La causa de la efedrina

Capo narco vuelve a implicar a Scioli y a Aníbal Fernández con el negocio de la efedrina

Segovia, apodado el "Rey de la efedrina" habló desde la cárcel en la que está alojado desde el 2008

mariosegovia

“Soy un preso político de los K”, dispara Mario Segovia, desde un teléfono de la carcel desde la que está en 2008, dando arranque a una entrevista con el diario Clarín.

“Yo les hice perder la elección de 2009. A mí me secuestraron y me torturaron para que involucrara a Francisco De Narváez en el tráfico de efedrina, y no lo hice. Me dijeron que me iban a dar una mano, pero yo no iba a mentir”.

Alojado en el ahora famoso penal de Ezeiza, Segovia cumple una condena de 14 años por contrabando agravado de efedrina. Preso desde 2008, está a punto de alcanzar el plazo en el que puede pedir salidas transitorias o laborales. Con la libertad ahí nomás, sin embargo, se ofreció como testigo para alimentar de datos las causas que investigan el tráfico ilegal de efedrina, la vinculación con la política y el triple crimen de General Rodríguez, relacionado con aquellos temas anteriores. En la juzgado de María Servini, donde ya lo escucharon dos veces, ya soltó las primeras bombas de profundidad, que ahora repite ante este diario: “El negocio de la efedrina y de los medicamentos adulterados era de la política bonarense, es decir de Aníbal Fernández. Era un sistema centralizado, y él manejaba todo”.

Entrevista completa:

¿Cómo se vinculó usted con el negocio de la efedrina?

Yo estaba en el comercio exterior desde 2002, pero era como un busca: traía juguetes, chucherías. En el 2005 unos mexicanos me pidieron si podía venderles efedrina. Yo ni sabía lo que era. Así empecé: los primeros cargamentos eran de uno o dos kilos como máximo. Entonces un farmacéutico, Gerardo Baclini, creó e inscribió la droguería Galenika, que puso a nombre de otra persona, Carlos Leyes. Y en tiempo récord consiguieron la habilitación de la Sedronar y la autorización para importar mil kilos. Yo seguía haciendo lo mismo, pero era todo una locura.

¿Qué descubrió usted cuando se fue interiorizando del mercado de la efedrina?

Que la efedrina servía para el abastecimiento interno de medicamentos adulterados. Se calcula que la mitad de los remedios de venta libre son placebos, les ponen un poco de efedrina para que hagan algo.

¿A cuánto ascendía el monto del negocio de los medicamentos ilegales?

En esos años se estimaba una facturación de entre 500 y 700 millones de dólares. Era un negocio tan grande el de los remedios truchos que hasta llegaron a falsificar medicamentos que se venden bajo receta, en operaciones en las que se involucraron obras sociales, la superintendencia de servicios de salud y sindicatos. Gente inescrupulosa y sin códigos.

¿Quiénes manejaban ese negocio ilegal según usted multimillonario?

El negocio de los medicamentos adulterados era el negocio de la sucia política bonaerense, es decir de Aníbal Fernández. Ya lo voy a contar en detalle. Por eso cuando me detienen él anuncia con bombos y platillos mi captura. Dijo eso para limpiarse el culo conmigo: yo no soy el rey de la efedrina”. ¿Pero entonces había o no un rey de la efedrina? Del otro lado de la línea, Segovia sonríe. “¿Qué te estoy diciendo? El que manejaba todo era Aníbal. Vos sacá tu conclusión. Ya lo voy a declarar ante la justicia. Voy a ir hilvanando todo para poder declararlo.” Segovia se niega a anticipar los detalles que -dice- hará llover sobre las fojas de Servini. Sí cuenta que el negocio de la efederina empezó de abajo y fue creciendo, que había un sistema centralizado en cuya cúpula ubica al ex jefe de Gabinete de Cristina. “Yo no pagaba por protección del Estado: era un sistema en el que el dueño era Aníbal. Era un monopolio totalmente seguro: todas las operaciones paraban por ellos, eran los dueños del sistema. Ellos organizaban todo, y todo tenía un precio”, aclara.

¿Cómo funcionaba ese sistema?

En 2008, cuando fui al ministerio de Justicia -Fernández era el ministro- tomé contacto con Diego González. El me entregó un papel, sobre el cual yo estoy pidiendo que hagan pericias caligráficas. Ahí lo vi a Aníbal. Pero no puedo dar más detalles ahora.

