Atentado en Barcelona

A pie y gafas, así había huido el terrorista de las Ramblas

Cruzó la ciudad caminando y llegó hasta la Zona Universitaria, donde mató a joven de un machetazo y le robó el auto

lunes 21 de agosto de 2017 - 12:40 pm

El terrorista más buscado, Younes Abouyaaqoub, el hombre de 22 años al volante de la furgoneta que el jueves asesinó a 13 personas en la Rambla y luego acuchilló a otra más, huyó a pie. Tras esos 600 metros a gran velocidad, el marroquí detuvo el vehículo a la altura del Liceu. Vestía la misma chomba a rayas que el día anterior, cuando la cámara de seguridad de un cajero lo grabó en su pueblo, Ripoll. Abouyaaqoub abandonó la furgoneta alquilada, se puso unos lentes de sol, y se adentró en el popular mercado de la Boquería.

Se mezcló entre la multitud que corría despavorida, sin saber qué estaba pasando, y huyendo de las escenas de muerte que ya manchaban de sangre la Rambla.

El terrorista atravesó el mercado hasta la parte trasera. Desde allí se adentró en las callejuelas del Raval y caminó a paso ligero, pero sin correr para no llamar la atención. Cruzó toda Barcelona, hasta la Zona Universitària. Allí Pau Pérez se cruzó tristemente en su camino.

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Las horas coinciden. Esta redactora rehízo ayer tarde a pie la distancia que hay desde el mercado de la Boquería hasta la Zona Universitària. Cuesta arriba, se tarda una hora y media, en línea recta. Seguramente no fue el mismo trayecto que el jueves por la tarde hizo el terrorista, no pisaron las mismas calles, pero lo que demuestra el paseo es que el yihadista tuvo tiempo de llegar hasta la zona de parking en la que los investigadores sospechan que Pau Pérez estacionó su Ford Focus blanco.

Esa era una vieja costumbre de Pau adquirida en su etapa de universitario. Lo contó uno de sus familiares: dejaba el coche cerca de su facultad, porque es de las pocas zonas gratuitas que quedan en la ciudad, y desde allí se desplazaba por Barcelona en transporte público.

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El joven de Vilafranca llegó y estacionó. Era un jueves de agosto. Sobre las seis y media de la tarde. Aquello debía estar como ayer, completamente vacío, sin actividad docente en las facultades, y demasiado pronto para que llegaran las primeras prostitutas.

El joven no debió de tener ni tiempo de bajarse del coche. Seguramente fue al abrir la puerta, cuando Younes Abouyaaqoub le clavó un machete y lo empujó al interior. El terrorista se sentó al volante del Ford Focus y condujo con la intención de huir de la ciudad. Había circulado escasos kilómetros cuando se topó con el primer control de los Mossos. Hacía hora y media del atentado en la Rambla y la operación jaula ya estaba en marcha, con vigilancia en todas las salidas de la ciudad. Hasta 800 controles físicos se llegaron a montar esa tarde.

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Younes Abouyaaqoub pisó el acelerador y arrolló a una sargento de los Mossos, que se recupera de las heridas en una pierna. Su compañero aún pudo realizar varios disparos, pero el coche avanzó hasta Sant Just Desvern, donde lo abandonó frente al edificio Walden. El resto ya se ha contado. Esas dos horas interminables en las que el Ford Focus estuvo vigilado de cerca por mossos que no pudieron acercarse hasta que los especialistas en desactivación de explosivos, los Tedax, verificaran que no había riesgo.

Younes Abouyaaqoub hizo una llamada telefónica en árabe que oyó un vecino del Walden y se esfumó, corriendo. Hasta hoy, que sigue en paradero desconocido, pero con las policías de toda España y Europa tras su pista.

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