Corrupción

Negociados con Venezuela: investigan por lavado y contrabando a un hombre clave

Se trata de José Levy, quien fuera un nexo de los negocios con el régimen bolivariano, cercano a un secretario de De Vido

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Arrancó su participación en el círculo de confianza del ministro Julio De Vido como un empresario más de clase media. Cómo ya sucedió con varios K que pasan de peones a ricos, hoy es un hombre multimillonario.

Pero no todas son buenas para este nuevo ricachón ya que ahora afronta una causa penal por presunto lavado y contrabando, sospechado de acumular negocios por US$ 550 millones que promovió el kirchnerismo con Venezuela y de ser un eslabón clave en la diplomacia paralela

Juan José Levy tiene 43 años y arrastra ya las sospechas de tres jueces de dos fueros distintos, dos Cámaras de Apelaciones, dos veedores judiciales, una fiscal, los bancos Galicia, BBVA Frances y Citibank -que cerraron sus cuentas y al menos los dos primeros enviaron reportes de operaciones sospechosas (ROS) a la unidad antilavado local (UIF)-, y el FPB Bank, de Panamá, que inició una investigación sobre sus cuentas por presunto lavado.

Según el diario La Nación, desde que Levy se conectó con el chavismo, conduce autos únicos en la Argentina, vive en un country exclusivo, sus hijos van a un colegio de élite, vuela en primera clase, compró la radio El Mundo y propiedades en Miami y en el Madero Center -donde funcionaba “La Rosadita”- y montó una planta en Tigre, al tiempo que aludía al presidente Nicolás Maduro , por su nombre de pila.

Por supuesto, Levy niega todo ante la Justicia. A la hora de justificar su reación con Venezuela, involucró a dos personas muy cercanas a De Vido. El primero fue José María Olazagasti, entonces secretario de De Vido, señalado como responsable de la diplomacia paralela en cables confidenciales de la Cancillería argentina. El segundo es el abogado Horacio Díaz Sieiro, con quien desarrolló negocios en Caracas, Panamá, Miami, Hong Kong y China, mientras el letrado también asesoraba a Cristóbal López y, en al menos una ocasión, a Lázaro Báez.

Levy admite que conoce a Olazagasti y a Díaz Sieiro, pero minimiza sus roles. Asegura que ambos “son padres de compañeros del colegio [Northlands] de sus hijos”, sin vínculos, según él, con sus negocios venezolanos.

Una de las cosas más llamativas que se encuentran en la causa es que Levy había firmado contratos con el gobierno venezolano con “sobreprecios” de hasta el 300%, para venderle productos que él no fabricaba y “sin capacidad para cumplir el contrato”. Otra, a través de su firma Laboratorios Esme, Levy vendía un suavizante para la ropa en la Argentina a 2,07 dólares por unidad que a Chile exportaba a 2,83 dólares, pero que a Venezuela le cobró 8,30 dólares.

Con la prueba recolectada, la jueza Hualde remitió en marzo de 2015 copias a la Justicia penal y alertó a la UIF, que durante el kirchnerismo lo cajoneó.

 

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