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Salud

Otros factores que hablan sobre tu salud además del peso

Qué otros parámetros hay que tener en cuenta

Durante mucho tiempo el peso corporal era el único parámetro considerado para definir el estado de salud y hasta el día de hoy, el índice de masa corporal que contempla el peso en relación a la talla es muy usado. No obstante, tiene limitaciones y hay muchos otros factores que hablan sobre tu salud más allá el número que arroja la balanza, pues el peso no lo es todo.

El peso corporal es un parámetro muy usado y muy fácil de evaluar, por lo tanto, siegue siendo útil para valorar el estado nutricional y de salud de las personas. Sin embargo, debemos tener en cuenta sus limitaciones.

Cuando evaluamos el peso estamos cuantificando masa grasa, masa muscular, agua y otros componentes corporales. Siendo todos estos muy diferentes entre sí y con impacto distinto. Por ello, no es igual un cuerpo de 100 kg de los cuales el 70% es masa grasa que tener 100 kg de los cuales el 70% es masa magra. La clave está en distinguir de qué se compone nuestro cuerpo y conocer el porcentaje de grasa más que el peso corporal.

Dado que el peso corporal no discrimina la cantidad de grasa que tenemos ni su distribución que puede afectar la salud, su valor para definir nuestro estado es bastante limitado. Por otro lado, el peso corporal puede variar en función de muchos factores subiendo o bajando dependiendo de lo que comemos o bebemos, así como también de si hemos orinado y evacuado el intestino o de si estamos bien hidratados. Por todo esto, puede ofrecer datos pocos reales para valorar la salud del organismo.

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Además del peso corporal, que podemos evaluar periódicamente en casa, es importante conocer como se componen esos kilos, es decir saber cuánta grasa tenemos, pues a pesar de tener un peso normal, si tenemos exceso de grasa la salud será afectada negativamente. De hecho, muchos son obesos de peso normal y poseen una salud deteriorada.

Por todo esto, otro parámetro a considerar es el porcentaje de masa grasa que en casa podemos evaluar fácilmente midiendo por ejemplo nuestra circunferencia de cintura, ya que una gran parte de la grasa va a parar a la barriga y es allí donde más perjudica la salud.

Otros parámetros son la calidad de la dieta o la práctica de actividad física, pues en el caso de ésta última se sabe que resulta más favorable ser activo físicamente que ser sedentarios y de peso normal.

Consultar con un profesional resulta clave para que además del peso se nos evalúen parámetros bioquímicos como la glucosa en sangre, los niveles de lípidos y otros. El nivel de fuerza, la calidad del descanso nocturno, los valores de presión arterial y muchos otros factores pueden hablar mucho más de la salud que los resultados que arroja la balanza.

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Por su practicidad el peso corporal continuará siendo evaluado, pero resulta fundamental complementar el mismo con otros parámetros que hablen más de la salud como por ejemplo, la circunferencia de cintura, el porcentaje de grasa u otros.

Fuente: Trendencias

Salud

Métodos naturales para calmar la indigestión

Qué podés consumir luego de haber comido en exceso o platos muy pesados

Existen hierbas y otras formas naturales de componerse del ardor y malestar que provocan la indigestión.

Jengibre: calma molestias estomacales y alivia las náuseas, mejora la digestión y posee propiedades antiespasmódicas para el tratamiento de calambres estomacales. Puede consumirse en forma de cápsulas, consultando previamente con tu médico, o después de las comidas comé unos trozos de raíz de jengibre confitada o una taza de té de jengibre tibio. Para prepararlo, colocá una cucharadita de jengibre fresco rallado en una taza de agua hirviendo, dejala en remojo diez minutos y luego filtrá.

Manzanilla: se recomienda tomarla como té calmante; lo ideal son tres tazas por día antes de las comidas.

Menta: el aceite de menta calma los calambres intestinales y ayuda a aliviar la inflamación abdominal. Se recomienda tomarlo en cápsulas de liberación prolongada o cápsulas blandas de aceite de menta puro. Aunque si sufrís de acidez, la menta puede empeorar los problemas de reflujo. Evitá tomar medicamentos para la indigestión simultáneamente con el aceite de menta. Otra opción es terminar las comidas con un té de menta. Colocá una cucharadita de hojas desecadas o un saquito de té de menta en una taza con agua hirviendo, dejá reposar por diez minutos y filtrá.

