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Salud

Covid-19 en la Argentina: la Ciudad y Provincia ya aplican la cuarta dosis

El “refuerzo del refuerzo” ya comenzó a darse en grupos específicos. Qué pasa si se mira a la región

La Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires ya aplican la cuarta dosis de la vacuna contra el coronavirus. Se está aplicando en dos grupos específicos: inmunosuprimidos (por enfermedad autoinmune, trasplantes o tratamientos oncológicos) y mayores de 50 que recibieron primera y segunda dosis de Sinopharm.

El interrogante es simple: ¿Es necesario el “refuerzo del refuerzo”? Desde la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn) confirmaron al diario Clarín que, por la situación epidemiológica actual, en el horizonte de la planificación de la inmunización no habría cuartas dosis para el resto de la población argentina.

El Ministerio de Salud de la Nación dijo a este diario que “no hay evidencia científica nacional ni internacional para avanzar en segundos refuerzos para todos”.

“En principio, en estas circunstancias epidemiológicas, está indicada en esos dos grupos señalados. En realidad, para esas personas, que recibieron un esquema primario de tres dosis, esta cuarta inyección estaría funcionando como un refuerzo”, dice Daniela Hozbor, investigadora principal del Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de La Plata y una de las especialistas de la CoNaIn.

“En este contexto de pandemia, es dinámico, no es un no absoluto. Si hay algo que lo indique, se va analizar el tema de la cuarta dosis para la población general”, aclara la bioquímica.

Si se mira a la región, Chile y Uruguay son los dos grandes puntos de comparación con la Argentina en cuanto a la inmunización.
Los dos países ya aplicaban la cuarta dosis a los grupos prioritarios que comenzaron a recibirla en nuestro país.

Salud

Cómo recuperar el antiadherente de tu sartén

Consejos para extender su vida útil

Si últimamente la comida se pega, podés recuperar el antiadherente de tu sartén con estos tips prácticos y productos que tenés a mano, para así extender su vida útil.

Para sartenes con teflón

Sal de grano y papel de cocina

1- Cubrir el sartén con la sal y ponerlo al fuego por 5 minutos.

2- Cuando la sal comience a saltar y adquiera un color amarillento, retirar el sartén del fuego, cuidando que los granos no te quemen.

3- Eliminar suavemente la sal con papel de cocina, dejar que la sartén se enfríe y luego lavar como de costumbre.

Vinagre blanco y bicarbonato

– Añadir agua tibia al sartén para cubrir el fondo deteriorado.

– Verter un vaso de vinagre blanco y mover para que todo se mezcle bien.

– Dejar que esa mezcla hierva durante 10 minutos.

– Pasado ese tiempo, apagar el fuego, retirar el sartén y agregar un par de cucharadas de bicarbonato.

– Una vez frío el sartén, tirar la mezcla y lavar con agua caliente, detergente y un cepillo suave.

Este tip también es bueno, ya que recupera el antiadherente de tu sartén cuando se comienza a rayar o descascarar.

Para sartenes de hierro

Aceite

1- Poner una cucharada de aceite y repartir por toda la superficie con el sartén a fuego medio. Dejar de 8 a 10 minutos, retirar el sartén del fuego y absorber el resto de aceite con un papel de cocina.

2- Añadir sal de grano para que cubra toda la superficie y dejarla en el fuego a temperatura media. En 10/15 minutos la sal cambiará de color a un tono marrón. Retirar del fuego y quitar la sal.

3- Esperar a que enfríe y lavar de forma habitual.

Y para que el antiadherente te dure lo más posible…

– A la hora de guardarlas, no los apiles unos encima de otros, pues dañarás su capa antiadherente. Si en tu cocina hay espacio de sobra lo mejor es ubicarlas en varios cajones y con su tapa. Pero si no te queda más remedio que ponerlas unas dentro de otras, hacelo con un paño en medio para amortiguar ese roce.

– Al usar tu sartén por primera vez, herví en ella un poco de vinagre para mejorar su antiadherencia y hacerla más duradera.

– No la dejes vacía en el fuego.

– Usá palas y cucharas de silicona, plástico o madera para que no rayen la superficie.

