Política

Mausoleo de Kirchner: insólita anécdota de CFK, el sereno, las placas y la estatua

La estatua del ex presidente fue hallada durante los allanamientos a las propiedades de Lázaro Báez en Santa Cruz: es de bronce y mide 1,80 metros

estauta de nestor

Tras lo operativos que ordenó el juez Sebastián Casanello en Santa Cruz, descubrieron una estatua de Néstor Kirchner en uno de los galpones de Lázaro Báez.

La escultura, que mide 1,8 metros de largo y es de bronce, fue hallada durante los allanamientos que se realizaron en el marco de la causa por lavado de dinero, por la que el empresario se encuentra detenido.

Si bien no se sabe quién hizo la estatua, el portal OPI de Santa Cruz contó la historia detrás de la imagen:

“La efigie de Néstor Kirchner encontrada en el último allanamiento a Báez, es una reproducción de su imagen construida en Buenos Aires, totalmente en bronce y cuyo autor no se conoce, hasta el momento. No se ha podido determinar si fue un encargo de alguien, incluyendo del propio Lázaro Báez o si se debió a la iniciativa de algún admirador de Néstor, que decidió construirla y regalársela a la entonces presidenta Cristina Fernández.

Esa estatua de tamaño natural de 1,80 mts, hecha en bronce, le fue regalada a la ex presidenta, junto con varias plaquetas que acompañaron el envío, el cual fue alojado en los galpones del empresario K, donde esperaban su colocación definitiva. La paranoia de los funcionarios por encontrar plata u oro en los últimos allanamientos a las propiedades de Báez, los hizo pensar, que la pesada estatua dorada, podría estar, en realidad, hecha en oro. Pero rápidamente, esta posibilidad fue desestimada.

OPI pudo reconstruir la historia de este monumento, cuyo destino final era un pedestal de más de un metro y medio de alto, a ser ubicado en los jardines de acceso al mausoleo, en el cementerio municipal de Río Gallegos, donde se colocarían también las plaquetas de bronce que acompañarían a la estatua. Ninguno de estos elementos alegóricos, fueron emplazados, tal lo previsto.

“A la doctora nunca le gustó la imagen que habían logrado de Néstor en esa estatua; decía que era fea”, le confió a OPI una persona allegada a la familia. Este y no otro, fue el motivo por el cual la estatua de bronce estuvo reposando horizontalmente en los galpones de Báez, durante varios meses. Sin embargo Cristina Fernández, estaba interesada que en el mausoleo, fueran colocadas las plaquetas y particularmente una de ellas, sobre las que tenía predilección.

Lázaro, el portero

Desde que el mausoleo fue terminado, cada vez que Cristina Fernández decidía visitarlo, siempre después de las 19:00hs, en la que cerraba el cementerio para el público, era el propio Lázaro Báez quien la esperaba en las escalinatas de acceso, tras el enrejado perimetral y llave en mano, le allanaba el paso a la entonces presidenta, tal como lo muestra el testimonio gráfico de esta Agencia. En otras oportunidades, era el Jefe de Seguridad de Austral Construcciones SA, quien, portador de las llaves del edificio mortuorio, la franqueaba el acceso a la viuda. Nadie más tenía a su alcance las llaves del mausoleo.

Con el distanciamiento cada vez más acentuado entre Lázaro y Cristina y en momentos en que sobrevenía la gran crisis de la construcción, debido al corte de fondos que el entonces gobierno nacional le hizo a la obra pública de Santa Cruz, Austral comenzó a despedir obreros y las relaciones entre el empresario y la familia Kirchner se tensaron a valores impensables.

Báez redujo, entonces, un sinnúmero de gastos y de personal, incluyendo el que estaba destacado en el mausoleo. Ya no era más el jefe de Seguridad de Austral, quien tenía las llaves ni Lázaro le abría las puertas a Cristina o a Máximo. Báez había dejado como máxima presencia en el lugar, a un empleado de la constructora que permanecía en la garita de entrada, con la llave en su poder, para atender cualquier requisitoria y mantener el control de la seguridad en el lugar.

A finales de diciembre, en medio de las fiestas de fin de año, Cristina Fernández, ya sin el carácter de presidenta, concurrió con su personal de seguridad al mausoleo. Al llegar, observó que no había nadie para abrirle la reja, excepto un empleado de Austral, quien, sin la euforia que mostraban todos cada vez que se acercaba la primera mandataria en funciones, giró la llave desde el interior y permitió el paso de CFK y los tres custodios acompañantes.

La ex presidenta ingresó, miró hacia ambos costados como buscando algo que no encontraba y con la poca simpatía que la caracteriza, le preguntó al único custodio del mausoleo por qué no estaba colocada la estatua de Néstor o al menos, las plaquetas que habían enviado desde Buenos Aires. El relato que sigue, es un cuadro surrealista de una realidad impensable, meses antes de diciembre del 2015.

El hombre, vestido con un buzo en cuya espalda lucía el nombre de la empresa que estaba despidiendo a 1800 trabajadores, se dirigió a la viuda y le dijo “Doctora, estamos en problemas con el personal de la empresa ¿Usted no lee los diarios?”. La cara de la ex mandataria se trasfiguró, sus ojos proyectaron rayos paralizantes; no podía creer lo que un simple empleado a cargo del monumento de su esposo, que hasta ayer nomás contaba con mucha gente de seguridad, de limpieza, de mantenimiento y adulones, le hiciera tal implicación, casi como un reproche a su ignorancia de la realidad por la que atravesaba en ese momento y desde hacía mucho tiempo, Austral Construcciones, la constructora que ella misma había ordenado sostener con dineros públicos durante 12 largos años.

La fuente que nos confió la anécdota estaba allí y describió a una Cristina “sacada” que enfureció sin límites, entró al mausoleo, permaneció por unos 10 minutos y salió del lugar sin decir una sola palabra y (obviamente) ignorando que el humilde empleado de Austral, quien esperaba de un momento a otro la llegada del telegrama de despido, seguía allí, cumpliendo con su rutinaria tarea de cuidar un lugar que ya a nadie le importaba mucho y menos aún “al patrón” quien había roto lanzas con la familia presidencial y ya no le abría más la puerta a la viuda de Néstor.

Con este epílogo, es muy difícil que la estatua de Néstor Kirchner, encontrada en los galpones de Lázaro, tenga alguna posibilidad de lucir erguida tras las rejas de seguridad del Mausoleo en el cementerio municipal de Río Gallegos. Tampoco se sabe nada sobre el destino que tendrán las plaquetas. Ya no hay más “anillos de seguridad”, no se ven los proactivos agentes de seguridad de la empresa privada que había contratado Báez, ni el personal de Austral que cumplía tareas de mantenimiento y seguridad en el edificio”.

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