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Ante síntomas de indigestión, ingerí una cucharadita de semillas de hinojo o comino, que tienen aceites que calman los espasmos intestinales, alivian las náuseas y ayudan a controlar las flatulencias. También podés preparar una infusión de semillas: dejá en remojo una cucharadita de una mezcla preparada con partes iguales de semillas de comino, hinojo y anís en 250 ml de agua hirviendo durante dos o tres minutos, luego filtrá y dividí la mezcla en dos o tres porciones. Bebé esta infusión durante el transcurso del día antes de las comidas. La raíz de regaliz recubre las paredes internas del esófago y del estómago calmando las molestias.

También podés verter una cucharadita de bicarbonato de sodio en un vaso con agua y beberlo. Esto neutraliza los ácidos estomacales y alivia el dolor producido por los gases. A veces puede producir gas en el estómago, por lo que algunos recomiendan agregar unas gotas de jugo de limón a la preparación. No lo tomes si seguís una dieta baja en sodio ya.

Una cucharadita de vinagre de manzana disuelto en medio vaso de agua, especialmente después de haber comido en exceso o pesado, ayuda a digerir la comida si no contás con suficiente ácido en el estómago. Podés agregar un poco de miel para endulzar.

Fuente: Selecciones

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Salud

Tres formas de descongelar el pollo

Maneras seguras para que no se eche a perder ni genere daños en la salud

El pollo se mantiene en la heladera por uno o dos días y congelado hasta nueve meses. Si bien cada persona tiene una forma particular de descongelarlo, si se hace de forma incorrecta puede acarrear problemas de salud o arruinar el estado de este alimento.

1. Descongelado rápido con agua

– Colocarlo dentro de un recipiente grande.

– Llenarlo con agua fría de manera que lo cubra completamente y dejalo reposar.

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– Cambiá el agua cada media hora hasta que esté suave nuevamente.

– Los especialistas recomiendan no hacerlo con agua caliente ya que el cambio brusco de temperatura prolifera con más facilidad las bacterias. 1/2 kilo de pollo se descongelará aproximadamente en una hora y media; y si es un kilo puede tardar tres horas.

2. En microondas

– Colocá el alimento en un recipiente apto para este electrodoméstico y que tenga profundidad para que no se derrame el agua.

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– Activá el modo “descongelar” por un tiempo breve (2 minutos aproximadamente).

– Si sigue con hielo, podés repetir el procedimiento hasta que quede fresco y suave.

3. En la heladera

– Colocalo en un recipiente y ponelo en una de las primeras repisas.

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– Aunque el proceso demorará mucho más (hasta 24 horas), deberás estar atento porque si solo se trata de medio kilo puede ser cinco horas o un poco más.

– Para comprobar que está descongelado la mejor técnica es hacer presión sobre él. En caso que todavía sientas pedazos de hielo o partes algo más duras de lo normal, descongelalo un poco más.

– Después de que se haya deshelado, puede seguir guardado en la heladera por uno o dos días. Pero tené en cuenta que una vez descongelado no se debe volver a congelar.

Fuente: Mag

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Salud

COVID-19: científicos australianos comprueban cómo el virus puede dañar al corazón

Investigadores de la Universidad de Queensland presentaron un informe revelador donde detallan su último hallazgo: cómo el coronavirus compromete el ADN en el tejido cardíaco.

A tres años del inicio de la pandemia que mantuvo en vilo al mundo, continúan los diversos estudios para obtener mayor certeza acerca del impacto del Covid 19 en el aparato cardíaco y  cuáles son sus consecuencias en pacientes que presentan enfermedades cardiovasculares agudas.

En consecuencia, investigadores de la Universidad de Queensland, en Australia inciaron una investigación reciente para saber cuáles son las consecuencias que puede dejar el COVID-19 en el  corazón de aquellos pacientes que sufrieron el virus, y específicamente en el ADN en el tejido cardíaco.  Y compararon su capacidad de daño con la de la influenza (gripe).

“Si bien el COVID-19 y la influenza son virus respiratorios graves, parecían afectar el tejido cardíaco de manera muy diferente”, sostuvo la directora a cargo del informe publicado en la revista Immunology, Arutha Kulasinghe, investigadora del Instituto UQ Diamantina de la casa de estudios australiana.

“En comparación con la pandemia de gripe de 2009, la enfermedad COVID-19 ha provocado problemas cardiovasculares más graves y prolongados, pero no se sabía qué era exactamente lo que los estaba causando a nivel molecular. Durante nuestro estudio, no pudimos detectar partículas virales en los tejidos cardíacos de pacientes con COVID-19. Concretamente, lo que encontramos fueron cambios en los tejidos asociados con el daño y la reparación del ADN”, agregó.

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Los mecanismos de daño y reparación del ADN fomentan la inestabilidad genómica y están relacionados con enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer, la aterosclerosis y los trastornos neurodegenerativos, por lo que es importante comprender por qué sucede esto en los pacientes con COVID-19″, explicó también.

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