Entrevistas

Librería El Vitral: “Fuimos el caballito de batalla de medios opositores y oficialistas”

Su dueño, Arturo Estanislao, habló en exclusiva con NEXOFIN sobre cómo vivieron el hecho social, las causas del cierre, lo qué vendrá y el rol de los medios al cubrir la noticia

librería-El Vitral

Por Federico Rozanski

 

“Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada”. Farenheit 451. Ray Bradbury.

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Arturo Estanislao es pianista y profesor de piano, aunque creció entre libros y lo agradece. Hijo del escritor y librero Ernesto Fernández Romano y la directora de teatro María Julia De Giorgio, pasó su niñez entre estantes altos, hojas amarillentas y tinta añeja. Cuenta que clientes de su padre aún lo recuerdan de chico caminando por los pasillos de la mítica librería porteña Romano.

Para los primeros años del nuevo siglo nació la librería El Vitral como desprendimiento de la Librería Romano. Junto a su madre, Arturo se puso al frente del negocio familiar. Pasaron doce años y las dificultades económicas los empujaron a un cierre involuntario. Bajo la consigna de “3 libros por 10 pesos” se despidieron del barrio y su clientela. La idea era no quedarse con nada, que “los libros circulen”. Fue así que desde el local de Montevideo al 108 fueron testigos privilegiados del fenómeno social que surgió en torno a la convocatoria. Tres cuadras de cola, policías custodiando, un barrio revolucionado y la cobertura de los medios.

Arturo aún no lo puede creer y señala al hecho -en principio- como “inesperado e incomprensible”. “Habla de cómo el libro, la lectura y la cultura convocan a la juventud. Porque hay una idea de que la juventud está perdida pero los chicos leen, o por lo menos para una cantidad importante de jóvenes el libro físico ocupa una lugar enorme”, reflexiona.

Y agrega: “Si la gente joven se vuelca al libro y a la cultura, y le da un lugar en su vida, no todo está perdido a nivel sociedad y a nivel mundo. Nosotros siempre lo vivimos así. Entendíamos que la librería tenía que servir también para eso, no era sólo una cuestión de rentabilidad económica”.

El fenómeno supone una ambivalencia para Arturo. Produjo sentimientos encontrados y polarizados: el cierre involuntario y todo lo que movilizó, algo que considera “esperanzador”.

“Hay una situación económica que es innegable, más allá del color político que cada uno quiera profesar. Hay crisis, la librería cierra porque evidentemente las cosas no están bien, sino no cerraría”, explica.

Pero también rescata: “Cuando nosotros vimos esto no pudimos dejar de sentir alegría y creo que mucha gente que lo vio le pasó lo mismo. Tocó eso: hay una esperanza de que las cosas puedan mejorar, de que la sociedad pueda cambiar y de que podamos vivir en un mundo más justo, más libre. Creo que eso es noticia y todo lo demás es una cuestión anecdótica, momentánea, que está atada a los intereses de determinados grupos políticos o mediáticos.”

La construcción de la noticia como trinchera

El hecho social atrajo a los medios de comunicación. Arturo y su madre debieron afrontar no sólo un enorme contingente de personas que esperaban acceder a tres libros luego de horas de espera, sino que también fueron la materia primera para la construcción de la noticia mediática. Quedaron en medio de la disputa por el sentido.

“A partir de la repercusión mediática que tuvo la noticia, nos encontramos siendo ‘caballito de batalla’ de las dos partes: de los medios opositores y de los medios oficialistas”, señala.

Sobre si la crisis económica durante el gobierno de Mauricio Macri fue el motivo del cierre de su negocio, Arturo explica: “La crisis se viene percibiendo en la librería desde hace más que ocho meses. Ya desde 2014 se empezó a notar una caída en las ventas significativa. Obviamente, a partir del último año eso se fue haciendo cada vez más notorio, hasta el punto que hace un mes dijimos ‘esto ya no se puede sostener’.

Y agrega: “No es algo que surge hace ocho meses. Obviamente los ajustes, el aumento de las tarifas y el alquiler, fueron el último empujón, pero el problema viene de antes.”

 

Arturo Estanislao en su faceta de músico. Crédito: Facebook Arturo Estanislao

Arturo Estanislao en su faceta de músico. Crédito: Facebook Arturo Estanislao.

 

La librería como mediador cultural

Arturo destaca el valor de la librería de usados como un mediador cultural que establece relaciones sociales, prácticas y consumos.

“La librería El Vitral siempre tuvo una filosofía: que las librerías son un ámbito de cultura y que de alguna manera ponen en manos del lector los libros. En ese sentido siempre fuimos una librería que trató de tener precios accesibles, que el público no sea elitista”, afirma.

A su vez destaca que “la librería tiene que ser accesible”. “Tiene que ser un espacio que invite a la lectura, también. Y como un ámbito de acercar otras manifestaciones artísticas. Desde lo artístico y lo estético convocar a eso”, puntualiza.

Para ello considera el elemento del precio como vital para lograr una democratización del libro: “El libro usado tiene que ser económico, tiene que estar al alcance de cualquiera que quiera leerlo y el librero que no entiende eso, me parece que se tiene que dedicar a otro rubro”.

“Personalmente creo que las librerías tendrían que favorecer el contacto y la llegada del libro con el lector, de la circulación del libro”, agrega. Y suma: “Se debe pensar qué función cumplen las librerías más allá del sustento económico para el librero.”

Usados y grandes cadenas: prácticas diferenciadas

“La librería de usados es un ámbito donde uno puede estar en contacto con cosas que no están directamente relacionados con el interés puntual que tiene”, dice Arturo.

“Eso es lo que se pierde si desaparecen las librerías como espacio físico, la manera de encontrarse con lo inesperado. Esa es la gran diferencia que tiene con la librería de nuevos” señala.

Al consultarle si la industria del libro nuevo, las grandes cadenas, perjudican a las pequeñas librerías de usados, Arturo considera que siempre los percibió como “dos universos distintos” que “no compiten”, aunque reconoce: “Es cierto que las grandes cadenas, por el posicionamiento que tienen en el mercado, hacen que cualquier persona que tiene que buscar un libro, automáticamente tienda a buscarlo en las grandes cadenas.”

El después

Arturo cuenta que la librería continuará, aunque de otra manera. “El Vitral deja de existir como un espacio físico, pero tiene su realidad y su presencia en un espacio digital a través de mercadolibre y Facebook”, explica.

“¿Con qué se quedan de todo lo que pasó?”, pregunto. “Nos quedamos con que hay gente que ama al libro, que tiene una pasión por eso, sin importar sus gustos o su formación. Lo que sucedió puso de manifiesto una filosofía sobre el libro y la cultura. El libro como vínculo de contacto entre dos personas”, dice Arturo. Piensa un momento y retoma: “Me parece que es una manera maravillosa de relacionarse con otros seres humanos y con el mundo”.

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