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Notas de Opinión

El mejor aliado de Cristina para volver al poder es Javier Milei

La división en la oposición que parece auspiciar el líder de Avanza Libertad podrá ser el cóctel ideal que espera el kirchnerismo para permanecer en el Gobierno de cara a las elecciones presidenciales del 2023

Columna de opinión publicada originalmente en Infobae

El mejor aliado que tiene el kirchnerismo para volver al poder en 2023 es Javier Milei. Quizás sea una sospecha hasta el fin de los tiempos el hecho de que existan lazos reales, incluso de financiamiento entre unos y el otro. Pero lo que construye entre ellos una alianza estratégica tiene que ver con dos factores y en ambos aparece Juntos por el Cambio, la mayor coalición opositora: uno es que la aparición del libertario divide a la oposición y el otro es que la interpela en su falta de definición sobre el rol del Estado ante un electorado que está corriéndose hacia la centro-derecha.

En su último discurso en el CCK, dijo que “son necios y cínicos” quienes niegan la importancia del estado y que el estado debe regir la economía. Con esta afirmación la vicepresidenta, no con inocencia, puso en frente como adversarios a los sectores liberales y al mismo tiempo tomó nota como una amenaza de los crecientes cuestionamientos al estado por parte de una sociedad que está harta de ver cómo se lleva cada vez más el fruto de sus esfuerzos.

¿Pero por qué esta argumentación es gravitante en el perfil de la oposición? Primero, porque Cristina trató de encauzar a aquellos que están contra el kirchnerismo hacia esa tercera fuerza en ciernes, y no a Juntos por el Cambio, a quienes en otro momento hubiera nombrado abiertamente como neoliberales. Le conviene bajarles el precio simplemente para dividir al espectro que confronta con el peronismo que ella intenta seguir liderando. A su electorado, que mayormente vive de lo que el kirchnerismo llama redistribución, le dejó en claro, que ella seguirá siendo su mejor garante frente a los embates contra el Estado. Sin embargo, para cada vez más grandes porciones de la sociedad, en su voracidad impositiva y en su gigantismo bobo, el Estado sólo multiplica la pobreza y no resuelve los problemas.

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No es la primera vez que el oficialismo elige confrontar con Javier Milei. Y esconde de fondo una trampa táctica contra su mayor adversario, que es la idea de profundizar sus divisiones. Por eso, aunque no existiera de hecho una alianza estratégica voluntaria, firmada y sellada, hay una alianza estratégica en los hechos del oficialismo con Milei, que es el espejo de la llamada unidad peronista. Si el peronismo se divide, pierde, y si la oposición se divide, pierde. Tan simple como eso. Javier Milei le sirve al oficialismo para dividir a la oposición.

El líder de Avanza Libertad se ha mostrado por su parte mucho más reacio y sanguíneo frente a la oposición que frente al kirchnerismo. Raro. Sus acusaciones desmedidas de comunista a Horacio Rodríguez Larreta o su escozor ideológico ante la Coalición Cívica o parte del radicalismo son inocultables.

Milei tomó tanta distancia que el sábado prácticamente no dijo nada con su estilo rimbombante sobre una manifestación que era básicamente contra los impuestos excesivos al sector productivo, como lo fue el tractorazo. ¿Por qué Milei no fue más contundente en su apoyo al campo? ¿Por no quedar cerca de Juntos por el Cambio? El libertario juega a quedarse con todo.

Sin embargo, pese a que no haya ido a la marcha del sábado, la fortaleza de Milei en representar a quienes piden menos impuestos, no sólo está dada por una demanda de la sociedad para que dejen de exprimirla sino también por una tensión ideológica dentro de la propia coalición opositora que no logra definirse del todo en este sentido. ¿Son capaces de ofrecer un rumbo real de cambio o volverá el kirchnerismo de buenos modales? ¿Son capaces de instrumentar una baja en la carga impositiva si en los hechos no lo llevaron a cabo por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires? ¿El radicalismo, que tampoco marchó con el campo, está más cerca del kirchnerismo o del Pro en sus planteos sobre el rol del Estado? ¿Hasta qué punto son capaces de interpretar a una sociedad que parece demandar reformas más drásticas? ¿Se puede desconocer estos reclamos?

