Sociedad

Cultura CrossFit y la discusión vigente: ¿Ser fuerte es ser más sexy?

El fenómeno trasciende el deporte porque lo que instaló es una cultura: se desplazó a la delgadez y es el nuevo atributo de belleza

CrossFit: una disciplina deportiva que nació en California, Estados Unidos, en 1995, y que está inspirada en el entrenamiento militar.

Según detalla el diario Clarín, en la Argentina esta disciplina experimenta su boom. Sólo en la Ciudad hay 66 boxes –el doble que hace tres años–, una marca deportiva creó una línea de indumentaria y calzado exclusiva, y para el último mundial –que se realiza en Dallas– se anotaron dos mil argentinos.

El fenómeno, sin embargo, trasciende el deporte porque lo que instaló es una cultura: la fuerza desplazó a la delgadez y es el nuevo atributo de belleza; la resistencia está planteada como un propósito de vida; y la superación –aún cuando duela o, mejor dicho, sobre todo cuando duele mucho– significa estar sano, saludable.

La clase de CrossFit dura una hora y está organizada en una dinámica llamada work of the day que anotan en un pizarrón. Empieza con un calentamiento –trote, saltos–, sigue con burpees, wallballs y hand stand push, pulls up, toes to bar… anglicismos para referirse a los clásicos de la educación física: lagartijas, verticales, sentadillas, abdominales. En algunos boxes se suman elementos, como ruedas de camión, cajones y mazas. Los ejercicios están encadenados e incluyen repeticiones y descansos de no más de tres minutos.

La voz del coach es la única que se escucha durante toda la práctica: “¡Vamos, vamos, vamos!”. El entrenamiento termina con una elongación. Los alumnos se desmayan sobre el piso negro del box. Están extenuados y, al mismo tiempo, excitados. Quieren un poco más. En todos los boxes hay lemas, como éste: “Sacá a la bestia que hay en vos”.

¿Por qué en los barrios hay un gym cada dos cuadras? ¿Por qué están llenos de gente? ¿Por qué a ésta hora, las tres de la tarde de un martes? El año pasado, al doctor en Ciencias Sociales y docente de la Universidad de Buenos Aires Alejandro Rodríguez lo inquietaron estas preguntas aparecidas durante sus caminatas por Buenos Aires.

Así, el CrossFit se convirtió en uno de sus objetos de estudio y formó parte de su última tesis. Visitó varios boxes y fue delineando el perfil de quienes entrenan: jóvenes de entre 20 y 30 años en su mayoría, que viven en las grandes ciudades y que cuentan con dinero para pagar una cuota –el pase mensual es de $800 en promedio–, una alimentación saludable y la indumentaria que requiere la práctica.

¿Qué buscan ellos en esta disciplina? “Un proceso constante de conversión: cambiar el cuerpo y cambiar a la persona. Modifican su estilo de vida al punto de alterar la dieta, las horas de sueño, la intensidad del entrenamiento. Esto puede ser más fácil de observar en quienes estudian en la universidad. Ellos se fijan dos metas: recibirse en la carrera y también recibirse con su cuerpo. Elegir ese estilo de vida influye notablemente en sus relaciones al punto de rodearse de pares. Eso puede traerles algunos problemas, como que sus familiares y amigos no los entiendan”, responde Rodríguez.

La práctica de CrossFit ofrece muchas ventajas: mejora la capacidad aeróbica, la coordinación, la agilidad y tonifica los músculos. Pero también es una rutina exigente que puede provocar lesiones.

Las más comunes son en el manguito rotador –un grupo muscular ubicado en la zona de hombros– y en los meniscos.

Ambas por levantar peso. También puede disparar la presión. Pasar de un ejercicio a otro con intervalos breves de descanso hace trabajar más al corazón y las arterias, lo que implica un aumento de la tensión arterial.

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