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Notas de Opinión

Cristina Kirchner, en su fase más destructiva

La vice necesita que se olvide su responsabilidad en los resultados de la gestión. Como no bastaron cartas, renuncias ni votos en disidencia, activó el botón nuclear

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Hace un tiempo que viene discutiéndose en sectores de la oposición la tesis de “cuanto peor mejor”: la idea de que es necesaria una crisis aún más aguda que la que ya soportamos, “que toquemos fondo”, para que la sociedad acepte los sacrificios que conllevarán las reformas que hacen falta para superar la decadencia.

Algunos, para justificarse, recuerdan lo sucedido en 1989. Mejor dicho, traen a cuenta las enseñanzas simplistas que ciertos relatos favorables a las reformas entonces emprendidas han extraído de lo que suponen sucedió en esos años. Cosa curiosa, sin extender las comparaciones al 2001, por una razón bastante obvia: hubieran tenido que sacar las conclusiones opuestas.

Por suerte, pueden atender esos opositores al comportamiento adoptado en estos días por Cristina Kirchner, y aprender de una vez por todas para lo que realmente han servido estallidos y crisis de gobernabilidad como los de 1989 y 2001: para olvidar lo más importante.

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La vice está intentando por todos los medios a su alcance, justamente, que la sociedad olvide lo fundamental que podría aprender de la actual coyuntura: lo ineficaces y/o perjudiciales que han terminado siendo sus ideas e iniciativas. ¿Cómo? Desvinculándose de “su instrumentación a manos de Alberto”. Y como ha comprobado ya que no alcanza para lograrlo con plantearle objeciones, a través de cartas, renuncias y votaciones, pasó a bombardearle la entera gestión y va camino a aniquilar su ya muy acotada capacidad de controlar la situación. Con lo cual espera que los votantes, al menos “sus” votantes, no tengan otra que admitir que ella realmente estuvo todo este tiempo en desacuerdo con lo que él terminó haciendo.

Ante esto se plantea la pregunta: ¿es que no teme que, en el curso de esta operación, se desate una crisis más aguda, que el Gobierno termine en un fracaso catastrófico, inapelable? Lo que nos conduce al meollo de la cuestión: lo más significativo de la apuesta de Cristina es, precisamente, que le viene bien un poco más de caos.

No precisa necesariamente mejores resultados (que, por otro lado, sabe muy bien, sería muy difícil conseguir, sin hacer cambios para ella inaceptables), sino “mejores” lecturas y lecciones; para lo cual no es obstáculo, sino, al contrario, puede convenir que nos demos unos cuantos golpes más contra la pared, que traigan más incertidumbre y desorden. Porque entonces todo lo sucedido entre 2019 y el presente se relativizará, se confundirá o directamente se descartará: “Ella nos avisó, estuvo en lo cierto”.

Eso es lo que generan, más que lecciones útiles sobre el pasado, las crisis galopantes: un corte en la memoria colectiva, un río revuelto de juicios y experiencias pasadas que se relativizan ante nuevos acontecimientos conmocionantes, ideas y responsabilidades que se confunden en el tole tole de la crisis, del que sacan ventaja los pescadores más audaces, quienes tengan menos pruritos para manipular el revoltijo en que se habrá convertido la escena política. Entre esos pescadores, ya lo sabemos, porque lo demostró junto a su marido en 2001 y en lo que siguió, Cristina es experta consumada.

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Por eso es que no conviene exagerar sobre la “irracionalidad” de sus actos, ni sobre el peso en ellos de sus pasiones: el “enojo” o “hartazgo” en que estaría sumida frente a un Alberto ya desquiciado. Con juicios de ese tenor se termina viendo la tragedia oficial como una disputa entre dos grupos “enloquecidos”. Y no conviene pasar por alto la cuota importante de cálculo que los anima. Incluso en el caso de Cristina. Que es cierto: asume riesgos mucho más altos que en otras ocasiones, pero como las fichas con que juega son nuestras, se entiende que los costos no le preocupen demasiado.

En la superficie, solo en la superficie, la bomba en que se ha convertido la gestión del FdT combina dos problemas psicológicos entrecruzados: el narcicismo de Cristina y el autismo de Alberto. Lo peor de cada uno.

Y al menos en ese aspecto del problema puede decirse que algo de razón hay de los dos lados, cuando se reprochan mutuamente ser incapaces de salir de la encerrona en que están.

