Política

La trama no conocida de la reunión entre el Papa y el juez Casanello

En la conversación se habló de las intensas presiones que se han abatido contra el magistrado, en los últimos días, por su decisión de avanzar en casos que involucran a hombres y mujeres del poder

Los protagonistas son muy conocidos en la escena política. Sin embargo, su encuentro fue íntimo y confidencial. Así fue la reunión privada entre el Papa y Sebastián Casanello, el juez que conduce las “causas más calientes” de la justicia Argentina. Una hora de diálogo franco en una salita de la Casa Santa Marta, la residencia del Vaticano.

Según detalla el diario Clarín, en la conversación se habló de las intensas presiones que se han abatido contra el magistrado, en los últimos días, por su decisión de avanzar en casos que involucran a hombres y mujeres del poder.

Francisco lo felicitó “por su coraje”, reconoció su actitud recta y lo animó a seguir adelante, con prudencia pero a fondo.

Todo ocurrió la tarde del jueves 2 de junio, a las 18:00 horas. Casanello viajó a la capital italiana acompañado por un nutrido grupo de colegas.

Todos ellos participaron, el 3 y 4, en un coloquio mundial contra la trata de personas y el crimen organizado en la sede de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, ubicada en el corazón del Vaticano.

Una vez aterrizado en Roma, el juez federal se desprendió de la comitiva argentina y en un automóvil de la embajada argentina ante la Santa Sede fue conducido a Santa Marta. Por allí se habría filtrado la primera noticia de la reunión con el pontífice, que el día 3 por la mañana capturó toda la atención mediática del otro lado del Océano.

Ese mismo viernes Casanello se negó obstinadamente a dar detalles del diálogo privado. Ni siquiera quiso confirmar públicamente el encuentro de la víspera.

Sólo se limitó a constatar: “El apoyo del Papa es extraordinario, no es algo estéril, es significativo. Es un apoyo para nuestro trabajo cotidiano y para el fortalecimiento de las instituciones”.

Pero fuentes vaticanas confidenciales revelaron al Vatican Insider detalles inéditos. En la conversación no se habló de ninguna causa en particular, pero sí de las fuertes operaciones de prensa que el magistrado está padeciendo.

Maniobras “conducidas por los servicios de inteligencia desde las sombras”, que buscan apartarlo de las causas más sensibles mediante el desprestigio, entre otras cosas por su avance efectivo con detenidos y procesados.

La más importante que tiene en sus manos es “la ruta del dinero k”, por la cual ha dictaminado el encarcelamiento del empresario favorito de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, Lázaro Báez, y de su contador Daniel Pérez Gadín.

Se trata del proceso por lavado de dinero más explosivo de los años recientes. En las últimas horas, justo tras su encuentro con el Papa, se recrudeció la ofensiva mediática contra el juez, en un burdo intento por apartarlo del caso.

En Roma saben bien que el artífice de esa estrategia es nada menos que Antonio “Jaime” Stiuso, operador de inteligencia predilecto en tiempos de Néstor Kirchner, que supo espiar incluso al cardenal arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, que fue desplazado de los servicios secretos a finales de la presidencia de Cristina Fernández y hoy parece haber regresado por sus fueros.

Además, Casanello ordenó encarcelar a Víctor Stinfale y Gustavo Conti, los organizadores de la fiesta electrónica “Time warp” donde fallecieron cinco jóvenes y otros tantos fueron internados en grave estado, luego de consumir poderosas drogas sintéticas en un predio que debía ser controlado.

Por ese mismo episodio están procesados cinco funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

A estos casos se suman otros procedimientos de alto voltaje como la investigación al presidente de la República, Mauricio Macri, y a otros funcionarios de primer nivel por el escándalo internacional de los Panamá Papers; un proceso contra el presidente del Club Atlético Boca Juniors, Daniel Angelici, por tráfico de influencias y más.

En su charla con Francisco, él se mostró preparado para resistir las presiones, pero confesó estar personalmente dolido porque “en los últimos tiempos le inventaron pedidos de coima (intentos de soborno)”, cuando es conocido como uno de los magistrados más modestos de los tribunales federales. Acusaciones lanzadas desde la misma familia del principal imputado, Lázaro Báez.

Se mostró convencido que ciertos elementos de inteligencia no le perdonan que haya investigado a Stiuso por enriquecimiento ilícito y lo haya llevado al borde de la indagatoria.

Recordó que la causa contra ese oscuro personaje le fue “arrancada” por la Sala I de la Cámara Federal bajo “excusas triviales”, como la de considerar improcedente un peritaje contable que ordenó. Tras su apartamiento, el 18 de diciembre de 2015, el caso pasó sucesivamente a Claudio Bonadío y a Rodolfo Canicoba Corral, ambos también recusados.

Finalmente recayó en Marcelo Martínez Di Giorgi, cuya primera medida fue expulsar a la Fundación Alameda como querellante, cuando esa organización fue la que presentó la denuncia en febrero del año pasado. La organización apeló esa medida. Aún está pendiente.

Casanello habló sereno, sentado un sillón de color verde. A unos pasos Francisco escuchó atento. Luego lo felicitó por su “coraje” y lo animó a seguir adelante, con prudencia pero a fondo.

Constató que lo mismo que le ocurre a él, le sucede a todos los jueces y fiscales cuando imparten justicia en causas sensibles al poder y no se dejan presionar, ni manejar.

Aquellas palabras fueron, de alguna manera, un anticipo del discurso pronunciado por el líder católico un día después, ante todos los asistentes al coloquio en la Academia Pontifica.

“Yo se que ustedes sufren presiones, sufren amenazas de todo tipo, y se que hoy día ser juez, ser fiscal es arriesgar el pellejo y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica”, dijo, saliéndose del texto preparado.

Antes de despedirse, Bergoglio insistió en animar al magistrado, lo impulsó a continuar con su tarea y le aseguró que rezaría por él. Le pidió a su invitado hacer lo mismo y que le “envíe buena onda”.

Accedió a tomarse una foto, con la certeza de que “seguiría siendo calumniado desde las usinas de los servicios de inteligencia para apartarlo de las causas que preocupan al poder”.

Se trató de un gesto más de otros tantos que Casanello recibió del Papa en los últimos tiempos. En enero le envió una bendición apostólica firmada de puño y letra, que él conserva encuadrada en su despacho.

En esa oportunidad también le obsequió una copia dedicada de su carta encíclica sobre el cuidado del ambiente “Laudato si”. Tanto le impactó ese escrito, que en una investigación sobre una minera contaminante en San Juan citó textualmente varios párrafos para sostener la imputación contra los empresarios.

Las fuentes vaticanas consultadas reconocieron que Francisco se quedó con una “muy buena impresión” del juez, a quien le reconoció un “buen corazón”, “una actitud recta y transparente”. Esa es la conducta “de buen cristiano en la práctica”, advirtió el Papa.

Además de Casanello, sólo otros dos integrantes de la comitiva fueron recibidos en privado por Bergoglio en Santa Marta: Ricardo Lorenzetti, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y María Romilda Servini de Cubría, quien tiene otra “causa caliente” que investiga supuestas irregularidades en la relación entre el gobierno federal y la Asociación del Fútbol Argentino.

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