La vida de los políticos

La intimidad de la gobernadora Vidal: un libro revela cómo conoció y luego se separó de su marido

Una investigación del periodista Ezequiel Spillman habla sobre la relación de 20 años con Ramiro Tagliaferro, el actual intendente de Morón

La vida de la gobernadora María Eugenia Vidal no sólo atrajo desde la política. También su historia personal fue trascendiendo y tuvo un pico de atención cuando, después de casi 20 años de relación, se separó meses atrás de Ramiro Tagliaferro, el actual intendente de Morón.

Según indica el diario Clarín, un libro de reciente aparición se detiene en dos de sus capítulos en el comienzo y el fin de este matrimonio. La investigación es del periodista Ezequiel Spillman y la publica la editorial Margen Izquierdo.

En su título, “La otra hechicera”, juega y pone a Vidal como una de las artífices de la llegada de Mauricio Macri a la Rosada.

A continuación, estos son los fragmentos del libro donde se introduce en la parte más íntima y familiar de la gobernadora:

– La cita: jeep, frío y promesas: nace la relación  

El invierno de 1996 fue crudo. Las ventiscas y las bajas temperaturas habían cubierto el área   Metropolitana. El primer sábado de agosto Vidal aceptó una salida con Ramiro Tagliaferro. Decidieron que Ramiro la pasaría a buscar.

Generalmente, en esos años, solía utilizar un Renault 12 con un   motor 1.6 de su madre, el mismo que usaba para ir a la facultad. Gastaba poca nafta y era  cómodo. Pero ese día había discutido con su madre y no lo tenía disponible.

Lo que sí tenía, y que era de su propiedad, era un jeep beige, todo metálico, con un gigantesco motor que lo reservaba para salir por el barrio “con los muchachos”, pero no para ir al centro.

El jeep no estaba en condiciones óptimas: era viejo, una de sus puertas no cerraba bien, estaba desordenado. Por las hendijas de las puertas ingresaba el viento al interior del vehículo.

Pero ese día lo necesitaba sí o sí. Habían acordado que pasaría por el departamento de ella entre   las 22.30 y las 23. Se calzó los guantes, un gorro de cuero, un grueso chaleco de jean y, arriba, una campera de cuero.

Tomó avenida Rivadavia. Desde Morón era un camino directo hasta Flores. A más de 70 kilómetros, de noche, el viento se hacía sentir. Por suerte estaba abrigado para la ocasión.

Llegó al departamento de la calle Bonifacio y tocó el 5to “A”. Vidal lo estaba esperando. Se había preparado durante un largo rato. Papá José Luis estaba inquieto. Con un tenue maquillaje, ella había elegido un vestido minifalda rojo muy cortito que dejaba ver sus largas piernas. A   “Rama” siempre le fascinaron sus piernas, eran un motivo de elogio.

José Luis se asomó a la ventana. El departamento daba a la calle y Ramiro había estacionado el auto, en doble fila, frente al edificio. En ese momento, el padre de Mariu vio una escena cinematográfica: un pibe con un arito, pelo largo, con un jeep, esperando mientras se sacaba la   campera de cuero. José Luis no tardó nada: encaró a su hija antes de que salga al ascensor.

– Hija, ¿vas a salir con eso?

– Ay pa, voy a tomar un café, no es que me voy a casar. Quedate tranquilo, salgo un rato.

Vidal bajó el ascensor. Él la estaba esperando.

– Hola, estás hermosa, muy linda, pero mirá que por ahí vas a tener un poco de frío…

– No, no, yo estoy bien.

Papá José Luis no tenía problema en que salga con un desconocido pero le pedía a su hija que lo haga subir a buscarla a la puerta del departamento. María Eugenia conocía bien esa jugada: no lo hizo subir. Ya su primer novio había padecido ese encuentro: tembló ante la mala cara.

