Cultura

La nueva Biblioteca de Alejandría

Una perla arquitectónica escondida en la Universidad de Harvard atesora 3,5 millones de libros, incluyendo una de las primeras Biblias impresas por Gutenberg; te invitamos a este recorrido, de la mano de uno de los afortunados que puede ingresar a este exclusivo y mágico espacio

Flickr widener sepia

Por Aldo Q. Pujil

La Biblioteca de Alejandría, en Egipto, fue conocida “metafóricamente” por albergar todo el conocimiento disponible hasta ese momento, cuando fue supuestamente quemada por Julio Cesar en el Año 48 AC. Se cree que gran parte de esta historia contiene muchos ribetes de ficción, y muchas leyendas urbanas. Sin embargo, ha trascendido como un símbolo de condensación del conocimiento global, y su destrucción, paralelamente, como un símbolo contrario.

En el imaginario popular, al menos en el de este corresponsal, existe la noción de que esa posibilidad -la de aglutinar todo el conocimiento del mundo en un sólo lugar físico y tangible- se había extinguido con las llamas de Alejandría. Pero no es así.

En la actualidad, existe un lugar mágico y único, ubicado en Cambridge, Massachussets, Estados Unidos. Más concretamente en el campus de la Universidad de Harvard: The Harry E. Widener Memorial Library. Y tanto o más interesante como su presente es su cautivante historia.

La Biblioteca Widener

La Biblioteca Widener, como se la conoce coloquialmente en Harvard, es de acceso exclusivo para la comunidad de la Universidad, y no está abierta para el público en general. Su colección de libros supera los 3,5 millones, y se agregan unos 60.000 por año. Las estanterías ocupan 10 pisos de altura, los pasillos que las albergan suman más de 8 Km de longitud, y si pusiéramos todos los estantes contiguos, estos cubrirían más de 92 Km de longitud. Es probablemente la colección de textos de ciencias y humanidades más completa del universo. De allí la comparación natural con la Biblioteca de Alejandría, y su metafórica alusión a que contiene todo el conocimiento del mundo.

Una historia única e impresionante

La Sala Principal con la Colección de Harry E Widener y la Biblia de Gutenberg en Primer Plano

La Sala Principal con la Colección de Harry E Widener y la Biblia de Gutenberg en Primer Plano

La existencia misma de la Biblioteca Widener es parte de una historia increíble y colorida, aunque trágica y algo épica. Harry E. Widener, hijo de una de las familias más acaudaladas de Philadelphia, fue alumno de la Universidad de Harvard graduado en 1907. Allí comenzó a desarrollar una constante pasión por la colección de libros. Aún en su juventud, se había convertido en un referente en los círculos de coleccionistas de Nueva Inglaterra, ayudado ciertamente por la gran fortuna de su familia, y el alto posicionamiento social de su abuelo P.A.B. Widener, el creador de la fortuna familiar.

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En 1912, Harry lleva a sus padres a un viaje por Inglaterra, en busca de volúmenes difíciles para su colección de libros. Se embarcan en Marzo de 1912 en el “Mauretania” y como parte del paseo, planean volver el 10 de abril en el viaje inaugural del “Titanic”. Harry y su Padre mueren en el Naufragio, luego de asegurar que la Madre de Harry, Eleanor es parte de la tripulación del bote salvavidas Nº 4, luego rescatado por el “Carpathia”.

En su testamento, Harry E. Widener declaró solo dos deseos: que todos sus bienes pasen a su Madre, y que su colección de Libros sea donada a la Universidad de Harvard, provisto que ésta institución facilite los medios para su apropiada curación. En cumplimiento de los deseos de su hijo, Eleanor Widener, brevemente después de la Muerte de Harry, ofrece la colección de su hijo a la Universidad de Harvard, junto con una caudalosa fortuna en donación para la construcción de una biblioteca, que incluya la colección, y además los contenidos de todas las otras bibliotecas de la Universidad. Pero la generosa donación tiene condiciones: el edificio será construido por el arquitecto de la Familia, y Eleanor en persona decidirá sobre todos los aspectos arquitectónicos y constructivos, así como la ejecución del caudaloso presupuesto ($3,5 millones en 1913). Además, la donación establece clara y textualmente: “not a brick, stone, or piece of mortar shall be changed” (no será modificado ni un ladrillo, ni una piedra, ni un trozo de reboque).