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No es casualidad que la líder con mejor imagen de Juntos por el cambio en la mayoría de las encuestas es Patricia Bullrich y que la imagen negativa de Mauricio Macri ha bajado considerablemente aunque se mantiene alta. ¿La sociedad está pidiendo más halcones que palomas? El endurecimiento de los líderes más identificados con el sector de las “palomas”, como Horacio Rodriguez Larreta y Maria Eugenia Vidal, también registra el corrimiento tectónico. Buscan halconizarse porque leen que sus votantes intensifican esa demanda. El Jefe de Gobierno porteño se subió al tractor el fin de semana y la ex gobernadora volvió a una marcha después de mucho tiempo. Pero los líderes radicales casi no aparecieron con algunas notorias excepciones.

El deslizamiento ideológico en la sociedad puede deparar una nueva alianza natural que haga confluir a sectores de centro derecha de Juntos por el Cambio con los liberales de Javier Milei. ¿Pero por qué esto no parece posible en los hechos considerando que el 70 % de la gente votó contra el kirchnerismo y esto supondría un triunfo asegurado? En este sentido es sospechoso el purismo de Milei pero también el rechazo total, casi al punto de la cancelación por parte de dirigentes de la UCR, como Gerardo Morales que no duda en decir: “Mi límite es Milei”.

Ni el propio Milei desconoce ya que en Argentina no pueden desmontarse de un plumazo los planes sociales, ni Juntos por el Cambio duda del reclamo sobre un Estado elefantiásico que agobia a los sectores productivos. La falta de convergencia esconde estrategias electorales de ambos lados y también la franca dificultad de un programa consensuado. Los más progresistas de Juntos por el Cambio deberían “derechizarse” y los libertarios de Milei deberían aceptar matices más centristas. Pero también en ambos lados del espectro opositor, algunos tensan la cuerda dejando que el tiempo acomode las fichas para construir adentro antes de dar un paso de aproximación. Ese es uno de los temores de sectores del radicalismo que piden ya una definición a los que no le cierran la puerta al histriónico Milei.

Mauricio Macri, que como Cristina es el líder más claro de su espacio, también ha dado señales de comprender el nuevo matiz de las bases electorales y que sobre todo identifica al electorado del Pro, del que es fundador. Su foto con Trump, que tanto enojó a Elisa Carrió, es menos por desapego institucional que por un mensaje claro a los liberales que ven en Trump una disrupción frente al estatismo. Y Carrió, que en estas horas salió a habilitar el debate con el extravagante líder, acaba de manifestar un reconocimiento explícito de lo que la propia sociedad está planteando. Cuando ella enumera los puntos de un programa de gobierno e incluye una economía abierta, una Argentina exportadora, división de poderes y un contrato moral, no parece haber en ese combo nada que Milei no pudiera firmar. Cuando lo llama “Sapito Glo Glo Glo”, dice que ella misma se inició así en la política, como alguien que nadie conocía y de pronto surgió como estrella. “Pero hay que dar la discusión con algunos temas que él plantea”, agregó sin vueltas. “Plantear el aniquilamiento del Estado es quedarse sin Nación”, define la líder de la Coalición Cívica, que sin embargo no escapa a un debate que tensiona a toda la oposición y que ya se nota en ciertos desplantes de la UCR a sus socios de Pro para diferenciarse o hacerles fuerza en el reparto de las candidaturas. El riesgo es que, por ver demasiado hacia adentro, estén ignorando lo que pasa afuera, con cambiantes demandas de la sociedad. El PRO parece más despierto ante ese viraje.

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Muchos dicen que todavía falta mucho y cuentan un año hasta los aprontes para las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, los amagues de adelantamiento de elecciones provinciales aceleran los tiempos. La propia crisis de gobernabilidad en el oficialismo acelera los tiempos. El temprano e increíble lanzamiento de la campaña de reelección del propio presidente acelera los tiempos. La mala situación económica y la falta de respuesta de un gobierno paralizado por una guerra interna ante el incremento de la incertidumbre acelera los tiempos. Hasta el impasse del Mundial de Qatar 2022 acelerará los tiempos, ya que el juego en la cancha le quitará atención al juego político. Cuando el árbitro pite el final en la copa del mundo ya estaremos en los albores de de 2023, el año de las presidenciales que hoy parece lejano.