¿Quién es Diego González?

Era la voz y mano derecha de Aníbal. El escribió y me dio la hoja con las indicaciones y las tarifas para conseguir la portación de armas (ya están en el juzgado y Clarín las anticipó en exclusiva el domingo pasado). El articulaba con Aduana, Ezeiza, ANMAT, PSA, Renar y Sedronar. Ahí el hombre clave era (un ex funcionario cuyo nombre reservamos para no entorpecer la investigación). Ellos eran los verdaderos dueños del negocio. Si no armabas con ellos te destruían. Aníbal era el organizador y coordinador de ese sistema. No sé si lo hacía en nombre propio o de alguien más arriba, pero él tenía poder de decisión. Eso era cantado.

¿Tiene información para aportar respecto al Triple Crimen?

No lo conocí a Sebastián Forza, pero por lo que yo tengo entendido él era informante de un importante laboratorio farmacéutico extranjero (lo nombra). Al parecer, debido a los enormes perjuicios que le causaban los medicamentos truchos, él decide incursionar para informar, y cuando toman conocimiento de su función de informante, termina como termina. Es mi hipótesis.

¿Trabajó junto a Pérez Corradi?

No, a él lo conocí en la cárcel. Durante algún momento compartimos pabellón y jugábamos al ajedrez. No hablábamos de negocios.

¿Después de su captura y del episodio de la campaña electoral del 2009 volvió a tener contacto con Fernández o con otros funcionarios kirchneristas?

No, ni Aníbal ni nadie me contactó más. En 2010 me visitó un secretario de la Presidencia. Querían que no hable, que no contara el apriete que me habían hecho el año anterior para que involucrara a De Narváez. Lo iba a denunciar, pero en aquella época no valía la pena. Yo estoy condenado porque me juzgaron dos veces por lo mismo, en un proceso irregular. Ofrecí más de cien testigos que no llamaron. En Casacón presenté 128 nulidades. Y nada. Creo que Aníbal tenía sus operadores en la justicia. Yo tengo una grabación de un juez en el que dice “esto de Segovia es una locura”. Fue el doctor De la Cárcova. Pidió que no declare un testigo “porque se nos cae todo”. Por eso digo lo que digo.En este tiempo no se me respetó ni el derecho a la salud. Estuve dos veces al borde de la muerte. Me operaron de urgencia de la vesícula, y hace tiempo que estoy haciendo los trámites de mi prisión domiciliaria. Ahora creo que cambiaron algunas cosas, pero sé que puedo aparecer muerto.

¿Tiene miedo?

El miedo lo perdí hace 8 años, cuando entré a esta cárcel. Tenía 34 años, y ahora, a los 42, quiero empezar una nueva vida. Pensé mucho en hacer esto de hablar. Quiero que la sociedad sepa quién soy, que no soy el monstruo que ellos crearon. Que la sociedad me comprenda y me perdone.

¿De qué pide perdón?

Yo cometí errores. He hecho mis pillerías, por juventud, inexperiencia o ambición. Pero no de la magnitud de lo que hizo esta gente. Cada peso o dólar que tuve me lo gané trabajando. Nunca le robé a mi pueblo. Quiero que mi familia -mi esposa Giselle y mis tres hijos, que también sufrieron aprietes y apremios- esté orgullosa de mí por estos pasos que estoy dando.

¿Por qué habla ahora? ¿Qué recompensa espera? Su abogado pidió que lo incluyan en el programa de testigos protegidos.

La Nación necesita una justicia independiente que no esté manipulada. Hay que creer en las instituciones, en la justicia. Tengo esperanza de que todo cambie, como está cambiando. Hoy existen garantías. Entonces colaboro porque llegó el momento de que se sepa la verdad. En 2009 quise hacer lo mismo y lo pagué carísimo. Ahora tenemos que empezar de cero, aprendiendo de los errores. Así como pagué yo, y me destruyeron la vida y la salud, ahora que paguen los de arriba. Es justo, ¿no?

El gobierno atraviesa una dura interna con denuncias cruzadas de mafias y coimas que involucran al suspendido jefe de la Aduana, Juan José Gómez Centurión. ¿Hay mafias en ese organismo? ¿Ahora se las combate o se las protege?

Yo voy a colaborar con Gómez Centurión. El tiene razón, y le están haciendo una cama las mismas personas que me etiquetaron de rey de la efedrina. Ya voy a hablar.

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