La colección y sus figuras

La sala más importante contiene la colección intacta de Harry E. Widener al momento de su muerte en el Titanic, salvo por su pieza más importante, que Harry nunca llegó a saber que era suya, aunque sí de su existencia. Se trata de una de las Biblias originales de Gutenberg que hoy se conservan en todo el mundo. Las Biblias de Gutenberg son conocidas como el primer libro impreso con placas móviles. Este método, patentado por Gutenberg (popularmente conocido como la imprenta), cambió profundamente la historia del conocimiento, facilitando la producción masiva de libros, y con ello la difusión masiva del conocimiento. Harry supo antes de morir que su Abuelo había conseguido comprar una de estas Biblias originales, pero nunca supo que en realidad era un regalo para su colección, que P.A.B. Widener le otorgaría al retorno de su viaje por Inglaterra.

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Harper Library 2

Resulta imperioso rescatar el gesto de Eleanor, mediante su requisito que prohíbe modificar un ápice del edificio, para inmortalizar el legado de su hijo, al incorporarlo en la tradición, que la Universidad de Harvard honra al pie de la letra más de cien años después, y que seguramente honrará por siempre. Debido a este pedido, la Universidad ha tenido que construir túneles y espacios subterráneos debajo del Harvard Yard, para albergar la creciente cantidad de libros. La colección de la estructura de bibliotecas de la universidad se duplica cada 17 años.

El derrotero de La Biblia de Gutenberg

Según los registros históricos, La Biblia original de Gutenberg (1454) que se encuentra en la Sala Principal, fue primero obtenida por Johann Vlyegher, canon en la Catedral de Utrecht, Holanda quien la legó en 1471 al Monasterio Brigitino en Marienburg, cerca de Amersfoort, Holanda. Durante el Imperio Napoleónico fue adquirida por Pierre Henri Larcher, quien la vendió en Paris en 1814, y fuera comprada por Payne & Foss para John Lloyd. Alrededor de 1840 fue adquirida por Lord Ashburnham, y luego su hijo la vendió a Bernard Quaritch en 1896. Un corto tiempo después, fue vendida a Robert Hoe que a su vez la vendió en 1912 cuando fue comprada nuevamente por Quaritch. Es finalmente Quaritch , quien a través del Dr. A.S.W. Rosenbach la vende a P.A.B. Widener, abuelo de Harry Elkins Widener.

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La Sala de Lectura, en 1914 y en el Presente

La sala más impactante es la sala de lectura, que ocupa todo el ala norte del edificio en el segundo piso. Este impactante recinto genera inmediatamente a cualquiera que se inmerse en su grandiosidad, una especie de necesidad por el aprendizaje, un magnetismo hacia los libros, que este corresponsal le desea al lector alguna vez pueda experimentar. Como estuvo previsto, la sala prácticamente no ha cambiado desde su inauguración en 1913, salvo por el agregado de tomacorrientes en las mesas y lámparas eléctricas, para incorporar los avances tecnológicos propios del aprendizaje.

Hoy en día, los estudiantes raramente vienen aquí con muchos libros… La mayoría despliega su Apple Mac para estudiar o investigar, ayudados por algún eventual libro más viejo que no haya sido aún digitalizado. Unos de los mitos sobrevinientes de la Historia de Harry Widener acompaña también la vida cotidiana de Harvard. En los comedores para los estudiantes, nunca falta el helado de postre. La leyenda cuenta que, al ser éste el postre preferido de Harry, junto con la donación de la Biblioteca, su Madre instituyó un fondo, que garantice este manjar para todos los alumnos de la Universidad…

Sobre estas mesas de madera de más de 100 años, puestas en este mágico ambiente en 1913 este corresponsal escribe esta nota, en la sala principal de lectura de la Biblioteca Widener, bajo la tutela, seguramente, del bondadoso espíritu de Harry E. Widener, en la tranquilidad de que su legado ha sido cumplido, y que la totalidad metafórica del conocimiento del mundo, se puede encontrar en un solo lugar, quizás, gracias a su visión, como en la vieja Biblioteca de Alejandría.

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