¿Por qué si una unión de la oposición podría ser un knockout anticipado para el kirchnerismo, sus líderes, incluído Milei, parecen rehuir a la discusión? ¿O es que en realidad solo esperan para sumar solos y llegar a esa discusión más fuertes? Hoy, el líder libertario sólo suma 15% por ciento pero su potencial de crecimiento en medio del descreimiento a la política tradicional es enorme. Sin embargo, quizás no sea suficiente. Él se juega a entrar al ballotage y ser presidente. Nada mejor para el kirchnerismo que alguien que haga por ellos el trabajo de debilitar a sus viejos contendientes. Hoy, la intransigencia al diálogo de Milei con el resto de la oposición y la demonización del libertario que profesan algunos, es lo que más le conviene al kirchnerismo. Por eso, Javier Milei es su aliado estratégico, quiera o no serlo. Es tan funcional que deberá explicar si en serio no quiere en el fondo ayudarlos o al menos si no los está eligiendo ya como adversarios.

Si Milei pasara al ballotage con el peronismo ¿ganaría el temor a un Bolsonaro local o las ganas de un cambio? Hasta ahora Argentina no se mostró dispuesta a una pirueta de ese tipo. Y a eso apuesta el kirchnerismo recordando las bondades del papá Estado. Su escuálido 30% tendría un delicioso vigor si el resto también se dividiera por mitades. Cristina ayuda a tejer este escenario, atornillada como siempre y como nunca en su incondicional núcleo duro y hasta coquetea con la izquierda cuyos votos serían invaluables. No hay peor ciego ni opositor que el que no quiera verlo.

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Notas de Opinión

¿Massa se quedó sin conejos en la galera?, la inquietud en el ambiente de negocios

La economía se mueve en un esquema de cornisa. Los empresarios señalan que el principal problema de credibilidad de Massa es la inflación. ¿Qué le preguntan los inversores a Redrado?

Columna de opinión publicada originalmente en Clarín

Marina dal Poggetto acuñó lo que fue entre economistas el hit del verano. Habló de los conejos de la galera a los que podía recurrir Sergio Massa. Pero terminado enero y tras la victoria pírrica con la recompra de deuda, con el objetivo de intervenir en el mercado cambiario para bajar la brecha y que tuvo el efecto contrario, la economista deduce: “Los magos no tienen muchos conejos, a lo sumo dos”.

En su visión, la inflación le está oscureciendo el panorama. “Calculamos el índice de enero en 5,9% y febrero viene en alza con la suba de la carne que cada 10% arrima un punto a ese índice”. A sus clientes les explica que la sábana es demasiado corta con una oferta de dólares que se reduce este año en US$ 20.000 millones, por la sequía y un menor giro de fondos del FMI. “El plan llegar del ministro se va a limitar a la administración del comercio”. Esto es más cepo.

Los banqueros relativizan la falta de dólares y apuestan a que se va a conseguir el préstamo llamado Repo, que tiene alto costo. Deberán ofrecer una garantía de US$ 3.000 millones para obtener US$ 1.000 millones.

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Ese sector está convulsionado por sus propios préstamos al Estado. Esa realidad y la revolución tecnológica impactan. De las 312 entidades que se contabilizaban en los años 80 quedan 77 en plena transformación con masivo cierre de sucursales, retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas.

​Curioso, La Bancaria dirigida por Sergio Palazzo, un sindicalista destinado a puestos menores en la CGT, ex radical y diputado oficialista, no hace olas. “Es pragmático”, lo definió el titular de un banco extranjero.

Los industriales se preparan para lo que ellos llaman el clima de exacerbación de marzo, con la vuelta a clases, problemas de suministro en las cadenas de producción, el arranque de las paritarias y de la campaña política. En ese círculo sueltan que el principal problema de credibilidad para Massa es la inflación.

En la que fueron tratativas que insumieron todo enero, el secretario de Comercio Matías Tombolini no habló de un plan. Fue sincero: “Solo tenemos una hoja de ruta que consiste en bajar el déficit, cuidar los dólares y acumular reservas”.

