Judiciales

La joven que denunció a un músico de Trulalá por ciberacoso contó su calvario de 7 años

La víctima del tecladista de la banda cordobesa relató todos los detalles de su drama

tecladista trulala

El tecladista del grupo cuartetero Trulalá, Franco Daniel Carignano, fue detenido hace tres años por ser acusado de haber amenazado y extorsionado a una chica que conoció en 2009 para que le enviara fotos suyas desnuda.

Según se supo ayer, Carignano se negó a declarar ante el fiscal Gustavo Dalma y seguirá detenido, debido a la abundante prueba colectada en su contra. Además, en las últimas horas se conoció una carta que escribió la joven denunciante y en la que describió el calvario que vive desde hace siete años.

“Mucho tiempo esperé este momento, pero jamás pensé que llegaría; pero hoy puedo decir que esta dura historia se terminó para mí, y seguro que para muchas chicas también. Soy quien realizó la denuncia en el año 2012, después de haber padecido durante casi tres años las amenazas y exigencias de un desconocido, dando inicio a una investigación finalizada con la detención del autor. A raíz de noticias y comentarios que he leído en diferentes medios de comunicación, decidí, a través de la presente, contar mi historia”, narró la chica en un largo texto.

En su carta, admite que “si bien yo cometí un error que cualquier adolescente puede cometer, por el mismo pagué un sufrimiento durante siete años. Debemos concientizar que estas cosas pasan, y que ‘quien las hace, las paga’, siendo necesario que quienes sean víctimas de esta persona se animen a realizar la denuncia”.

Las primeras pericias realizadas a los dispositivos electrónicos revelaron que Carignano habría extorsionado con el mismo modus operandi a otras mujeres: a estas víctimas también las conocía a través de las redes sociales y, luego de obtener imágenes íntimas de ellas, les exigía que le enviaran más fotografías a cambio de no hacerlas públicas. Esas víctimas ahora están siendo individualizadas para ser citadas como testigos.

La joven que inició la denuncia contó que su historia “comenzó a finales del año 2009 en la red social Messenger, cuando un tal ‘Andrés’ me agrega a la misma; entablamos una ‘amistad’ y tiempo después, cuando había confianza entre ambos me pidió que le mandara una foto en ropa interior, a lo cual, en un primer momento me negué, pero fue luego de tantas insistencias que accedí y ya no hubo vuelta atrás. Una vez enviada esta primera foto, él comenzó a exigirme más (ya sin ropa interior), amenazándome con que, si no lo hacía, iba a divulgar la foto a todos mis contactos”.

“Por miedo a que lo hiciera, asentí y fueron casi siete años en los que esta persona ‘aparecía’ cada dos o tres meses exigiéndome que envíe más material. Hasta 2012 su conexión fue a través de Messenger, enviándome e-mails donde sus asuntos eran tales como: “Fotos en bolas”, “Subo fotos a tus amigos”, “Esta semana armo una cadena por Facebook”, entre otros con el mismo nivel de intimidación”.

Tras cerrar su mail, Carignano siguió: “Prontamente, su contacto comenzó a través de la red social Facebook, donde su metodología seguía siendo la misma, exigirme fotos y también videos a cambio de no hacer público lo ya enviado. A lo largo de estos años esta persona utilizó más de 20 perfiles de Facebook (en un principio de hombres, luego de mujeres) para contactarme. Sus amenazas se hacían visibles a través de la utilización de mis fotos desnuda como foto de perfil (…) y enviándoles solicitudes de amistad y mensajes a mis amigos diciendo que era mi compañera de facultad”.

“Cuando no contestaba, me enviaba mensajes privados como: ‘¿No pensás contestar? Mirá la foto de perfil que subí, acá comienza todo sino contestás’, siempre recalcando que iba a subir mis fotos y videos etiquetando a mi familia y amigos. Finalmente, después de días de insistencia con solicitudes de amistad y mensajes, accedía a responder, siempre explicando que no podía, le pedía por favor que me deje tranquila, pero a él nada le importaba, sólo le interesaba que le envíe fotos y videos donde me describía las posiciones que él deseaba, especificando con mínimo de detalle cada una de ellas”.

Aterrada, en una de las conversaciones por chat, la víctima le preguntó a su victimario por qué le hacía eso. “Lo hago como un logro para mí, porque no es lo mismo mirar a una que lo hace por plata o porque le gusta, que ver a una mina común”, le respondió.

“Yo nunca conocí a mi acosador, no sabía quién era, jamás supe su verdadera identidad ni nada de su vida, podría habérmelo cruzado en cualquier lugar sin darme cuenta. Fueron años horribles, cuando pasaban dos o tres meses de su último contacto yo sabía que en cualquier momento iba a volver a escribir, y pensaba: ¡¿Qué me va a pedir esta vez?!”, escribió la chica.

Su vida comenzó a componerse el año pasado, cuando la contactaron desde la Unidad Cibercrimen de la Policía Judicial de Córdoba y “a partir de todas las pruebas que pude aportar (ya que fui guardando perfiles y conversaciones), y del gran trabajo realizado por los investigadores, la causa fue desarrollándose de manera satisfactoria, hasta que el 1° de septiembre del corriente año, recibí una llamada diciendo que tenían buenas noticias; y aquí el final tan esperado”.

En su carta, la víctima de Carignano señala que “por fin esta persona iba a dejar de molestarme, a mí, como a las demás chicas, que con el correr de los días se supo que el número de víctimas era muy alto”, y recalca que “el motivo de esta carta, es para que todas las que han sido víctimas de este individuo o de cualquier caso similar se animen a realizar la denuncia correspondiente, para que, de esta manera pague por todo el mal que hizo a lo largo de estos años, ya que nadie, a pesar del error cometido, merece ser sometida por una persona que haga de su vida un disgusto (…). Sé que muchas personas juzgaron y juzgarán mi historia, con distintos puntos de vista, pero lo único que les pido que miren a su alrededor y estén atentos a sus hijas, sobrinas, novias, hermanas, ellas pueden estar pasando por lo mismo”.

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