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Una artista pinta los rostros de los líderes políticos mundiales con sus pechos

Conocida en las redes sociales como la "artista de las tetas", la rusa Irina Romanovskaya pintó retratos de Obama y Putin

La artista rusa Irina Romanovskaya posee un talento especial: pinta con sus pechos. El pasado septiembre saltó a los titulares cuando la agencia de noticias rusa Ruptly la grabó pintando un retrato sorprendentemente realista de Vladimir Putin con su escote. Desde entonces, ha llevado al límite de la legalidad al primer ministro ruso Dimitry Medvevev y a otras figuras de la política rusa.

Dibujar las personalidades de machos alfa más conservadoras de La Madre Rusia con los senos es algo que sin duda llama la atención. Desde que el vídeo se volvió viral (328.000 visualizaciones y sigue subiendo), Romanovskaya, que ahora tiene 33 años, ha aparecido de forma constante tanto en las noticias locales como en las internacionales. Los blogueros rusos la han bautizado como ‘la artista de las tetas’. El tabloide británico Sun incluso llegó a pedirle que usara sus pechos para pintar al líder laborista Jeremy Corbyn (ella no está segura de si aquel periódico conservador le estaba tomando el pelo cuando le encargaron el trabajo, “pero no hubo sarcasmo o ironía por mi parte… El retrato está ahora en su oficina”).

Cuando me reuní con ella en una cafetería situada en un centro comercial de las afueras de San Petersburgo, donde reside, Romanovskaya estaba deseosa de explicar su obra sin ambages. Quiere que la reconozcan por algo más que por ser la artista de las tetas. Según ella, ese apodo no solo resulta insultante —”¿Por qué tienen que usar la palabra [tetas]?”— sino también impreciso.

“Yo las llamo ‘impresiones corporales’. Para mí, la técnica surgió de la monotipia, en la que me especialicé durante mucho tiempo. Significa que realizas una impresión presionando una superficie plana con pintura sobre un lienzo o un papel. Entonces simplemente sentí curiosidad por saber qué pasaría si usara mi propio cuerpo para las estampaciones”.

Las técnicas de estampación con el cuerpo llevan practicándose desde hace décadas. En 1960, Yves Klein untó modelos femeninas en pintura y las arrastró sobre varios lienzos para dejar un rastro de tinta azul, y el aclamado artista neoyorquino David Hammons empleó las impresiones corporales durante las décadas de 1960 y 1970 para deconstruir la identidad negra, pero Romanovskaya decidió emplear su propio cuerpo para crear retratos. Ella experimenta con varios métodos, a veces empleando estarcidos o dibujando el retrato completo sobre sí misma antes de imprimirlo sobre el lienzo, o bien —como se muestra en el extraño vídeo de Ruptly que la lanzó a la fama— pintando detalles del cuadro sobre sí misma y después transfiriéndolos al papel.

Pero mientras que Yves Klein convirtió el proceso en una performance e invitaba al público a observar sus “pinceles vivientes” en acción, Romanovskaya afirma que prefiere no dejar que otras personas la observen mientras pinta. Después del vídeo de Ruptly se vio inundada de solicitudes de entrevistas y de peticiones para filmar su proceso de trabajo al detalle. Muchos periodistas hablaron de su atmósfera escenificada y dudaron de que llevara normalmente ropa cuando creaba sus láminas.

“Los reporteros no dejaban de llamarme utilizando diferentes seudónimos, tratando de conseguir que les mostrara cómo creo mis pinturas y básicamente que me desnudara ante la cámara. Más tarde escribieron que si utilizo mis pechos para crear cuadros debía enseñarles cómo lo hago para demostrar que era cierto. ‘Debes hacerlo’, esas son las palabras que emplearon”.

Romanovskaya explica que otros periodistas se sentían con derecho a verla trabajar desnuda y se sintieron ofendidos cuando ella se negó, pero también afirma que la técnica en sí es el auténtico mensaje. En un país tan conservador como Rusia, los cuerpos de las mujeres o bien son sexualizados o se consideran tabú. Utilizar las tetas como arte, sugiere Romanovskaya, es una rebelión contra el statu quoimperante.

“Nuestro país es muy patriarcal”, afirma. “Como artista y como mujer yo me rebelo desde lo más profundo de mi alma. Creo que se llama feminismo, pero en nuestro país esa palabra se interpreta de forma retorcida. Si fuera un hombre empleando una parte de su cuerpo para hacer estos cuadros, se consideraría como un agudo comentario social, pero cuando lo hago yo me culpan de ser vulgar y de vender algo sexual y erótico”.

La mayor parte del tiempo la gente malinterpretó las motivaciones que subyacían tras su obra, según explica. “El desagrado que siente la gente hacia Putin se transfirió a mi persona. Algunos blogueros ucranianos fueron muy agresivos, dijeron que soy una fan de Putin, que le admiro tanto que incluso le dibujo con mis pechos. Pero hay mucho más. Hay ironía, por supuesto, pero también el deseo de que nuestra sociedad llegue a ser tan civilizada y progresista que reaccione adecuadamente ante los artistas y ante las mujeres, incluso aunque hagamos cosas tan provocativas como estas. No quiero que oigan hablar de mi arte y automáticamente digan ‘Ah, o esta mujer está loca o solo busca atención… Quizá sus padres no la criaron de la forma adecuada'”.

Romanovskaya nunca estudió arte en la universidad, pero decidió elegir la pintura después de licenciarse en arquitectura. Recibió varias becas para estudiar arte y exploró el fauvismo y el arte figurativo antes de empezar a crear impresiones corporales. La artista rusa dice que tiene intención de seguir haciéndolo por el momento, a pesar de la agitación y la hostilidad que suscita. Aunque los artistas locales y los medios rusos no la han apoyado en absoluto, ha expuesto su arte en Moscú y en San Petersburgo y prepara ahora una exposición en solitario en Moscú.

Me he dado cuenta de que la gente que me juzga son sobre todo hombres. Al principio me sentí un poco sorprendida, ¿no sería lógico que la mayoría de hombres se sintieran atraídos por la idea de esta técnica? Pero fueron brutales conmigo. Quizá se sienten tan incómodos consigo mismos que cualquier cosa ligeramente erótica les provoca un arrebato agresivo. Creyeron que me transmitirían un mensaje y que me juzgarían, y que yo tendría que escucharles en silencio o responder que me había equivocado, pero bloqueé a la mayoría de esos hombres.

“Ahora nunca leo la sección de crítica”, añade. “Eso lo aprendí de una entrevista concedida por Madonna”.

Fuente: broadly.vice.com

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