El camporismo tiene parte de razón cuando se queja del encierro en que cayó Alberto, que “gobierna con cinco amigos”. Encima cinco que no aportan mucho: el implícito del juicio camporista es que, como él es un cinco de copas, quienes lo rodean no pueden valer más que un cuatro; un mal que ha aquejado ya a otros presidentes.

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Pero convengamos, replican desde el “albertismo”, que si esta relación termina así fue, en gran medida, porque Cristina lo acorraló hasta el extremo de la humillación, lo sometió a un régimen de degradación cada vez más destructivo, al confundir, digamos que de manera narcisista, sus intereses con los intereses generales, escucharse solo a sí misma y esperar que los demás la adulen incansable e incondicionalmente.

Ni el narcisismo ni el autismo son, de todos modos, explicaciones suficientes: ha habido y sigue habiendo cálculo político en los cursos de acción seguidos tanto por Cristina como por Alberto. A ella esos cálculos la terminaron conduciendo al actual bombardeo, y a él lo están empujando al aislamiento, a pretender, como sostuvo esta semana Guzmán y repitió Aníbal Fernández, “gobernar con los que compartan el modelo”. Que es como decir “con los que no tienen adónde ir”, porque “modelo”, convengamos, no quiere decir nada.

Los que “no tienen dónde ir” son dirigentes peronistas sin territorio, sin organizaciones de interés detrás, sin bases electorales sólidas y propias. Y hay unos cuantos de esos disponibles. Pero no los suficientes para mantener a flote un gobierno con todas las dificultades que enfrenta el de Alberto. ¿Revisará su cálculo el Presidente en cuanto a que con lo que tiene a su alrededor le alcanza para sobrevivir, y lo hará a tiempo para evitar una crisis de gobernabilidad mayúscula?

Y por su parte, Cristina ¿recalculará a tiempo su estimación sobre los “refugios seguros” a los que aún en el peor de los casos, en un eventual fracaso inapelable de la gestión, podría replegarse? Esos refugios son, ante todo, los votos del conurbano bonaerense y los espacios institucionales que con ellos se controlan: la presidencia del PJ del distrito, los municipios, los “movimientos sociales”, las bancadas de legisladores.

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Mientras esté segura de que “aguantan”, como le sucede a Putin con el fervor nacionalista de sus compatriotas, hasta las apuestas más temerarias pueden parecerle racionales. Solo si surgieran dudas serias al respecto, esos cálculos podrían cambiar. Pero tal vez, para cuando lo hagan, ya sea tarde, y la crisis no se pueda detener.

¿De qué depende que algo así se evite? Difícil saberlo, pero tal vez ayude que se lleven un buen susto en las encuestas. Aunque es probable es que haga falta algo más contundente, como una protesta social que no les sea posible prever ni contener.

Motivos para algo así sobran. El desastre institucional que están generando en su afán por desarmar lo que queda de Justicia independiente y hacerle la guerra a la Corte Suprema en cualquier momento agota la paciencia social. La inflación desbocada que, a falta de instrumentos mínimamente eficaces en manos de la administración, solo la caída del consumo y el consecuente ciclo recesivo va a poder contener, es ya un acicate a la protesta en la base de infinidad de gremios y barrios.

Frente a un gobierno sumido en la perversa dinámica que enlaza aislamiento y bombardeo, lo que resulta también imposible de prever es si un susto proveniente de alguno de estos o de otros frentes de conflicto va a frenar la irresponsabilidad oficial, o va a barrer con lo poco que queda de gobernabilidad.

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Notas de Opinión

Parece que se termina la fantasía económica

La falta de recursos que nos llevará a aumentar la emisión y recalentar los precios, y los dólares parecen ser una combinación de factores que implican que la misión de llegar a las elecciones sin sobresaltos tal vez no sea tan sencilla

Columna de opinión publicada originalmente en Infobae

Poco parece haber durado la omnipotencia que transmitió Sergio Massa al momento de su asunción algunos meses atrás. Las inconsistencias comienzan a pasar factura. La desidia y la imprudencia en materia económica están evidenciando fuertemente los problemas estructurales que tiene la economía argentina.

Los dólares se despiertan después de algunas semanas que reposaban sobre cierto manto de calma, la deuda en pesos se ha transformado en un problema que ya se avizora con nitidez en el horizonte cercano y el clima social parece no dar tregua en un fin de año que tendrá la espectacularidad de tener el barco a la deriva en tanto ingresamos sin pausa en un año electoral que será clave para el destino económico y político del país.