– Al cocinar, no pongas el fuego demasiado alto y agregá siempre un mínimo de aceite para evitar que se pegue cualquier alimento.

– No la laves a menos que estén totalmente frías, ya que de lo contrario se producirá un choque térmico que debilitará antes el recubrimiento.

– Optá siempre por un lavado manual y evitá el lavavajillas.

Fuente: Yahoo

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Salud

Hidratar, nutrir y reparar: claves para cuidar tu pelo

Qué hacer en cada cada tipo de cabello para mantenerlo sano

El primer paso para lograr identificar qué cuidado necesita tu pelo es saber qué le ocurre. Para conocer su porosidad, hay un truco que consta en colocar uno o dos cabellos en un vaso transparente con agua y dejarlo dos minutos.

Según lo que ocurra, te dirá lo siguiente:

Pelo cerca de la superficie – porosidad baja: significa que no absorbe la suficiente hidratación. Por lo cual, debés usar productos indicados para la hidratación (shampoos, mascarillas, acondicionadores, ampollas, sérums, aceites hidratantes o tratamientos intensivos de hidratación).

Pelo en la mitad del vaso – porosidad media: significa que tiene la hidratación perfecta. El agua entra, pero no en exceso, por lo que se mantiene con la humedad perfecta. Usá productos que sean hidratantes para mantener este nivel de porosidad y que esté siempre perfecto.

Pelo en el fondo del vaso – porosidad alta: esto ocurre en la mayoría de los casos y se conoce como cabello seco, dañado o puntas abiertas. Entra demasiada hidratación y se encrespa. Las cutículas están muy abiertas y no retienen los productos o tratamientos aplicados. En el peor de los casos, estará dañado y lo primero será repararlo, antes de nutrirlo y, por último, hidratarlo.

– Hidratar es aportar el agua que necesita. Se da en cabellos con porosidad baja.

– Nutrir: se trata de “alimentar” al pelo y darle lo que necesita. Esto pasará en cabellos con porosidad alta.

– Reparar: cuando se rompe con facilidad al cepillarnos y vemos que tiene porosidad alta, es porque está dañado. Por lo que es hora de repararlo, luego nutrirlo y por último hidratarlo.

Pelo deshidratado: se da cuando existe una falta de agua en el pelo generalmente en la cutícula. Debido por ejemplo, al exceso de productos químicos que generan las tinturas, los planchados frecuentes o los secados agresivos. Como consecuencia, se muestra sin brillo, de tacto áspero y con tendencia a electrizarse.

Pelo desnutrido: le pasa cuando carece de una serie de alimentos necesarios para su correcta nutrición. En este caso tiende a romperse, pierde cuerpo y la consecuencia es la sequedad, falta de movimiento y brillo. Es como si estuviera muerto, con las puntas abiertas y enredos constantes.

Para cuidar tu cabello, tené en cuenta estos consejos a la hora de lavarlo:

1. Cepillalo antes de lavarlo: desenredarlo te servirá como un proceso de exfoliación del cuero cabelludo al eliminar los restos de productos. Y te será útil para que el shampoo penetre mejor y estimule la circulación sanguínea. Usá un cepillo que no genere tirones, sea menos agresivo y no rompa el pelo.

2. Aplicá el shampoo correctamente: la manera en la que se aplique es determinante para que tenga su eficacia. Antes de aplicarlo, es recomendable mezclarlo con un poco de agua tibia, primeramente poniéndolo en nuestras manos y luego en el cabello. En cuanto a la cantidad es importante no pasarse. Ni mucho ni muy poco.

El masaje tiene que ser delicado, con movimientos circulares en el cuero cabelludo levantando y separando las raíces del casco y así estimular ligeramente la circulación sanguínea. Las puntas nunca las frotes ni apliques directamente shampoo, simplemente con el resto de producto que le va a caer de la parte superior es suficiente para su correcta limpieza.

La primera aplicación es sobre todo para quitar los residuos de productos que hay en el pelo y la segunda se realiza para dar ese masaje mencionado y conseguir brillo. Sin embargo, si sos de las que se lava el pelo todos los días, no hace falta que pongas una segunda dosis de shampoo.

