Paritarias

Los gremios kirchneristas siguen dificultando las paritarias docentes

En el día de hoy, los gremios volverán a reunirse por octava vez con el Gobierno. Un detalle clave en la discusión son los alineamientos con la gestión anterior. ¿Cómo sigue la situación entre ambas partes?

El macrismo busca realizar un milagro: puntualmente, logró que por primera vez en quince años los principales gremios de docentes universitarios coincidieran en su oposición al Gobierno.

Desde el recorte mítico al presupuesto universitario perpetrado en marzo de 2001 por Ricardo López Murphy que no se daba un consenso tal.

Según indica el diario La Nación, en la reunión paritaria de hoy a las 11 de la mañana, los tres gremios principales -Conadu, Conadu Histórica y Fedun -llegan con mandatos muy similares de sus bases.

Hace años que esto tampoco se daba: el consenso era quebrado sistemáticamente por Conadu Histórica, que integra la CTA Autónoma de Pablo Micheli, que ya lleva cinco paritarias sin firmar, el único gremio universitario que se oponía a las ofertas del gobierno anterior. Pero este año algo cambió: todos los sindicatos son opositores.

“Los gremios que eran blandos con el gobierno anterior ahora son duros.” Dice el secretario general de la Conadu Histórica, Luis Tiscornia.

Con hablar sereno, no perdona: “Yo digo: «No sean oportunistas». Antes aceptaban todos los techos salariales que el Gobierno proponía. Ahora se acuerdan de radicalizarse”.

El tablero gremial de los docentes universitarios durante el kirchnerismo estuvo dividido: de un lado, la Conadu Histórica. Del otro, los gremios alineados con las centrales obreras peronistas y filo kirchneristas como Conadu y Cetera, enmarcadas dentro de la CTA de Hugo Yasky, o Fedun y UDA, alineadas con la CGT de Antonio Calo, cercano a Cristina Kirchner.

¿Qué hay detrás del renovado consenso opositor de las cúpulas sindicales de los docentes universitarios?

Por un lado, los datos de la economía alientan las perspectivas comunes de los sindicalistas universitarios. “La primera oferta que nos hizo el Gobierno fue del 25% de aumento, inaceptable una propuesta salarial tan por debajo del índice de inflación”, desarrolla el secretario general de Fedun, Daniel Ricci.

Tiscornia, por su lado, subraya que hay “una situación de escasez de fondos en las universidades”. Pero respecto de la inflación, introduce matices y sostiene que los gremios filo kirchneristas aceptaron propuestas bajo la inflación durante años en cada paritaria.

El secretario general de Conadu, Pedro Sanllorenti, lo desmiente. Él viene siguiendo puntillosamente desde hace años el poder adquisitivo del salario docente sobre la base de la información del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra).

Según Sanllorenti, entre 2004 y 2008 hubo una recuperación del salario universitario, luego un amesetamiento, con pérdida de uno o dos puntos porcentuales, hasta 2012 y en los últimos tres años se dio un ligero repunte.

“El consenso se explica por el contexto, con la inflación de abril más alta de los últimos 12 o 14 años, el alza en las tarifas y el impacto de las nuevas facturas de servicios sobre las universidades”, sostiene.

¿Pero hay o no ajuste? Sanllorenti analiza: “Hay tres maneras de realizar un ajuste. Por un recorte como lo hizo López Murphy, pero otro es por la inflación, cuando dejo que los precios suban mientras el presupuesto es el mismo”. Ricci coincide: “No está habiendo un recorte de presupuesto, sino un aumento de tarifas”.

Hay, sin embargo, otra manera de mirar los datos duros. La nueva perspectiva la da el economista e investigador de la Universidad Nacional de La Plata, Martín Tetaz, que desafía cualquier comparación con el ajustazo de López Murphy.

“No hay ajuste en términos nominales como en 2001. De hecho el presupuesto universitario creció nominalmente a partir de los nuevos fondos anunciados por el Gobierno. Para deducir que hubo ajuste, hay que esperar a fin de año para ver la inflación acumulada”, explica.

Y para que se llegue a un recorte del 20% en el universitario como en la crisis de 2001, “el nivel de precios promedio de 2016 comparado con el de 2015 debería ser un 65% superior a diciembre, algo totalmente improbable”, sostiene.

Otro dato de la realidad permite analizar el consenso gremial de los universitarios: que ya no hay kirchnerismo en el poder. ¿Puede la afinidad política de buena parte de las conducciones gremiales de docentes universitarios condicionar la osadía de sus reclamos?

Sanllorenti lo niega: “Si durante el kirchnerismo la oferta salarial nos hubiera dejado tan lejos de la inflación, también nos habríamos opuesto”.

Sin embargo, hay reconocimiento de algunos sesgos ideológicos que influyen en la radicalización de las posiciones gremiales actuales. “Es una apreciación más o menos subjetiva -reconoce Sanllorenti- de lo que significa el nuevo gobierno. Se lo ve claramente como una nueva oleada neoliberal”.

¿Prejuicio sindical respecto del Gobierno? Tiscorni corrige: “Más bien prevención ante este tipo de gobiernos con más afinidad con las políticas del mercado, pero el Gobierno también tiene un sesgo que demoró el giro de partidas: asumió que todo el sistema universitario roba y no es así”.

Finalmente, el referente de Conadu Histórica pone el dedo en otra llaga. La llamada “cuota de solidariad” regida por la ley de asociaciones sindicales por la que un porcentaje de la masa salarial negociada, que hoy es del 1 %, se reparte entre los gremios paritarios. El objetivo: reinvertirlo en sus afiliados en capacitación, por ejemplo.

Tiscornia lo ve con otros ojos: “El gobierno kirchnerista cooptó a las conducciones gremiales y usó la cuota de solidaridad como coacción y chantaje para disciplinarlos y que firmaran la paritaria”. Es que los gremios que no firman, como el de Tiscornia, no participan de ese reparto.

“No es coacción”, niega Sanllorenti y agrega: “Querer participar de ese 1% sin firmar la paritaria es como querer caminar por el barro sin ensuciarse. Quieren contar con los beneficios de la negociación pero no asumir los costos”.

Por el momento ni las afinidades ideológicas, ni políticas, ni el disciplinamiento vía la caja paritaria parecen ser recursos con los que cuenta el macrismo.

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