Desde que conocimos el “dólar soja” (ese que ofrecía 50 pesos más por cada dólar a quienes decidieron liquidar sus granos) entendimos que se disparaban algunas cuestiones elementales: los dólares que se iban a liquidar gracias a ese inventivo en el tipo de cambio no sería otra cosa que un mero adelanto de liquidación (dólares que tendremos hoy, pero que dejaremos de tener mañana), que esa diferencia iba a generar una emisión monetaria en exceso (septiembre, el mes en el cuál operó el “dólar soja” fue el mes con mayor emisión del año) y por último nos dejaría la conclusión de que nadie más liquidaría sus granos pensando que en algún momento una nueva versión del “dólar soja” resurgiría de entre las cenizas para intentar nuevamente incentivar al campo a que proceda a liquidar sus stocks remanentes. Y como estamos acostumbrados parece que una vez más hemos vuelto a nuestro punto de partida: un BCRA sin dólares y una nueva versión “soja” que parece estar a punto de nacer.

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Nada es consistente. El Banco Central detiene su drenaje de reservas y la única solución que parece haberle encontrado el gobierno esta sangría de dólares es la de seguirnos endeudando: ampliación del swap con China y préstamos del BID que apenas alcanzan para cubrir el equivalente a una semana de caída de reservas. La situación es crítica y nadie parece estar tomando nota.

Mientras tanto empieza a preocupar la deuda en pesos que debe afrontar el Tesoro Nacional: buena parte de la misma vence antes de las elecciones del año que viene. El gobierno ha intentado que el mercado le dé un nuevo voto de confianza al equipo económico: intentó canjear bonos anticipadamente (y con ello refinanciar la parte de la deuda) con el objetivo de lograr evitar grandes vencimientos durante los meses de noviembre y diciembre y poder afrontarlos algunos meses más adelante. Sin embargo el resultado ha sido lapidario: apenas logró que ingresen a la refinanciación únicamente aquellos bonos que estaban en manos del propio Estado. Además de los vencimientos, el Ministerio de Economía necesita otros 500.000 millones de pesos para cubrir sus gastos hasta fin de año sin tener que recurrir a la máquina de hacer billetes. Hasta aquí el mercado no parece estar dispuesto a financiar las necesidades del Tesoro. El panorama es preocupante.

En el medio de la tormenta, lo inevitable: los dólares comienzan a tomar velocidad. El más atrasado en la fila de las cotizaciones era el libre. Su avance de estos días tampoco puede sorprender a nadie: en lo que va del año la cotización del billete informal se incrementó un 50% cuando la inflación acumulada en ese mismo período ha sido de prácticamente el 80%. Además el “dólar Qatar” ya coquetea con los 345 pesos por dólar, por lo que no parece haber razones para que la cotización del libre no siga su firme camino alcista.

Una deuda en pesos insostenible, la falta de recursos que nos llevará a aumentar la emisión monetaria y recalentar aún más los índices inflacionarios, y los dólares que no están dispuestos a aparecer ante tanta regulación y cotizaciones oficiales ridículas, parecen ser una combinación de factores que implican que la misión de llegar a las elecciones sin sobresaltos tal vez no sea tan sencilla como muchos creían que sería. Lo cierto es que todo está por verse en un país que parece estar dejando de funcionar.

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Entrevistas Nexofin

Entrevista a Sergio Farella: el accionar de los jueces, el caso que lo marcó y su fanatismo por Banfield

En diálogo con Nexofin, el periodista, columnista y responsable de temas judiciales en TN y El Trece comenta sus primeras experiencias en Tribunales, expone sobre la Causa Vialidad y opina respecto a las investigaciones sobre delitos de corrupción

Desde su juventud en la localidad bonaerense de Banfield, cerca del estadio Florencio Sola, Sergio Farella tuvo fascinación por la comunicación.

Mientras otras asignaturas no lo convencían, un famoso caso en su adolescencia le hizo tomar la decisión de estudiar periodismo: la muerte de José Luis Cabezas, el 25 de enero del año 1997.

“Mi viejo tenía un comercio, yo estaba ahí y leí eso. Me dio mucha bronca; con 17 años uno tiene muchas utopías y muchas cosas. Bueno, esto es lo mío, periodista… y fue así”, recuerda el comunicador a NEXOFIN, en el ciclo “Charlas de WhatsApp”.

