Política

Denuncian que encontraron el Inadi politizado y superpoblado

Tras analizar la entidad, el nuevo Gobierno se encontró con una organización abandonada, superpoblada y puesta al servicio de la propaganda kirchnerista

Foto:Facebook Inadi

Tras evaluar la situación del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), el nuevo interventor, el ex subsecretario de Justicia de la ciudad de Buenos Aires Javier Buján, ordenó el despido de 108 personas del instituto -un 20% de la planta total- entre, según él, empleados con superposición de funciones, sin calificación para el cargo o que directamente no se presentaban a trabajar y cobraban igual.

Después de tres días de protestas en el edificio de Avenida de Mayo al 1400 y de negociación con el gremio estatal de ATE se firmó en el Ministerio de Modernización la reincorporación de apenas diez de los 108 despedidos.

Según las nuevas autoridades, sobran los casos para ejemplificar un organismo que, a simple vista, parece haber quedado en el tiempo, al volverse cada vez menos funcional mientras se engrosaban los legajos de nuevos empleados, en su mayoría militantes kirchneristas.

A pesar de aún estar en proceso, las auditorías arrojaron resultados insólitos, aunque a esta altura ya casi no sorprenden, como por ejemplo:

-El Inadi no tiene computadoras propias, y las pocas que hay son máquinas añejas prestadas por la Sindicatura General de la Nación (Sigen).

-Hasta hace unos meses tampoco tenía digitalizadas las resoluciones de las autoridades previas. Tampoco hubo transición entre el anterior interventor, Pedro Mouratian -designado por la presidenta Cristina Kirchner en 2011-, y el actual. Nunca se conocieron.

-Entre los despedidos hubo casos de personas empleadas desde hacía más de seis años y que percibían un salario, pero que no iban a trabajar. También había cargos que requerían ciertos estudios (como el de psicólogo, por ejemplo) que estaban ocupados por personas sin estudios primarios.

-Buena parte de los trabajadores incorporados en los últimos años son militantes kirchneristas que hoy conservan su cargo, salvo aquellos que protagonizaron casos como los citados en el punto anterior.

-Había que comunicarse con las superpobladas delegaciones del interior a través del correo físico porque no había -y aún no hay- un sistema que las conectara en red. Mucho menos había un equipo de seguridad informática que pudiera haber evitado, por ejemplo, el hackeo sufrido tres días después de que asumió la nueva conducción.

-El instituto tenía empleados desperdigados en otras dependencias del Estado sin roles claros.

-En un depósito había abandonados más de 10.000 ejemplares de textos impresos con recursos del Inadi que nunca fueron repartidos.

-El instituto contaba con apenas tres ejes centrales sobre los que trabajaba: diversidad, adultos mayores y racismo. El primero de ellos era el único “fortalecido” que seguirá funcionando tal como estaba.

-Como receptor de denuncias, en 2015 el Inadi recibió sólo 1794, de las cuales el 59% no obtuvo resultados. Sin embargo, del 41% que fueron catalogadas como “resueltas” el 37% fue por “desistimiento o inacción” del denunciante.

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