Policiales

Amenazas y denuncias: la vida en torno a la casa del misterio

En el barrio de Villa Luro esperan noticias de Claudia Ferro, quien desapareció en enero y en cuya vivienda hubo al menos cuatro supuestos ocupas

domingo 20 de agosto de 2017 - 9:22 am

La casa de Corvalán 489, en Villa Luro, no fue la primera vivienda usurpada de la cuadra ni del barrio.

Son las 19 del jueves en los alrededores de la casa del misterio. Adentro hay policías y testigos. Afuera, una fila de policías custodiando, periodistas y vecinos.

El rumor dice que supuestos ocupantes de la casa se fueron esta madrugada y que “Mickey”, el que habló a la prensa disfrazado así, grabó un video en el que amenazaba a los vecinos con regresar acompañado de “su gente”.

Sólo se confirmará que cuenta antecedentes penales por venta de drogas en Rosario. Pero de Claudia, lo de siempre: ni noticias de su paradero hace 8 meses.

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Los supuestos ocupantes serían cuatro como mínimo. Al menos una mujer venezolana y un joven peruano se presentaron el jueves a declarar ante la Justicia. Habían dicho que cuidaban la casa a pedido de Claudia, quien estaría “de viaje” como “mochilera”. Pero familiares y vecinos no les creen. Y la Justicia sigue investigando.

Según indica el diario Clarín, conversando con vecinos, hay varias más en la zona. Hablan de dos sobre distintos pasajes, de otra en el límite con Mataderos y de algunas acercándose hacia Liniers.

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A todas las vinculan con el delito: aseguran que al menos alguno de los ocupantes se dedica al tráfico de drogas o a los robos.

“Los que vivían en la casa de Claudia se mostraban tranquilos. No llevaban el ritmo de vida de las otras casas tomadas del barrio. Lo que creemos hoy es que lo hacían por una cuestión estratégica, para no levantar sospechas”, comenta otro vecino.

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La casa de Corvalán generaba misterio. Uno de los vecinos siguió a los supuestos ocupas para saber qué hacían y los vio ponerse a hacer malabares en Irigoyen y Rivadavia.

Eso, sumado a que la policía hacía allanamientos en la casa y le preguntaba a los vecinos sobre los movimientos, los tranquilizaba un poco.

Pero pasaron los meses y alguien llamó a los medios. “Desde ese día, todo cambió en la casa. Más allá que en el último mes había llegado gente nueva que no nos gustaba, empezaron a amenazarnos y a provocarnos”, dice Fernanda, vecina.

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