Política

Juliana Awada, asqueada con la mugre que dejó Cristina Kirchner en Olivos

Una casa abandonada y sucia con empleados atemorizados: con qué se encontró Juliana Awada al llegar a Olivos

miércoles 10 de agosto de 2016 - 8:32 pm

Juliana Awada no podía creer lo que había quedado de la casa de Olivos cuando llegó. Según el relato de Franco Lindner en la biografía no autorizada de la primera dama, la casa estaba estaba en estado abandonado, con cortinas, cocina y hasta una habitación sucia y deprimentes.

Cuando la diseñadora llegó por primera vez a la residencia presidencial de Olivos el sábado 12 de diciembre de 2015, según los testigos, se la notó horrorizada por las paredes con humedad, los zócalos podridos, la suciedad general, la falta de agua caliente y las cucarachas que brotaban sin control de las alcantarillas, un estado de mugre y desprolijidad que rozó en lo tétrico cuando entró en el dormitorio.

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Y es que cuando Awada ingresó al dormitorio que hasta pocas noches antes ocupaba Cristina Kirchner, se econtró con que un biombo separaba la cama de la ex presidenta del resto del cuarto y convertía aquello en un ambiente mínimo, claustrofóbico, parecido al de un enfermo terminal que teme contagiar a sus seres queridos. Allí había dormido Cristina, rodeada de oscuridad y polvillo. “Qué espanto”, habría comentado.

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El color terracota de la residencia principal que la viuda de Néstor Kirchner había elegido para sacarle algo de solemnidad también le pareció “de mal gusto” a Awada. Lo mismo que el dudoso rosa chicle que Florencia, la hija de la ex presidenta, había usado para decorar su propio chalet. Por eso mandó a pintar todo de blanco.

El jefe de la Casa Militar tuvo que explicarle a Awada la forma en que los empleados se escondían de la nueva ocupante de la casa: al parecer, tenían órdenes de no hacerse notar, de no dejarse ver ni oír cuando Cristina y sus visitantes paseaban por los jardines de la residencia.

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