Psicología

El síndrome del niño hiperregalado

Cuáles son los riesgos para el chico de llegar a este extremismo

domingo 24 de diciembre de 2017 - 7:18 am

Se trata de la tendencia de algunos padres de suplir el tiempo que no pasan con sus hijos, a punta de regalos con los que intentan llenar su ausencia. También se puede presentar cuando son demasiado consentidores y le dan a sus niños todo lo que piden porque consideran que esta es la manera de hacerlos felices.

Sin embargo, para los psicólogos, ello acarrea consecuencias nefastas: un niño que recibe tantos regalos termina por no valorar los juguetes que ya tiene. Tampoco valora el esfuerzo que ha hecho otra persona por darle un detalle ni el objeto en sí mismo. Recibir se le vuelve una costumbre e incluso, una obligación para con él.

“Siempre que hay una acumulación de juguetes, los niños pierden la ilusión, se vuelven caprichosos, egoístas y consumistas. Pedagógicamente no tiene sentido regalar tantos juguetes a un niño porque acaba dándole demasiada importancia a lo material, cuando lo que realmente necesita es atención y compartir tiempo y juegos con los padres”, señala la psicóloga infantil María Dolors Mas.

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A su vez, la doctora Marisa Navarro señala que las avalanchas de juguetes hacen que el niño pierda la concentración y no pueda sacar provecho del verdadero efecto de aprendizaje que tiene el juego: “hay tantos focos en los que debe centrar su atención que el niño es incapaz de concentrarse en uno solo. Esto provoca que se disperse y llegue incluso a perder la ilusión”.

“Es por ello que, al contrario de lo que se pretende, llegue a frustrarle y así se vuelva apático, se enfade y empiecen las quejas, como el típico “esto no era lo que yo quería”, “esto no me gusta” o “qué juego tan aburrido” que terminan por hacer sentir mal a los padres y les implica una pérdida de dinero”, afirmó la especialista.

Por ello, añaden los expertos, el principal error que cometen los padres y que conduce a que un niño sufra el “síndrome del niño hiperregalado” está en creer que para hacer feliz a un niño hay que llenarlo de juguetes cuando, en realidad, los niños no necesitan regalos para ser más felices, sino compartir tiempo de calidad con sus padres, sentirse amados, protegidos y tenidos en cuenta.

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Todo ello, crea adolescentes y adultos con baja tolerancia a la frustración ya que esperan recibir todos los regalos que pidieron, característica típica del síndrome del niño hiperregalado. Si esto no ocurre así, y recibe menos juguetes de los esperados se frustrará e, incluso, se sentirá desilusionado, triste o irritable.

“Al regalar juguetes a los niños se deben elegir aquellos que estén adaptados a su edad, que les ayuden en su crecimiento y desarrollo, que les permitan evolucionar como personas y que les inviten a usar la imaginación y a colaborar. Por ejemplo, los juegos de mesa que enseñan a compartir, a interactuar con otras personas, a respetar unas normas y unos turnos, a tolerar la frustración y a saber ganar o perder”, añade la doctora María Dolors.

A su vez, las especialistas destacan que un aspecto muy importante que se debe tener en cuenta al elegir un juguete para un niño es que el mejor no es necesariamente el más caro y que, aunque es importante tener en consideración que el niño lo desea, no es conveniente comprar juguetes si es solo se trata de satisfacer un capricho momentáneo.

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“Aparte del tiempo que los niños pasan jugando con juguetes, existe un interés por otras cosas que sólo requieren de la imaginación. Seguramente este sea un buen camino en el que trabajar. Se trata de cambiar el consumismo por el tiempo compartido en familia, de elegir menos regalos, menos juguetes y que los niños aprendan a valorarlos, de darles cosas más gratificantes. Por ejemplo: un paseo, una excursión o un juego de mesa. Se trata de seguir regalando a los niños, pero regalarles tiempo, algo que no cuesta nada, pero que supone más esfuerzo”, concluye Dolors.

Fuente: ABC del bebé

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