Sin embargo, José Luis ya lo había visto: la onda rockera y la vestimenta (la cual criticaría durante un tiempo) le daban un personaje lejano a sus expectativas. En rigor, a las expectativas de la mayoría de padres.

Por su lado, Ramiro se había olvidado de advertirle que no pasaría con el Renault sino con su jeep. A 60 kilómetros era un heladera en forma de jeep. “Si afuera la temperatura era menor a 10 grados, dentro del jeep hacían siete grados bajo cero”, bromearía, años después, él. Vidal   temblaba, tenía piel de gallina con sus largas piernas sobre el piso del jeep, pero no decía ni “mu”. Tampoco era fácil hablar en el viaje: el ruido del motor era, por momentos, ensordecedor.

La puerta no cerraba bien, con lo cual sin un buen sacudón de golpe, quedaba entreabierta. Vidal se subió con su minifalda roja, se sentó y Ramiro le dijo: “Esperá un segundo, pará un cachito”. Se abalanzó sobre ella y tomó la manija de la puerta para darle un golpe seco, fuerte.

Pero no fue lo único que salió mal: Tagliaferro había pedido referencias para llevarla a un lugar romántico, que los inspire. “Los muchachos” le recomendaron que vaya para Olivos, frente al río. Él, del oeste, no tenía la más pálida idea dónde era. No había GPS. Y había poca gente en la calle por el frío. Tomó Avenida del Libertador. Entró a dar vueltas para el lado del río. No podía encontrar el bendito lugar. Ella estaba casi morada del frío.

Se cansó y entró el primer lugar que vio potable: Innsbruck, en San Isidro. Pidieron “algo caliente”. Y sí. Primera señal de lo que vendría: él, vivo, se sentó al lado de ella. Pidieron algo.

– Vidal, te quiero decir algo, me cuesta decírtelo…

– A mí me gustan las cosas simples y directas.

– Bueno.

No dudó y le dio, intempestivamente, un beso. Vidal esperaba una charla un poquito más larga e intentaba allanarle el camino. Para él, ya estaba la puerta abierta.

Se conocían bastante bien. Y ya en ese entonces habían padecido un mismo problema: habían sido, en sus vínculos anteriores, los “remadores” del noviazgo. Hablaron de dar “50 y 50”. Y ese 4 de agosto se pusieron de novios.

El fin: Vidal y su separación

– Ramiro, ¿estás ahí? ¿Dónde estás?

– Estoy acá en Morón con los muchachos, ¿pasó algo?

– No, no, ya está.

La voz de María Eugenia Vidal se había elevado. Lo llamó, intempestivamente, a su marido. Le habían llegado rumores sobre el paradero de Ramiro Tagliaferro: un supuesto caso de inseguridad. Pero también le llegaban otro tipo de versiones alocadas, a las que nunca prestó atención, aunque formaban parte de un desgaste cotidiano. La escena no fue aislada.

El último tramo de la campaña bonaerense, en especial tras las primarias y cuando comenzaba a visualizarse nítidamente que era factible que Vidal le arrebate la Provincia de Buenos Aires al PJ, los mensajes, rumores y amenazas se hicieron moneda corriente. Llegó un punto en el que hasta intentaron tomarse con gracia los nombres de los supuestos amantes de ambos.

Sin embargo la angustia fue el factor predominante para la familia Vidal-Tagliaferro por esos días. El Gobierno y, según creen en el PRO, la ex SIDE, trabajaban noche y día para desgastar a la candidata a gobernadora. “La pasé realmente mal, pero jamás se me ocurrió renunciar a la candidatura”, confiaría ella, meses después.

Vidal comenzó a cuidarse mucho más. Se bajó Telegram, el sistema de chat que permite borrar por completo conversaciones, y abandonó durante largo tiempo el Whatsapp y el Blackberry Messenger. “Me dijeron que tenía el teléfono pinchado y que me estaban siguiendo”, repetía entre sus asesores.

