Sociedad

Olivieri Acosta: “Lo que le da sentido a la vida es que nos vamos a morir”

Uno de los fundadores de "En el final de la vida", habló en exclusiva con Nexofin y contó cómo es el proceso de acompañar a las personas que transitan sus últimos días en este mundo. Además, reveló cuál fue el caso que más lo marcó

Crédito: La Nación

Por Antonella Fuselli – @AntooFuselli

La muerte es algo que, tarde o temprano, nos va a llegar a todos. Si bien el momento en que una persona se entera que está cercano a morir es probablemente uno de los peores momentos de la vida, esto puede transformarse en una fortuna si a partir de ahí disfruta al máximo sus últimos días y puede hacer y decir todo lo que realmente quiere. Para esto, es muy importante que todo ellos estén acompañados de manera adecuada y reciban los cuidados paliativos que los ayudarán a morir en paz.

Tomás Olivieri Acosta es el fundador de “En el final de la vida“, una página web a través de la cual se pueden contactar todas las personas que estén transitando sus últimos días de vida para recibir estos cuidados paliativos y ser acompañados por un grupo de voluntarios hasta el último momento.

“Como sociedad, yo creo que la mayoría de las personas estamos muertas en vida porque no incorporamos la dimensión de la muerte. Como pensamos que nunca vamos a morir, nunca empezamos a vivir del todo. Si no incorporamos la muerte a la vida, para mí nos falta como una parte de la moneda. Lo que le da sentido a la vida para mí es que nos vamos a morir. Y hay que tomar conciencia de que estamos de paso, esto se termina”, aseguró uno de los fundadores de esta plataforma en diálogo con Nexofin.

¿Qué es “En el final de la vida”? ¿Cómo surge?

“En el final de la vida” es una plataforma on-line que sirve de nexo entre las personas que están en el final de la vida por una enfermedad avanzada y gente voluntaria que está dispuesta a poder acompañarla emocionalmente en ese tránsito de su vida.

Surge porque yo hace 11 años que acompaño gente en el final de vida y siempre lo hice a través de hospitales, sanatorios e instituciones, que está buenísimo, pero para mí limita la cantidad de gente a la cual se puede acceder. Esta plataforma lo que te permite es llegar a todas las personas que lo necesiten, porque no hay ningún filtro en el medio que te ponga una limitante.

¿Cuántos voluntarios participan y cómo se suman?

Somos pocos, porque la verdad es que hoy la demanda de gente no es tanta. Todavía cuesta mucho que la gente nos llame por el tabú que hay para transitar la muerte. Los pocos que somos, somos toda gente que tiene experiencia en trabajar en esto hace por lo menos seis o siete años. Es un tipo de voluntariado que tenés que tener cierta preparación para poder transitar y acompañar. Es un momento que para mí es el más importante en la vida de una persona porque es para lo que menos nos preparamos en la vida. Nos preparamos para todo menos para morir.

¿De qué modo participan en la vida de esas personas que solicitan su ayuda?

Desde el momento que generamos un vínculo, acompañamos a la persona a vivir con intensidad hasta el último segundo. El acompañamiento es 100% personal y nosotros vamos a donde está la persona: en su casa, un sanatorio, un hospital. Donde sea que esté, ahí vamos.

Lo más importante y esencial es saber estar presente y saber escuchar. Para poder transitar el momento final de vida de una persona, primero tenés que trabajar mucho tú propia muerte y lo que sucede con todo eso. Si no tenemos nuestra propia muerte elaborada, lo que hacemos, sin darnos cuenta, es transferir nuestros propios miedos, nuestros prejuicios, nuestras trabas, y eso impide que podamos acompañar libremente a la persona.

En la página hablan de “ayudar a vivir con esperanza hasta el último día”, ¿Cómo darle esperanza a alguien que sabe ese puede ser su último día de vida?

