Política

La historia oculta del correo y la madre de Cristina Kirchner

Según fuentes oficiales, El Aldabón surgió para sostener, a través de una triangulación, un ingreso extra para los empleados de ARBA

“Recuerdo que iba los fines de semana con mi hijo a una zona que me designaban y repartía las cartas. Íbamos buzón por buzón. Para nosotros era una changuita.”

Según indica el diario La Nación, la anécdota pertenece a un histórico trabajador de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA). Empleado público, se había inscripto en el monotributo para ser contratado por El Aldabón, una cooperativa tercerizada del Correo Argentino conducida por un grupo de jubilados.

Entre ellos, la madre de Cristina Kirchner, Ofelia Wilhelm. Así, “por afuera”, los empleados oficiaban de carteros del propio organismo de recaudación.

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Esta triangulación, que ahora investiga la Justicia, es de muy larga data. Atravesó todo el kirchnerismo, pero también toda la gestión privada del Correo Argentino, en manos de Socma entre 1997 y 2003.

Según fuentes oficiales, El Aldabón nació en 1994 en La Plata como un artilugio para que los empleados de la ex Dirección Provincial de Rentas (hoy ARBA) pudieran repartir boletas del organismo en sus horas libres y hacer un extra. La dinámica se mantuvo hasta 2011, cuando se decidió que los empleados no podían seguir con esa tarea.

Desde el Correo Argentino, sin embargo, siguieron autorizando giros millonarios durante otros cuatro años, por al menos $ 61 millones. Hoy, la cooperativa reclama una deuda de $ 40 millones.

La historia

Hasta comienzos de los 90, los empleados de lo que hoy es ARBA hacían el reparto de las boletas de impuestos. Se les pagaba un plus. El escenario cambió cuando se desreguló el mercado y pasó a ser obligatorio ser un prestador postal inscripto.

En 1994, el Correo Argentino, el Ministerio de Economía bonaerense y la Asociación de Empleados de Rentas e Inmobiliaria (AERI) -el gremio mayoritario- acordaron crear la figura de una cooperativa para sostener la “changa” del reparto.

Así nació El Aldabón, presidida por quien fue titular de AERI en los años 90, Fotios Cunturis, y conducida por otros doce jubilados del Ministerio de Economía bonaerense y militantes gremiales. Wilhelm asumió como síndica de la entidad.

Los miembros de El Aldabón no se encargaban de tirar las boletas en los buzones de los contribuyentes. Contrataban a los propios empleados de rentas en carácter de monotributistas. Así, con la cooperativa, el ex titular del gremio supo manejar una caja poderosa.

El contrato plasmaba que El Aldabón debía encargarse de “la distribución a contribuyentes, cualquiera fuera el lugar de residencia, de un mínimo del 60% de las notificaciones del Ministerio de Economía provincial”. Y agregaba: “La cooperativa tiene a su exclusivo cargo el pago del personal afectado”.

El triángulo permaneció así hasta 2011: el ministerio le pagaba al Correo el servicio de reparto; el Correo contrataba a El Aldabón y éste, a su vez, subcontrataba a empleados del ministerio. Los contribuyentes pagaban sus impuestos.

“Nadie sabía cuántos empleados repartían cartas, pero se sabía que repartían. Incluso, se consultó a los abogados de ARBA para ver si eso era legal y autorizaron seguir con el modus operandi”, manifestó un ex funcionario provincial.

Según fuentes oficiales y gremiales, en 2011 se determinó que los empleados públicos no debían sostener ese “segundo trabajo”. Pero Cunturis, que ya no conducía el AERI, continuó con El Aldabón y con el convenio con el Correo. ¿Quién repartía entonces las cartas de ARBA?

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