Malvinas

Un viejo debate: ¿quién descubrió las Islas Malvinas?

Los yámanas, un navegante chino, un desertor de la expedición de Magallanes y Américo Vespucio son sólo algunas de las hipótesis posibles. Hallazgos antropológicos al sur de la Isla Soledad apoyan la tesis del avistamiento sudamericano del archipiélago

Islas Malvinas

El portal de noticias Infobae realizó una completa reconstrucción de la historia de las Islas Malvinas, planteando una seire de posibilidades a la enterna pregunta que, una vez más, vuelve a actualizarse: ¿quién las descubrió?

Así, indica que la presencia en el archipiélago del zorro-lobo malvinense, también denominado Guará (hoy extinto), especie evolucionada del primitivo “perro de los yámanas”, abonó la teoría de que fueron los yámanas los primeros humanos en llegar a las islas. 

Los yámanas o yaganes eran aborígenes que vivían en la mitad sur de Tierra del Fuego. Vecinos de los onas, que habitaban el norte de la isla. De naturaleza nómade, vivían de la pesca, la caza, y de la recolección de mariscos. Se desplazaban en canoas en las que eran bastante diestros. Navegaban por los canales fueguinos y llegaron hasta el Cabo de Hornos.

Onas y yámanas tenían como mascotas un curioso canino, de mediano tamaño, llamado “perro yagán”, “perro fueguino” o “perro de los yámanas”. Fue descripto por el estudioso argentino Julio Popper en 1887: “Con orejas paradas y gruesa cola, tiene cierto parecido con el zorro, aunque su color es a veces enteramente blanco. Acostumbrado a apreciar en la raza canina su proverbial adhesión hacia el hombre, me causó extrañeza la circunstancia, observada repetidas veces, de que el perro fueguino carece absolutamente de esas calidades. Nunca los vi, por grande que fuera su número, tomar una actitud agresiva o bien defender a sus amos cuando éstos se hallaban en peligro. He averiguado además que no sirven para la caza del guanaco”. No eran perros de caza ni de guardia. ¿Para qué servían entonces? Daban calor a los humanos, en las tolderías.

Algunos creen que en uno de sus tantos viajes, en canoas, a Malvinas, los yaganes olvidaron a algunos perros, que luego se multiplicaron en la pradera de las islas. Allí evolucionaron, adquiriendo mayor tamaño, más pelaje y cambiando su pigmentación. Sin embargo, estudios de ADN que realizó la Universidad de California de Los Angeles en 2009, emparentaron a los extintos canes malvinenses con los “aguará guazú” de la región subtropical del este sudamericano; y determinaron que arribaron a las islas mucho antes de la llegada del hombre a Sudamérica. No obstante ello, otro dato que apoya la tesis del avistamiento sudamericano del archipiélago es que en el sur de la Isla Soledad se encontraron puntas de flechas, restos de una canoa y de madera; siendo que no hay árboles originarios de las islas.

En 2003 un historiador inglés aventuró la hipótesis de que el explorador chino Hong Bao descubrió las Malvinas y toda América del Sur hacia 1442; pero sin proporcionar fundamentos al respecto, ni documentación que la respaldase.

El siguiente registro histórico de quien pudo haber descubierto el archipiélago corresponde al famoso navegante florentino, al servicio de Portugal, Américo Vespucio; que diera nombre al Nuevo Mundo. En mayo de 1501 partió de Lisboa, como parte de la expedición de Gonzalo Coelho. Por algún motivo, el florentino tomó el mando cuando navegaba por el Atlántico, a partir de los 32º de Latitud Sur. El 4 de Setiembre de 1504, ya de regreso a Lisboa, Vespucio escribió al entonces mandatario de Florencia, Piero Soderini su carta: “Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi”. Decía: “Y tanto navegamos por ese viento [del SE] que nos encontrábamos tan altos, que el polo del mediodía se elevaba fuera de nuestro horizonte 52° y no veíamos las estrellas… del puerto de donde partimos unas 500 leguas por el SE…. En medio de esta tormenta avistamos el día 7 de Abril una nueva tierra de la cual recorrimos cerca de 20 leguas encontrando la costa brava, y no vimos en ella puerto alguno ni gente, creo porque era el frío tan intenso que ninguno de la flota se podía remediar ni soportarlo”. Se trata, como señala Paul Groussac, de un pasaje vago e impreciso. Dice que había cruzado los 52º de Latitud Sur (las Malvinas están a partir de los 51º21′, aproximadamente; con lo cual podría tratarse de este archipiélago); pero por la descripción que formula de la costa, bien podría tratarse, también de la Patagonia argentina.

No obstante, el polémico Vespucio se contradice con otra carta dirigida dos años antes a Lorenzo di Pierfrancesco de Médicis, titulada: “Mundus Novus”; donde admitió que navegó hasta los 50º de Latitud Sur. Al no encontrar costa, decidió volver a Portugal.

El registro posterior de las islas data de 1513 y es el famoso plano elaborado por almirante y cartógrafo turco Piri Reis, donde en forma sorprendente, dibuja todo el perfil reconocible de la costa oriental sudamericana, vagamente explorada en la época. Al margen del mapa, el otomano refiere como fuentes de su trabajo a un mapa de Cristóbal Colón, hallado en un barco español capturado por los turcos en 1501, cuatro mapas portugueses posteriores, y el informe de un prisionero, veterano de los viajes de Colón, capturado por los turcos, y reducido a la esclavitud por un tío del almirante. El extremo sur de América no está muy reconocible; ya que la costa patagónica está desplazada horizontalmente hacia arriba, quizás por falta de espacio en el pergamino, o por pretender llevar el globo terráqueo a un planisferio. Cerca de la boca de lo que sería el Estrecho de Magallanes puede apreciarse un archipiélago. La isla principal se muestra como “Isla de Sare” (en caracteres arábigos). Podrían tratarse de nuestras Malvinas. Una nota denota que están desiertas; y tienen una prolongada primavera. Se podría creer que Piri Reis se basó en Vespucio para confeccionar esta carta.

