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Perdón, Roberto Carlos: prueban que sólo es posible asimilar 150 amigos online

¿Por qué, si nuestra capacidad es tan limitada, nos esforzamos tanto por seguir añadiendo gente a la lista?

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Roberto Carlos Tenía un millón de amigos, y aunque en ese momento no lo sabía, iba a llegar con el tiempo una red que lo hiciera posible: Facebook nos invita a creer que podemos verdaderamente recordar quiénes son o cómo conocimos a todos nuestros contactos, cuando en realidad muchas veces no sabemos de dónde salieron, y esto es porque no estamos preparados para tratar con tal cantidad de “amigos”.

Estudio

The Royal society probó que el “número de Dunbar” (un límite teórico de 150 personas que podemos conocer a la vez) aplica también a las amistades online.

A pesar de que se se especula con que las comunidades virtuales podrían romper con esos límites, lo cierto es que somos incapaces de cultivar una cantidad de amistades superior a la fijada para la vida real. Existe, no obstante, cierta flexibilidad. “Todo depende de lo débil o fuertes que el usuario quiere que sean estas relaciones”, apunta.

¿Qué es lo que nos impide rebasar esta barrera? Según Robin Dunbar, nuestra capacidad cerebral y disponibilidad de tiempo libre.

“Es como si cada uno de nosotros tuviéramos una cantidad limitada de capital social y pudiéramos optar por invertir poco en muchas personas o más, solo en unas cuantas. Pero no podemos superar esos límites”, explica.

Sus resultados, publicados en la revista Royal Society Open Science –y para los que contó con la colaboración de más de 3.000 sujetos- estiman que tenemos un promedio de 5 amigos íntimos, 15 mejores amigos y hasta 1.500 personas que reconoceríamos en un lugar.

¿Para qué queremos más amigos?

En términos generales y según la psicóloga clínica Amparo Cervera, se reduce a una “falta de amor, de autoestima”.

Unos déficits que se plasman entonces en una necesidad de aceptación que tratan de sentir agregando el mayor número de personas posible. Si añadimos que a estas se las llama “amigos”, la falsa sensación parece saciarles todavía más. El problema, precisamente, es esa necesidad de aceptación. El uso de Facebook de esta manera, como una suerte de club de fans, es solo la evidencia de que algo pasa, todo dentro de unos parámetros de normalidad, por supuesto.

“Se trata de algo parecido a lo que ocurría con las tribus urbanas; antes la gente se vestía de gótico para sentirse arropado en un círculo determinado […] y ahora, si no disponen un número determinado de contactos o me gustas, sienten que no tienen nada”, nos explica nuestra experta. Pero tras las solicitudes no solo existe esta necesidad afectiva sino que pueden existir intereses ocultos de tipo laboral, sentimental (alguien que busca pareja), etcétera.

“La oralidad está a la orden del día, todos quieren más y […], sin discriminación alguna”, remarca. El hecho de que, socialmente, se haya instaurado, que una persona es “mejor” por tener un número superior de amigos en la red, no ayuda. ¿Lo peor? Que existe una “paupérrima tolerancia a la frustración”, algo que, en casos extremos, podría llevar a la depresión y similares.

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