Caso Lázaro Báez

A todo lujo: la increíble vida de Lázaro Báez en prisión

A tres meses de que ingresara al penal, el empresario K tiene mayordomo dentro del pabellòn de transexuales donde espera su sentencia

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“Mientras Cristina se está limando las uñas, yo estoy preso”, dijo Lázaro Báez, uno de los pocos involucrados en la “Ruta del Dinero K” este viernes, y las fuentes del servicio penitenciario federal, abogados y otros presos ex compañeros de Báez aseguran que le grita peores cosas a la televisión cuando ve a la ex presidenta en la televisión.

¿Cómo es la vida del empresario K en el pabellón para transexuales del Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza? Según pudo reconstruir Noticias, el dueño de Austral Construcciones vive con otros detenidos con pocos antecedentes (la mayoría mayores de 50) en un pabellón con lugar para 15 presos en celdas individuales.

Su pabellón es uno de los más “cómodos”: tiene televisor, heladera y hasta un horno eléctrico, provisto por la familia del empresario. Según las reglas del servicio penitenciario no está prohibido estar equipado dentro de la cárcel, siempre y cuando venga de la familia o de allegados y cumpla con las normas de seguridad de la cárcel.

Báez, con una vasta experiencia como empleador, logró convencer a un par de compañeros para que sean sus empleados, le limpiaran la celda, lavaran su ropa y le cocinaran. A cambio, el empresario les pagaba, mediante un intermediario, a las familias de los presos, fuera del cárcel. Ante la alta población de reos con bajos recursos, este tipo de beneficios solo lo tienen personajes con poder adquisitivo.

El empresario K recibe todas las semanas unos $4.000 en comida de su familia, que él reparte con sus compañeros: comen asado, pastas, pizza y hasta tienen postre. Todo pagado por el empresario. “Yo comía mejor adentro que afuera”, bromea uno de los ex compañeros de Báez. La comida que tenían eran tanta que la heladera siempre estaba llena.

Otro de los servicios carcelarios que consume el empresario K es el de peluquería. Tres compañeros cortan el pelo a cambio de víveres, y Báez es su cliente favorito.

El lugar tiene un patio interno propio, por lo que Báez no tiene contacto con otros presos más que sus compañeros. No interactúa con nadie más. Sus tardes las pasa jugando al truco con sus compañeros. También juega al dominó, ve la tele y lee libros. Una vez jugó al fútbol, pero le recomendaron abandonar esa actividad, debido a la arritmia que tiene.

Báez habla poco de sus situación judicial con el resto de los compañeros, solo repite que es un preso político y que podría pasar la investigación tranquilamente en libertad. “Siempre estuve a derecho”, relata.

Con el que más habla es con su financista, Daniel Pérez Gadín, quien a su vez aclara entre los compañeros de pabellón que nunca fue el contador de Báez, sino que era un profesor de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Visitas

El sábado 11 de junio, y a más de dos meses de su detención, Lázaro decidió recibir a su hijo mayor, Martín Báez. Para entonces, Lázaro ya tenía entre manos una nueva movida en su estrategia para recusar al juez Sebastián Casanello. Dos días antes lo había visitado Santiago Viola, el abogado de su otro hijo, Leandro.

Allí Lázaro le contó sobre la supuesta reunión en Olivos entre el juez y la ex presidenta de la que él habría sido testigo. El abogado de Leandro le pidió que lo escribiera y lo presentara en el expediente. Báez tomó un papel y una lapicera y comenzó a escribir la carta donde cuenta que, a mediados del 2015, vio a Casanello en la Quinta de Olivos, cuando estaba esperando para entrevistarse con la entonces presidente Cristina Fernández.

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El contenido de la carta fue ratificado por los abogados de Báez, Rafael Sal Lari y Daniel Rubinovich, quienes se desmarcaron de la acción: “Fue autónoma e inconsulta”.

Lázaro se queja de que sus defensores también cuidan los intereses de Cristina Kirchner. El manuscrito provocó que la Sala II de la Cámara Federal, integrada por los jueces Martín Irurzun, Horacio Cattani y Eduardo Farah, volviera llamar a Lázaro Báez el viernes 24 de junio para que diera detalles acerca de ese encuentro. El inconveniente que se le presenta a Báez en esta estrategia es que los demas actores niegan haberse encontrado en Olivos. Cristina, a través de su Facebook, escribió que nunca vio en su vida a Casanello y hasta aprovechó para tirarle la oreja por haber sobreseido al presidente Macri en una causa por escuchas ilegales. Por su lado, dos días después, Casanello también escribió un comunicado. “Nunca me he reunido con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en ninguna circunstancia. Nunca estuve en la Quinta Presidencial de Olivos”, afirmó.

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