A lo largo de su trayectoria pasó por el sitio Infobae y los canales 360 TV, América 24 y CN23. Hoy es columnista y responsable de temas judiciales en TN y El Trece.

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Otro punto a destacar es que está acreditado en Tribunales por la agencia Noticias Argentinas (NA). “Yo ingresé en el año 2005 y fue de casualidad, no es algo que busqué. Al poco tiempo empezaron a suceder cosas que obviamente en las noticias son protagonistas”, comenta Farella sobre su arribo a uno de los escenarios claves del Poder Judicial.

En diálogo con Nexofin, el periodista, columnista y responsable de temas judiciales en TN y El Trece comenta sus primeras experiencias en Tribunales, expone sobre la Causa Vialidad y opina respecto a las investigaciones sobre delitos de corrupción.

Nexofin (N): Empecemos por el principio, ¿por qué elegiste estudiar periodismo?

Sergio Farella (SF): Siempre el tema de la comunicación me gustó de pibe. No me gustaba la matemática, la contabilidad, la medicina… nada.

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Algo que me decidió o apasionó fue leer el asesinato de José Luis Cabezas. Mi viejo tenía un comercio, yo estaba ahí y leí eso.

Me dio mucha bronca; con 17 años uno tiene muchas utopías y muchas cosas. Bueno, esto es lo mío, periodista… y fue así.

N: Sobre el rubro judicial, ¿a quiénes destacas entre tus colegas del medio?

Destaco a Patricia Blanco de Infobae, a Paz Rodríguez Niell de La Nación y hay un cronista que no se conoce mundialmente como cronista judicial pero lo es… es un escritor increíble, el francés Emmanuel Carrère.

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Lo leo bastante y cuenta historias de vida, sobre todo. Inicialmente, él comenzó siendo un cronista judicial.

N: Hoy estás acreditado en Tribunales, ¿qué sensaciones tenías ese primer día?

Es como que no lo podés creer; estás donde sucede todo. Yo ingresé en el año 2005 y fue de casualidad (no es algo que lo busqué).

Al poco tiempo empezaron a suceder cosas que obviamente en las noticias son protagonistas.

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Te puedo nombrar el caso Cromañón, lo que sobrevino después, los primeros juicios por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar… un montón de casos, hechos de corrupción.

Estás en el foco de la noticia y fue mi primer encontronazo con la gente que tomas decisiones (jueces y miembros del Poder Ejecutivo; he visto a un sinfín de presidentes y ex presidentes en Tribunales).

N: ¿Cómo ves al sistema judicial en la actualidad?

Lo veo mal, no creo que esté funcionando correctamente. Incluso, es necesario una reforma (no sé si la que se está intentando en el Gobierno).

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Todos te dicen que la reforma es necesaria: no funciona bien, causas que se dilatan en el tiempo, un estándar de pruebas son muy débiles, jueces que son árbitro pero también son parte, el tema de cómo se eligen (como si fuera un shopping) que determinado juez o fiscal quede a cargo de una causa.

Evidentemente, funciona muy mal.

N: ¿Por qué las causas respecto a delitos de corrupción demoran tanto?

Hay varias cosas. El cajoneo de las causas existe; esto se da tanto en jueces que nosotros conocemos de primera instancia, tribunales orales como las instancias que revisan (la Cámara Federal y la Cámara Federal de Casación Penal). Claramente, se dilatan los tiempos.

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Muchas veces sobre quienes deciden son gobernantes de turno, miembros del Poder Ejecutivo actual y a los jueces les cuesta tomar decisiones: lo hacen cuando dejan el poder o cuando olfatean que van a dejar el poder.

Tiene que ver, algunas veces, con la falta de recursos. Uno cree en el imaginario que en un caso de corrupción en una fiscalía hay cuatro o cinco secretarios trabajando… y capaz que es uno o dos con el fiscal que toma las decisiones.

En la falta de recursos te puedo mencionar la falta de una policía judicial; muchas veces, las fuerzas de seguridad responden al Poder Ejecutivo y son el brazo ejecutor de colaboración de la Justicia.

Son cosas que van atentando con el desarrollo de una causa. Hace muy poquito, se conocía el veredicto por la causa Yacyretá (se inició en el año 1991; batió todos los récords habidos y por haber).