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Este viernes y ante los número uno habrá show de lanzamiento en el CCK para un acuerdo que incluye 50.000 productos que van desde remedios a celulares, además de los artículos de la canasta básica. Para los controles armaron una mesa de monitoreo en la Secretaría de Comercio que se dará cita diariamente a las 8,30. En las empresas hay cierta resignación que disminuye ante la promesa oficial de acceso a divisas oficiales para importación.

Pero hay precios que se les escapan. Es el caso de la carne, que por la sequía apenas se movió 42% frente a una inflación de 94,8% en 2022 y amenaza en convertirse en un dolor de cabeza durante largo tiempo.

El experto Bernardo Cané advierte que los terneros que nacieron en el invierno y se destetan en marzo sufrieron sequía, golpe de calor y la mala nutrición de sus madres y saldrán con 15 a 20 kilos menos que el peso histórico de 170 kilos.

A su vez, las vacas por casi los mismos motivos, no van a quedar preñadas en los próximos servicios de primavera. Habrá menos terneros en 2024. “Esta es una de las razones pero puede haber otros disparadores en una economía donde la pizza o el helado triplican el valor del lomo”.

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En ese escenario, se dio marcha atrás con la modernización del comercio, que seguirá con la media res cargada al hombro. El sistema de cuartos fue propuesto en 1991. No solo apunta a la sanidad, también a que los precios al mostrador se fijen de manera racional y no en función de la pequeña escala de las carnicerías ocupadas en que no se hunda ese comercio familiar.

Los brasileños de Marfrig, reyes mundiales del negocio frigorífico, que han crecido en faena y en marca tras la adquisición entre otros de la local Campos del Tesoro, no alcanzan a comprender.

Lo mismo pasa con Minerva, el otro gigante brasileño, dirigido por el ex Coto Martín di Giacomo y con la gente de Gorina, de capitales nacionales bajo la batuta del contador Carlos Riusech. Trascendió que en las cámaras frigoríficas hay unas 10.000 toneladas guardadas, 2,5% de las exportaciones totales. ¿Vendrá un dólar carne? Otro tanto pasa con las peras y manzanas en el Sur. Se habla de un dólar especial de $ 260.

Eso sí, lo que anda como un reloj es el gasoducto que estará listo el 20 de junio o el 9 de julio si todo marcha como hasta ahora. Claro que no es la panacea ya que podrá transportar 11 millones de metros cúbicos por día y se elevará a 19 millones cuando estén listas las plantas compresoras. En el invierno el consumo diario de gas salta a 90 millones de metros cúbicos. Una parte la provee el sistema actual, pero van a faltar unos 30 millones de metros cúbicos.

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En ese rubro los empresarios destacan cómo se alinearon en torno a Massa a diferencia de lo que ocurrió con la gestión Guzmán. En Energía abundan los santacruceños y Agustín Gerez, titular de Enarsa, es la mejor expresión del encuadramiento.

Federico Basualdo, que saltó a la fama por las trabas al ajuste tarifario que pretendía Martín Guzmán, se fue a su casa y se llamó a silencio. Con cierta ironía alguien recordó al personaje de Stendhal en la Cartuja de Parma: “Nunca había tenido el talento de los asuntos públicos, su gestión era lenta y complicada”.

En cambio, al ex ministro Guzmán se lo nota muy decidido a salir del ostracismo. Su think tank ya tiene sede en el Microcentro, aún le falta el nombre.

Volvamos a la energía, el buque insignia de esta administración: ya arrancaron negociaciones con Techint para la reversión del gasoducto de TGN ante la inminencia de la declinación del gas de Bolivia y el peligro que las centrales térmicas del Norte se queden sin combustible.

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En la Transportadora de Gas del Sur también hay proyectos. Esta semana cumplieron 30 años y uno de sus ejecutivos deslizó que solo les respetaron los contratos durante 9 años. A quien no respetaron la palabra fue a Darío Martínez, el ex secretario de Energía que regresó a Neuquén con la promesa de ser candidato a gobernador por el justicialismo. Lo consuelan como candidato a diputado.

¿Correrá la misma suerte el proyecto de ley para el Gas Natural Licuado? El presidente de YPF, Pablo González, cerró un acuerdo con Petronas de Malasia que implica miles de millones de dólares. Esta noche parte a la India al seminario que reúne a los grandes jugadores. A su vez, India está interesada en el petróleo argentino y es lo que explica un encuentro con Shri Hardeep Singh, el poderoso ministro de petróleo y gas natural.

