sume calorías conviene evitar salsas y cremas calóricas y reemplazar el queso rallado común por su versión light. Si agregás a una crema light hortalizas salteadas con rocío vegetal, mucho mejor.

– Tartas “destapadas”. Usá hortalizas como ingrediente estrella para una versión bajas calorías: calabaza, acelga, espinaca, zanahoria, zapallitos, cebolla. Podés agregar queso magro o blanco descremado y usar una sola tapa de masa light para la base.

– Compotas deliciosas. Si la fruta fresca no te resulta atractiva podés convertirla en compota o fruta al horno. Para endulzar, además de edulcorante apto para la cocción, agregá clavo de olor, canela, esencia de vainilla o cardamomo, que le dan un toque especial. Las frutas cocidas más ricas son manzana, pera, ciruela y durazno.

Fuente: Dr. Cormillot

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Salud

Cinco usos que le podés dar a las bolsitas de sílice

Qué utilidad le podemos dar a estos productos

Todos hemos comprado algo alguna vez que dentro contenían las pequeñas bolsitas de sílice. Si no sabés qué usos le podés dar, estos son algunos tips para sacarles provecho.

1. Celular mojado

Si tu teléfono se cayó al agua sin querer y no arranca, probá de introducirlo en una bolsita de plástico sellada y llenarla de varias bolsitas de sílice. Dejá el artefacto ahí durante 24 horas sin abrir y luego volvé a intentar prenderlo. La idea es que el gel absorba la humedad.

2. Sal y azúcar apelmazadas

En estos casos se puede introducir dentro del salero o azucarera una bolsita de gel, asegurando que esté cerrada, y dejar esperar unas horas para que se despegue. Después sacalo del lugar para que no contamine la comida.

3. Guardar adornos y decoraciones navideñas

Con el objetivo de mantenerlos en buen estado y evitar que la humedadlos afecte, se pueden colocar varias bolsitas en la misma caja y esperar hasta abrirlas al año siguiente.

4. Mantener en buen estado las cuchillas de afeitar

Suelen quedar húmedas después de haberlas usado, lo que provoca que se estropeen al poco tiempo Una forma de que duren más tiempo es guardarlas en un tupper junto con las bolistas de gel de sílice hasta nuevo uso.

5. Quitar el mal olor de carteras y mochilas

Si pasan mucho tiempo cerradas, sobre todo si han llevado ropa húmeda, pueden tener malos olores. Si se cierran y se dejan en su interior las bolsitas durante unas horas, ese olor desaparecerá.

Fuente: Cien radios

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Salud

Nueve errores de higiene comunes en la cocina

Qué peligros representan estos hábitos

Las bacterias que proliferan en alimentos vencidos, mal manipulados o mal conservados pueden causar infecciones gastrointestinales graves, que en algunos casos se manifiestan con vómitos muy intensos, diarrea y deshidratación. A continuación, los errores más comunes y cómo reducir las posibilidades de infección.

1. Lavar el pollo en la pileta

Muchos piensan que lavar la carne cruda con agua de la canilla elimina las impurezas. Pero es una costumbre riesgosa ya que el chorro de agua suele salpicar todo lo que está cerca y esas gotas pueden estar contaminadas por bacterias.

l pollo naturalmente tiene una cierta cantidad de bacterias y la mejor manera de eliminarlas es a través del proceso de cocción. La recomendación es no lavarlo antes de sazonar o ponerlo en la sartén o en el horno.

Cocinar bien la carne y los huevos es importante. Lo ideal es que el corazón del alimento alcance una temperatura de al menos 70 °C. Esto asegura que la mayoría de los microorganismos han sido eliminados. Una forma de comprobarlo es usando termómetros específicos para cocinar.

2. Usar solo agua para desinfectar las verduras que se comerán crudas

Simplemente limpiar las frutas, verduras y hortalizas que se comen crudas y sin pelar (como es el caso de los tomates, la lechuga y las manzanas) con un poco de agua es un error.  Si bien la limpieza superficial ayuda a eliminar las impurezas de mayor tamaño, no es capaz de sacar por completo los microorganismos que se acumulan en la superficie.

La recomendación es sumergirlos en un recipiente que tenga una mezcla de agua y lavandina durante unos 15 minutos. Luego, lavar con agua corriente y secar antes de guardarlo en la despensa o en el refrigerador, según el alimento. Por cada litro de agua se debe agregar una cucharada de lavandina.

Este rito de limpieza no requiere usarse con vegetales pelados y cocidos, como las papas. Será la cocción la que eliminará los microorganismos potencialmente dañinos.

3. No lavarse las manos antes de manipular alimentos

En este caso, los patógenos que han terminado en las uñas y los dedos pueden “saltar” a la comida, un proceso llamado contaminación cruzada. Antes de comenzar cualquier receta o comer, lavarse las manos con agua y jabón.