Los rumores sobre supuestos “carpetazos” estaban a la orden del día. Que había contratos irregulares con consultoras de opinión pública, que había amantes, que había episodios de corrupción. Una estrategia coordinada.

Durante muchos años, la pareja había convenido en dejar la política fuera de las cuestiones cotidianas, las simples. De política se hablaba claro, pero afuera. Estaban organizados: había momentos para los hijos, con agendas sincronizadas entre los trabajos de ambos. La agenda temática incluía tratar determinados temas en ciertos ámbitos, los dos solos.

Para 2013, esto comenzó lentamente a complicarse. Ya el cambio de ella como vicejefa, y las nuevas responsabilidades que supuso, no lo hizo nada sencillo. Habían quedado atrás esos momentos, salvo los días de vacaciones (que eran pocos), quizás en Puerto Madryn, les dejaban lugar para relajarse.

Las charlas se fueron acotando progresivamente. Empezaron a darse en lugares insólitos: en la camioneta oficial que trasladaba a ella, en la cola del colegio, en cualquier lado. Personal, político. El tema que sea.

“Les fue difícil encontrarse, el tiempo físico siempre fue un insumo para ellos, como el oxígeno. No era una pareja que funcionara a distancia”, revela una fuente familiar. “Por el contrario, les costaba la distancia y en 2015 fue mucha y se les hizo muy difícil”, agrega.

Ya el 2013 había sido complicado. Entre la campaña de él en Morón, -que lo llevó a una interna complicada en la que perdió la primaria por apenas tres puntos pero que le dejó una banca como concejal-, el trabajo de ella como vicejefa sumado al lanzamiento como candidata a gobernadora a fin de año, hizo que comenzaran a visualizarse los roces.

En el verano de 2014 decidieron alquilar una casa en la costa con el único objetivo de descansar y relajarse. Eligieron Pinamar, donde viajaron con los chicos y con los padres de María Eugenia. Aunque habían estado en Europa, tras visitar al Papa Francisco en noviembre y recorrer parte de España, el ritmo intenso del viaje no había generado el anhelado relax.

No resultó como pensaron: lo que se suponía era un refugio para la familia terminó siendo el búnker donde nació la campaña a gobernadora bonaerense. “Pasaba todo el mundo por la casa y nunca encontraron la intimidad que originalmente querían”, acota una fuente familiar.

El propio Macri llamaba por celular a Vidal. Todo para que se asiente en su decisión de pasar a Provincia. El 2014 comenzó sin el descanso buscado.

Tuvieron un momento de esparcimiento en Puerto Madryn, donde disfrutaron de series y de la cocina de sus amigos. Pero fueron días. Pocos. Recién en el verano 2015 tuvieron una escapada veraniega al exterior. Fueron 10 días sin señal de teléfono y casi sin Wifi. Una auténtica excepción para Vidal.

Sin embargo ya en febrero la campaña arrancó. Y arrancó fuerte.“Fueron víctimas del bullying mediático”, le alcanzó a decir, tras la victoria, el periodista Fabián Doman a Tagliaferro.

“Los desgastó personalmente a cada uno y les complicó los encuentros. Tenían todo el día un misil que parecía que iba a entrar por la cocina de la casa”, recuerda una de las fuentes.

Los llamados a la casa de la familia eran constantes. Los sábados el teléfono sonaba mucho. Los rumores, de baja estofa en muchos casos, hasta llegaban al colegio de los chicos.

Ramiro sentía que lo querían “operar” políticamente, desde la cúpula del PRO, con su propia esposa. “Estábamos intratables”, reconoció, tiempo después, ante sus asesores.

En septiembre todo se complicó aún más. El viernes 25 a la noche cenaron en familia. Luego de que los chicos se fueron a dormir, estaban por acostarse ya y Ramiro estaba más inquieto que de costumbre. Aprovechó y le planteó a María Eugenia su visión de la cruda realidad que estaban viviendo:

– Mirá Mariu, yo no vuelvo a esto nunca más en mi vida. Vamos a ver qué pasa después, pero no vuelvo más.