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N: La gestión kirchnerista mantiene permanentes choques con el Poder Judicial, ¿cómo lo analizas?

Para el kirchnerismo el tema justicia y medios es algo muy sensible. Es algo que ha convivido durante el gobierno de Néstor, los dos de Cristina y actualmente.

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Lo veo muy mal, por parte del Ejecutivo; siempre se está buscando un enemigo.

Creo que lo que tanto menciona Cristina como la teoría del lawfare no la creo. Si ha pasado en la corte menemista, incluso en los primeros años del kirchnerismo.

La Justicia se alinea con el poder de turno y otras veces con sectores de la oposición.

No creo que haya una suerte de complot. Te puedo mencionar la causa Skanska; incluso Vialidad en los primeros años (la diputada Carrió decía que estaba cajoneada y hoy recién está en juicio).

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N: Hablemos de la Causa Vialidad, ¿qué opinión te merece la actuación del fiscal Diego Luciani?

Es sólida. Cuando se dice que está sobreactuada, los juicios orales siempre tienen un condimento de teatralidad (se trata de convencer a un jurado y a la opinión pública).

De Cristina también vemos cierta teatralidad; está bien, es una apuesta que se hace.

Se ha preparado, no es un fiscal improvisado y me parece que está haciendo sus funciones.

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Mariel Fitz Patrick y Sergio Farella conducen Código F (domingo a las 12)
en FM 89.9 Radio con vos

N: ¿Va a marcar un precedente para enjuiciar a otras figuras políticas?

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Creo que sí. Evidentemente, el precedente va a ser porque es el primer juicio contra Cristina y tal vez (no sabemos, estamos en el 2022) sea el único.

Causa Hotesur, está en veremos… Memorándum con Irán, misma situación… Cuadernos está en instancia de tribunal oral (un recurso que acepten a la defensa se puede voltear toda la causa).

Con seguridad, está el juicio de Vialidad. Va a marcar un precedente sea condenada o no; estamos hablando de la figura política más importante de los últimos 15/20 años.

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N: ¿Cuál es tu mirada sobre la eximición de los jueces del pago de ganancias?

Estoy convencido de que deben pagar ganancias. Hay discusiones que ya están en la opinión pública y los jueces tiene que ceder… lo que tiene que ver con recesos judiciales o de la Feria Judicial.

Claramente, es un sector favorecido con el nivel de salarios; tal vez, no se deberían aplicar ganancias en todos los ítems. Somos todos iguales ante la ley.

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N: Salgamos un rato del oficio, ¿cuándo nació tu fanatismo por Banfield?

Tiene que ver porque vivía cerca de la cancha (mis papás siguen viviendo). A los 5/6 años ya empecé a ir a la cancha a ver a Banfield; después, amistades y se fue dando el fanatismo que me acompaño durante años.

N: ¿Cuál fue el gol que más gritaste?

Contra Boca en cancha de Banfield (salió 3-1); debutaba Cristian “Laucha” Lucchetti. Ese partido lo recuerdo bien y fue como ¡guau!

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N: ¿Quién es tu máximo ídolo de la institución?

Siempre quedo en el imaginario José Luis “Garrafa” Sánchez. Por lo que representaba. Fuera de la cancha era un tipo palpable que tenía empatía con la gente… además, hizo conocer a Banfield.

Era un jugador de potrero; no está en un pedestal. Te lo cruzabas en un picado y jugaba con vos en el barrio.

Ignacio González Prieto, Sergio Farella y Miguel Paradiso en Cámara del Crimen

N: Vamos con un pequeño ping-pong, ¿medio predilecto para enterarte de las noticias?

Generalmente, ahora estoy muy embebido en la televisión.

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N: ¿Una cobertura como cronista que recuerdes con gracia?

Me acuerdo la más inmediata. Hago temas que tienen que ver con homicidios y corrupción. Destaco las guardias con los colegas; estamos hablando de cinco/seis/siete horas. Es la parte más graciosa.

N: ¿Libro/s que recomiendes?

El vuelo de Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso… son autores con los que me inicié (contemporáneos a mis estudios en la facultad).

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De afuera, me gusta mucho el francés Emmanuel Carrère, el español Fernando Aramburu y Javier Cercas.

N: ¿Frase de cabecera?

“No le importa a nadie”. Tiene que ver con algunas de las coberturas que hacemos, en algunos casos que son propiamente del sistema judicial.