De 1519 (aproximadamente) data el “Mapamundi”, que conforma el “Atlas Miller”, una joya de la cartografía portuguesa de principios del Siglo XVI, y que se guarda en la Biblioteca Nacional de Francia. En ese planisferio circular de 33 cm de diámetro, magistralmente coloreado, se puede apreciar un archipiélago semejante a las Malvinas, frente del Estrecho de Magallanes (antes de su descubrimiento).

Con posterioridad a 1520 abunda la localización de islas frente al Estrecho en la cartografía europea; lo que nos lleva a sospechar que las mismas fueron avistadas por algún buque español de la expedición de Fernando de Magallanes.

El piloto Esteban Gómez desertó de la expedición de Magallanes, usurpando el mando de la nave San Antonio, el 1º de Noviembre de 1520 (fecha del descubrimiento del Estrecho). En forma solapada, evitó introducirse en dicho paso, siguiendo a las otras tres naves de la flota; se amotinó y enfiló hacia el Noreste, de regreso a España, enemistado con el gran descubridor. En el camino debía toparse, necesariamente con las Malvinas. Sin embargo, no quedó documentado este descubrimiento y tampoco Gómez dijo nada al respecto en el proceso que después se le siguió en España; luego de arribar a Sevilla, el 6 de Mayo de 1521. No obstante ello, a partir de entonces, se popularizó la impresión de mapas, identificando a las islas como “Sansón”; que tal vez derivaba de “San Antón”, apócope de “San Antonio”, el nombre de la nao desertora.

En la Biblioteca Nacional de París hay un mapa en “Le Gran Insulaire”, Vol I, pág. 229, obra del fraile André Thevet, de 1586 (6 años antes de que los británicos se acercaran siquiera a las islas). Allí se lee: “Les isles de Sansón ou des Geants” (las islas de Sansón o de los Gigantes), en el preciso lugar donde deberían estar las Malvinas. Al lado hay una descripción del autor, que indica que estas islas le fueron referenciadas por un piloto portugués que integraba la expedición de Magallanes. Ello constituye una prueba de que la nao desertora muy probablemente avistó las islas y les dio esa denominación.

La próxima noticia corresponderá a otra expedición española de Simón de Alcazaba y Sotomayor, que al mando de las naves San Pedro y Madre de Dios, partió el 21 de Septiembre de 1534. Una tormenta en el Río de la Plata las separó, y volvieron a encontrarse providencialmente en la boca del Estrecho. Las crónicas registran el avistaje de unas islas: “Surgimos a la boca del estrecho; al otro día amaneció con nosotros la nao San Pedro, que había estado tomando agua en el puerto de Santo Domingo, y allí descubrió unas islas en la mar de las cuales hallaron mucha cantidad de bestias, aunque en verdad, de la mitad hacia arriba, parecían leones, por el bramido que daban y su ferocidad, y por el cerco que tenían y los colmillos”. La San Pedro debió haber encontrado una colonia de elefantes marinos en las islas avistadas.

En Agosto de 1539 zarparon de Sevilla cuatro naves armadas por el obispo de Plasencia para colonizar el Estrecho de Magallanes, a donde arribaron tres de ellas en enero de 1540. Allí sufrieron un temporal, y se dispersaron. Una terminó arrastrada hacia las Malvinas, donde divisó dos islas. Se ha perdido el nombre de esta nave. La historia la bautizó como “Incógnita”, pero se conservaron fragmentos de su bitácora, que da una reseña bastante aproximada a la geografía de las islas: pradera similar a la malvinense y perros; que podrían ser los “guarás”. Allí permaneció la “Incógnita” hasta Diciembre, en que retornó a España, tomando antes posesión de estas tierras desiertas para la Corona de Castilla. A poco de regresar la Incógnita, en 1541 Alonso de Santa Cruz publicó su “Islario”; en cuyo mapa XV incorpora estas islas sesenta leguas al Este, paralelas a la boca del Estrecho, con esta leyenda: “Al oriente del puerto de San Julián… a cincuenta y un grados de altura”. Es la ubicación de nuestras islas.

El primer antecedente británico llegaría recién el 14 de Agosto de 1592, cuando el corsario John Davis, desertor de su expedición, registró: “El día 14 fuimos arrojados entre ciertas islas nunca antes descubiertas, y sobre las cuales ningún relato conocido hace mención; yacen cincuenta leguas o más desde la costa este hacia el Norte, desde el estrecho”. Esta versión ha sido criticada por muchos estudiosos. Davis no describió con precisión las coordenadas de su supuesto descubrimiento. Los pocos indicios que da tampoco lo ubican en Malvinas, sino directamente en mar abierto. La descripción que luego dieron algunos de sus marineros fue tachada de copia de las observaciones ya recabadas por otros exploradores.

Recién el 24 de enero de 1600 las islas fueron avistadas en forma indudable y descriptas con precisión por el marino holandés Sebald de Weert, al mando de la Gelof; que retornaba a Holanda, luego del naufragio del resto de su expedición. Las denominó Sebaldes o Sebaldinas; ubicadas sobre los 50° 40′ de Latitud Sur, y a 60 leguas de la Patagonia. Por fin Europa había dado fehacientemente con las Malvinas.

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