Precios Cuidados

Precios descuidados: una de las pesadas herencias de la “Década ganada”

Tipo de cambio, confianza, inversión, financiamiento, oferta, inflación, gasto público, déficit fiscal... ¿A qué se deberá enfrentar el próximo presidente en materia de economía?

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Aunque los candidatos se muestren infinitamente interesados en la presidencia, la banda presidencial no viene sola. Después de diez años de falacias econ{omicas, subsidios innecesarios y “precios cuidados”, quien gane deberá enfrentarse con el desorden de los precios relativos.

En el caos actual, un mes de electricidad puede costar menos que una pizza; por el precio de un kilo de zapallitos se puede viajar 11 veces en colectivo en el área metropolitana, y es común pagar menos por un litro de nafta premium que por su equivalente de leche larga vida o cerveza. En la ciudad de Buenos Aires, un salario mínimo (de alrededor de $5588) representa sólo una tercera parte del precio de un traje de marca nacional.

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Según informó  para La Nación, todo comienza con la inflación incesante y con las políticas oficiales de intervención que derivaron en un surtido de efectos negativos. Hacia el fin de ciclo se evidencian en el déficit fiscal por la suba del gasto público producto de una maraña de subsidios financiados con emisión, la falta de inversiones en infraestructura y la pérdida de autoabastecimiento, entre otras consecuencias.

Las medidas distorsivas

¿Cuáles son las principales medidas del gobierno que los economistas señalan como causa de la distorsión de precios?

En la génesis de las distorsiones, dice el presidente de la consultora Finsoport, Jorde Todesca, está la inflación, que dio lugar al ataque de los incrementos a través de los controles de precios, la segunda fuente de las disparidades actuales.

Pero los controles sobre algunos productos, desde una visión liberal, generan relaciones de precios falsas que desequilibran oferta y demanda. Por caso, explica Adriano Mandolesi, economista jefe del CISE/Fundación Libertad, en el rubro alimentos “los controles de precios derivaron en escasez de algunos productos básicos y fuerte subas en otros por una disminución de la oferta de bienes”.

Otra de las políticas que generó escasez de bienes y agregó imprevisibilidad fueron las trabas a las importaciones para frenar la salida de dólares. Esa medida y un nuevo impuesto que disparó los precios de media y alta gama afectó, por caso, a la industria automotriz.

Y, por supuesto, no podemos olvidarnos del criticado, defendido y negado cepo al dólar. Según Miguel Ángel Boggiano, CEO de Carta Financiera, “el factor de distorsión más obvio fue el tipo de cambio, con el cepo al dólar, cuya verdadera raíz es la intervención del sector energético, cuando se fijó un precio máximo al barril de petróleo a Repsol, con una diferencia de más del doble respecto de la cotización internacional”.

De este modo, las importaciones de energía se convirtieron en la principal sangría de divisas del país que derivó en el cepo. “También pasó en otros rubros, como luz, gas, telefonía, carnes y en los commodities, donde se fijaron máximos para que la gente accediera a bienes y servicios a precios artificialmente baratos. Pero para que los precios sean más bajos hay que accionar sobre oferta y demanda, y no sólo sobre precios”, teoriza.

Boggiano añade otra consecuencia que surge al combinar controles y dólar “caro”: “Se produce más escasez de bienes. Producir manzanas pasa a costar $ 15 y además tengo un dólar artificial que no es de equilibrio y no puedo competir”.

El economista Orlando Ferreres refleja la evolución dispar de los servicios: “Los servicios públicos representaban en 2001 el 14% del costo de vida; hoy son menos del 4%. Eso liberó a la Presidenta para incrementar su populismo consumista. Los servicios se mantuvieron y eso pagó viajes, electrodomésticos y todo el boom de consumo”, critica.

Por otra parte, las retenciones están entre las intervenciones distorsivas más repetidas entre los economistas. Capello relata: “En 2002 se implementaron en forma transitoria, dado que tras la fuerte devaluación se argumentaba que existía alta rentabilidad. Luego subieron los granos y los derechos también. Pero ahora, ni los precios son altos ni lo es el tipo de cambio real, y eso genera una fuerte distorsión de precios relativos”. Boggiano vuelve sobre el tipo de cambio: “Aquí el problema es grotesco y afecta la viabilidad de los negocios. El campo liquida a dólar oficial, recibe 6 pesos (por la soja) o 7 (por el trigo o maíz), y compra fertilizantes a un blue de 16 pesos”.

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