Salud

Lo bueno y lo malo de los postres en la dieta

Depende de muchos factores, entre los cuales se encuentran los objetivos estéticos y/o de salud que la persona quiera lograr. Te brindamos las siguientes recomendaciones

Un debate constante a la hora de hacer dieta. Decir que comer postres es bueno o malo, depende de muchos factores, entre los cuales se encuentran los objetivos estéticos y/o de salud que la persona quiera lograr.

Esto se traduce principalmente en los resultados estéticos que se quieran alcanzar y en las enfermedades no transmisibles que se puedan generar por un exceso de glucosa en la sangre por unidad de tiempo (todos los azúcares simples o complejos se terminan convirtiendo en glucosa en el organismo, la diferencia está en el tiempo en que tardan en hacerlo).

Podríamos decir que es “malo” consumir un postre, sea cual sea, para una persona con diabetes, con sobrepeso graso o para una persona que quisiera mantener los niveles de grasa corporal a “raya”.

Sin embargo, no es del todo malo el consumo de un postre para lograr los objetivos o evitar los derivados negativos, si se tienen en cuenta las siguientes recomendaciones:

1) No comer un postre como lo indica la definición del término en sí, es decir “un alimento dulce o generalmente dulce que se sirve e ingiere después de una comida grande”. Así que lo que hay que evitar para no engordar, es decir para evitar ganar grasa corporal en exceso es lo mencionado, es decir no consumir el postre, o en este caso el alimento-manjar usualmente dulce, justo después de terminar una comida más “grande” o “cargada”.

¿Qué hace que engordemos o ganemos grasa en cantidades altas? El exceso de alimentos, sea cual sea, consumidos por unidad de tiempo.

Es decir que si en la comida grande ya ingerimos calorías provenientes de aminoácidos, ácidos grasos y glucosa “compleja” y/o simple (por ejemplo de algunas verduras), sería una sobrecarga ingerir calorías provenientes de una glucosa simple, sin importar que el postre sea de frutas con bajos niveles de azúcar refinada, ya que la fructosa también se convierte en glucosa en el intestino delgado, y lo que engorda es el exceso de glucosa “pura”, o de otras calorías en exceso que también podrían convertirse en glucosa, al estar los almacenes glucogénicos hepáticos y musculares esqueléticos llenos.

Es decir que los aminoácidos y el glicerol (proveniente de las grasas) también se pueden convertir en glucosa si el cuerpo así lo requiere.

2) De lo anterior se deduce que se puede consumir de vez en cuando una porción pequeña o moderada de un postre, sea cual sea, y sea quien sea (aun los diabéticos podrían consumir un postre, aunque en porciones muy pequeñas y No como acompañante de otras comidas), siempre y cuando no se use como “relleno”, acompañante, “bajante”, “pasante”, etc., de comidas más grandes.

En otras palabras, se podría consumir con el estómago relativamente vacío como un snack. La cantidad de postre a consumir varía según cada persona, ya que una que entrena deportes o ejercicios de alta intensidad, como rutinas con pesas por ejemplo, podría consumir una mayor cantidad de algún tipo de postre que una persona sedentaria, y aún No observar cambios desfavorables notorios en apariencia física y estado de salud general.

3) Preferiblemente consumir postres que son a base solamente de frutas, sean o no preparados a base de leche, y con poca azúcar refinada. O aun si es con una buena cantidad de azúcar refinada, es preferible los que son a base solamente de frutas por dos sencillas razones: menor aporte calórico y mayor aporte nutritivo.

Es decir que los postres de chocolate, tres leches, etc., que además de traer leche en sí, son a base de otros derivados lácteos y/o del cacao, ya de por sí aportan una mayor cantidad de azúcares “supersimples”, es decir con una mayor cantidad de moléculas de glucosa con enlaces bastante “débiles”, lo que significa que se van más fácil y rápido al torrente sanguíneo, causando mareos, náuseas, dolores de cabeza, y luego pasando a ser acumulados en el tejido adiposo, mayoritariamente el que rodea la zona abdominal. Mucho más si son consumidos justo después de una comida “grande”.

4) Para atletas de alto rendimiento puede ser un aporte rápido y necesario de calorías provenientes principalmente de la glucosa, y aminoácidos provenientes de las proteínas del derivado lácteo con el que fue prepardo, además de ácidos grasos que sirven para oxidarse en el metabolismo energético aeróbico.

De ahí entonces que comer una cantidad moderada de postre en algunos atletas, bien sea después de una comida “grande” (a veces ellos y ellas sí se pueden dar ese “gustico” sin tanto problema) o con el estómago relativamente vacío, durante un entrenamiento intenso o justo después de finalizarlo, puede ser bueno.

5) Las personas sedentarias y/o con poco nivel de entrenamiento, pueden darse “gusticos” de vez en cuando con cualquier tipo de postre (preferiblemente los que son preparados a base solo de frutas), siempre y cuando sean porciones muy pequeñas (cuando deciden que es inevitable el no consumirlos después de una comida grande), o con el estómago relativamente vacío (aquí la porción podría aumentar un poco sin tanto problema estético o de salud).

Cada quien modera las porciones aumentándolas o reduciéndolas de acuerdo a cómo se vea y se sienta, además de decidir en qué momento del día consumirlos en base a los mismos resultados que observe o sienta.

6) Las personas con diabetes deberían evitar consumirlos si el médico así lo recomienda. Si no, es posible que puedan consumir pequeñas cantidades esporádicas de algún tipo de postre, dado que el aporte glucogénico por unidad de tiempo no sería exagerado.

Pero si se observan malestares, lo mejor es evitar consumirlos o cambiar el tipo de postre por uno igualmente delicioso pero con menor aporte calórico por parte de la glucosa, para que así no sean calificados todos los postres como malos para este tipo de personas.

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