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Las increíbles penurias del médico que ayudó a la CIA a encontrar a Ben Laden

Shakil Afridi organizó una falsa campaña de vacunación contra la hepatitis C, para confirmar la presencia del temible jefe de Al-Qaeda y cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001. "Se ha convertido en un chivo expiatorio", estima un activista de los derechos humanos, Zar Ali Khan Afridi (sin vínculo de parentesco con él)

Shakil Afridi

Luego de cinco años después de su detención, el médico paquistaní Shakil Afridi, que ayudó a la CIA a dar con la ubicación de Osama ben Laden, pasa sus días solo y entre rejas, víctima, según indiccan sus familiares, de maniobras diplomáticas entre Washington e Islamabad.

“No tengo ninguna esperanza de verlo”, lamenta su hermano Jamil Afridi. El doctor, de unos cincuenta años, organizó una falsa campaña de vacunación contra la hepatitis C que sirvió para confirmar la presencia de Ben Laden, el temible jefe de Al-Qaeda y cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Una vez localizado, un comando de las fuerzas especiales estadounidenses lo mató el 2 de mayo de 2011 en un ataque en su domicilio de Abbottabad, una pequeña ciudad paquistaní que alberga la academia militar nacional.

Los detalles sobre cómo contactó la CIA a Afridi son confusos. La prensa paquistaní afirma que varios responsables de Save the Children, con la que él trabajaba, actuaron de intermediarios. La organización lo desmiente.

El mismo reconoció estar implicado; lo hizo en la única entrevista que concedió sobre este tema, a la cadena estadounidense Fox News, en 2012. Fue confirmado por el ex secretario de Defensa de Estados Unidos Leon Panetta.

El médico se encargó de organizar una campaña de vacunación para obtener una muestra de ADN en el lugar donde vivía Ben Laden. Afirmó que nadie le había dicho quién era el blanco de la operación y se negó a huir del país cuando se lo pidieron.

Las autoridades paquistaníes lo detuvieron poco después. Fue juzgado por vínculos con extremistas (un cargo poco creíble) y condenado a 33 años de cárcel, reducidos posteriormente a 23 años.

Desde entonces, el procedimiento se empantanó. El juicio de apelación comenzó en 2014 y se aplazó decenas de veces. Varios grupos de defensa de los derechos humanos dieron la voz de alarma y pidieron transparencia.

“Se ha convertido en un chivo expiatorio”, estima un activista de los derechos humanos, Zar Ali Khan Afridi (sin vínculo de parentesco con él).

Según su abogado, Qamar Nadeem, el médico está encarcelado en aislamiento en una celda pequeña, y a pesar de todas estas precauciones su vida corre peligro. Nadeem lleva dos años sin tener acceso a su cliente.

Sólo recibe las visitas de su esposa y de sus hijos cada dos meses aproximadamente, afirma el letrado

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