Salud

Alertan sobre los riesgos de las dietas con bajo contenido de grasa

Son nutrientes esenciales y una fuente de energía primaria para el cuerpo. Juegan también un papel importante en el control del peso, absorción de nutrientes, mantener la piel y el cabello sanos

Las grasas son nutrientes esenciales y una fuente de energía primaria para el cuerpo. Juegan también un papel importante en el control del peso, absorción de nutrientes, mantener la piel y el cabello sanos, regular la temperatura corporal, apoyar la función inmunológica, son aislantes de órganos internos y del equilibrio hormonal.

1) Pobre función cerebral: El cerebro está compuesto en gran parte de grasa y requiere de un flujo constante de ácidos grasos para funcionar óptimamente. Parece ser un factor de protección especial cuando se trata del colesterol y el cerebro.

El colesterol tiene un papel importante como nutriente cerebral crítico, esencial para la función de las neuronas y neurotransmisores, a pesar de que mucha gente piensa que los bajos niveles de colesterol pueden ser peores que los altos.

El cerebro requiere básicamente de una alta cantidad de colesterol como fuente de combustible o energía, pero ya que las neuronas del cerebro no pueden generar cantidades significativas de colesterol por sí mismas, debemos obtener nuestro requerido colesterol a través de nuestra dieta para sentirnos lo mejor posible y seguir siendo “perspicaces”.

La investigación muestra que las personas que tienen el nivel más alto en el consumo de colesterol, generalmente se desempeñan mejor en pruebas cognitivas que aquellos con niveles más bajos.

Esto significa que una dieta baja en grasas es un riesgo importante que incluye un bajo rendimiento laboral, falta de energía, cambios de humor, “niebla cerebral” y así sucesivamente.

Esta es la razón por la que algunos de los mejores alimentos del cerebro se enfocan para mejorar la concentración, tienen en realidad altos niveles de grasas saludables.

2) Implica la salud del corazón: Si bien nos han hecho creer lo contrario desde hace muchos años, la investigación continúa para confirmar que las enfermedades cardíacas (incluyendo la enfermedad de la arteria coronaria, la principal causa de ataques al corazón) probablemente tienen mucho más que ver con la inflamación -que es la raíz en la mayoría de las enfermedades- que con el alto contenido de grasas o la ingesta de colesterol.

Esto significa que una dieta inflamatoria incluye mucha azúcar, carbohidratos refinados, proteínas de baja calidad y aceites vegetales procesados que realidad son más una amenaza a su corazón que la dieta alta en grasas -incluso que la grasa saturada. Es mucho más beneficioso para su corazón comer alimentos anti-inflamatorios que contienen grasas saludables.

3) Desequilibrio hormonal: Comer la suficiente grasa es una de las cosas más importantes que usted puede hacer para equilibrar las hormonas en forma natural. El colesterol y otras grasas juegan un papel fundamental en la construcción de las membranas celulares y hormonales.

Ciertos tipos de grasas, incluyendo el colesterol, también actúan como antioxidantes y precursores de algunas moléculas y neurotransmisores cerebrales importantes de soporte.

Estos incluyen la vitamina D (que en realidad actúa como una hormona en el cuerpo, más que como vitamina), junto con otras hormonas como la testosterona y el estrógeno.

Uno de los riegos de la dieta baja en grasas, es que puede incrementar la infertilidad y otros problemas hormonales en las mujeres. Algunos estudios han encontrado que las dietas bajas en grasas aumentan el riesgo de problemas menstruales y dificultan el quedar embarazada.

4) Comer en exceso y aumentar de peso: Observe en cualquier investigación reciente que implique el aumento (o pérdida) de peso y la ingesta de grasas, y rápidamente se dará cuenta de la relación que se establece entre el consumo de grasas, hormonas y sus fluctuaciones de peso. Sabemos que muchas personas que cambian de “dietas” tienden a recuperar todo el peso poco después. ¿Por qué sucede esto?

Una explicación es que la pérdida de peso provoca adaptaciones biológicas que dan como resultado una disminución en el gasto energético (termogénesis adaptativa) y un aumento del apetito, promoviendo así la recuperación del peso.

Sin embargo, algunos estudios encontraron que una dieta alta en grasas con carbohidratos bajos, puede ayudar a evitar que esto suceda.

Además de eso, la mayoría de personas encuentran que dietas altas en grasas sacian y disminuyen las señales de hambre y apetito mucho más que las dietas bajas en grasa. Esto se debe a que las grasas se convierten en su interruptor de quema de grasa por el impacto de niveles de la hormona grelina.

5) Mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes: Los estudios clínicos nos han demostrado que el exceso de peso y la insulina (o el control de azúcar en la sangre) están altamente conectados, pero sabemos que comer muchas grasas saludables es una de las claves para el control de la insulina -llamada a veces “nuestra hormona de almacenamiento de grasa”.

Esto ayuda a llevar la glucosa a nuestras células, lo que disminuye los niveles de azúcar en la sangre después de tomar un hidrato de carbono o una comida que contenga azúcar.

Parece ser que los diferentes tipos de grasas tienen diferentes efectos sobre la acción de la insulina. Teniendo en cuenta la importancia de resistencia a la insulina en el desarrollo de la diabetes y enfermedades del corazón, el establecimiento de niveles adecuados de grasa en la dieta es una meta clínica importante para reducir la epidemia “diabética”.

Los estudios que han examinado los efectos de varias dietas con diferentes niveles de grasa nos revelan y dicen que la dieta baja en grasa y alta en carbohidratos podría suponer un mayor riesgo de resistencia a la insulina (y al aumento de peso).

Las dietas que son altas en grasa tienden a ser más bajas en carbohidratos y azúcares, lo que beneficia a prevenir la diabetes.

6) Mayor riesgo de depresión y ansiedad: Ácidos grasos desempeñan un papel importante en las funciones superiores del cerebro que controlan los estados de ánimo, por lo que comer suficientes fuentes de grasas saludables es una clave para seguir una dieta anti-depresiva.

Algunos neurotransmisores, tales como endocannabinoides, se sintetizan a partir de ácidos grasos, lo que sugiere que los metabolitos de ácidos grasos derivados de grasas en la dieta pueden afectar el sistema nervioso central.

Si bien parece que el consumo de grasas trans puede aumentar el riesgo de depresión, los estudios encontraron una relación inversa entre el consumo de ácidos grasos mono insaturados, ácidos grasos poliinsaturados y grasas de aceite de oliva y el riesgo de depresión. En otras palabras, las dietas altas en grasa pueden disminuir la depresión y otros riesgos de trastorno mental.

7) Problemas intestinales relacionados: Grasa más altas y dietas altas en fibra están ahora correlacionadas con un ambiente intestinal saludable, o microbioma. Una dieta rica en ácidos grasos naturales y nutrientes suministra bloques de construcción necesarios para nutrir no sólo un intestino sano, sino también un cerebro sano, ya que los dos están muy conectados.

Una dieta que mantiene azúcar equilibrada, tiene también bacterias intestinales equilibradas. Así que esto significa que el consumo de gran cantidad de alimentos vegetales ricos en fibra (especialmente todas las verduras) junto a grasas saludables que alimentan a buenas bacterias intestinales y producen el adecuado equilibrio para bajar la inflamación.

Uno de los beneficios del aceite de coco es que puede ser especialmente protector para la salud del intestino y muy fácil de digerir, incluso para aquellos con problemas digestivos crónicos.

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