Tal vez hoy es tu último día de vida y no lo sabés, o por ahí es el mío, porque en realidad esto es algo que a todos nos va a atravesar en algún momento, lo que pasa es que no sabemos ni cómo ni cuándo. En el caso de estas personas que tienen una enfermedad que sí les va avisando, trabajar con esperanza lo podés hacer cuando vos le encontrás un sentido a lo que estás transitando, cuando encontrás un para qué estás viviendo lo que estás viviendo. Para nosotros, ahí empieza el momento más importante, donde se pueden hacer un montón de cosas, que por lo general no se hacen porque hay como un abandono social. Todavía la muerte se vive como un fracaso profesional y social, entonces actuamos frente a eso como una negación.

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-¿Por qué creés que todavía se niega la muerte, si sabemos que es parte del ciclo de la vida?

Culturalmente, es el único tema tabú que nos queda como sociedad, al menos en occidente. Es  porque estamos muy conectados con el hacer, con el aparentar, con el afuera, y mismo también con la inmediatez. Hay una cosa muy hedonista puesta en la eterna juventud. Negamos la muerte y el paso del tiempo. Como seguimos atados a la eterna juventud y negamos el paso del tiempo, también negamos la muerte porque tenemos terror a eso.

-¿Y cuál es el estado de ánimo de las personas que recurren a ustedes?

Es muy diverso. Hay gente que está en paz y está aceptando su propia plenitud, hay gente que está muy perturbada, hay gente que está muy enojada, negada, tenés de todo. Nuestro trabajo es tratar de transmutar esa emocionalidad para que puedan pasar del enojo a la paz o de la negación a la aceptación. Todo eso se trabaja y se consigue cuando trabajas en el plano más emocional-vincular.

Cuando la persona empieza a conectar con eso que tiene pendiente o con las cosas que no tiene resueltas, cosas que le falta decir,  se empieza a tranquilizar y empieza a encontrar paz, producto de la aceptación que está transitando.

¿Llegás a involucrarte con las personas de modo que te afecte la pérdida?

Yo me involucro 100% y para mí es un requisito indispensable de cualquier persona que acompañe a un ser humano a morir. Lo que pasa es que son personas que yo no conozco, entonces si bien hay un involucramiento que es incondicional, al no conocerla tampoco es que me afecta tanto emocionalmente porque yo estoy con esa persona nomás el tiempo que le queda de vida. No lo podría hacer si es una persona que yo quiero o un familiar mío.

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¿Hay algún caso que te haya marcado?

Nunca me voy a olvidar de la primera persona que me tocó acompañar. Era una mujer llamada Graciela gracias a la que entendí esto de vivir hasta el último segundo, porque era una mujer de 56 años que estaba enojada con su papá que había fallecido y tenía muchas cosas pendientes. Me acuerdo que pudimos trabajar hasta el último día el tema del perdón y la reconciliación. Pudo perdonar a su papá antes de morirse y eso la ayudó muchísimo a morir en paz. Después tengo recuerdos de muchas personas que según sus características me fueron dejando enseñanzas que me acompañan todos los días. Las que más me quedan son aquellas que tuvieron una vida más difícil y, que así y todo, pudieron transitar ese final con la frente en alto. Hay una chica que cumplió 40 años antes de morir, fue a principio de este año, que hace un año se le había muerto un hijo en un accidente y le quedaba una hija de 4 años. Me acuerdo que lo que más trabajábamos era lo que le costaba a ella dejar a su hija sin su mamá, pero por otro lado me decía que estaba contenta de morir porque se iba a reencontrar con su hijo.

– Antes hablaste del “para qué”, ¿qué diferencia hay en el modo de vivir cuando nos preguntamos esto en lugar de por qué?

El por qué nos coloca más en un lugar de víctima y pongo la respuesta en el afuera. El para qué me coloca en un lugar más de protagonista y de eterno aprendiz. Es el para qué la vida me trae esto y qué tendré que aprender en base a esta experiencia, yo creo que cuando nosotros conectamos con esa frecuencia le empezamos a encontrar un sentido a las cosas que nos pasan y ahí empezamos a aprender de todas las cosas que la vida nos va trayendo.

El para qué deberíamos preguntarlo desde el día en qué nacimos. “¿Para qué nacimos?”, es la pregunta que deberíamos hacernos desde el jardín de infantes. Creo que desde el jardín nos preparan justamente con una frecuencia que nos aleja de lo que realmente somos y nos convierte en lo que deberíamos ser.

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