Belleza

A la hora de lavarse la cara: ¿agua fría o caliente?

Jabón neutro y agua de la temperatura adecuada: eso es lo único que necesitas para llevar adelante tu rutina de limpieza facial

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A la hora de prepararse para salir o para ir a la cama, hay algo que no nos puede faltar: una buena limpieza facial. Este hábito mantiene la piel saludable y libre de impurezas, y por más que se inventen y descubran constantemente nuevas cremas y lociones para realizarlo, la mayoría aún prefiere hacerlo mediante el lavado común con jabón neutro y agua.

Pero…¿cuál es la temperatura correcta del agua para no afectar el pH natural de la piel? Para evitar los trastornos cutáneos, es primordial saber cuándo nos conviene utilizar agua fría y cuándo está bien optar por la caliente.

¿Cuándo lavar el rostro con agua fría?

Las duchas de agua fría o su aplicación en el simple lavado del rostro es una costumbre muy saludable que permite conservar la piel hidratada y firme.

Está comprobado que esta tiene la capacidad de estimular el flujo sanguíneo, lo que promueve la eliminación de las toxinas del cuerpo a través de los capilares.

También facilita la eliminación de los residuos que van depositándose bajo la dermis, responsable de las imperfecciones visibles como el acné, la celulitis y las manchas.

A diferencia de lo que ocurre con las temperaturas altas, esta sella los poros, retiene los aceites naturales y tiene un efecto reafirmante que contribuye a evitar los signos del envejecimiento.

¿Qué pasa con las terapias con agua helada?

En los últimos meses se ha hecho bastante famosa la tendencia de utilizar agua helada como parte de la rutina facial y, pese a que parece un poco brusco por la sensación que causa al contacto con el rostro, es una gran terapia para mantener la buena salud de la piel.

 

Su efecto reafirmante y su capacidad para remover las impurezas cutáneas lo convierten en un buen remedio para prevenir las arrugas.

Además, cuenta con un efecto antiinflamatorio que reduce el tamaño de los comedones de acné y la presencia de esas antiestéticas bolsas y ojeras.

Para proceder al lavado debemos introducir algunos cubos de hielo en un recipiente con agua y, después, utilizar el líquido helado como enjuague.

Tras aplicarla, la circulación se activa, hay una mayor oxigenación celular y se reduce la presencia de las impurezas que ocasionan alteraciones.

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