Claro que en cuanto se reanude la actividad agropecuaria va a faltar gasoil, pero no en los volúmenes del año pasado. Algo se aprendió. “Por el lado del bioetanol, se espera una pronta redistribución de cupos por parte de la Secretaría de Energía, entre los correspondientes a la industria azucarera y los de maíz, mientras Agricultura y Energía analizan la posibilidad de aumentar las mezclas del actual 12%, hasta un 15%”, dice el consultor Claudio Molina al observar que “no se trabaja adecuadamente para evitar que este año vuelva a registrarse una crisis. Falta planificación”.

Hay algunos que sí tienen planes. Es el caso de Juan Carlos Bojanich, contador de profesión y cuya familia amasó su fortuna desde la panadería industrial que abastecía a la Armada Argentina, en la Base Naval Puerto Belgrano. Posee bingos en varias de las ciudades más importantes de la provincia y contabiliza diez plantas de biodiesel.

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​Ahora busca desembarcar en el etanol. Como tantos otros en el mundo de los negocios, Bojanich tiene sus fichas puestas a ambos lados de la grieta. Los bingos explican su sólida relación con Daniel Angelici de Cambiemos. También es muy conocida su sintonía con Máximo Kirchner. Tal vez, por su confrontación permanente y la dureza en las formas, según describen sus competidores.

Esta semana y en su aparición ante los equipos de Horacio Rodríguez Larreta, Martin Redrado habló de las oportunidades que ofrece al país el near shoring, es decir de las cadenas cortas de producción, la modalidad que surgió al compás de la pandemia. Redrado, asesor del Banco Central de Malasia, se refirió a esa zona de Asia Pacífico demandante de lo que el país ofrece. Y aseguró que es posible recuperar la credibilidad con leyes que le den respaldo a una política económica de estabilidad y crecimiento.

En eso, alguien lo interpeló: “Martín, qué te preguntan los inversores del exterior?”

-No importa quién esté en el Gobierno. Quieren saber a qué tipo de cambio le toman la inversión y si podrá después disponer de su dinero, fue la contundente respuesta.

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Notas de Opinión

Sin moneda, pero con nuevo billete

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera

Columna publicada originalmente en Infobae

El “peso convertible” nació el primero de enero de 1992. Fue el sucesor del Austral, moneda que tuvo el triste récord de haber sumergido a la Argentina en niveles inflacionarios jamás vistos en el país: el año 1989 se despidió dejando atrás una inflación del 3.079% dándole paso al año 1990 donde la misma se ubicó en el 2.313%.

Aquella moneda nacida el 15 de Junio de 1985 tuvo como billete de máxima denominación al de 500.000 australes, que vio la luz en noviembre de 1990.

Poco tiempo después –un 1 de enero de 1992 y a razón de 10.000 australes por unidad- nacía el “peso convertible”. El billete de mayor denominación entonces equivalía a 50 dólares: 500.000 australes => 50 pesos convertibles => 50 dólares.

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Este “peso convertible” llegó a los bolsillos de los argentinos en billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 unidades. En su paridad con el dólar esto significó que el billete de menor denominación equivalía a 1 dólar y el de mayor denominación, a 100 dólares.

Un 6 de enero de 2002 –luego de atravesar el “corralito” y el “corralón” que impedían retirar libremente los depósitos de los bancos- se derogaba la “Ley de Convertibilidad” certificando la muerte del “peso convertible” -el cual nos había acompañado por un período de 20 años- para darle paso al “peso” tal como lo como lo conocemos hoy.

Desde aquel momento a hoy la inflación acumulada se ubica en torno al 21.588%, lo que implica que para poder comprar hoy lo que en enero de 2002 adquiríamos con un billete de 100 pesos, necesitaríamos disponer ya no de esos 100 pesos sino de 21.688 pesos. La destrucción de la moneda ha sido total.

El Banco Central de la República Argentina ha anunciado que se ha tomado la decisión de emitir un nuevo billete: el de $2.000 (hoy el de mayor denominación corresponde al de $1.000, billete este que nos acompaña desde Noviembre de 2017).

