Sexo

Tema tabú: el orgasmo femenino explicado por una monja

Hildegarda de Bingen, la “neurocientífica” de la Alta Edad Media, es famosa por muchas artes. Sin embargo, su fasceta desconocida es una incipiente, pero no por eso menos compleja: sexología

Hildegarda fue pionera de las revoluciones que las mujeres podían hacer en el siglo XII. Ella nació en 1098 y fue entregada por sus padres a la iglesia. Creció en el monasterio de monjes de Disivodemberg (Alemania).

Si bien había tenido visiones desde chica, a los 40 escuchó una voz que le dijo que escribiera y registrara todo lo que alcanzaran sus ojos y sus oídos. Gracias a esa voz, Hildegarda sobrevivió muchos siglos.

Según indica el diario Clarín, como tantas monjas medievales que de tan sabias estuvieron a punto de arder en las llamas de la hoguera, ella ejerció muchos artes (por ejemplo, investigó hierbas sanadoras) pero la más ignorada quizá fue la sexología.

Escribió hace 900 años: “Cuando una mujer está haciendo el amor con un hombre, una sensación de calor en su cerebro provoca un deleite sensual, comunica el sabor de ese deleite durante el acto y llama la emisión de la semilla del hombre. Y cuando la semilla ha caído en su lugar, ese calor vehemente descendiente de su cerebro atrae la semilla a sí misma y la mantiene”.

¿Revelación de lo que pasa en el cerebro femenino durante el orgasmo? ¿Prediccion de lo que después descubriría la ciencia, que los orgasmos femeninos y sus contracciones favorecen la concepción? La llama en la cabeza, para muchas de las santas mensaje del Espíritu Santo, en este caso tiene otra funcionalidad, no menos milagrosa.

Pero claro, en ese momento el orgasmo femenino era ignorado, pasado por alto como rama caída. El clítoris, único órgano del ser humano dedicado al placer, era una semilla escondida entre labio y labio.

Ella fue una de las primeras en decir que las mujeres sienten placer, y que ese goce facilitaba naturalmente que el espermatozoide se juntara con el óvulo.

La vulva mágica

La mirada medieval solía elevar la sexualidad femenina hasta asociarla con una suerte de cosmología de donde partía (o paría) todo. Ahora a ese proceso le llamaríamos sublimación.

Si la urgencia de la sexualidad masculina estaba asociada en la obra de la monja a “vientos huracanados”, la forma de los genitales femeninos encerraba los mayores secretos del universo.

Esto se desarrolla también, además de en los textos de Hildegarda recuperados en los manuales de erotismo medieval, en la película “La visión”, disponible en YouTube. Una galaxia que iba abriendo sus fronteras, con un centro bien definido: el del placer, que posibilitaba la vida.

Feministas existieron siempre, en los contextos más disparatados. Agradecemos a Hildegarda su reivindicación del placer como intensa llama, aun en los tiempos del oscurantismo medieval, cuando el fuego ardía inquisitoriamente para destruir las mentes y cuerpos libres.

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