Caso Báez

Cómo son los días de Lázaro Báez en la cárcel

El empresario K habla poco y analiza cuál es su mejor opción de defensa en la causa de “La Ruta del Dinero K”. Te contamos todos los detalles

Lázaro Báez vivirá hoy su día cuarenta y seis como preso en la cárcel de Ezeiza. Son dos semanas más que las que tardó Francisco Pascasio Moreno en remontar el Río Santa Cruz en 1877: en esa expedición confirmó la ubicación y le dio nombre al Lago Argentino.

Algunas zonas de ese camino son de su propiedad. Es dueño de 430 mil hectáreas en estancias por la que serpentea el mismo río pero no la misma agua que navegó Moreno (Francisco Pascasio).

Según detalla el diario Clarín, el empresario K habla poco. Pero suele soltar su lengua parca cuando recuerda la inmensidad de Santa Cruz.

Para la justicia, es dueño solo en esa provincia de más de doscientas propiedades. Paradojas del encierro.

Lázaro duerme ahora en una celda pequeña del pabellón 6 del penal de Ezeiza. El colchón en el que intenta cada noche ser atrapado por las garras del sueño está roto, demasiado usado por otros. El inodoro que usa es de metal.

Esas incomodidades lo sorprendieron: “Tengo que limpiar todo yo”, le contó a un amigo con el que habló ni bien fue encarcelado en Ezeiza. Báez se había acostumbrado a vivir en otros ámbitos.

Fue detenido por la policía cuando bajaba de uno de sus dos jets privados en el aeropuerto de San Fernando. A pesar de su situación procesal cada vez más comprometida, Báez se muestra firme de ánimo. Eso sorprendió a los miembros del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

Distintas fuentes que conocen y trabajan con el empresario aseguraron que Lázaro analiza con seriedad declarar en la causa de “La Ruta del Dinero K” en calidad de “imputado colaborador”. O sea, como “arrepentido”.

Según se pudo confirmar de parte de fuentes oficiales que Lázaro sondeó a las autoridades que siguen su caso para conocer qué beneficios podría obtener si cambia sus declaraciones y se “arrepiente”.

Podría testimoniar bajo esa figura legal para intentar conseguir una rebaja en una condena. Eso pasaría una vez que enfrente un juicio oral donde se corroboren sus dichos.

En estos cuarenta y seis días Báez no dejó que sus hijos lo vean en la cárcel. Les habla por teléfono. A su ex asesor, Daniel Pérez Gadín, sí lo visitan sus familiares. Después de esos encuentros el hombre rompe en llanto. Esa situación lo fastidia.

Criado en la rusticidad climática del sur, es hijo de un policía correntino que llegó a comisario en Santa Cruz. Báez no llora. Al menos frente a otros compañeros de cárcel.

En estas semanas lo visitaron sus principales consejeros. Uno de ellos es Diego Navarro, un viejo amigo que dirige el diario que el empresario edita en Santa Cruz, Prensa Libre.

Báez analiza cuál es su mejor opción de defensa en la causa de “La Ruta del Dinero K”. Lo habló con a sus abogados, Daniel Rubinovich y Rafael Sal Lari. Aun se defiende del modo contrario: intenta pelearle a las pruebas judiciales que se acumulan en su contra.

También contrató a la doctora María Gasaro, pero para que lo represente en otro expediente. Habría sido ella la que le explicó a Báez los beneficios que podría obtener si declara como “colaborador” de la Justicia.

La palabra “arrepentido”, a Baéz, lo disgusta. Es por una cuestión retórica: a diferentes interlocutores les explica que no le gustaría que se lo describa después como un “buchón”.

Báez está procesado sin prisión preventiva en el marco de la causa de “La Ruta del Dinero K”. Se lo investiga por lavado de dinero. Igual que a uno de sus hijos, Martín.

La sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal le negó la excarcelación.

Quienes hablan con él aseguran que está muy enojado con la ex presidenta Cristina Elisabet Fernández, igual que con su hijo, Máximo.

No recibió ningún llamado ni de ellos ni de otros dirigentes emblemáticos del Frente para la Victoria.Tampoco fue defendido en los medios por algún vocero K.

Está desilusionado: “Todo lo que hice fue con mi amigo Néstor. Ahora se lo quieren quedar otros…”, se queja, palabras más, palabras menos.

Cuando se le menciona a Cristina, Báez es capaz de demostrar su enojo con frases hirientes: “Nunca le gusté, soy negro y feo”, ironiza. Extraña a Néstor Kirchner.

En las últimas semanas tomó una decisión que indica hasta dónde llega su bronca con la familia K.

Les devolvió a sus ex amigos las llaves del Mausoleo que construyó para resguardar los restos del ex presidente fallecido el 27 de octubre del 2010. Báez estuvo con él hasta las nueve de la noche del último día que pasó en vida.

El empresario nunca se llevó bien con algunos de los otros de los amigos de Néstor. Él dice que cuidaba del ex presidente: no dejaba que fume, y tampoco le permitía tomar alcohol.

Fuentes del entorno de Báez señalan al ex chofer Rudy Ulloa Igor; y al socio inmobiliario de Máximo, Osvaldo Sanfelice, como una “mala influencia para Néstor”.

Esos vínculos incluían negocios cruzados que solo eran sostenidos por las argucias y sagacidades del ex presidente. Pero se descontrolaron tras la muerte del “Jefe”.

Baéz pasa hoy la mayor parte de sus días dentro de su celda: lee durante horas. Estudia el expediente de “La ruta del dinero K”. Y pidió analizar la causa Hotesur, que investiga el posible lavado de dinero en los hoteles K.

Los agentes carcelarios lo obligaron a jugar al fútbol para que haga ejercicio.

Los demás presos creyeron que ese hombre con riqueza no aguantaría un partido “tumbero”. Se equivocaron. “El Negro”, como apodan a Báez sus conocidos, es un defensor rudo. Desde la década del 70 se toma en serio el divertimento que es para otros patear una pelota.

Aprendió a jugar, a defender y defenderse en las canchas, como en la vida, en el pueblo en el que se crió a lo guapo, Puerto Santa Cruz. De grande conoció a Kirchner. Y su historia económica cambió. Su carácter, no.

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