4. Usar los mismos utensilios para los ingredientes crudos y cocidos

Hablando de contaminación cruzada, imaginá el riesgo de cortar carne cruda y luego usar la misma tabla y cuchillo para quitar las hojas de una lechuga. Los microorganismos que había en la carne pueden pasar directamente a las verduras que se comerán crudas en una ensalada.

5. Esperar a que la comida se enfríe antes de meterla en la heladera

Cada microorganismo tiene una temperatura ideal para multiplicarse. Algunas bacterias, por ejemplo, se replican más rápido a 25 °C. Otros prefieren 30, 35 ºC y así sucesivamente. Si las sobras quedan en la cocina durante mucho tiempo, se puede presentar la oportunidad para que algunas bacterias se multipliquen.

La temperatura de la sartén o la olla desciende gradualmente después de que se apaga la cocina o el horno, hasta alcanzar los parámetros ideales para que proliferen estos seres microscópicos. Si la comida va directamente al refrigerador, la temperatura más baja impide la reproducción acelerada de patógenos.

6. No guardar los alimentos en los lugares adecuados de la heladera

La temperatura puede variar considerablemente según cada espacio de la heladera. Y eso puede influir en la multiplicación de microorganismos: los alimentos frescos o ya cocinados necesitan estar mejor protegidos del frío, mientras que las conservas, bebidas y condimentos no necesitan temperaturas tan bajas.

– Primer estante (el más alto): huevos, leche y productos lácteos;

– Segundo estante (medio): sobras;

– Tercer estante (el de abajo, encima del cajón): alimentos en proceso de descongelación;

– Cajón: verduras, hortalizas y frutas;

– Puertas: bebidas, especias, jaleas, conservas, jugo y agua.

También vale la pena vigilar cuánto tiempo se pueden almacenar.

– Pescados, carnes y embutidos: 3 días;

– Salsas: 20 a 30 días;

– Sobras: 1 a 2 días;

– Frutas y verduras: 3 a 7 días;

– Leche: 2 a 5 días;

– Productos de panadería y pastelería: 5 días;

– Huevos: 7 días.

7. Dejar la carne en envases sin sellar

La heladera no impide por completo el proceso de multiplicación de microorganismos. Están naturalmente en los alimentos y permanecerán allí, pero en el refrigerador tardarán mucho más en crecer y crear colonias.

Uno de los mayores riesgos en este ambiente más frío es la forma en que almacenás las carnes crudas. Suelen venir de carnicerías y supermercados en bolsas o bandejas de poliestireno y envoltorios de plástico. Generalmente llevan un poco de líquido o sangre con bacterias.

Si el empaque tiene algún agujero, por pequeño que sea, este líquido puede escaparse y derramarse sobre otros alimentos. Para evitar que suceda, lo ideal es cambiarla de recipiente. Guardarla en envases de plástico o de vidrio con tapa es una buena sugerencia.

Esto es si vas a consumir las carnes en los próximos dos o tres días. Si va a transcurrir más tiempo antes de la cocción, lo más adecuado es guardarlas en el congelador.

8. Descongelar los alimentos a temperatura ambiente

El congelador es donde se guarda la comida precocinada, las carnes crudas, los helados y el hielo. Allí, la temperatura es tan baja que prácticamente hace inviable la supervivencia de los microorganismos. El peligro ocurre cuando estos alimentos se descongelan.

Hay quienes los descongelan a temperatura ambiente y, también, quienes colocan el producto en un recipiente lleno de agua para acelerar el proceso. Ambos métodos presentan un peligro de contaminación: a medida que se descongelan, liberan agua y crean el ambiente perfecto para que prosperen las bacterias.

Siempre conviene descongelar en la heladera por los microorganismos y por la textura de los alimentos. Si se descongela poco a poco, absorbe esa agua y no pierde textura. Otra opción, si tenés prisa, es usar el microondas, que suele tener una función específica para descongelar.

9. No limpiar la heladera de vez en cuando

El objetivo es eliminar manchas, cáscaras y restos que caen de los recipientes y platos. El primer paso es desenchufarla y retirar todos los alimentos. Aprovechá para comprobar la fecha de caducidad en los envases.

Retirá las piezas extraíbles, como estantes, cajones y compartimentos. Lavá todo con agua y detergente neutro. Luego dejalo secar naturalmente. El tercer paso es frotar una esponja humedecida con agua y detergente neutro por toda la parte de la heladera. Usá un paño húmedo para enjuagar y luego secá con un paño limpio. Volvé a colocar todas las piezas removibles y devolvé la comida a sus respectivos lugares.

Fuente: Diario de Cuyo

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