Seguridad

Una peligrosa costumbre: la ex ESMA, en alerta por las amenazas de bomba

Durante el último año hubo al menos 50. Comenzaron en mayo del 2015, pero se intensificaron en las últimas semanas, al punto de tener una por día

Un hecho que preocupa en la ex ESMA. Las amenazas de bomba ya son una costumbre. En el último año la misma rutina se repitió 50 veces. Comenzaron en mayo de 2015, pero se intensificaron en las últimas semanas, al punto de tener una por día.

Según detalla el diario La Nación, la Justicia está al tanto y hay una investigación en curso, pero los empleados denuncian que no hay avances y que la Secretaría de Derechos Humanos (que funciona en el lugar) no informa si hay pistas sobre el origen de las llamadas.

“Al principio creímos que las amenazas eran sueltas, pero esto ya se desvirtuó y no nos dan nada de información. Todo esto genera mucha angustia”, dice Ana González, una delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) que trabaja en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

Por la ventana de uno de los 35 edificios se ve el brazo de una chica agitando un megáfono. La sirena del aparato sonará una y otra vez por los próximos diez minutos hasta que todos los empleados (unos 2000) y visitantes estén camino a la entrada del lugar, sobre Avenida del Libertador.

“La gente tarda cada vez más en salir”, comenta una mujer a este cronista en plena evacuación.

La investigación, a cargo del fiscal Franco Picardi, se inició a mediados del año pasado y aún no obtuvo resultados palpables. Así lo indicaron no sólo desde ATE, sino también desde la secretaría comandada por Claudio Avruj.

El funcionario cuestionó la “mora importante”. También negó que la comunicación con los empleados del predio esté suspendida. Por el contrario, dijo que es “permanente”.

Como una manera de impulsar las denuncias y ganar acceso a las líneas de investigación, ATE se presentará esta semana como querellante en la causa. La solicitud será en nombre del secretario general de ATE Capital, Daniel Catalano.

La gente atraviesa la recepción y se reúne en la vereda. Algunos cortan carriles de la avenida para que el reclamo se oiga más fuerte.

Todos saben que estarán allí al menos tres horas hasta que la brigada antiexplosivos termine de recorrer con los perros todos los edificios en las 17 hectáreas del predio.

Recién después podrán volver a sus tareas, pero no siempre es así porque cuando termina el operativo suele ser tarde. “Está claro que hay alguien que no quiere que se trabaje”, cuenta Mariano, del área de Diversidad y Género.

La evacuación es rápida y la capacitación que brindaron bomberos y Defensa Civil a los empleados el año pasado ayudó a aceitar el proceso. Sin embargo, el protocolo que se activa con cada llamada genera roces.

Por un lado, las autoridades aguardan que Defensa Civil autorice un nuevo sistema, que obligaría a la Policía Federal a ordenar la evacuación y no a Avruj, el actual responsable.

Por el otro, los empleados denuncian que cuando se probó ese mecanismo, hace unas semanas, esa orden se demoró y el teléfono volvió a sonar con otra amenaza.

Además, Avruj señaló que se deben modificar aspectos de la seguridad del lugar. “El predio es muy vulnerable, no se sabe quién entra o sale y el sistema de protección es totalmente ineficiente”, agregó.

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