No implica que debería importar porque cuando uno habla del Consejo de la Magistratura (tiene un nombre muy técnico, hasta la gente no sabe quiénes son y que se hace).

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Debería tener un poco de atención: ahí se cocina lo que sucede en el Poder Judicial. Es mi frase de cabecera para los colegas.

N: ¿Una canción que te represente?

No sé si una canción, pero una banda sería Queen.

N: Para cerrar en un concepto, ¿Sergio Farella es…?

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Un tipo común.

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Notas de Opinión

El Barón del conurbano que teme perder su distrito por culpa de Máximo Kirchner

Todo parece indicar que a Fernando Espinoza le está llegando el telegrama de jubilación como jefe de La Matanza. La presión de Pérsico para que su esposa, Patricia Cubría, participe en las PASO, está surgiendo efecto en el ánimo de Máximo y por eso se habla de un armisticio con el Movimiento Evita

Columna publicada originalmente en MDZ

“Si Máximo Kirchner le cumple su compromiso a Emilio Pérsico de darle una boleta al Movimiento Evita para competir en La Matanza, se le termina el poder a Fernando Espinoza”, comenta a MDZ una fuente de la Casa de Gobierno de La Plata. Los trascendidos sobre una amistosa cena que compartió el presidente del PJ bonaerense con el jefe del Evita dejó muy preocupado al alcalde del municipio más populoso de la provincia de Buenos Aires.

Concretamente, el temor de Espinoza se basa en que la legisladora provincial y pareja de Pérsico, Patricia Cubría, lo pueda enfrentar en las PASO en su peor momento en las encuestas y con menos poder territorial en el distrito matancero. En su entorno saben que la única forma de lograr la reelección es que la conducción del PJ bonaerense a cargo de Máximo no habiliten la lista del Movimiento Evita. De todas formas, la organización piquetera tiene un plan B para meterle presión al intendente y al jefe de La Cámpora. Vienen amagando con ir a las elecciones con su propio partido y de esa forma se dividiría el voto del oficialismo.

Por eso circula la versión de un encuentro de Pérsico con el diputado Kirchner para firmar un armisticio. La cena se realizó en la casa del funcionario del Ministerio de Desarrollo Social en Isidro Casanova, que originalmente pertenecía a la familia del líder montonero Mario Firmenich. El jefe piquetero militó en la organización guerrillero de los años 70 y ambos se conocen desde esa época.

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Pérsico y su esposa vienen reclamando desde el año pasado “una oxigenación de la política” en el distrito. Armaron en 2021, junto al secretario general de la CGT local, Heraldo Cayuqueo, y el titular del Centro de Comerciantes de San Justo, Daniel Dauria, el Frente Vecinal de La Matanza para ir a las PASO con lista propia dentro del Frente de Todos.

La figura de Cayuqueo es estratégica en la interna del oficialismo en La Matanza. Este año fue elegido secretario general de la CGT matancera y mantiene su liderazgo en la UOCRA local. Esta movida se viene impulsando en todas las seccionales del Gran Buenos Aires de la mano de Pablo Moyano y el propio Máximo. Acompañan al nuevo jefe de la central obrera del populoso distrito dos secretarios adjuntos. El líder de la UOM Esteban Cabello y el jefe de Camioneros Luis Velázquez. La estructura de la central obrera de este municipio va a jugar detrás de la candidatura de Cubría. Otro elemento que lo lleva al líder camporista a analizar seriamente la habilitación de esa candidatura por más que patalee Espinoza.

Lo que se escucha en fuentes que conocen muy bien el distrito es que están tratando de que Cubría participe de la PASO del FdT para que no vaya por afuera el Evita y, junto a sus aliados, le quiten al oficialismo entre 8 o 9 puntos. “Pero no debe confundirse eso con amor, la consideran inmanejable. El tema es que Espinoza cada vez les genera más dolor de cabeza”.

“Parece que ha llegado el momento de su jubilación, negociada o por las malas, pero se terminó su cuarto de hora”, agrega un referente de Juntos por el Cambio que mira con atención todas las movidas del oficialismo. Ellos prefiere que siga el actual alcalde devaluado y con pésima imagen antes que enfrentar a la mujer de Pérsico y sus aliados sindicales. Es mucho poder territorial y recursos como para mostrarse competitivos, teniendo en cuenta que además no tienen un candidato para ese escenario.

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