3. Realizá un buen enjuague: es importante dedicar el tiempo necesario. Ya que de él va a depender que tengamos más volumen. Para ello, hay que enjuagar bien sin que quede nada de restos de shampoo y finalizar con un poco de agua fría que cerrarán las cutículas y evitarán el engrasamiento del pelo.

4. Acondicionador o mascarilla: el primero posee propiedades que cubren el pelo con una fina capa a modo de protección que aporta brillo, flexibilidad y un manejo más sencillo. Puede aplicarse de manera diaria. Por su parte, la mascarilla repara los poros capilares y debe usarse sobre todo en cabellos dañados o secos una vez a la semana.

Fuente: Maquilleo

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Salud

Tres técnicas que ayudan a conservar la calma en momentos de presión

En situaciones de tensión, probá estos métodos aconsejados por la neurociencia

Para los momentos de tensión, cuando necesitás conservar la calma, la neurociencia aconseja tres sencillas técnicas que pueden serte efectivas.

1. Respiración profunda

Comenzá por respirar con técnica. Lenta y profundamente inhalá por la nariz de tal forma que te tome cinco segundos hacerlo. Mantené por un segundo más la respiración y liberá todo el aire por la nariz, con calma, mientras contás hasta cinco. Aplicá esta técnica repitiéndola varias veces y lograrás calmarte.

Históricamente, los practicantes del yoga y el budismo han empleado técnicas de respiración controlada como la anterior para tener un mejor dominio de sus emociones y los científicos han comenzado a entender cómo actúa.

Al estar bajo presión, el ritmo respiratorio tiende a ser más rápido, lo cual es una respuesta del organismo preparándose para el peligro. Y esto es útil si lo que necesitamos es reaccionar ante una situación de riesgo, pero no cuando estamos próximos a salir a hablar en público, por ejemplo.

Si respirás lenta y profundamente podés sustituir la señal que llega a tu cerebro de “alerta” a “no te preocupes”. Cuando sientas que una situación te pone nervioso, aplicá la técnica de respiración profunda por la nariz para hacer que tu cuerpo recobre la tranquilidad. Lo mejor es que el método puede pasar desapercibido, sin que nadie lo note.

2. Tarareo

Las investigaciones sobre la forma en que el cuerpo regula la frecuencia cardíaca han llegado a la conclusión de que el tarareo de alguna melodía puede estimular el nervio vago, uno de los de mayor importancia para el funcionamiento del cuerpo, el décimo de los doce pares craneales.

Surge directamente del cerebro y culebrea por el organismo como si fuese una gran montaña rusa, que conecta al cerebro con órganos como los pulmones, el corazón, el estómago, las cuerdas vocales y los oídos.

Un estudio realizado con coristas demostró que el canto, el tarareo o la repetición de mantras puede ayudar a mantener el compás del ritmo del corazón. Así, cuando llegue ese momento en el que sentís que tu corazón va más rápido, entoná alguna canción o tarareá una melodía.

3. Concentración

Cuando tenés mucho por hacer, es normal que no puedas resistirte e intentás hacer todo al mismo tiempo. Pero si querés que todo salga bien, y cumplir plenamente con las tareas, es mejor dejar a un lado esa idea de simultaneidad.

Al querer hacer dos o más cosas simultáneamente, tu cerebro se ve obligado a hacer cambios demasiado rápidos, lo cual produce una sobreestimulación e inundación de hormonas del estrés en tu cuerpo.

Si trabajás en correspondencia con la manera en la que se conecta tu cerebro, haciendo una sola cosa a la vez, podrás pasar de la conmoción a la calma. Es mejor que distribuyas tu labor por partes o paso a paso, marcá la siguiente tarea y no atiendas el resto hasta que les llegue su hora.

A esto se le conoce también como proceso de pensamiento, filosofía usada por preparadores físicos que ayuda a los deportistas a concentrarse. Hacer una sola actividad a la vez con el 100% de tu atención mantiene tu pensamiento centrado en el ahora, en lugar de en los sucesos pasados o resultados futuros.

Fuente: Grandes medios

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