– Pero no vamos a volver porque si perdemos ya está y vemos, no sé. Pero si ganamos, la gestión la voy a manejar yo.

En ese momento que Aníbal gane era una chance cierta también: las encuestas mostraban que el Frente para la Victoria estaba cinco puntos arriba, aunque con un margen de error aún amplio. La estructura peronista y el arrastre de Scioli lo ayudaban. Ella ahondó pero la conversación se elevó.

– Si gano, voy a ser gobernadora y vos intendente, y la locura va a pasar…

– No, te estás equivocando, el poder no funciona así. ¿Qué tiene que ver que seas gobernadora? ¿Pensás que no existe el juego, la Bonaerense, el sistema penitenciario o la falopa?

– No, no es eso…

Ninguno de los dos tenía ánimo de discutir. Se fueron a dormir.

Ya en el 2016, a Tagliaferro se le notaba el desgaste. “No sé si vamos a poder superar todo lo que nos pasó el año pasado“, le alcanzó a decir. Las elecciones habían pasado ya. Ella había ganado. Él había ganado. Pero Tagliaferro no podía dejar de pensar en la campaña 2015 y se lo hizo saber a su mujer.

Con la decisión tomada, apenas un puñado de amigos estaban al tanto. Muy pocos.

Soledad, por supuesto, fue la primera en saber lo que ocurría al interior de la pareja pero ellos se cuidaban de no mostrar las fisuras. Ni sus padres ni su hermano estaban al tanto.

“Tenemos un vínculo que va más allá de la pareja, siempre lo voy a querer”, se confesó Vidal ante uno de sus funcionarios de mayor confianza. “A nosotros siempre se nos notó mucho el amor, no podíamos disimular. No servimos para hacer ´como si´, no me sale, no servíamos para ser una pareja para la foto, y no voy a mostrarles a mis hijos un matrimonio de mentira”, le contó a ese funcionario, un día en el que necesitaba despejarse…

Entre sus íntimos, ella descree que sólo haya sido el efecto nocivo de la campaña. Es un reduccionismo, arriesga. “No le hace justicia ni al amor ni a la política”, desliza. Pero no niega lo visible: fue importante para contribuir a un desgaste natural.

Él se quiebra hablando de los últimos meses de 2015. Ella lo demuestra menos. Quizá sus años de terapia, momento que no perdió como gobernadora, concurre cada viernes al mediodía, hayan colaborado. Ella es exigente hasta en el amor: creyó que podía superar cualquier cosa. Los límites de la autoexigencia se impusieron ante la realidad.

Lo que más me preocupa son los chicos, estoy muy enfocada en ellos porque nunca nos tiramos con platos ni nos veían discutiendo, y los sorprendió por eso”, le confió a una de sus amigas.

Para Vidal fue un enorme impacto. “Va a ser triste por un tiempo largo, no estábamos enojados, estábamos dolidos”, le dijo a la misma amiga.

Nunca le gustaron las separaciones conflictivas. Ni en política, y menos aún en su vida personal. Acaso con esa máxima de vida, y haberse conocido como amigos logró que, tras la separación, el vínculo entre ellos siga siendo fluido. Tardaron poco tiempo en repartir el patrimonio y decidieron compartir el tiempo con los chicos. Ramiro fue claro: “Tienen que tener su casa, y esa va a ser la tuya”. Un final tranquilo para una enajenada vida política.

COMPARTIR

REALICE UN COMENTARIO

Macri confía en que los gobernadores frenen el “zafarrancho” de Ganancias

A pesar de encontrarse descansando en este fin de semana largo, el presidente habló de política y disparó contra el proyecto de Ganancias del kirchnerismo

Qué gobernadores están con Macri y quiénes lo enfrentan en la pelea por Ganancias

Luego de que Diputados le diera media sanción al proyecto kirchnerista, hay gobernadores de uno y otro lado de la vereda. Conocé el detalle