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Al momento de su creación, el billete de $1.000 equivalía a 52 dólares. El nuevo billete de $2.000 va a nacer algo más atrás: si hoy estuviese en nuestros bolsillos, tener uno de la nueva denominación anunciada equivaldría a poseer 5,30 dólares, apenas una décima parte de lo que en su momento representaba el billete de $1.000 cuando nació.

De igual forma, con el nuevo ejemplar seguiríamos siendo (después de Cuba) el país con el billete de mayor denominación que representa menos cantidad de dólares.

No tener las denominaciones correctas en el circulante implica una serie de inconvenientes que van más allá de la mera comodidad de utilizar menos cantidad de papeles en la billetera: impacta en el costo de los seguros bancarios, en la capacidad de cajeros automáticos y entre otras cosas, en el costo de fabricación de la propia moneda (hacer un billete de $10.000 costaría una quinta parte de lo que se gastará en cinco billetes de $2.000, representando la misma cantidad de valor).

En la Argentina, con niveles de inflación cercanos a los tres dígitos, déficit fiscal crónico y un BCRA que cada vez posee más pasivos remunerados –lo que deduce mayores niveles de emisión monetaria en el futuro-, el problema de la denominación de los billetes es un tema absolutamente marginal.

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Si hoy nuestra tuviésemos un billete de $37.700 (equivalente a 100 dólares), con la dinámica inflacionaria actual en 5 años ese billete tendrá el mismo poder adquisitivo que hoy tiene un billete de $1.000.

La política tiene que entender que el valor de la moneda está determinado en el tiempo por el sano comportamiento fiscal y monetario. De no hacerlo, seguiremos emitiendo billetes que siempre estarán condenados a desaparecer.

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Notas de Opinión

Los Precios Justos son ahora parte del problema

Mejor que el equipo económico no se enamore del esquema al que apeló para combatir la inflación porque eso agregaría más presión a la caldera de las distorsiones

Columna publicada originalmente en La Nación

“¿Qué están haciendo Massa, Rubinstein, etc.? Una mezcla de ortodoxia y heterodoxia. Esto último incluye el programa de Precios Justos (ignoremos una nomenclatura tan poco feliz) en el cual un conjunto de empresas congela, durante cuatro meses, los precios de algunos productos y se compromete a no aumentar los del resto de los bienes que fabrican más de 4% por mes. Le puedo dar el beneficio de la duda a la combinación de ambos tipos de medidas, pero no un cheque en blanco. Quiero decir si –digamos– en diciembre de 2022 la tasa de inflación no cede, y para enero de 2023 pinta para algo parecido, mejor que el equipo económico no se enamore del esquema porque estaría aumentando las distorsiones”, dije en esta columna, el 1° de diciembre de 2022.

Hoy todo esto es historia, pero tiene consecuencias para adelante. Está por comenzar el “circo” mensual, referido a la cuantía de la tasa de inflación del mes que acaba de terminar: todos esperamos la noticia, pero sorprendería que se produjera alguna novedad. Esta última ocurriría si la tasa mensual de enero hubiera sido de 2% o de 20%. La distinción es importante porque lo que modifica las decisiones no son las noticias, sino las novedades.

Algunas personas son afectas a “ver” tendencias comparando dos observaciones. Nada profesional. La realidad inflacionaria es que, con oscilaciones, lo mejor que nos puede pasar en 2023 es “esto”; lo peor es una hiper, que nunca se puede descartar, pero no sirve para tomar decisiones.

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En este contexto, la pretendida continuación del esquema de precios justos agregará más presión a la caldera de las distorsiones. No es necesario que el ministro y el viceministro de Economía se inmolen en la Plaza de Mayo explicitando el fracaso del esquema, a pesar de la “colaboración” que prestó el gremio de los camioneros y siguen prestando algunos piqueteros.

Es suficiente con que no insistan con la prolongación de un esquema que, a la luz del resto de las variables económicas, forma parte del problema, no de la solución.

Última, pero no menos importante. Tarea para algún joven que se quiera lucir: ¿cuánto aumentó durante 2022 un índice de precios al consumidor “descarnado”, dado que el año pasado el proceso de liquidación, forzado por la sequía, tiró para abajo la inflación? El dato es importante porque el fenómeno se está revirtiendo, agregando más presión a la tasa de inflación.

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